Eso acaba de ser la gota que colma el vaso.

Ha transcurrido ya un mes desde el inicio de las clases en el McKinley y no me costó demasiado tiempo saber cómo funcionaban las cosas en el instituto. Recibo granizados casi a diario, por supuesto. Yo y muchos otros alumnos, entre ellos todos los miembros del Glee Club. Bueno, no todos.

Pero si hay algo que no voy a permitir es ver cómo día a día acosan a Kurt tanto verbal como físicamente. He tratado de hablarlo con él, pero es muy terco, siempre trata de cambiar de tema hablando de la organización de la boda de su padre. Hace como si no estuviese pasando y no le da importancia. Pero eso tiene que acabar ahora mismo, y no sólo porque Karofsky acaba de humillarlo delante de todo el pasillo y ahora se marcha tranquilamente como un gorila que se retira a descansar. Perdón gorilas, eso ha sido muy injusto para vuestra raza, no pretendía compararos con esa cosa.

El caso es que sé quién es la persona perfecta para ayudarme con esto, y

a que Kurt me hizo jurar por Barbra que no diría nada de esto a su padre, la Srta. Fabray o cualquier profesor. Y por Barbra cualquier juramento es inquebrantable. Demonios, el pequeño Hummel es bueno.

El único pero gran problema es que no he hablado con ella desde aquel paseo de hace unas semanas. Y sigo sin estar segura de que la animadora fría e intimidadora sea la misma que la chica dulce y tranquila que perseguía corriendo a su perro.

Cada vez estoy más convencida de que todos mis demás queridos compañeros de Glee tienen razón y las animadoras no hacen otra cosa que sabotear todas nuestras oportunidades de ganar las Seccionales y ganarnos un pequeño hueco en la patética escala social de este colegio. Tal vez con la excepción de Brittany, es tan inocente que parece imposible pensar que esa chica esté detrás de algo malévolo como lo están Quinn y Santana. Con las Seccionales a unas semanas de distancia, mi preocupación crece en aumento conforme se acerca la fecha decisiva.

Tal vez la entrenadora Sylvester tenga razón y Mr. Shue tiene la cabeza llena de ardillas vivientes en su pelo que le impiden pensar con claridad y darse cuenta de que la expulsión de las animadoras es lo único que nos garantizará una plaza en las Regionales. Aunque, pensándolo bien, tres bajas en el equipo nos imposibilitarían cualquier oportunidad de tener siquiera una plaza en las Seccionales, ya que no tendríamos suficiente gente para competir… ¡Arg! ¡Qué decisiones más complicadas hay que tomar cuando quieres llegar a la cima.

Sólo hay dos opciones posibles: Avisar a una persona adulta, lo cual no es recomendable si quiero conservar la amistad de Kurt; o pedir ayuda a Quinn.

Tal vez debería escoger la segunda, porque aunque no sea la más correcta, es la única con la que no pierdo nada intentándolo.

Ya tengo el plan planeado paso por paso. Esta tarde, Kurt y la Sra. Fabray se iban a ultimar los últimos detalles de la boda, a la que por supuesto estoy invitada como acompañante de Kurt, de modo que es la mejor oportunidad que tengo de hacer una pequeña visita a la casa Fabray-Hummel sin que él se entere. Lo único que tengo que hacer es plantarme delante de la puerta, tocar al timbre, esperar a que abran la puerta y decir…

—Buenas tardes, Quinn.

—Berry —dice ella sorprendida—. Eh… Kurt no está aquí.

—Lo sé —sonrío.

Quinn frunce el ceño.

—Stev tampoco está aquí.

—No he venido aquí a ver a Steve o a Kurt, Quinn —le digo dejándola desconcertada—. Tengo que hablar contigo.

Su entrecejo se hace cada vez más pequeño, y Quinn parece pensar que le estoy gastando una broma.

—¿Conmigo? —inquiere arqueando una ceja.

