Sin más me retiro y doy las indicaciones de siempre.
Por favor, sean creativos con sus comentarios, que sean largos, que se note que han leído.
Y, se me había olvidado, pero si van a hacer comentarios ofensivos o despectivos, mejor ahórrenselos. Sin comentarios ofensivos ni insultos. Se les ruega encarecidamente, lean las indicaciones y los apartados de autor que no los pongo de adorno. Están al final de cada capítulo, una breve explicación.
Aclaraciones:
Narración.
— Diálogo. —
‹‹Pensamientos.››
(*) Esto es un apartado para alguna palabra o concepto que aclararé al final del capítulo.
Advertencias:
OoC en los personajes.
OC's.
Situaciones sexuales implícitas-explícitas.
Lenguaje inapropiado o soez.
Género: Romance | Humor.
Clasificación: T.
Momento III
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‹‹Hay algunas cosas que son tan serias que solo puedes bromear con ellas.››
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Niels Henrik David Bohr.
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Bragas.
Miró su bolso al fondo, le dio la vuelta por si se le escondió en algún compartimiento del mismo pero nada.
No había nada, no era posible… ¡Perdió sus bragas!
— ¡No, deben estar aquí! — murmuró, prácticamente histérica.
Rebuscó de nuevo en su bolso (vacío para colmo de males), después entre toda la ropa desperdigada por su cuarto, su cama y hasta en el closet (donde sabía de antemano, no estaba).
No podía ser, no era posible que las perdiera en su misión ¡¿en dónde, en qué momento?!
Las buscaba, alterada por todos lados. Desordenaba su ropa, mas de lo que ya estaba, seguramente su madre la regañaría si la veía haciendo tremendo desbarajuste en su habitación (la que de paso, no limpiaba por falta de tiempo y sobrecargo de misiones).
Su progenitora la mataría, pero eso no importaba ¡había perdido sus bragas!
Esas vergonzosas y malditas bragas que Ino se encargó de insertar en su maleta como único cambio. Se rehusó a usarlas y como consecuencia, obligó a su compañero a detenerse en un poblado para comprarse otras que no fueran tan vergonzosas.
Ya tenía suficiente calina con que su inner se lo recordara a cada rato como para tener que usarlas como su último recurso, preferiría no llevar nada debajo antes que humillarse ante Ino poniéndoselas. ¡No! ¡Eso jamás!
— ¡Carajo! — gritó exasperada, tirando sus prendas al suelo.
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En el momento que pisó su habitación, lo único que deseó con fervor fue tomar una ducha con agua caliente, tomar su té tradicional de media tarde y luego ir a su cama para descansar.
Era todo lo que deseaba, con ahínco anhelaba dejar tirada su mochila y en un arrebato de rebeldía, posiblemente, tirarse a la cama con todo y ropa; sin importarle nada mas que reposar desde ese momento hasta lo que faltara para el día siguiente. Desgraciadamente, siendo el hombre que se propuso, responsable, respetuoso y un maniático del orden y el aseo (cosa que ciertas personas tomaban como algún especie de trastorno obsesivo-compulsivo).
No pudo, e hizo lo mismo que cada vez que llegaba de las misiones. Empezó a desempacar su ropa, claramente, toda se encontraba sucia salvo algunas medias e interiores que no usó gracias a la rapidez con la que ejecutaron todo. Sin contar la parada extremista, inconsciente y de paso, ridícula que le "obligó" a hacer Sakura. Porque sí, para su ventura o desventura (ya no sabía cómo clasificarla), le tocó en esa ocasión ir de compañero de la peli-rosa.
A medio camino, a dos días de llegar a Suna, por circunstancias que aún no descifraba… Haruno le obligó a detenerse en un pueblo desviándose del camino.
— Necesitamos detenernos aquí. — exclamó Sakura, con un tono que le pareció afligido.
— No podemos, estamos retrasados. — mintió.
Supo que la peli-rosa no se tragó su cuento; cuando lo miró con ojos entrecerrados, él se ahorró poner en blanco los suyos y suspiró fastidiado.
— ¿Qué es lo que necesitas, Haruno?
