Capítulo 3.

[Narrador]

Ya habían pasado algunos cuantos minutos y el esqueleto más alto seguía arrodillado en la densa nieve, sostenido la chaqueta ensangrentada de su hermano mayor, Sans.

Este no paraba de llorar.

¿Por qué el humano había hecho esto?

¿Por qué el humano tenía que ser un asesino?

En toda su vida, Papyrus nunca había conocido a alguien tan malvado como aquel niño.
Nunca había visto a ningún monstruo morir, ya que todos eran tan pacíficos.
Nunca había conocido el mal de este mundo.

Su hermano Sans le había ocultado tantas cosas para que el fuese feliz.
Para que nunca conociera la tristeza ni el terror.

Esto lo había vuelto tan vulnerable, que ahora no sabía qué hacer.

— ¡U-Undyne! ¡D-Debo hablar con Undyne!

El esqueleto de la bufanda roja, dejo de sostener la chaqueta de su hermano y saco su teléfono.
Marco rápidamente a su mejor amiga para pedirle ayuda.

El teléfono no fue contestado, así que tuvo que dejar un mensaje de voz.

— ¡U-Undyne! Soy Papyrus, ¿por qué no contestas? ¡Por favor, responde!

Intento varias veces hablar con su mejor amiga, pero este nunca fue contestado, y el buzón de mensajes de voz había sido llenado.

— ¡T-Tengo que buscarla… tengo que hacer algo! Y-Yo… el gran Papyrus… no puedo quedarme en brazos cruzados.

En ese momento, una frase de su hermano llego en su mente.

— Escucha, Papyrus, escúchame muy bien… ese humano es muy peligroso, y aunque sé que eres genial y siempre haces cambiar a las persona para bien y crees en ellos, este humano simplemente no va a cambiar aunque tú te esfuerces… así que, no intentes hacerlo cambiar ni menos intentes enfrentarte a él, porque el… va a matarte. —

Si Papyrus intentaba hacer algo, estaría desobedeciendo las últimas palabras que le dijo su hermano.

¿Qué debía hacer?

Toma la chaqueta de su hermano y empezó a caminar por el camino que lo llevaba a Snowdin.

Tal vez si veía alguno de los miembros de la guardia real, podría ayudarlo.

Pero no encontró a nadie.

Lo único que encontraba, era polvo.

Los puzzles que había hecho por si un humano intentaba superarlos, los habían destruido por completo.

Al llegar a Snowdin, el ambiente que se tenía antes, ya no era el mismo en ese instante.

Aquel lugar tan hogareño y tan lleno de vida, sólo quedaba en silencio y con un ambiente tan solitario.

Mientras avanzaba, revisaba en cada uno de las casas de Snowdin; no había nadie.

— ¿Dónde estarán todos? ¿Acaso estarán…?

Nego con la cabeza.

— N-No, tal vez fueron avisados del humano y huyeron.

Papyrus, viviendo en un mundo donde empezaba a nacer el caos y la desesperación, todavía tenía esperanza, todavía creía en que el humano llegase a cambiar y disidiese acabar con toda esta masacre.

Después de cruzar casi todo Snowdin sin encontrarse algún monstruo, paso por su hogar.

Primero vio lo buzones que tenían Sans y el.
Su buzón estaba completamente vacío, ya que no recibía casi nada de cartas, por el contrario, su hermano Sans, era muy popular en el pueblo y en otros lugares, y es por eso que recibía tantas cartas que nunca fueron leídas.

Abrazo con fuerza la chamarra de su hermano.

— Sans… lo siento… no soy un buen hermano… no te protegí.

Y comenzaba a llorar de nuevo.

— No llores, Pap, eres el gran Papyrus, tú eres muy valiente y muy fuerte, tú no eres así.

Recordaba nuevamente las palabras de su hermano.

Debía dejar de llorar y ser valiente.

Debía ser honrado su nombre, el gran Papyrus, el héroe de Snowdin.