—Sí —asiento—. Tengo que comentarte un tema muy importante que estoy segura, querrás estar informada porque no creo que lo estés, ya que de ser así esto no estaría pasando y yo no estaría en tu puerta queriendo hablar de ello contigo. Así que si eres tan amable de prestarme un poco de tu tiempo para que conversemos, te estaría muy agradecida. Podríamos ir a alguna cafetería, o simplemente a dar un paseo si lo prefieres, o también…

—Berry, estás hablando demasiado —dice rascándose la frente—. Podemos hablar aquí, pasa.

—¿Estás segura? —pregunto un poco intimidada—. Porque no me gustaría interrumpir tu tranquilidad, entiendo perfectamente que prefieras ir a alguna otra parte a hablar y…

—Rachel —me interrumpe por segunda vez—, cállate y entra.

—De acuerdo…

Accedo a su petición adentrándome en el interior de la enorme casa. Quinn me invita a sentarme en el sofá y ella se sienta a mi lado pero a una gran distancia. Demasiada distancia.

—Hay mucho silencio aquí… —intento romper el silencio que se ha formado—. ¿Estabas sola?

—No creo que hayas venido a preguntarme si estoy sola en casa, Berry —replica en tono cortante—. Y tampoco creo que sea de tu interés.

Y aquí está de nuevo. La Quinn fría y distante del McKinley. Empiezo a pensar que la chica dulce del paseo fue un espejismo y no algo real.

—Claro, te ruego que me disculpes, era una simple pregunta formal para romper el hielo. No es que estuviera preguntándome si estabas o no sola y por esa razón haya venido hasta tu casa para saber la respuesta.

Los ojos de Quinn se clavan en los míos, puedo sentir perfectamente la intensidad de sus pupilas y la belleza de sus ojos avellana.

—¿Y la razón de todo esto es…? —pregunta impacientemente.

—Ah, claro, siento haberme desconcentrado —sacudo la cabeza y me concentro en lo que es verdaderamente importante, lo que me ha traído hasta aquí—. Es cierto que esto puede resultarte un poco extraño y lo comprendo, pero me gustaría hablarte de tu hermano Kurt porque…

—Kurt no es mi hermano —interrumpe—. Es mi hermanastro.

Sus palabras suenan frías y desinteresadas, con un mensaje oculto que me advierte que guarde las distancias.

—Como prefieras —me aclaro la voz—. El punto es que Kurt está teniendo algunos problemas en el colegio por culpa de unos cuantos animales populares que se creen que pueden tratar a los demás como basura, y estoy algo preocupada por él, ya que no quiere hablar del tema y me ha hecho jurar por Barbra Streisand que no diré nada a vuestros padres o a los profesores. Por ese motivo, me he visto obligada a acudir a ti en busca de ayuda, ya que como familiar de Kurt y además persona de gran importancia en esta sociedad que es el McKinley, tal vez podrías de alguna forma impedir que el trato hacia Kurt por parte de algunas personas deje de ser tan violento y el ambiente se vuelva más pacífico. No pienses que vengo a aprovecharme de tu popularidad, por favor, yo jamás haría una cosa así, Quinn. Pero creo que si las dos unimos fuerzas podremos acabar con este tipo de acosos por lo menos por una larga etapa.

Quinn me mira atónita. Literalmente. Tiene la boca abierta, al igual que los ojos, y una de sus cejas se arquea sensualm…

—¿Me estás pidiendo que defienda a Kurt como su guardaespaldas? —pregunta incrédula.

—Así es.

—¿Por qué iba a hacer algo así? —espeta.

Frunzo el ceño. Necesito una revisión urgente de oídos, no puede decir lo que creo que acaba de decir.

—Porque… porque… ¡Porque es tu hermano! —exclamo—. O hermanastro si así lo quieres. Tú y Kurt pertenecéis a la misma familia ahora y eso es lo que hacen los miembros de una familia, ¡cuidan unos de otros!

Quinn sacude la cabeza riendo débilmente, pero no con aquella suave risa que escuché una vez y me dejó flotando por las nubes, sino con una risa llena de amargura y burla.

—Supongo que no tenemos el mismo concepto de familia unida, Berry —dice con una mueca de tristeza—. Mi respuesta es no, no te voy a ayudar.

