Oscuridad

Era como si una mano de largos, escurridizos y firmes dedos hubiera comenzado a treparle desde el tobillo, ascendiendo por sus piernas hasta alcanzar su boca, siendo engullida por él. Era como si algo en sus entrañas hubiera mutado, cómo con un simple roce de esa oscuridad, cualquier atisbo de luz que pudiera albergar fuera engullido por la negrura hundiéndole más en ese pozo infinito.

Pero él no era consciente de ello. No lo vio en su reflejo en el espejo, no lo vio en sus actos con el resto de sus compañeros, no lo escuchó en las palabras que se precipitaban de sus labios.

Todo estaba igual que siempre. Todo. Excepto él, aunque no lo sabía. Él no. La oscuridad que se había adueñado de su voluntad se lo impedía.