Sol
Era una sensación extraña, como si cada milímetro de su piel ardiera en llamas, como si su propia piel quisiera despegarse de sus huesos y seguir su propio camino como si de un traje se tratara; como si todo tuviera sentido y no tuviera ninguno. Todo a la vez.
La confusión que había tenido días atrás cuando se había puesto a cavar en lo alto de la colina, asustando a todo el campamento, se había disipado con el ataque de los mordedores. Parecía que aquel ataque no sólo había despejado su mente de cualquier duda, sino que con aquel mordisco que le arrastraba hacia el otro lado sin contemplaciones, todo… parecía más brillante que nunca, más… luminoso.
Parpadeo con lentitud, apoyó la nuca contra la corteza del árbol a la sombra del cual le habían dejado a petición suya. La polvareda que habían levantado las ruedas de los coches al alejarse había vuelto de nuevo a descansar sobre la carretera.
Alzó la mirada hacia la copa del árbol, la luz del brillante sol- más brillante que nuca- le cegó por unos segundos a través de las verdes hojas. Esbozó una media sonrisa e intentó colocar sus manos sobre su regazo, pero los miembros le ardían más aún si se movía. Quería disfrutar un poco más de aquella luz incandescente así que... esperó; con la vista fija en aquella bola de luz y calidez, y su propio cuerpo queriendo huir de sí mismo.
