—Eh, Fabray. –Oigo la voz de Santana llamándome. Aparece entre los estudiantes con su meñique entrelazado al de Brittany, pero cuando llegan Santana suelta el dedo de Brittany desviando la mirada sonrojada y Brittany le dedica una mueca de tristeza y decepción— La entrenadora quiere que vayamos las tres a su despacho.

Suspiro cansada y me apresuro a acompañarlas. Sé de lo que quiere hablar Sue con nosotras, he estado días temiendo por este momento. Me gustaría poder retrasarlo todo lo posible, no es algo de lo que me sienta orgullosa precisamente.

Mientras andamos, la tensión entre Santana y Brittany es evidente. Me gustaría poder decirles que sé lo suyo desde hace mucho tiempo, tal vez incluso desde antes que ellas mismas lo supieran, y me parece genial si ellas son felices juntas. Quiero decirle a Santana que no tiene nada de lo que preocuparse porque no importa lo que digan los demás aunque en el fondo sea eso lo que más le asuste. Pero no lo hago.

Algo me dice que debo esperar hasta que ellas decidan oportuno contármelo; de lo contrario, lo fastidiaré todo.

Veo a Sam apoyado en la puerta de una clase hablando con un chico más bajo que él. Por su peinado y su ropa estoy absolutamente segura de que se trata del chico de ayer, aquel que se llevó a rastras a la chica morena chillona y bajita.

Me gusta que Sam haga nuevos amigos, Finn y los demás chicos del equipo de fútbol no son buena compañía para él. Aunque probablemente no debería pensar eso ya que todo el mundo piensa que Finn es mi novio.

Cuando llegamos al despacho de la entrenadora Sylvester, Becky Jackson juega con un xilófono de colores hasta que Sue pone una mano encima para pararla.

—Señoritas –nos saluda Sue—, sentaos.

—¿Quería vernos, entrenadora? –Es una pregunta estúpida, lo sé. Pero es mi deber como capitana de las animadoras hacer los honores.

Tomo asiento en la silla de en medio y Santana y Brittany se sientan a mis lados.

—Así es, Q. –Sue se recuesta en el respaldo de la silla con una pierna cruzada encima de la otra y nos escruta con la mirada durante unos segundos— El año pasado hicisteis un trabajo excelente infiltrándoos en el patético club de perdedores, señoritas, futuros desempleados, chicos con formas de vestir extrañas, etcétera, etcétera, etcétera, de William. Gracias a vosotras el Glee Club no llegó más allá de las Regionales y William hubiese sido despedido de no ser por mi asombrosa capacidad de persuasión, pero eso no viene al caso. Este año, Shuester ha decidido empezar las reuniones de su querido club antes con la intención de llegar hasta las Nacionales y ganar. Sí, todos sabemos que es una idea patética, incluso las ardillas del pelo de William lo saben. Entonces, ¿habéis adivinado ya qué tres animadoras volverán al Glee un año más para impedir que pase si quiera de las Seccionales?

—¡Nosotras! –gritó Brittany entusiasmada dando palmitas con las manos.

—Exacto –dijo Sue señalándonos con el dedo—. Iréis a las reuniones como el resto de pardillos e impediréis que ese club llegue más allá de las Seccionales.

—¿Las Seccionales? –pregunto—. Entrenadora, eso sería demasiado sospechoso, tal vez deberíamos aplazarlo hasta las Regionales y así…

—En las Seccionales y es mi última palabra, Q –cortó la entrenadora con gesto imperturbable—. Y ahora marchaos, vuestra presencia me molesta.

Salimos de la oficina de Sue acompañadas por los saltitos de emoción de Brittany. Ella ama bailar y no canta nada mal, le e5canta el Glee Club. A Santana también claro, pero ella es como yo, no lo reconocería jamás. Sí, acabo de admitir que me gusta el Glee Club, pero sólo por esta vez.

Un momento… ¿Qué ha dicho Sue…? ¿Las reuniones del Glee Club han empezado ya? Entonces, ¿por qué nadie nos ha avisado?

Entonces lo recuerdo. Por supuesto que nadie nos ha avisado, ¿quién lo querría hacer? Nosotras no somos nada para los chicos del Glee Club, la mayor parte sospechar, y no están equivocados, que tuvimos la culpa del pequeño accidente que nos impidió pasar a los Regionales el año pasado.

Ninguno de ellos se acercaría nosotras tres en público; bueno, tal vez sí que se acercarían a Brittany; pero nunca a Santana ni a mí. Nos tienen miedo, a nosotras y a la humillación que les podríamos hacer sentir si nos avergonzaran.

