Polvo

Posaba sus pies sobre los tablones de madera que conformaban el suelo de la casa con precaución. No quería alertar a nada ni a nadie de su presencia allí. Su mano derecha descansaba en el mango de su katana aún escondida en su funda a su espalda; su mano izquierda era la encargada de entornar la puerta que presumiblemente llevaba a la cocina.

Un suspiro frustrado escapó de entre sus labios al comprobar que tal y como temía, la casa estaba vacía. Él no estaba allí. Nunca había estado allí. Desde su primer paso en aquella casa, desde que vio la polvareda que sus pies alzaron nada más entrar, lo supo. Pero había necesitado asegurarse de ello.

Mirara donde mirase, ahí donde sus ojos se detenían buscando alguna huella, algo que le llevara a él, sólo encontraba una fina película de polvo.

Soltó el mango de la katana y volvió sobre sus pasos hacia la salida, la espalda en tensión. Tenía que seguir buscando.