Por primera vez desde que puedo recordar, me he quedado sin palabras, no sé qué decir. Yo no dudaría ni un solo segundo en hacer lo que estuviese en mi mano para ayudar a Blaine. Aprieto los puños intentando liberarme de todos los sentimientos de rabia e impotencia que me sacuden. Son sentimientos negativos, no aportan nada bueno.

—¿No? ¿Así de fácil? —le espeto cuando consigo recuperar la capacidad de hablar—. ¿Cómo puedes decir eso? ¡Es Kurt, vives con él todos los días! ¿Acaso no harías lo mismo por Stev?

Su mirada gélida se aparta de mí, y por un momento me permito creer que he logrado convencerla, hasta que vuelve a abrir la boca para dar el golpe de gracia con dagas por palabras.

—Si Kurt tiene problemas, tendrá que aprender a defenderse el solito —concluye—. Él no quiere que nadie se entere sobre esto, a lo mejor es porque estás dramatizando y no es nada grave.

No tengo ningún espejo para mirarme, pero estoy segura de que nunca he mirado a alguien tan decepcionada como lo estoy haciendo con Quinn. Ella es una reina del hielo, y Kurt y Quinn no tienen la mejor de las relaciones, es normal que haya dicho que no, ¿me equivoco? Sin embargo, no puedo evitar sentirme enormemente decepcionada, pensar que ella me ha fallado, aunque en realidad no tengo ningún motivo para hacerlo.

—Berry, si eso es todo lo que tienes que decir, tengo cosas que hacer —dice ante mi mutismo.

Camina hacia la puerta y la abre, enviándome mensajes para nada discretos, que me gritan que es hora de marcharme. No puedo hacer otra cosa que no sea sentirme más hundida ante este gesto. Me dispongo a irme, decepción en aumento a cada paso que doy, hasta que al final se hace una carga demasiado pesada y no puedo seguir aguantándola. Me vuelvo hacia ella, justo cuando está dispuesta a cerrar la puerta tras de mí.

—¿Sabes qué, Quinn? Me negaba a creer que eras como todo el mundo me había advertido que eres, porque yo seguía pensando que la chica que compartió aquel paseo conmigo existía en alguna parte dentro de Quinn la Reina del Hielo. Pero veo que me equivocaba, eres exactamente igual que los demás. Y me da asco la gente como tú. Buenas tardes.

Y con esas palabras me despido, enviando en cada sílaba el enjambre de sentimientos mezclados que hay en mi interior, sin darle tiempo a replicar y sin permitirme si quiera sentirme culpable por la expresión de dolor que cruza fugazmente su rostro.

Rachel Berry es una diva.

Y no hay nadie mejor que ella en las despedidas dramáticas.

Jesse St. James. Es el típico chico ideal. Está lleno de talento y de carisma, cualquier persona caería rendida a sus pies con él decir unas cuantas palabras aduladoras. Lo conocí hace un par de años, cuando aún vivíamos en Chicago. Jesse va a la escuela en uno de los mayores institutos de música del todo el país. La primera vez que lo vi, me enamoré de él perdidamente, o eso pensaba en aquel momento. Y es que Jesse era todo lo que yo podía desear, parecía hecho a mi medida. Comenzamos una relación romántica que duró unos cuantos meses, porque aunque él juraba tener solamente ojos para mí, yo sabía que aquello no era tan cierto como parecía. Claro que mentiría si dijese que fue aquel el motivo por el cual rompí con él, lo cierto es que a veces Jesse parecía el chico perfecto para mí, pero otras era como caminar agarrada del brazo del mismo diablo, lo que lo llegaba a hacer incluso más atractivo a mis ojos. De cualquier forma, Jesse fue mi primer chico, el primero que me besó, el primero que se preocupó por mí, y el primero que me vio como algo más que una chica molesta e irritante llena de sueños muy grandes en un cuerpo demasiado pequeño, y al que casi entrego mi primera vez. Y ahora estaba de vuelta.

Yo no le esperaba, nunca había pensado en que lo volvería a ver algún día. Pero al parecer él sí que lo hacía. O eso fue lo que dijo cuando apareció delante de mi puerta esta mañana, con su seductora sonrisa resplandeciente y su elegancia al vestir. Jesse por fuera es una reencarnación de los ángeles, aunque dudo que por dentro se dé el mismo caso.

