Niña

Tras informarle a Hershel su intención de salir a patrullar las tierras cercanas a la suya, Otis cogió el rifle, se aseguró de que estaba cargado; y salió de la propiedad.

Miró por encima de su hombro hacia las ventanas de la granja. Tal y como esperaba, en una de ellas, pudo adivinar el cabello rubio de la menor de las chicas y su mano agitarse con suavidad en un saludo.

Otis le devolvió el gesto y volvió su vista al frente para continuar con su tarea de las últimas semanas.

Pronto se encontró caminando bajo el follaje que bordeaba parte de las tierras de los Greene. Intentaba caminar con sigilo para no anunciar su llegada antes de tiempo.

Apartó su mano del cañón del rifle y lallevó hacia su espalda, rozando con la punta de los dedos el mango del lazo que siempre llevaba consigo cuando salía desde que aquella enfermedad estalló ante sus narices.

El crujido de varias ramas al partirse fue seguido de un gruñido grave pero más suave que los que había escuchado con anterioridad, como si el ser que lo emitiera fuera más pequeño. Otis se colgó el rifle del hombro y cogió el lazo entre las manos, avanzando en dirección al sonido.

Tras sortear varios árboles cercanos vio la sombra de una pequeña silueta moverse de forma zigzagueante entre la maleza sin un rumbo aparente. Se detuvo de forma repentina y alzó el rostro, como un sabueso al percibir un cambio en el aire. Lentamente pero con cierto vigor renovado en sus extremidades, la niña se volvió hacia él. A pesar de la suciedad y de la sangre reseca, podía ver con claridad que su pelo era ligeramente rubio. Pudo adivinar varias pecas adornando la piel de sus mejillas y parte de su nariz. Su camiseta azul presentaba varias manchas y agujeros, sus pantalones cortos no ocultaban la delgadez de sus piernas. La niña abrió la boca exhalando un nuevo gruñido, acercándose a él.

- Eso es, pequeña... Acércate.

Otis preparó el lazo para lograr hacerse con ella y llevarla junto al resto en el granero.