La kunoichi abrió los ojos, sorprendida de que le preguntara y luego soltó un bufido.
— Eso no te incumbe, Hyūga. Son cosas de mujeres.
Dicha la frase mágica "son cosas de mujeres", Neji sobre entendió que eran ese tipo de cosas que ellas necesitaban una vez cada mes. Reacio, le permitió ir a donde quiera que fuera. Y él se quedó firmemente plantado en la salida del pequeño pueblo, a la espera de esa kunoichi exasperante de carácter voluble.
Tardó poco más de dos horas antes de volver, tiempo que él aseguró los retrasaría cuando menos medio día de camino. Calculó, estarían llegando al anochecer si no es que posiblemente a la medianoche.
De ahí en adelante las indirectas y reclamos se volvieron el pan de cada día, sin contar que Sakura posiblemente (de hecho estaba seguro) quiso arrancarle la cabeza en un par de ocasiones por sus indirectas; pero se vio imposibilitada ante su tranquilidad y lógicamente, superada en técnicas.
No es que él fuese un arrogante, claro que no. Pero su fuerza bruta nada tenía que ver con sus técnicas elaboradas y manejo de chakra.
Sonrió de medio lado, altanero ante su propio pensamiento mientras terminaba de sacar la ropa de su mochila para acomodarla en el banco. Todo iba bien, hasta que una pequeña bola blanca al fondo de su bolso llamó enteramente su atención.
Incentivado por un sentimiento inusitado de curiosidad, lo que muy pocas veces tuvo en su vida pero que predominaba antes que su sentido común y el shinobi… Cogió la pequeña bola de algodón, lo supo en cuanto la puso en su palma por la textura y la desenvolvió…
Abrió, sorprendido sus ojos, al percatarse que se trataban de un par de braguitas blancas, sencillas de algodón. Al darles la vuelta, notó que tenían un grabado muy particular… Un bonito, delicado y extravagante oso panda con una mueca graciosa.
Sinceramente deseó soltar una risa, ¿qué mujer en sus cinco sentidos se pondría algo como eso? Y lo que era más importante, ¿cómo carajos llegaron a parar esas bragas en su mochila?
Comenzó a pensar… No hubo necesidad de discurrir mucho, la idea le llegó clara a su mente. Inevitable fue reprimir la carcajada que se le escapó de la garganta.
La única mujer que tuvo cerca los últimos cinco días, fue Sakura Haruno. Y la razón por la que sus bragas estaban en su bolso de viaje, es porque tuvo que prestárselo al volver precisamente a la cantidad de hierbas medicinales que transportaban y la bolsa de la kunoichi resultaba poco adecuada para el traslado. Lo que le recordaba lo descuidada que podía ser la mujer, a sabiendas que tenía que llevar algo mas que provisiones, no se le ocurrió portar algo con mucha mas amplitud.
Suspiró.
— Ahora tendré que devolvérselas.
Aunque la idea no estaba del todo mal, después de todo, disfrutaría un poco a posta de la peli-rosa.
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Sakura caminó hacia su casa con el paso de un distraído que anda perdido por el mundo y no encuentra el camino dando tumbos. Resultaba enteramente común ver a la kunoichi andar por las calles de la aldea ida, dispersa, las personas que la conocían lo atribuían a su excesivo trabajo en el hospital o las desmesuradas misiones que la Godaime empezó a darle en últimos tiempos.
Claramente, eso era lo que pensaba la gente. La causa de esta ocasión no equivalía ni a una ni a otra, sino al hecho que todavía no superaba la pérdida de sus ridículas bragas. No es como que le importara en sí en donde las dejó tiradas, de hecho, abandonarlas en cualquier lugar del bosque fue lo mejor que le pudo suceder. Pretexto suficiente para que Ino dejara de molestarla con eso de que conservar su virginidad resultaba una idea digna de una mojigata sin sentido, o que posiblemente el tren la dejaría esperando al hombre perfecto.
Eso fue lo que motivó a Ino en primer lugar a darle esas espantosas y absurdas bragas con ese maldito oso panda en la parte trasera.
