Fe
Siempre había podido recurrir a ella. No importaba la razón, cuán grande fuera el dolor de ese momento o la alegría que pudiera sentir, siempre acababa recurriendo a ella. A veces encontraba el consuelo que necesitaba, en otras ocasiones la respuesta a esa pregunta que no le dejaba conciliar el sueño.
Pero también había habido ocasiones a lo largo de su vida en las que no había encontrado nada ahí, entre esas páginas, entre esos salmos, oraciones y peticiones.
Eran esos días en los que se preguntaba, aunque más tarde se arrepintiera de ello, ¿por qué? ¿Por qué desatar un caos semejante sobre la faz de la tierra? ¿Por qué llevarse la vida de alguien como su mujer? ¿Por qué…?
Pero entonces, cuando creía que la estaba perdiendo, que se estaba sumiendo en un camino angosto sin un guía al que acudir, sentía de nuevo esa presencia, esa certeza, esa pertenencia a algo más allá de su propia comprensión mortal.
Era en esos días en los que recuperaba su fe en los que la sentía más fortalecida que su última incursión en el cenagoso terreno de las dudas. Era en esos días que cerraba los ojos, apoyaba su mano sobre la tapa de cuero de la Biblia y daba gracias por seguir vivo en ese mundo en los que los muertos les acompañaban.
Ella siempre estaría ahí.
