Género: Por definir
Personajes Principales: Itachi Uchiha, Hinata Hyuga, Naruto Uzumaki
Autor: Lirios41
Universo: Alterno
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Universo paralelo:
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Inversión
El ninja pelinegro callo con la peliazul en brazos.
Callo de pie y apenas unos segundos después de haber tocado el suelo una bola de lodo se resbalo de las sandalias de la ninja. Ambos siguieron la trayectoria con la vista. En cuanto escucharon el golpe del lodo contra la aren volvieron a la realidad.
No era la primera vez que el la cargaba para aumentar la velocidad pero aun así ella no estaba acostumbrada. Más aun, ahora era un contacto piel con piel, sus manos rodeaban su brazo derecho, pero cuando el giro el rostro para verla directamente a los ojos fue demasiado y la sangre se le subió al rostro.
Sus rostros estaban cerca. Demasiado cerca para ella.
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-hum..anno- Al ver el sonrojo en la chica, el comprendió que trataba de decirle.
No era como si ellos fuesen amigos de toda la vida y para un clan tan conservador como lo eran los Hyūga, un acercamiento tan íntimo el que el experimentaba con la joven era absolutamente inapropiado, eran sumamente cautelosos, incluso se podía ver una distancia apropiada entre miembros del clan al caminar. Nunca estaban demasiado cerca.
Comprendió su sonrojo, estaba incomoda. El trato de no sentirse ofendido por esto, recordando una vez más que había sido criada de una manera muy reservada y para nada intima.
A diferencia de el con Shisui y Sasuke.
Volvió a la tierra, después de todo para él era también una situación demasiado cerca.
La bajo despacio hasta que sus pies tocaron del suelo, no la soltó hasta que ella se puso en pie, para luego agregar.
-Disculpe.- Era lo más sensato que él podía decir. Si él se sonrojo ella no lo noto, pues volteo su rostro a otra dirección, disimulando instantáneamente cualquier reacción que él tuviera.
-Llle agradezco.- Ella le sonrió y acto seguido hizo una reverencia. Por su parte le contesto el gesto moviendo el rostro un poco.
-¿Cómo es que una cueva subterránea esta encima del mar?-
-No tengo idea.- Respondió ella, un tanto sorprendida
-Tal vez deberíamos tratar de volver al bosque donde hay más recursos.-
-Creo que…deberíamos ir al este.-
-¿Que hay hacia el este de aquí?-
-Solo hay agua y arena por los próximos 7 km, mas haya se puede ver un poco nieve.-
-Y hacia el norte y el sur.-
-Se extiende esta planicie de agua, pero no es muy profunda, no es un mar, solo sigue hasta donde hay unas icebergs. Y hacia el sur, es solamente desierto.-
Itachi analizo la situación con cuidado. Tenía sentido lo de permanecer cerca de la playa. Pasar por el desierto implicaba estar a la intemperie, con el clima tan extremo, sin demasiadas provisiones y si era un desierto demasiado largo podrían deshidratarse, sufrir infecciones intratables a falta de antibióticos, como mínimo eso pasaría eso.
Como segunda opción podían ir hacia el mar, pero sería la misma situación, un clima extremo, pocas provisiones, caminar por el agua los dejaría eventualmente sin chackra y sin posibilidades de descanso.
Permanecer entre la orilla de ese extraño mar y el desierto les brindaba un alta posibilidad mínimo de refrescar sus cuerpo con el agua, en lugar de la sequía que experimentarían a condecían de deambular por el desierto.
Si, ir al este era una buena opción, además había que agregar la posibilidad de que el paisaje glacial fuera algo predominante en esa.
-Es curioso el clima polar se encuentre de dos extremos de nuestra ubicación, ¿No lo cree?, y aun más que los peces que vimos era salmones-
-Si lo es…- Ella lo había comprendido, posiblemente ese era el habitad original en esa región.
-Hacia el este entonces.-
Mientras caminaban centraron algunos cangrejos, ambos quisieron tomar algunos para cenar más tarde, estuvieron de acuerdo en tomarlos casi al final de la playa, para tenerlos más frescos.
Itachi considero lavarse nuevamente en el agua de mar, pero se deceso de la idea al recordar que podría quemarse con el sol. No se arriesgaría por eso.
Ella tampoco había tomado un baño pero seguía caminando y avanzando. Él se recordó a si mismo ser un mejor caballero la próxima vez que tuvieran al alcance alguna comodidad básica.
Cuando visualizaron la nieve, ella se quitó el chaleco y se lo extendió a el.