Pero… Finn también está en el Glee Club, nos lo podría haber dicho. O tal vez se le olvidó, es tan imbécil que no puede pensar en más cosas a parte del sex… No, Finn es mi novio, no puedo pensar esas cosas de él. Seguramente él tampoco sabía nada.

¡Sam! ¡Él sí que tenía que saberlo! ¿Por qué no me ha dicho nada? Vivimos juntos y sé que no es raro que Kurt prefiera que no estemos en el Glee Club, él es uno de los primeros que piensan nuestra "pequeña" intromisión, pero ¿Sam? Ya no puedes confiar si quiera en los de tu propia sangre…

—Hey, Quinn –justo a tiempo—. Se me olvidó decirte en casa que las reuniones del Glee Club empezarán más pronto.

Miro a mi hermano enfadada, el chico que va a su lado se estremece un poco, es el mismo chico de antes, pero Sam parece más tranquilo. Una vez te acostumbras a mis miradas de enfado, no son tan malas… O eso dice él.

—¿Y cómo de pronto es eso? –pregunta Santana claramente irritada porque la gente nos esté viendo con ellos dos por los pasillos.

—Hoy…

—¿Cómo te pudiste olvidar de contarme algo así, Sam? –pregunto.

—¿Y tú quién eres? –pregunta Britt al chico que permanece al lado de Sam un poco confundido.

Sam deja escapar un suspiro aliviado por haberse salvado de la situación. Quiero ahora mismo un documento firmado por la reina de Inglaterra en el que diga oficialmente que somos parientes.

—Blaine Ber… Anderson. Blaine Anderson –se presenta él con una cálida sonrisa.

Vaya, al fin se descubre su misterioso nombre.

—Yo soy Brittany –contesta ella emocionada—. Pero también puedes llamarme Britt. Me gustan tus cejas, Blaine Anderson. Son triangulares, como la comida de Lord Tubbington. Bueno, en realidad Lord Tubbington come las sobras de la comida mala que hace mamá, pero no se lo digas a nadie, es un secreto.

Creo que Blaine quiere correr ahora mismo, yo en su lugar lo haría, es bastante difícil pillarle el ritmo a Britt cuando no la conoces.

Sin embargo, en vez de eso Blaine sonríe con más ganas aún.

—Será nuestro secreto entonces –le dice guiñándole un ojo.

Creo que alguien se acaba de ganar el odio de Santana. Pobre, no me gustaría ser él ahora mismo.

—¡Blaine! –una chica pequeña acaba de llegar hasta nosotros por arte de magia, espera… ¡Es ella!—. ¿Dónde estabas? ¡Te he estado buscando por todas partes! Ven conmigo, necesito que me ayudes a practicar mi canción para la audición del Glee Club…

—Lamento que eso no va a ser posible –ay no, por favor Santana, no…—. No admitimos enanos en Glee.

Pienso en la forma en que la chica se enfrentó ayer a Finn en el pasillo y temo que arme otro escándalo. Pero no lo hace.

—Hola, siento ser tan desconsiderada –dice con una sonrisa deslumbrante—. Mi nombre es Rachel Berry.

—¡Hola, Rachel! ¿Te acuerdas de mí? ¡Soy Brittany! De la clase de Matemáticas.

Rachel frunce el ceño levemente como si se estuviera concentrando, luego vuelve a enseñar su preciosa sonrisa.

—Ah, sí. Te recuerdo, eres la chica que tenía un gato que fuma.

Lleva puesta una falda tan corta como la de ayer. Deja a la vista sus perfectas piernas bronceadas, parecen tan suaves…

Miro a mi alrededor, esto se está volviendo tan surrealista… Todo el mundo nos mira preguntándose qué hacen las tres animadoras más populares del instituto con tres perdedores más del montón. Es hora de marcharse.

—Me gustaría decir que ha sido un placer hablar con vosotros pero estaría mintiendo –les digo a los nuevos chicos. Miro a Santana que asiente con la cabeza—. Nos vamos.

—Pero yo me quiero quedar con Rachel –Brittany hace un puchero abrazándose a la chica.

No me gusta, quiero que se separe de ella.

—Britt –interviene Santana—, nos vamos.

Brittany niega con la cabeza pegándose mucho más a Rachel. Suéltala.

—Me quedo con ella.

—Haz lo que quieras –le espeto molesta.

Me quedo bastante sorprendida. ¿Por qué le he hablado así a Brittany? Es algo de lo que soy incapaz de hacer, ella junto con mi hermanos pequeños son las únicas personas que consiguen ablandarme. Deben de haber sido los celos… ¿¡Celos!? ¿Qué estoy diciendo?

