CAPITULO 32
EPILOGO
(Pov Atenea)
Vi como V jugaba con Vladimir, ya tenía dos años y estaba grande y fuerte, con mucha energía como su padre.
Los miré desde la ventana de la cocina y acaricié mi vientre ya bastante grande.
Suspiré pero a la vez me alegré, iba a tener una niña, Xinia
Nos había costado mucho saber el sexo del bebé ya que la niña no se quedaba quieta. V entró sosteniendo a Vladimir en brazos que no paraba de reír.
-Má, el pá me ha comprado un perro-.
-¿Un perro?- sonreí-.
-Si- dijo animado- y se llama Baltasar-.
-Vaya nombre- dijo V dejándolo en el suelo-.
-Está bonito maaa- dijo tirando de mi falda-.
Lo alcé en brazos y V me miró como advirtiéndome.
-V, no me voy a romper-.
-No debes hacer esfuerzos-.
-El médico dijo que este embarazo es diferente al de Vladimir, puedo hacer lo que quiera-.
-No todo- dijo y me besó-.
-Señores la mesa está...-.
Y antes de que terminase de hablar el mayordomo miré mis pies... había roto aguas.
-V...-.
-¿Si?-.
-PA, LA MA EXPLOTÓ-.
-Ya llamo al médico- dijo el mayordomo corriendo saliendo de la cocina-.
Las criadas miraban atentas y V me sostuvo en brazos.
-Vladimir ve a llamar a tu tío-.
Mi niño salió corriendo y gritando "TIO DUQUE, TIO DUQUE".
Ya venía... ya venía...
(Pov V)
Al llevarla al hospital nadie dijo nada pero el mayordomo Havers que había desarrollado una buena amistad con Atenea, había venido. Estaba nervioso.
Mi hombrecito se había dormido en los brazos de Duque, le tenía bastante aprecio, por eso de ser su padrino como debía ser. Pero estaba más concentrado en los libros que le compraba su madre que en las armas de juguete que yo le enseñaba.
No dudaba de su sexualidad, ya que desde muy niño le gustaba pasar tiempo con las criadas de la casa que lo sacaban al jardín o al parque, pero si dudaba si a él le gustaría este mundo tanto como a nosotros. Igualmente, él tendría elección, no sería como mi padre.
El doctor salió con cara de susto y todos nos asustamos al instante.
-¿Que pasa doctor?- dije-.
-Ellas están bien pero...-.
-¿Pero qué?- dije apresuradamente-.
-La niña, sus ojos...-.
-¡¿Que le pasan?!-.
-Son los ojos más extraños que he visto en mi vida- dijo-.
-¡Pero está bien!-.
-Sí, la niña no ha llorado, ha mirado atentamente a su madre y a mí, incluso... creo que no quería que la tocase-.
Sin permiso del doctor entré en la sala, y vi a Atenea, le estaba dando el pecho a la pequeña Xinia, que tenía su manita abierta sobre el pecho de su madre y la miraba fijamente.
-No ha llorado- dijo Atenea sonriendo-.
-Eso es... raro-.
Me acerqué y la miré, la niña pasó de mirar a su madre a mirarme a mí. Sus ojos... eran muy bonitos, y muy extraños también únicos.
-¿Y sus ojos?-.
-Son negros pero dentro son grises-.
-Ya veo... y son grandes-.
-Sí, tendrá muchos novios-.
Un gruñido desde el fondo de mi pecho salió sin quererlo. La niña dejó de mamar y extendió sus brazos hacia mí. Mierda... ¿Era normal que hiciese eso siendo tan pequeña?.
-Mira V, quiere abrazarte-.
La levanté con sumo cuidado y la acurruqué en mi pecho. La niña me dedicó una sonrisa.
-Qué guapa- sonreí-.
-Sí, tiene el pelo como tú y como tu madre-.
-Se parecen un poco- la besé en la frente y la niña arrugó la frente- vale, vale, nada de besos-.
Me volvió a sonreír.
-PAAAAA, QUIERO VER A MI HERMANITA- Dijo Vladimir y se subió a la cama abrazando a su madre.
-Mira-.
Se la enseñé y él puso su boca en forma de "O" y la miró.
-Qué guapa!- dijo-.
-Shh... Ahora tienen que dormir-.
-Si- susurró-.
Dejé a la niña en la cuna y vi como comenzó a dormirse, hasta hizo el intento por taparse ella sola... esto no era normal.
Atenea abrazó a Vladimir y poco a poco se quedó dormida.
Me senté mirándoles a los tres. Mi familia.
-Felicidades hermano- dijo Duque dándome la mano-.
-Gracias- sonreí-.
Tenía una gran familia.
FIN.
