DUETOS

Puedo jurar que esta es la situación más rara en la que he estado en toda mi vida. Y podría pasarme horas contando raras experiencias. Como cuando un lunático me confundió con una niña de cinco años enorme por mi forma de vestir y se empeñó en llamar a la policía porque pensaba que me había perdido en el centro comercial de Chicago. Pero no es el momento adecuado para eso.

¿Cómo es posible que la chica rubia que hace un día vestía su perfecto uniforme de animadora con su "perfecto" novio, la misma chica cuyo nombre he estado preguntándome durante dos días enteros, queriendo saber más cosas de ella por motivos desconocidos, esté parada delante de mí, aún con el uniforme de animadora, en la casa de Kurt Hummel? Tengo el cerebro tan colapsado de preguntas ahora mismo que no puedo pensar claramente.

Miro a Kurt esperando que él dé algún signo de estar sorprendido de ver a… Quinn aquí pero parece de lo más tranquilo.

Entonces algo hace "click" dentro de mí. ¡Pues claro! ¡No puedo creer que no me haya dado cuenta en todo este tiempo! ¡Los ojos de la señora Fabray tienen el mismo verde que los de Quinn y Steve! Eso quiere decir que… ¡Quinn es la hermanastra de Kurt! Y la hermana de Sam, Stacey y Stevie… Qué familia más completa…

Quinn rompe la atmósfera tensa de la sala dirigiéndose al frigorífico y cogiendo unas pastillas como las que Blaine utiliza… ¿Cómo las que Blaine utiliza? Pero no es posible, esas son para sus pesadillas…

Sacudo la cabeza intentando enviarme a mí misma un poco de claridad.

Menos mal que justo en ese momento Kurt se pone en pie, dándose cuenta de la rara situación y pregunta:

—¿Qué tal si nos vamos ya a dormir?

Me aclaro la garganta, consciente de que si abro la boca ahora mismo me saldrá la misma voz que a Chewbacca.

—Sí, sí, claro.

Kurt apaga la televisión y yo me vuelvo, curiosa de saber lo que Quinn está haciendo, y queriendo comprobar de nuevo que Quinn es la misma animadora rubia y yo no me estoy volviendo loca. Pero consigo sorprende aún más cuando descubro que sus ojos avellana están clavados en mí, me observa y no da muestras de avergonzarse de ello cuando la descubro en el acto. Su mirada es intimidante, eso es verdad, pero hay algo en ella que me hipnotiza con esos ojos y no consigo descubrir qué es, ya que es completamente inescrutable.

—Buenas noches, Quinn —dice Kurt.

—Buenas noches —murmura ella con la vista aún clavada en mí.

No consigo hace otra cosa que no sea seguir a Kurt intentando no tropezar en ello y quedar como una idiota delante de Quinn.

Cuando estamos a punto de salir y comenzar a bajar las escaleras, un impulso dentro de mí me hace dar la vuelta y decirle:

—Buenas noches.

Puedo notar que eso no se lo he esperaba. Su mirada ha dejado de ser escrutadora y ahora me observa con curiosidad. No espero respuesta y sigo a Kurt hasta su habitación.

—¿Quinn es… tu hermanastra? —le pregunto una vez estamos dentro de su habitación con la puerta cerrada.

—Sí, lo es —responde él como si no tuviera importancia la cosa—. ¿Estás bien? Parece que hayas visto a un fantasma.

Me encojo de hombros como buena actriz que soy.

—Es sólo que… no me esperaba que la chica que parece tener a todo el McKinley de rodillas ante ella viviese en la misma casa que tú.

Kurt suelta una pequeña carcajada.

—Entiendo, suele pasar. Quinn y yo apenas hablamos en el instituto, no es lo mismo que con Sam, a él no le importan las apariencias. Pero Quinn… es un mundo aparte. En casa es encantadora con sus hermanos, incluso conmigo, pero fuera es como si a Sam y a mí no nos conociese de nada. Ya sabes, no estamos dentro de la escala popular —dice Kurt con un poco de desprecio.

—Pero ella está en el Glee Club, ¿verdad? —Kurt asiente—. Pensaba que en el McKinley el Glee Club era como lo más bajo de todo.

—No para las animadoras —explica Kurt—. Brittany, Santana y Quinn. La capitana de las animadoras y sus dos mejores amigas que podría jurar, gracias a mi gaydar, tienen algo entre ellas dos.

