Miradas
Hay personas, hay relaciones que establecemos con ciertas personas que no se basan en las palabras dichas. Hay relaciones, confianzas fundadas en el mutuo entendimiento mudo sin necesidad de verbalizar nada. Hay ocasiones en las que el dicho "una imagen vale más que mil palabras" puede aplicarse a las personas, al espejo de sus almas: sus miradas.
Ellos quizá no sean conscientes de ello pero son el claro ejemplo de que así es. Un cruce entre los diferentes tonos de azul, un asentimiento silencioso, un mentón alzado, una ceja arqueada y saben lo que el otro necesita. En un mundo en el que el silencio puede marcar la diferencia entre vivir y morir ellos son unos expertos en el lenguaje no verbal.
Ira, comprensión, negación, aceptación, confusión, pérdida… Todas y cada una de esas sensaciones han cruzado sus ojos al tener frente a ellos al otro a sabiendas de que, quien tenían en frente, sabría descifrar esa maraña de sentimientos mejor que ellos mismos.
Las palabras pueden engañarte, manipularte, hacer de ti un esclavo o un señor. Las palabras pueden mutar, cambiar con el tiempo; pueden perderse entre los susurros de los árboles, pueden terminar escritas en un trozo de papel. Pero las miradas… El peso de una mirada sobre ti puede dejarte mudo de por vida o convertirte en el más versado de los oradores. Puede desarmarte y herirte, puede recomponer tu mente destrozada, puede alegrarte el día o hundirte en la miseria.
A veces una simple mirada es cuanto necesitas para recordar quién eres y por qué sigues aquí. A veces una mirada puede llegar a prevalecer sobre la propia sangre.
