Cansancio
Era algo ya inherente a sus huesos, a su piel, a su propia alma. Esa sensación de cansancio continuo que parecía no querer desaparecer nunca, arrastrándose con él, aferrándose a sus pies como garras invisibles anclándole a ese mundo.
Estaba agotado.
Pero no podía detenerse. Nunca debía quedarse quieto. Avanzar. Adelante. Nunca mirar atrás. Así era como había llegado hasta allí. Así era como seguía con vida. Así era cómo se encontraba solo en aquella carretera desierta.
Nadie a su lado. Se esforzaba en recordar el gruñido de los caminantes ya tan lejano en su memoria. No quería olvidarlos. No debía hacerlo. No podía distraerse o bajar la guardia.
La ballesta descansaba en su espalda, atravesada con aquella vieja cuerda que en cualquier momento volvería a partirse, y un nuevo nudo aparecería en ella. Sus botas arrastraban el polvo del camino, formando diminutas nubes a su alrededor.
Se detuvo en lo alto de aquella leve colina, una de tantas. ¿Dónde estaba? Al norte. Eso era seguro, ¿pero dónde?
Se volvió sobre sus pies, se humedeció sus labios agrietados y se apartó el largo flequillo de su frente. La leve brisa agitó el resto de su pelo recogido en una coleta. Un silbido salió de su boca.
Varias ramas crujieron entre los árboles cercanos, pronto una silueta de cuatro patas, de pelaje oscuro y vivos ojos amarillos rompió la línea del bosque.
- Vamos.- El cachorro volvió sus orejas hacia su voz ronca por el desuso. Un nuevo silbido y corrió a su encuentro.
Pronto caería la noche, el sol comenzaba a descender por el horizonte.
Necesitaba dormir. Necesitaba descansar. Necesitaba dormir sin soñar.
(Gracias C por la palabra, y gracias señor Reedus por compartir su visión sobre cómo le gustaría que Daryl acabase en la serie)
