Personificación

Sin lugar a dudas, aquel hombre era la auténtica personificación del mismo Diablo.

A veces no quería creer lo que escuchaba en las noticias o leía en los diarios. Aquellas noticias parecían ser el tablón de anuncios de las atrocidades más grandes de las que era capaz de hacer el ser humano. Asesinatos, violaciones, robos, genocidios… Pero eso era antes de que los muertos volvieran de la muerte y aquel hombre con un parche en el ojo le hubiera obligado a hincar la rodilla en el suelo, sus manos atadas a su espalda.

Creía en Dios y por tanto era lógico pensar que creía en el Diablo, pero jamás había tenido la certeza absoluta de su existencia hasta que sintió el mordisco de la katana en su cuello.