CAPITULO 24

EN LA SALA

(Pov Atenea)

No había dicho nada, me había llevado casi a rastras hacia una zona de la casa que no conocía, todas las puertas eran de color negro, la primera puerta de la derecha, fue la que abrió y me hizo entrar.

No había a penas luz, velas... Olía bastante bien, a cuero nuevo y a velas aromáticas. Me giré para encarar a V pero este no me estaba mirando.

-¿Porque me traes aquí?-.

-No quiero que hables-.

-Yo...-.

-SILENCIO-.

Me mantuve callada esperando a que hiciese algo pero no lo hacía hasta que por fin se acercó hacia donde estaba.

Esperaba alguna explicación, o una caricia pero no fue eso, me dio con su mano en la cara, picaba.

-Que sea la última vez que te vas a un lugar sin avisarme-.

Era la primera vez que me pasaba algo así, quería gritarle, pegarle a él también pero me contuve... V era un sadomasoquista, pera él esto no era maltrato, era un castigo.

Asentí en completo silencio. Después de eso me llevó a una pared de madera, cerré mis ojos y esperé a lo que venía después.

Prácticamente arrancó mi ropa y ató mis manos a las cadenas que colgaban de la pared, hizo lo mismo con mis pies.

Se dirigió a una de las paredes de la sala y escuché un ruido metálico.

Me volvió a dar con la palma de su mano esta vez en el trasero. Gimoteé en respuesta, no debí haberme ido sin avisar.

Los dedos de V se abrieron paso en mi sexo y tuve que gemir todo lo fuerte que pude, quería moverme pero no podía.

(Pov V)

Ella forcejeaba con las cadenas pero sabía de sobra que no podía moverse. Pasé mi lengua por sus pechos, mordiéndolos, es mía y podía hacer con ella todo lo que me diese la gana.

Otra vez metí mis dedos en su interior y los moví incansablemente haciendo que se corriese. Bajé mi boca a su sexo y chupé saboreándola. Solté sus piernas y las levanté hasta mis hombros, bajé mi pantalón con urgencia y metí mi miembro en su interior.

Me introduje en ella una y otra y otra vez. Tenía ganas de tenerla así conmigo pero hasta ahora no habíamos llegado a tanto, no habíamos entrado en este sitio ni habíamos practicado nada.

Solté sus manos y la sujeté para que no se cállese. La giré sobre esa pared y la tomé desde atrás con toda la fuerza que pude, ella gimió en respuesta, su voz de ahogó.

Pellizqué sus pechos y me volví a mover en su dirección llegando al orgasmo y haciéndola llegar a ella.

Pero estaba tan enfadado con ella por haberse ido así sin más. Até sus manos y la nalgueé hasta que mi mano picó.

Atenea estaba llorando pero mantenía la compostura, orgullosa como era.

-Te quedarás aquí-.

-No...-.

-SILENCIO-.

No dijo nada más.

-Volveré cuando crea que has aprendido la lección-.