-Descuide tengo mi camisa, no pasare tanto frio. Si usted enferma no podremos salir de esto.-
Ella tenía razón, alegar no le ayudaría en nada. Pese a que no quería que ella sacrificara su propio bienestar por el suyo, y a que su orgullo en cierta forma estaba herido, se limitó a decir.
-Gracias- El pelinegro se puso el chaleco. Se sentía cálido. No le cubría por completo el torso, sus caderas aún se veían. La joven era muy pequeña en comparación a él.
Él le agradeció el gesto.
-No es nada, además usted ha salvado mi vida en dos ocasiones, y pudimos calentar la comida gracias a usted.- Ella le sonrió.
Le sorprendió que le recordara eso, tenía entendido que a ella le había molestado ese gesto. Seguramente no fue así.
Asintió con la cabeza.
-¿Visualiza algo?-
- Solo se extiende la nieve no alcanzo a ver más.-
- Y el desierto-
- La misma situación-
- Ya veo-
- Creo que podremos caminar por el medio, entre el desierto y la nieve.- No quería arriesgarse a terminar en un lugar u otro.
- Parece un buen plan.- Le dijo Hinata.
Ambos caminaron un poco, recogieron unos cuantos cangrejos en la tetera y colocaron nieve para conservarlos.
Se turnaban para llevarlos por la nieva, pero al final los dos caminaron con nieve, Itachi se ofreció a llevar la tetera con los cangrejos. Cuando la nieve se derretía simplemente la remplazaban, cada que veían alguna rama o algo la tomaban para realizar alguna fogata. Recordó los frascos de madera que le había tallado y se los extendió por si encontraba algo que tuviera que ser guardado.
La ojiperla parecía más feliz con ese gesto, sus ojos brillaron un poco. Desde que le conto de su hermana parecía un poco melancólica, sin embargo le sonría constantemente y lo animaba de alguna forma. El comprendía perfectamente cómo se sentí hacer eso.
Cuando mentía, un vacío se formaba en él, pero era doloroso dejar todo lo que era, era descomunal y entre más grande la mentira más duro era seguir adelante.
Pero no podía pasar por alto, que a él le molestaba que ella lo protegiera de ella, como si él fuese un niño incapaz de comprender lo que ella pasaba en ese momento.
No entendía porque.
Siguieron caminando hasta el atardecer. Cuando el sol se metía Hinata a cómodo una piedra hacia el norte y una coraza de cangrejo hacia el sur, de esa forma podrían orientarse.
Tomaron más nieve, prendieron una fogata con algunas de las varas que habían recolectado y pusieron a hervir los cangrejos. Cenaron un poco y pasarían la noche en el desierto.
Cuando cayó la noche se alejaron un poco del fuego, enfocaron la vista hacia las estrellas y se sentaron.
Como Hintana tenía la mejor vista de ambos se encargaría de acomodar las estrellas, se lo haría saber a él para orientarse en cada lugar del mundo con ayuda de las constelaciones.
La joven acomodaba unas rocas que representaran las constelaciones. Itachi noto la piel blanca de la pierna derecha de Hinata. Solo entonces él se dio cuenta que los pedazos de tela que el había tenido como intento de camisa pertenecían a una parte del pantalón de la joven. Nuevamente una calidez lo inundo, y a la par ese sentimiento frustrante desconocido reapareció. Algo lo empujaba a hacerse y a alejarse de ella. Sentía su cuidado, pero tenía la impresión de que ella no confiaba en el para cuidarle.
Ya llevaba mucho rato cuando frunció el ceño.
- ¿qué sucede?- Pregunto el curioso.
-No...no entiendo.-El sol se nació a nuestra derecha, se supone que es
-el este- le reafirmo él. Ella asintió.- y se escondió al nuestra izquierda, al oeste.-
-sí, tomando eso, frente a nosotros está el norte y a nuestra espalda el sur.
El asintió, pacientemente espero a que quería ella llegar afirmando eso.
- Pero justo en el cielo se puede ver la cruz del sur pero circinus está a su este y centauro a su sur en lugar de…-
-de su norte-El pelinegro suspiro y finalmente concluyo.- Esta opuesto a cómo deberían-
La joven ladeo la cabeza, el asociaba ese movimiento en ella cuando tenía duda.
-Que tal, si tomamos opuestos el oeste y este…-Le propuso el Uchiha.
Ella tardo un poco en entender, incluso se cambió de posición, quedando de espaldas al fuego y frente a Itachi, cuando al fin dijo.