—¿Brittany es la chica rubia alta? —pregunté recordando el rostro de la única amiga que había hecho por el momento.

—Así es. Santana es la latina molesta. Creo que debes recordarla de Glee.

Asiento. Claro que me acuerdo de la tal Santana, es difícil no olvidar a alguien tan… poco amable como ella.

—¿Y están juntas? —pregunto un poco sorprendida ya que no es algo común entre la gente popular que salgan del armario.

—No de cara al público —replica Kurt—. Pero casi todos en Glee estamos convencidos de que esas dos tienen algo.

—Pero hay algo que no entiendo todavía… ¿Por qué se unieron ellas tres al Glee Club de todas formas?

—Bueno, hay que reconocer que Britt es una excelente bailarina, y Santana tiene una buena voz. Quinn cantan bastante bien, aunque su voz no es potente, pero es muy suave y dulce, y también se le da bastante bien bailar. Supongo que por alguna razón es la capitana de las animadoras —dice Kurt encogiéndose de hombros—. Pero todos sabemos que se unieron al Glee Club porque Sue les obligó.

—¿Quién es Sue? —interrumpo perdida.

—Es la entrenadora de las animadoras. Sue Sylvester es la mujer más cruel que he conocido en mucho tiempo. Siempre está intentando sabotear el Glee Club porque odia las artes y al Sr. Shue, sobretodo por su pelo. Creemos que obligó a Quinn, Santana y Brittany a que se unieran al Glee Club con la excusa de que querían apoyar a Finn, el novio de Quinn y el quarterback del equipo de fútbol —saber que ese chico que había visto en los pasillos con Quinn no hacía las cosas mucho más fáciles. Ahora entiendo el desagrado del pequeño Steve por ese gigantón estúpido—. Pero la verdad es que lo hicieron para poder informarle a Sue de cualquier cosa que pasase dentro de la sala de coros y en los ensayos. Y cuando llegaron las Regionales, alguien había pasado nuestra lista de canciones a los otros dos coros, todos sabemos que habían sido ellas las que le habían dado la lista a Sue para que convenciera a los otros dos coros de robarnos nuestros números. También consiguió que fuésemos los últimos en actuar por lo que no teníamos escapatoria, tuvimos que abandonar la competición para que no nos hiciesen quedar como unos copiones o algo peor.

—Vaya… —digo sorprendida, parece una historia sacada de un película—. ¿Por qué deja el Sr. Shue que sigan en el Glee Club después de todo eso?

Kurt suspira, algo preocupado.

—Hemos tratado de hacerle ver la verdad, pero sigue defendiendo a las animadoras porque cree que aportan buena reputación al coro.

—¡Pero no puede dejar que sigan en el Glee Club así como así! —protesto.

—En el fondo creo que disfrutan estando dentro —replica Kurt pensativo—. Sobretodo Britt. Aunque no vamos a dejarles seguir un año más, estamos pensando en estrategias para conseguir pillarlas con las manos en la masa y poder convencer a Shuester de que las eche. Sólo hace falta esperar.

Nos preparamos para ir a dormir. La cama de Kurt es grande, por lo que ninguno de los dos tenemos ningún problema en dormir juntos.

Me gusta Kurt, tal vez porque es demasiado parecido a mí, o tal vez porque se acaba de convertir en una de las personas con más talento que conozco y en el mejor amigo que tengo. Antes me dijo que pensaba audicionar para entrar en NYADA, y cuando se enteró de que yo tenía el mismo plan, bueno… digamos que se nos fue un poco la emoción de las manos.

Nos damos las buenas noches entre nosotros, pero pasa una hora entera y no he conseguido pegar ojo. La respiración de Kurt es tranquila y pausada, está dormido.

Pero hay una cosa que me tiene en vela y sospecho que lo hará durante toda la noche.

—Quinn Fabray —susurro en voz alta sin ser consciente de ello.

Ella está durmiendo sólo a unos cuantos pasos de mí, podría salir de la habitación de Kurt y acercarme a la suya para verla dormir. Me pregunto si tendrá la misma cara de chica dura que hace dos días en el pasillo cuando peleaba conmigo para defender a su novio, o al contrario su angelical rostro adopta una expresión suave y calmada cuando cierra los ojos. Me sorprendo por lo intrigada que estoy de saberlo, cuando hace un rato estaba hablando con Kurt sobre formas de poder demostrar que Quinn y las otras dos animadoras están del lado de Sue Sylvester.

