CAPITULO 8
VIRGEN
(Pov V)
"VIRGEN... LA SEXOLOGA ERA VIRGEN..."-.
No dije nada, preferí no hacerlo, no quería incomodarla de ninguna manera, y que se marchase, así que al llegar a la sala de cine tomamos nuestros asientos.
Una pantalla muy grande de TV se iluminó, vaya, no me lo imaginaba así, parecía bastante... relajante, si no fuese por la gente de alrededor masticando cosas y charlando en cuchicheos.
Notaba que ella me miraba pero hice caso omiso y miré la película, me pareció interesante el argumento.
La miré de reojo, su falda había subido un poco más.
"V... no"-.
Y como si mi cuerpo hubiese perdido el control y se moviese por si solo mis dedos se posaron sobre su pierna derecha. Ella me miró tensa.
Mis dedos la acariciaron, era tan excitante, rodeados de gente, sin luces, y su falda... maldita sea esa falda.
-No deberías tocar así a tu terapeuta- dijo en voz baja mirando hacia adelante-.
"Si tu supieses como en realidad toco... ahora mismo te estarías corriendo del gusto Diosa"-.
-No debería- dije con voz ronca y baja- ¿Se puede fumar?-.
-No se puede-.
-Entonces creo que saldré fuera- dije y retiré mi mano de su pierna-.
-¿Quieres que te acompañe?-.
-No es necesario-.
-V soy tu terapeuta, puedo acompañarte y ver cómo estás, la película es lo de menos-.
-Está bien-.
Me levanté y fui caminando seguido por ella... ella lo había querido...
Al salir de la sala, fui caminando hacia el baño masculino, ella se quedó en la puerta.
-Pasa-.
-Yo...-.
-¿No se supone que tienes que venir conmigo?-.
Atenea algo nerviosa entró y se encerró en uno de los retretes, sin dificultad rompí la manilla de un tirón y entré con ella.
-V...-.
-¿Qué? Tengo que mear-.
Desabroché mis pantalones y bajé mi cremallera sacando mi miembro, en realidad sí, me estaba meando pero no era eso lo que estaba pensando hacer justo ahora. Cuando acabé la miré fijamente y ella miraba hacia otro lado.
-¿Una sexóloga con miedo a ver un pene?-.
-Eso no es un pene- dijo en un susurro-.
-¿Y qué es?-.
-No lo sé, pero es más grande-.
Tuve que reírme.
-¿Porque eres virgen?- subí mis pantalones-.
-No he encontrado a... una persona adecuada con la que poder... intimar tanto, en la facultad eran bastante idiotas todos y yo... buscaba otro tipo de persona-.
-¿Un príncipe azul?-.
-No, soy virgen V pero no tonta, sé que eso no existe-.
(Pov Atenea)
-¿Podemos salir de aquí?- dije en voz baja-.
-No por ahora- dijo y encendió un cigarrillo-.
-Casi me siento como una adolescente-.
Y de nuevo esa sonrisa.
-Esta es mi primera cita- dijo fumando-.
-¿Como que primera?-.
-Sí, nunca había salido antes a una cita que no implicase sexo-.
-¿Eso es lo que quieres, follarme?-.
-Sí, quiero hacerlo tan rudo y fuerte como me sea permitido-.
"Ok"-.
-Eres mi paciente-.
-Sería solo sexo Atenea-.
-No es lo que quiero-.
-¿Entonces qué quieres, compromiso?-.
-¿Te comprometerías conmigo?-.
-Debes estar de broma-.
-Si... estoy de broma, sé que no te puedo atar-.
-No, no puedes, ni tú ni nadie-.
-Y tú no puedes hacer que hunda mis principios como terapeuta por un polvo por muy prometedor y bueno que sea-.
-Está bien, no te lo volveré a decir-.
-Eso no me lo creo- dije quitándole su cigarrillo y fumándolo yo-.
-Eres muy sexy-.
-Lo sé-.
-Puedes creértelo, deberías estar en una pasarla modelando modelos de lencería-.
-No creo esta tan tan tan buena V- le miré- ¿Y qué hay de ti?-.
-¿Qué hay de mi?-.
-Eres muy guapo-.
-Vaya, gracias- me miró- si sigues diciéndome cosa así te follare aquí mismo-.
Y de nuevo ahí vamos con el tema, y comenzaba a humedecerme, su perfume, como me gustaría abrazarle y tenerle cerca, lo más cerca posible.
