Manos

Siempre encontraba una excusa para no cogerla cuando cualquiera del resto de supervivientes no buscaban su compañía para olvidarse un poco del mundo, del momento en el que estaban. Tenía que recorrer el perímetro, debía limpiar su arma, tenía que…

Daba igual la excusa la cuestión era no tocarla, no cogerla. No con esas manos. Deseaba con todas sus fuerzas acunarla en sus brazos, besar su rubio pelo, dejar que embadurnara su barba con su saliva… Desde el momento en que la vio en brazos de Carol entre los árboles, sólo pensaba en hacerlo, pero… No podía. No con esas manos.

Tal vez la sangre ya no estuviera allí. Tal vez sería peor besarla con cariño los mofletes con esa boca que le había arrebatado la vida a otro hombre. Tal vez eso no era él, pero era parte de él. Tal vez Shane estuviera equivocado entonces y sí que estaba hecho para ese mundo, para tomar esa clase de decisiones, para decidir vivir a toda costa. Tal vez esas manos eran capaces de tratar su menudo cuerpo con la misma suavidad con la que en su día tocaba a Carl.

Tal vez… Quieto frente a la improvisada cuna en la que descansaba Judith en ese momento vio su rostro contraerse unos instantes antes de relajarse de nuevo y esbozar una sonrisa entre sueños. Inclinó su cuerpo sobre el de ella y rozó sus labios brevemente con el remolino de pelo en el nacimiento de su pelo.

Tal vez esa boca servía tanto para matar como para amar.

Su mano se acercó a la pequeña, el envés de su dedo índice rozó su mejilla viendo maravillado cómo se volvía hacia ese simple roce. Le buscaba a él.

Tal vez esas manos servían tanto para destruir como para proteger.