En fin, es hora de dormir. Mañana será un nuevo día.


Lo primero que veo al abrir los ojos es la curiosa mirada avellana que tan memorizada tengo ya. Pero esta vez no es de ella, sino de él.

—¿Estás despierta? —pregunta Stevie en voz muy baja.

Asiento confundida para luego mirara a Kurt que aún duerme a mi lado. Tengo que contener la risa para no despertarlo porque la forma en se le aplasta el pelo en la frente es realmente graciosa. Le hago una señal a Stevie para que salgamos fuera de la habitación y poder hablar con más tranquilidad.

—¿Qué pasa? —le pregunto en un tono un poco más alto cuando estamos en el pasillo.

Él se encoge de hombros y se rasca la nuca como si estuviera intentando encontrar las palabras correctas.

—He encontrado algo que quiero que veas… ¿quieres verlo?

—Vale… —digo con el ceño fruncido.

Stevie me coge la mano arrastrándome por las escaleras con cuidado de no despertar a los demás que deben estar durmiendo todavía.

Aunque yo no soy exactamente lo que se dice alta, él me llega por la cintura. Su melena rubia cae sobre su frente con algunos mechones tapando los hermosos ojos avellana.

Me guía hasta la cocina, donde pasamos por una puerta para aparecer en el salón trasero. Stevie se acerca a las plantas de la señora Fabray. Y entonces lo veo. Es un pequeño cachorro labrador acurrucado sobre el barro durmiendo tranquilamente. Stevie se lleva el dedo índice a los labios para pedirme que guarde silencio y tengo que taparme la boca para no reírme ante la ternura del gesto.

—¿Lo has encontrado aquí? —le pregunto en voz baja para no despertar al cachorrillo.

—Sí —responde—. Me he despertado porque estaba llorando… no llorando como lloran los bebés normales… estaba llorando como lloran los perritos. Le he dado un poco de leche y se ha dormido. ¿Ahora qué hay que hacer? —pregunta con cara pensativa mirando fijamente al cachorro.—. ¿Lo podemos llevar dentro, a casa?

—Bueno… no creo que sea buena idea —replico suavemente—, primero debes preguntarle a tu madre.

Stevie se pone de cuclillas frente al cachorro apoyando los brazos en las rodillas.

—Pero no podemos dejarle aquí fuera —protesta—. Le puede pasar algo, se puede constipar, o le puede dar hambre o… puede despertarse solo y yo no quiero que se despierte solo sin nadie.

Decido sentarme junto a él en el césped, siendo consciente de que va a ser imposible convencerlo de entrar dentro.

—Podemos esperar con él hasta que tu madre o Burt se despierten —le sugiero—. Tendrás que preguntarle a ellos si quieres quedarte con él —añado señalando al pequeño cachorro.

—¿Te vas a quedar conmigo? —me pregunta tímidamente.

—Claro que sí, Stevie.

—Puedes llamarme Stev —sonríe—. No dejo que nadie me llame así, sólo Quinn. Pero tú puedes, Rachie.

Río despacio negando con la cabeza.

—Ven aquí, Stev.

Abro los brazos y al instante tengo un pequeño cuerpo sentado sobre mis piernas.

—¡Hay que buscarle un nombre! —dice de repente—. Pero no sabemos si es chico o chica.

—Ya… eso es fácil de arreglar.

Estiro una mano para levantar una pata del cachorro con cuidado de o despertarlo.

—Mmmmm… Me parece que tenemos aquí un pequeño perro chico. ¿Qué nombre quieres ponerle?

—¡Jack!

—¿Jack? —cuestiono frunciendo el ceño.

Stev asiente.

—Como el personaje de Pesadilla Antes de Navidad. ¿No te gusta? —pregunta con un pequeño puchero.

—Sí, sí, claro que me gusta —me apresuro a contestar—. Pero todavía no sabemos si vas a poder quedarte con él.

—Quinn me ayudará —replica convencido.

Me siento asombrada por la confianza que tiene el pequeño en Quinn, después de lo que me contó Kurt sobre ella anoche y la apariencia que muestra cuando estamos dentro del instituto.

—¿Ayudarte a qué?

Los dos nos volvemos al mismo tiempo para ver a la mismísima Quinn Fabray plantada en la puerta del jardín con su uniforme de animadora ya puesto, aunque todavía lleva el pelo rubio suelto. Nos observa con los puños colocados a cada lado de la taquilla y una ceja arqueada.