‹‹Pareces una niña cuando te las pones, ¡ni la talla has cambiado!››
Oh, su inner, como siempre haciendo su aparición en el momento mas oportuno para joderle el día, o mejor dicho, la paciencia.
Le observó, de mala gana y graznó un par de palabras inentendibles que lograron que la gente la viera de manera rara. No le prestó atención, iba demasiado metida en sus cavilaciones, en polemizar con su inner sacándola de su monopolio del misterio de sus bragas y no fijarse que en la puerta, específicamente, en la entrada de su casa se encontraba Neji Hyūga esperándola recostado en la pared con los brazos cruzados.
— Haruno. — llamó, al darse cuenta que le pasó de lado y ni siquiera lo miró.
La peli-rosa dio un saltito frente a la puerta y lo miró de soslayó, inapelable le resultó no abrir los ojos sorprendida de la presencia del chico ahí, en la puerta de su casa.
— ¿Qué haces aquí, Neji?
La pregunta sonó abrupta, nada desatinado con lo que sentía realmente. La presencia del Hyūga le infería peculiaridad inexplicable.
— Te lo diré adentro. — ordenó.
Sakura hizo una mueca descontenta, no le agradaba que él se tomara la libertad de llegar a su hogar y de paso; le mandara qué hacer. ¡Eso era el colmo!
— Deja de darme órdenes, Hyūga.
Replicar ácida se le volvió una costumbre después de tantas misiones con el orgulloso y soberbio genio del Clan Hyūga. Insertó la llave en el pórtico y abrió la puerta entrando primero dejándola abierta para que Neji pasara.
Una vez adentro, la peli-rosa la condujo hasta la sala, entre sus pensamientos aun revoloteaba el enigma de la pérdida de sus bragas y cómo fue que escaparon de su mochila sin percatarse. Entre sus desviaciones e ideas locas, existía la posibilidad de que les nacieran alas y salieran volando.
— Y bien, ¿qué haces aquí?
Aunque su merodeo no le distraía del hecho que Neji la acompañaba en la sala de su casa, su desolada casa. Sus padres estaban de viaje por negocios y tardarían cuando menos cinco días en volver, así que la compañía se respiraba en el ambiente.
El castaño no dijo nada, por el contrario, empezó a hurgar entre sus bolsillos buscando algo, no sabía qué; pero era algo.
— Neji, estoy cansada y no tengo tiempo para…
Los reclamos murieron en sus labios en el momento que el shinobi alzó una braga blanca con un osito panda en el trasero, el rostro de la kunoichi enrojeció terriblemente de la vergüenza.
— ¿Cómo… Cómo es que las tienes? — tartamudeó, con la voz entrecortada y la respiración acelerada.
No es que Neji disfrutara del mal o el bochorno del prójimo, pero ver a Sakura azorada porque él tenía sus braguitas infantiles se le hizo de lo mas cómico.
— Aparecieron en mi maleta. — respondió, simplista.
— ¡Dámelas!
Se abalanzó e intentó quitárselas, inútilmente, porque el Hyūga se movió de forma rápida gracias a sus reflejos como shinobi.
— ¡Neji, dame mis bragas! — renegó la peli-rosa.
Ahora estaba roja, pero de enojo y no de vergüenza.
— ¿Cuántos años tienes, Haruno? ¿12 o 13? — se burló, sutilmente ante una furiosa peli-rosada que no la calentaba ni el sol.
Sakura apuñó las manos hasta que sus nudillos se pusieron blancos del coraje.
— ¡No es mi culpa, es de Ino! — escupió, o mas bien gritó con aflicción.
Por alguna razón aledaña a la lógica, le urgía en demasía que le creyera que esos no eran sus gustos. Sin embargo, la ceja alzada de Neji indicaba toda la incredulidad del mundo.
— ¡Qué no es mi culpa! — insistió, con desesperación.
Mas Neji no descifró si era porque quería sus panties, o porque deseaba que le creyera de verdad.
— Son para niña, Haruno.
