El potterverso es de Jotaká.
«REFLEJOS»
Por Victoire Black.
Con unas copas encima.
—¡Que te digo que lo vi en serio!
—¡Que tomaste demasiado, Angie!
—¡Que no, mujer! Te juro que estaba ahí.
—Yo no niego que estuviera, pero de ahí a que un espejo mostrara el futuro...
—¡Que no es el futuro, por Merlín! ¿Cómo va a haber sido el futuro si el partido ya fue, y perdimos?
Las discusiones entre Angelina Johnson y Alicia Spinnet en la Sala Común de Gryffindor no eran algo usual. Y menos una a los gritos, cuando todos allí seguían con la resaca de la madrugada. Literalmente se habían tomado de todo para olvidar... Olvidar la gran y humillante derrota del equipo de Quidditch de Gryffindor en la tarde del sábado.
—¿Se puede saber qué crucios está pasando? —quiso saber Lee, entrando por el retrato acompañado por una joven rubia, que lo abandonó riendo como una tonta, para subir a las habitaciones de las chicas. El moreno seguía claramente bajo los efectos del alcohol, dado que se tambaleaba al caminar hacia sus amigas, y reía hipando.
—Parece que Angelina quiere hacerle una visita a Trelawney en sus clases —ironizó Alicia entre dientes, molesta con la actitud de su mejor amiga al gritarle de esa manera frente a todos. La verdad era que ella también había gritado, pero siempre era mejor echarle la culpa al otro cuando uno se encuentra con varias copas de Vino de Elfo encima.
—¡Que no era que mostraba el futuro, imbécil!
—¡Y que yo no te lo digo por el futuro, idiota! ¡Estás tan loca como ella!
—¿Eres estúpida?
—¡No tanto como tú!
La mayoría de los presentes ya se había dispersado, pero un par de los que quedaban husmeando, incluído Lee, rodaban los ojos y reían con cada palabra que las cazadoras decían. No había dudas de que las dos estaban borrachas... Pero afirmar que Angelina mentía descaradamente era un delito tan grande como decir que Alicia no amaba discutir con ella.
Que la amaba.
—Ve tú a ver qué diablos te muestra el espejo —espetó la morena antes de dejar su copa en una mesilla (no sin antes volcarla sobre un alumno de quinto año, claro) e ir tambaleándose rumbo a las escaleras, sin alcanzar a oír la respuesta de su amiga.