—¿Eso es un perro? —vuelve a preguntar acercándose para poder observar mejor al cachorro.

—Se llama Jack —asiente Stevie—. ¿Podemos quedárnoslo?

—Ya sabes qué opina mamá de los animales —replica Quinn.

Stevie resopla enfurruñado.

Es mi turno de observar a Quinn. No sé por qué pero siempre la veo con la misma ropa, no me estoy quejando de ese uniforme, al contrario. Sólo estoy curiosa por saber si se verá tan hermosa con cualquier otra cosa puesta.

Me devuelve la mirada y soy consciente en ese momento de que todavía sigo en pijama. Noto cómo un creciente rubor asciende por mi cara cuando analiza cada centímetro de mi cuerpo sin parecer estar avergonzada. ¿Será que…? No, debo estar pensando en tonterías.

Carraspeo al tiempo que aparto suavemente a Stevie para poder ponerme en pie.

—Yo… iré a cambiarme —digo dando una última mirada al cachorro.

No hace falta que me vuelva para comprobarlo, puedo sentir perfectamente la mirada de Quinn Fabray clavada en mi espalda mientras me alejo paso tras paso.

Cuando vuelvo a la habitación de Kurt me lo encuentro todavía durmiendo. Quedan diez minutos para que suene el despertador así que prefiero dejarle descansar mientras me meto al baño para arreglarme. Ya está despierto cuando salgo, se restriega las manos en los ojos tratando de no volver a caer en la tentación del sueño.

—Buenos días —digo sonriente.

—Buenos días —responde aún somnoliento—. Dame cinco minutos, me cambio y bajamos a desayunar.

Aunque los cinco minutos terminan convirtiéndose en quince, Kurt sale por fin preparado y me ofrece su brazo. Lo tomo encantada y bajamos juntos las escaleras de nuevo hasta la cocina.

La señora Fabray ya se ha despertado y prepara el desayuno tarareando con voz suave una canción que no logro reconocer.

Stevie y Quinn vuelven del jardín en ese mismo momento, con Jack descansando en los brazos de Quinn ya despierto.

—Mami —dice Stevie para llamar su atención.

La señora Fabray se vuelve y casi quema la cocina entera cuando se fija en el pequeño cachorro que Quinn abraza contra ella.

—Oh, Dios mío… ¿Qué… qué demonios es eso? —pregunta horrorizada.

—Es un perro mamá —replica Quinn con sarcasmo.

—¡Se llama Jack! —añade automáticamente Stev—. ¿Podemos quedárnoslo? Porfi, porfi, porfi.

El pequeño junta sus dos manos como si estuviera rezando se deja caer de rodillas para hacer la súplica más conmovedora.

—No de ninguna manera —niega la señora Fabray en retundo.

—Pero mami...

—¡He dicho que no, Stevie Fabray! ¡No habrá animales en esta casa mientras yo viva! ¡Sube a cambiarte de ropa ahora mismo! —el chico hace lo que su madre le dice, agachando la cabeza y caminando con los hombros agachados hacia la puerta. Es un gran actor—. Quinn, haz el favor de sacar al bicho ese de aquí.

Pero Quinn no se mueve un centímetro de donde está.

—No tiene a donde ir —replica—. Si lo dejamos suelto, probablemente lo llevarán a la perrera y lo matarán.

—Pues entonces buscad a alguien que esté interesado en tener un pequeño diablillo en su casa que le rompa las cortinas, mee en las macetas y haga sus cositas en el pasillo porque yo no estoy dispuesta a consentirlo de ninguna manera.

—Mamá —he de reconocer que los nervios de Quinn son de acero. Todavía no ha pensado en darse por vencida después de todos los argumentos de su madre—. El perro podría ser justo el empujón que Stev necesita. Además, yo me encargaré de sacarlo a pasear y limpiar lo que sea que ensucie.

Kurt, que hasta entonces se había mantenido al margen de la discusión, interviene por fin.

—No estaría nada mal tener una mascota en casa, Judy. Yo y Sam podríamos ayudar a Quinn con lo que hiciese falta, y a los pequeños les encantará la idea.

—Veremos a ver qué opina Burt de todo esto —cede al final la señora Fabray a regañadientes.

Veinte minutos más tarde, la familia Hummel-Fabray juega encantada con el nuevo juguete. A Burt le pareció fantástica la idea de tener un perro en casa. Stevie me regala una sonrisa radiante que no dudo un instante en responder.