-Coinciden como deberían, pe…pero eso no tiene sentido porque el sol salió por el oeste y no por el este…-
-Es como si estuvieran simplemente volteados.-
No tenía sentido que todo el universo se moviera a causar. De ser así las constelaciones no se verían tan bien proporcionadas como siempre.
-Si asumimos que la tierra gira de este a oeste, entonces la estrellas coincidirían.-
Ella tardo un poco en procesarlo.
-hmmm...si, si nos movemos de esa forma las estrellas parecen estar donde deben-
Ambos se miraron un poco, las llamas iluminaron a Hinata, que permanecía sentada abrazando sus rodillas, con sus chapas sonrojadas a causa de los cambios fríos y calientes de ese día.
No parecía asustada, solo un poco incapaz de procesarlo.
-No creerá que la tierra a cambiado o..o si?.-
-Tengo una sospecha, el clima frio me lo dice, pero además los salmones y este tipo de heladas son clásicas del polo norte, no entiendo porque hay ahora un cambio en la ubicación de esto. Si el mundo sigue rotando hacia la misma dirección es posible que haya girado su posición-
-¿Pero cómo giro el mundo entero?-
-No tengo idea.-
-Podemos quedarno días en el mismo lugar, para ver cómo se mueven las estrellas, pero creo que es más un asunto de posición que de rotación o translación de la tierra.
Él era un genio, con tan poco información concluyo algo que ni siquiera ella pudo imaginar o plantear.
-En la búsqueda de su hermana podemos averiguarlo.-
-he?- Hinata se levantó en ánimos inmediatamente.
-Creo que es lo mínimo que puedo hacer después de que usted salvo mi vida-
-Usted también me ha salvado-
-Si no fuera por usted no hubiera atrapado a la bestia ni encontrado una salida rápida de la cueva.-
-No..se equipó usted me ha salvado a mí. Muchas gracias-
Ella se inclinó en un ademan, él se sentó a su lado.
No sabía porque, esa mujer siempre lo hacía sentir útil en su vida.
De alguna forma tenía sentido eso que ya le había devuelto el favor. Pero en lugar de sentirse a mano, o sin la necesidad de estar cerca. Sentía más gratitud y apego a esa mujer.
Pero simplemente no entendía porque ella no le confiaba esa tristeza que ocasionalmente su mirada relevaba.
-Si eso creo- Ella sonrió mirando las estrellas, metiendo sus dedos en la arena aún caliente por el día caluroso.
Y como si algo en él hubiera despertado, como si de alguna forma sus pensamientos pudieran ser escuchados por él. Desde ese momento Itachi comprendió algo sobre Hinata.
Aunque era una mujer que trataba de ser fuerte, su corazón estaba lastimado. Ella trataba de luchar contra ese dolor, y permanecer tan quieta y callada, incluso durmiendo, era su forma de evitar que el dolor creciera, como si fueran heridas que debían permanecer en reposo para sanarse.
Una veja herida se abrió en su pecho al entender eso, le agradeció y admire su fuerza. No la iba a dejar sola.
Por eso ella no hablaba, estaba acostumbrada a estar en silencio mientras algo le dolía.
Quería tener esperanzas, pero en esa situación era bastante difícil. Y aun así ella le sonreía y apoyaba, ayudándole a todo lo que estuviera a su alcance.
El se encargaría de darle la confianza para realizar todas esas hazañas hasta que encontrara a su hermana.
-Podemos hacerlo-
-¿Qué cosa?- Pregunto Hinata.
-trabajar juntos, salir de esto y poder llegar, encontrar a nuestros hermanos-
-d..de verdad cree eso Itachi-san- Una descarga eléctrica le recorrió su ser cuando ella pronuncio su nombre.
-Los creo Hinata-san.-
Como es que habían llegado a ese grado de intimidad en tan poco tiempo.
Itachi asintió con una sonrisa.
- Si tiene razón, creo que podemos hacerlo.- Ella miro hacia las estrellas.
Un brillo más grande volvía a los ojos de ella, el sonrió al verla así.
Había logrado aliviar su dolor dándole su apoyo, ¿ella confiaba en el a ese grado?
No tenía ni un día de haberla conocido y aun así le tenía la confianza de toda una vida de conocerla.
Se sentía bien hacerla feliz. Ese sentimiento desconocido broto de nuevo de su ser.
La frescura de la noche los cubrió.
Ella se recostó en la arena y durmió, mientras cuidaba su sueño esperando que finalmente tuviera el descanso en calma que el trato de darle.