Santana y yo nos alejamos, está mucho más enfadada que yo. Abro la boca pensando en decirle algo pero la vuelvo a cerrar rápidamente. Me lo debe contar ella cuando esté preparada.

—Por allí viene tu princesita –dice con una mueca de repulsión señalando al frente.

Es Finn. Viene hacia mí con una sonrisa estúpida—. Os dejo solos para que le puedas dar sus besitos de bebé.

Y tiene razón. Cuando Finn se acerca y me besa, sus labios dejan un rastro baboso asqueroso y tengo que esforzarme por no limpiarme la boca con la mano y escupir en medio del pasillo.

—Buenas noticias: tenemos las dos clases siguientes juntos –me informa con una sonrisa. ¿De verdad eso pueden considerarse buenas noticias?—. Y después el Glee Club, ¿sabías que ya van a hacer la audición dos personas? Tal vez este año lleguemos a las Nacionales.

Claro que sí, Finn. Sigue soñando.

Decir que las dos horas siguientes son una tortura es como decir que Santana es un poco desconsiderada con los demás de vez en cuando. Porque son un completo infierno.

La mano insistente de Finn no ha parado de manosearme la pierna, y regresaba por muchas veces que yo la apartara.

Me tenso cuando salimos de clase y su mano se desliza más allá de mi cintura.

—Tengo que ir a buscar a Santana, nos vemos en Glee –me excuso rozando sus labios lo más levemente posible.

—Pero pensé que iríamos juntos –responde confundido.

—Lo siento Finn, tengo que ayudar a Santana con algo importante.

Me escapo de allí lo más rápido posible y voy a la taquilla de Santana. Cuando llego allí, Satán… digo Santana, acaba de cerrar la taquilla de un gran portazo. Los demás la miran asustados temiendo que descargue su enfado contra ellos.

—¿Te puedes creer que se han pasado toda la clase de Español riendo juntas? –me pregunta nada más verme—. ¡Y me ha ignorado durante toda la clase! ¡No me ha dirigido una sola palabra! ¡Incluso le pregunté por su enorme gato, maldita sea!

—Santana, cálmate –digo confundida—. ¿De qué demonios estás hablando?

Santana me mira como si estuviera loca.

—¿Que de quién hablo? –espeta indignada—. ¡De Brittany y el hobbit ese!

—¿El hobbit? ¿Qué hobbit?

—¡La enana del pasillo! –grita fuera de sí—. ¿Pero qué te pasa? ¿Te está afectando el tinte rubio al cerebro, o qué?

Giro los ojos.

—En primer lugar: soy rubia natural –replico calmada—. En segundo lugar: no puedo saber qué motes pones a cada persona nueva. Y tercero: no puedo creer que estés así sólo porque Brittany se ha sentado con… Berry y te ha ignorado.

Ella me mira negando la cabeza disgustada.

—No, tú no lo entiendes –dice abatida.

—Santana –le doy un suave apretón en el brazo haciéndole saber que estoy ahí. Nuestras muestras de cariño siempre han sido escasas—, mírame. Sí que lo entiendo, ¿de acuerdo? –la escruto con la mirada rogando por que capte la indirecta.

Santana me mira con una expresión indescifrable por unos segundos.

—Solo vayamos al Glee Club; cuanto antes acabe este día, mejor –es lo único que dice antes de echar a andar por el pasillo.

Sigo sus pasos resignada. Cuando éramos pequeñas, la madre de Santana y mamá solían decir que las dos éramos tan cabezotas que podríamos haber sido hermanas perfectamente. Supongo que no se equivocaban.

Todo el mundo está ya en las sillas. Veo a Santana apoyada en el respaldo de su silla en la fila del fondo con los brazos cruzados. Brittany está lo más lejos posible de ella hablando con Artie ajena a todo, incluida su conversación con el chico.

Quiero ir a sentarme junto a Santana pero Finn me hace señales insistentemente para que me una a él y no me queda otro remedio.

A mi otro lado está Kurt. Nos dedicamos una fugaz sonrisa de cordialidad. Desde que nuestros padres están juntos, hemos vivido muchos momentos incómodos en el McKinley; las cosas en casa son más tranquilas. De todas formas sólo llevamos dos días viviendo juntos y nuestros padres ni siquiera se han casado aún…

—¡Glee ha vuelto, chicos! –el Sr. Shue entra por la puerta sonriente—. Y, atención, porque este año tenemos dos nuevas audiciones el primer día. ¿No es increíble?