— ¡Ya te dije que no es mi culpa! Ino me las dio para recordarme que todavía…
Se cortó, enmudeció de repente al darse cuenta lo que estaba a punto de revelarle al heredero del Bouke con el qué, dicho sea de paso, no tenía mucha confianza.
— ¿Para recordarte qué?
Neji no se catalogaba como ser relativamente curioso, no obstante, el abrupto detenimiento de Sakura llamó enteramente su atención. La aludida, ante el escrutinio de la mirada opalina atinó a decir.
— ¡Eso no te importa, Hyūga! — gritó la Haruno, desviando la mirada abochornada y con las mejillas arreboladas.
El castaño sonrió de lado, arrogante al caer en la cuenta a lo que la chica se refería, soltó una pequeña risa que irritó aún más a la peli-rosa.
— ¡No te rías! — increpó crispada, sin saber exactamente de qué se reía.
— Te las dio para recordarte que aun eres virgen. — Neji saboreó cada palabra que emitió, como si se tratara de un maldito dulce. Y eso que a él no le gustaban los dulces.
Sakura enrojeció a punto de ebullición, la vergüenza y el enojo tomaron un punto de fusión altísimo. Tanto que no sabía si estallaría o se desinflaría al final. Lo único que deseaba era sacar al Hyūga de su casa a patadas, aunque supiera que en el intento se quedaría porque sus reflejos no eran rivales para el Puño Suave del shinobi.
— E-Eso no es verdad.
Intento invalidado por su propio fallo, su inner se río de su propia estupidez.
‹‹Idiota.››
Por si la situación no fuera lo suficientemente inverosímil y ridículo, venía su inner cargándole su idiotez en tamaños descomunales. ¡Quería morirse! Deseaba que la tierra se la tragara en ese preciso momento y la escupiera al otro lado del mundo, muy lejos de ahí, donde su deshonra no la alcanzara.
¡Kami! ¡¿Por qué le sucedían esas cosas a ella, qué hizo?!
— Dime, Sakura, ¿me equivoco?
¿En qué momento Neji se acercó tanto? ¿Y por qué ella sentía como un montón de mariposas revoloteando en su estómago? ¿Por qué se le aceleró el pulso?
Enmudeció, de los nervios. Y porque creía fervientemente que aparte del corazón, el estómago se le escaparía por la boca.
Neji se sintió atrevido, atraído por una inusual excitación sexual generada en el momento y el giro repentino que tomó la conversación. Se acercó lo suficiente para murmurar unas palabras a su oído al mismo tiempo que colocaba las braguitas en su mano.
— La próxima vez que las uses… Dímelo, porque será la última vez… — susurró a su oído, enronquecido y arrebatadoramente sensual.
Abrió sus ojos verdes desmesuradamente, el corazón palpitó fuerte y rápidamente provocándole una ligera agitación en su bajo vientre. Imágenes y pensamientos indecorosos acudieron a su mente, asimismo deseó que el Hyūga ejecutara un movimiento mas en lugar del alejamiento brusco. Contempló como el rostro regularmente impoluto del shinobi esbozaba una sonrisa ladina, sensualmente natural. Genuina, propia.
Estupefacta ante la osadía del shinobi, solamente le vio marchar, observándole o mas bien, escuchándole decir…
— La próxima vez seré yo quien las destroce…
Sakura, con retraimiento extremo aceptó, que estaba deseando que ese día llegara.
Oh sí… Como lo deseaba…
Notas de Autor:
Bien, aquí tenemos el momento tres de esta historia. En este caso, si es un momento sin sentido, ya que no tienen ninguna referencia de alguna otra historia. Solo espero que lo hayan disfrutado mucho, que se hayan reído o por lo menos, sacado alguna sonrisa mientras leían. Repito que estoy abierta a sugerencias, para alguien que desee algún momento en especial.
Agradezco infinitamente a las que me dejan sus hermosos comentarios, Crimela, Yue Moon Uchiha, Mar Angys Dreams, Himeno Sakura Hamasaki, Mardee Geer; muchas gracias, también a quienes me agregan a alertas y favoritos, muchísimas gracias.
Sin más me retiro, les envío un abrazo y un saludo.