-¿Nunca has tenido novia?-.
-No, nunca- sus dedos acariciaron mi pelo, era jodidamente grande y alto, tanto que a su lado, parecía una niña pequeña-.
-¿Por qué tocas mi pelo, es algún fetiche?-.
-me gusta tu pelo, eso es todo-me miró- yo tengo el pelo como mi madre-.
Posé mis dedos en su cabello, era suave y ondulado.
-Es bonito-.
-También me gustan tus caderas- me sujetó de las caderas- y el cuero que las viste-.
Cerré mis ojos, maldita sea...
La mano de V impactó sobre mi trasero lo justo para hacer sonar la falda de cuero.
-No te permito que me trates como a una sumisa-.
-No lo estoy haciendo, somos amigos ¿recuerdas?-.
-Sí pero... los amigos no se tocan así-.
-¿No?, no tengo amigos, no sé cómo se tratan los amigos-.
Tragué en seco y suspiré... si seguí así me mataría de un jodido infarto. Las manos de V subieron el cuero de mi falda un poco, le miré fijamente a los ojos, sus ojos decían tantas cosas.
-No tendrás sexo Casannova-.
-No quiero sexo, quiero verte-.
-Me estás viendo justo ahora-.
-Quiero ver lo que nadie ha visto-.
Tiró de mi tanga que en sus dedos prácticamente se deshizo, sentí vergüenza, me estaba mirando y tenía razón, estaba viendo lo que ningún hombre había podido ver en mis veinte años de existencia.
-Daría lo que fuese por ser el primero Diosa-.
Y pude ver que era sincero.
-Eres mi paciente-.
V apoyó su frente en mi hombro, acaricié su pelo y lo abracé. Supuse que me tocaría pero no lo hizo, como un caballero bajó mi falda y me besó en la sien.
-Vamos a cenar, tengo hambre-.
Me tomó de la mano y bajo la mirada de dos hombres que estaban en el baño salimos.
-Mi ropa interior- le dije-.
-Te compraré un tanga nuevo-.
Sonreí.
-¿Que comemos?-.
"A ti"-.
-Mmmm vamos al Mc'Donalds-.
-¿A dónde?-.
-Nunca has ido...-.
-No-.
Me reí y fui con él a Mc'Donalds, lo senté en una mesa y puse una enorme bandeja de hamburguesas con queso frente a él, dos refrescos y unas siete bolsas de patatas.
-¿Porque tanto?- dijo-.
-Porque son adictivas-.
Me senté enfrente de él y abrí una de las hamburguesas, le miré fijamente, dio un bocado y me miró.
-Me acabo de enamorar- dijo-.
Me reí y seguí comiendo.
Yo comí dos hamburguesas y dos paquetes de patatas, el resto lo acabó V.
-¿Quieres un helado?-.
-¿Helado?-.
Parecía un niño...
Puse un helado enfrente de él y esperé a que lo probase.
-¿Podemos venir mañana?-.
-¿A Mc'Donalds?-.
-Sí, quiero venir-.
No dejaba de reír.
-¿Por que ríes diosa?-.
-Te comportas como un niño pequeño-.
-De todas las cosas que me han dicho esa es la más rara-.
Nos levantamos y V no permitió que pagase yo, sacó un billete de quinientos como si le naciese de los árboles y pagó dejando una buena propina al chico que nos atendió.
Fuimos en su moto hasta mi casa.
-Buenas noches V, me he divertido mucho- dije-.
-Yo también me lo he pasado muy bien-.
-Mañana nos vemos en la terapia-.
-Si- dijo, pero parecía un poco decepcionado-.
-¿Te pasa algo?-.
-No...-.
-V...-.
-No quiero volver a mi casa, pero tampoco quiero que me invites a la tuya-.
-¿No quieres?-.
-Si lo haces no sé cómo reaccionaría-.
-Tengo un sofá muy grande, puedes quedarte-.
-No quiero meterte en problemas y...-.
-V...- esa voz era la de su hermano, estaba justo detrás de mí-.
-¿Qué haces aquí?-.
-Deja a la señorita y vamos a casa-.
-No quiero ir-.
-Irás-.
-Tú no me tienes que ordenar nada-.
-Si te la has follado pásasela a otro y vuelve a tus obligaciones-.
Sentía que estaba sobrando así que, me giré y entré en casa, no quería escuchar nada más.