Kurt y yo subimos de nuevo a su cuarto para recoger nuestras mochilas. Vamos discutiendo unos arreglos de última hora para la competición de duetos de hoy en el Glee Club. Estoy tan centrada en los últimos detalles, que al volver a bajar las escaleras para ir al coche y conducir al McKinley, tropiezo accidentalmente con uno de los últimos escalones. Probablemente hubiese podido morir, o tener una grave factura de pierna, o golpearme de lleno en la nariz y tener que hacerme una operación urgente de última hora con lo que perdería mi voz y todos mis sueños se irían a la basura… Pero afortunadamente unas manos me agarran por la cintura justo a tiempo y me encuentro a mi misma abrazada al atlético cuerpo de Quinn Fabray.

Me separo de ella, sonrojada, consciente de que acaba de salvar mi futuro como estrella.

—Gracias —musito con el rubor en las mejillas.

Me mira con una expresión de nuevo inescrutable.

—Intenta tener más cuidado la próxima vez —replica con voz neutral antes de marcharse hacia el coche.

El camino al McKinley es peculiarmente silencioso. Sólo se oye el repiqueteo que hacen los dedos de Kurt al golpear el volante siguiendo el ritmo de la música.

El reto del día hasta la hora de Glee pasa rápido, es agradable haber conocido gente con la que poder hablar durante las clases y sentarse en las comidas.

Por fin en Glee, la competición de duetos da comienzo.

Se supone que los primeros debían ser Brittany y Artie, el chico de la silla de ruedas, pero al parecer no consiguen ponerse de acuerdo con la canción y el señor Shue les manda de nuevo a sus asientos. En realidad sólo manda a Britt a su asiento, porque Artie, bueno ya sabéis…

Les siguen la pareja de chicos asiáticos que no hace una canción demasiado pésima.

Santana y la otra chica que me presentó Kurt hace unos minutos, Mercedes, son las siguientes. La verdad es que sus voces combinan a la perfección en su canción "River Deep Mountain High", pero no lo suficiente como para vencernos.

Kurt y yo chocamos la mano disimuladamente, lo tenemos casi ganado.

Aunque hay que reconocer que Blaine y Sam han hecho un excelente trabajo con Heroes, y es posible que ellos se lleven parte de los votos, pero no me preocupan, sé que Kurt y yo hemos preparado el mejor número.

El siguiente es un chico con una sola cresta que le cubre toda la cabeza y hace… un dueto consigo mismo. Queda bastante espeluznante.

Quinn y el gigante estúpido, cuyo nombre conozco ahora, Finn, son los últimos en cantar antes de nuestro turno. Cantan una versión de "I don't want to know". La voz de Quinn es dulce y angelical, no tiene potencia o fuerza pero aún así es muy bonita. Mientras que Finn… bueno, al menos el chico no desafina. Pero la canción les queda fatal, sus sonrisas son forzadas y Quinn se tensa en cada momento que él pone una mano sobre ella. Pésimo.

Por fin nos llega el turno a Kurt y a mí. Cantamos nuestro dueto de "Get Happy/Happy days are here again" lo mejor que sabemos, lo cual es rozando la perfección. Todos se quedan maravillados con nosotros, sobretodo el señor Shuester.

—Bueno, parece ser que todo el mundo a votado por sí mismo —dice después de haber realizado la votación—. Incluso los que no han participado —añade enviando una mirada de reproche a Artie y Brittany—. Aún así, por un voto, nuestros ganadores de duetos y que por lo tanto se llevan la cena gratis en Breadstix, son… ¡La señorita Rachel Berry y el señor Kurt Hummel!

Resuenan unos pocos aplausos en la clase, todos amortiguados por los gritos desquiciados de Santana mientras la sujetan para que no se abalance sobre nosotros.

No es mucha sorpresa que hayamos ganado nosotros, yo ya lo esperaba claramente. Sin embargo no puedo evitar preguntarme quién habrá sido la persona que nos ha votado en vez de votarse a sí misma. Mientras mis ojos vagan sobre cada persona de la sala intentando encontrar alguna señal, me encuentro con la mirada avellana tan conocida que ahora sé muy bien a quién pertenece. Quinn me devuelve la mirada con expresión fría pero suave.

No puedo hacer otra cosa que no sea sacudir la cabeza intrigada por saber si alguna vez llegaré a conocer mejor a Quinn Fabray.