Sandía
Sus pies se detuvieron al momento de percibirlo. Alzó la cabeza mirando a su alrededor, buscando el origen de aquel olor. Recorrió con la mirada el paisaje que le rodeaba sin dar con la fuente de ese incuestionable y profundo olor a sandía.
Cerró los ojos, aspiró con fuerza impregnando el interior de sus pulmones con aquella fragancia sin querer dejarla marchar. Echaba de menos ese olor, le recordaba tanto a ella…
Por su culpa era que ella había dejado de usar aquel perfume afrutado, porque decía que le endulzaba demasiado cuando le abrazaba al recogerle tras salir del colegio. No quería que se pegara ese olor a sus ropas y sus amigos se rieran de él o le tomaran el pelo.
Un día cuando le dio un beso en la mejilla, se percató de que ya no estaba allí ese inherente olor a sandía que impregnaba su piel.
Abrió los ojos de nuevo y desvió la mirada hacia su improvisada tumba.
Echaba de menos ese olor.