— Lo siento Sans, pero debo salvar a todos los monstruos. ¡Yo, el gran Papyrus, debo ser un héroe!

Se puso la chaqueta de Sans y corrió hasta llegar en donde vive su amiga Undyne.

Toco varias veces la puerta.

— ¡Undyne! ¡Undyne! ¡Necesito tu ayuda!

Paso varios minutos tocando la puerta en vano.

—No está en casa… tal vez ya fue avisada del humano y fue atraparlo.

Dio media vuelta y comenzó a correr de nuevo.

Gracias a los entrenamientos que le daba su amiga, tenía muy buena resistencia y era demasiado rápido.

Paso por la flores eco y por otros lugares que desconocía, pero que al igual que en Snowdin, no había nadie.

Escucho ruido y voces familiares cerca de un puente.

Antes de llegar ahí, un niño monstruo lo interrumpió.

— ¡Oye! ¡Undyne… Undyne está peleando con un humano! ella… ¡Me salvo!

Era cierto lo que estaba diciendo aquel niño, de los pocos ataques que alcanzaba distinguir, eran las típicas lanzas en forma de flechas que usualmente usa Undyne.

— ¡Espera aquí, pequeño monstruo! ¡Yo, El gran Papyrus, ayudara a su mejor amiga!

— Eres genial, amigo.

—Lo sé, así que tú debes regresar a casa y mantenerte a salvo, ¿está bien?

— ¡Ok!

El niño monstruo corrió para huir de aquel lugar peligroso.

Papyrus estaba decidido en ayudar a su mejor amiga, no deseaba perder a otra persona que él quería, ya era más que suficiente con haber perdido a la persona que más quería en este mundo, a su hermano Sans.

Antes de que llegara al puente, ya no se escucharon ruidos de la batalla.

— ¿U-Undyne… gano?

Estando ya casi en el principio del puente, vio que Undyne estaba en el suelo; estaba… ¿derritiéndose?

— Demonios… así que incluso con este poder… ¿no fue suficiente?

La gran Undyne, la líder de la guardia real, había perdido contra aquel humano.

Este tenía en su rostro una gran sonrisa burlona.

— Si tú piensas que voy a rendirme… te equivocas… porque yo tengo a mis amigos detrás de mí.

— Undyne…

— ¿Enserio crees eso? ¡He eliminado a casi todos tus amigos! ¿Realmente creíste que podías vencerme? — Ríe. — Que patético.

— Te equivocas… Alphys me dijo que me vería luchar contra ti, y que si algo iba mal, evacuaría a todo mundo.

— Esa miedosa y rastrera… siempre hace lo mismo…

— Ahora, ella habrá llamado a Asgore, y le habrá dicho que absorba las seis almas humanas… y con ese poder… este mundo, seguirá viviendo.

Undyne, al igual que Sans, habían muerto.
De nuevo, no había podido salvar a alguien.

— Lo mismo de siempre, creen que pueden detenerme… ustedes los monstruos nunca entenderán que son tan inferiores de mi… no me importa si ese dinosaurio amarillo haya visto todo esto y le haya advertido al rey sobre mi, para luego, mandarme a su estúpido robot para entretenerme… yo terminare con todo esto, destruiré este mundo una y otra vez. Yo soy el dueño de este mundo tan patético.

El humano del suéter verde da media vuelta y empieza a caminar hacia Hotland.

Al ver que el humano estaba a una distancia considerable, se acerco a donde una vez fue su amiga Undyne.

— Lo siento tanto, Undyne… yo… te he fallado.

Tomo la lanza que estaba en el cuerpo derretido de su amiga.

Estaba decidido.

Tenía que detener al humano.

El escenario empieza a ponerse interesante.
El show está a punto de empezar.
La gran estrella dará su último gran espectáculo.
Donde esté, vencerá al humano de una manera espectacular y hermosa.

-Sólo será visto en el canal MTT esta tarde.-
-¡No se lo pierdan!-