Todos responden con aplausos y gritos de entusiasmo cuando una chica y un chico conocidos entran en la sala de coros.

—¿Quién de vosotros irá primero, chicos? –pregunta el profesor.

—Yo, si no le importa –contesta el chico. Blaine, se llamaba. Su vista divaga entre el piano y Brad unos instantes—. ¿Habría algún problema si yo… hum, tocara el piano?

Brad se retira de la clase, parece casi aliviado.

—Soy Blaine Anderson y tocaré una versión en acústico de "Teenage Dream" de Katy Perry –dice tomando asiento en la banqueta del piano.

No parece nada nervioso; al contrario, está totalmente tranquilo y relajado.

Empieza a cantar y tocar el piano a la vez dejando a todos impresionados, es realmente bueno.

Hasta ahora, la voz masculina líder del Glee Club la solía llevar Finn, ya que aunque Kurt es nuestro mejor cantante masculino, todas las canciones que canta son canciones escritas para mujeres. Finn tiene sus puntos a veces, pero su voz no es nada comparándola con la de Blaine. Puedo notar como se revuelve incómodo en su silla, por su expresión me atrevería a apostar que está celoso de el chico.

Kurt también se está removiendo en su silla, pero no está incómodo ni celoso, sus ojos brillan y sonríe tontamente mientras Blaine canta con pasión. Ay, madre…

Todos aplauden y vitorean cuando la canción de Blaine acaba. El Sr. Shue le da la bienvenida al club contento de tener un nuevo líder masculino. Los demás también parecen entusiasmados con esta ida; menos Finn, que tiene la expresión de un niño de cinco años que se ha quedado sin su juguete favorito.

—Señorita, por favor –dice Blaine a la chica cediéndole el turno.

Rachel le sonríe y se acerca a los músicos para decirles lo que quiere que toquen antes de colocarse en medio de la estancia, a vista de todas.

—Mi nombre es Rachel Berry y voy a cantar una canción llamada "My Man" de la gran, única y talentosa Barbra Streisand quien supongo que todos conoceréis –dice de carrerilla dejando a todos desconcertados.

—No puede ser –oigo murmurar a Kurt.

He podido reconocer el título de la canción y a la cantante gracias a él, escucha a Barbra Streisand y un montón de músicos de Broadway a todas horas.

Si Blaine parecía tranquilo cuando cantaba, Rachel no está tranquila para nada. Pero no está nerviosa. Incluso yo puedo sentir su excitación y su energía fluir por toda la clase, además sus ojos brillan intensamente.

Rachel:

Oh my man, I love him so

He'll never know

All my life is just despair

But I don't care

When he takes me in his arms

The world is bright all right

Vaya, esa voz, simplemente... wow. Todas las respiraciones están contenidas con asombro. El Sr. Shue mira a Rachel con la boca completamente abierta.

What's the difference if I say

I'll go away

When I know I'll come back on my knees someday

A mi lado Kurt se limpia unas cuantas lágrimas mientras mira a la chica cantar con absoluta adoración.

Rachel tiene los ojos cerrados y transmite una pasión y una dedicación indescriptibles.

For whatever my man is

I am his

forever more

Oh my man I love him so

He'll never know

All my life is just despair

But I don't care

When he takes me in his arms

The world is bright all right

What's the difference if I say

I'll go away

When I know I'll come back on my knees someday

For whatever my man is

I am his forever more.

La sala de coros se llena de gente en pie aplaudiendo con estrépito en cuanto Rachel acaba su canción. Kurt se pone en pie tan rápido que tira su silla al suelo de un golpe seco pero está tan ocupado en limpiarse las lágrimas y aplaudir a la vez que ni se da cuenta. Creo que hasta las mejillas de Rachel están cristalinas por las lágrimas.

—Rachel eso ha sido magnífico –dice el Sr. Shue completamente hipnotizado—. Los dos habéis estado realmente brillantes. Un absoluto sí a que entréis en el club.

—Me pregunto si podrías cantar canciones que divirtiesen a alguien a parte de a vuestras abuelas –puedo saber por el tono vacilante en la voz de Santana que ha amado las dos canciones pero todavía está enfadada y necesita desahogarse de alguna manera.

Kurt va a replicar algo pero en ese momento Rachel se acerca a Blaine sonriente y le susurra algo al chico en el oído. Él asiente con una sonrisa cómplice mientras Rachel se acerca a los músicos una vez más.

Y la música empieza a sonar de nuevo…


Nos veremos pronto… ^^

Próximo capítulo de Rachel, continua justo desde este punto.

Glee no me pertenece.