No obstante, acepto cuando se ofrece para llevarme al instituto, y acepto con entusiasmo no fingido cuando me propone pasar el resto del día juntos, aunque eso implique que él tenga que esperar aburrido mientras yo estoy en clase. Jesse sólo va a estar aquí por hoy, es una pequeña parada que ha hecho de camino a su viaje hacia Kentucky, ¿qué mal puede hacer recordar viejos y felices tiempos con un viejo amigo?

Mr. Shue se muestra encantado cuando le presento a Jesse y él se ofrece para interpretar un dueto conmigo. He de admitir que mi entusiasmo no es para nada fingido en esta ocasión. Me emociona la idea de cantar con Jesse más de lo que debería, y es que Jesse y yo no estábamos destinados a ser una pareja en cuanto a lo romántico, pero sin duda nacimos destinados a interpretar juntos. Jesse siempre ha conseguido llevarme a lo más alto de mi rendimiento, consiguiendo que libere toda mi adrenalina y disfrute como nunca.

No puedo evitar sonreír nerviosa cuando se sienta en la banqueta del piano y se aclara la garganta, cerrando los ojos, concentrándose. Me siento a su lado.

Empieza a tocar delicadamente las notas del piano, con sus dedos largos y delgados, perfectos para el mejor de los pianistas. Y cuando canta me he olvidado de cualquier cosa que no sea centrarme en la canción y olvidarme de todo lo demás.

I've been alone with you inside my mind

And in my dreams I've kissed your lips a thousand times

Me mira fijamente mientras canta, y consigue encender de nuevo esa chispa. No la chispa del amor, lo que ocurrió entre Jesse y yo fue hace demasiado tiempo, y no puedo ver nada en él que no sea un amigo o un compañero. Enciende la chispa de la pasión por la música, el teatro, la actuación… todo. Todo aquello que pensé que había perdido después de la muerte de papi. Pero ahora está de vuelta, y es gracias a Jesse.

I sometimes see you pass outside my door

Hello, is it my you're looking for?

Llega por fin el momento en que mi voz se une a la de Jesse, y sólo hay una persona que ocupa en cada instante que canto mi mente mientras pienso en el significado de los versos.

I can see it in your eyes,

I can see it in your smile

You're all I've ever wanted

And my arms are open wide

Cause you know just what to say,

And you know just what to do,

And I want to tell you so much

I love you

Ojalá pudiera saber por qué sus ojos avellana son los único que ocupan mi mente si mi concentración está puesta en los ojos claros de Jesse, y toda mi percepción se dedica a captar una por una todas las notas que salen de nuestras bocas. Sin embargo, Quinn Fabray es lo único que conozco en este momento.

Oh yes.

I long to see the sunlight in your hair

And tell you time and time again, how much I care

Sometimes I feel my heart will overflow

Hello, I've just got to let you know

¿Será cierto que no hay más verdad que la que le espeté ayer a la cara a Quinn? ¿La Reina del Hielo es lo único que llegaré a conocer de ella?

'Cause I wonder where you are
And I wonder what you do
Are you somewhere feeling lonely
Or is someone loving you?
Tell me how to win your heart
For I haven't got a clue
But let me start by saying, I love you

Algo me dice que hay mucho más dentro de Quinn Fabray. Mucho que me gustaría conocer, y que me hace sentir triste pensar que tal vez nunca conozca. Pero sé que está ahí dentro, en alguna parte, está Quinn Fabray, la chica que verdaderamente es.

Is it me you're looking for?
'Cause I wonder where you are
And I wonder what you do
(wonder what you do)
Are you somewhere feeling lonely
Or is someone loving you?
Tell me how to win your heart
For I haven't got a clue
But let me start by saying
I love you

—Ha sido agradable volver a pasar tiempo contigo de nuevo, Rachel —dice Jesse después de Glee—. Ojalá pudiese quedarme más tiempo pero temo que no va a ser posible. Por favor, despídeme de tu hermano.

Un beso en el la mano es el último regalo de Jesse. Jesse, el chico perfecto, y el demonio más angelical.

—¡Rachel, Rachel, Rachel! —Kurt viene hacia mí corriendo y casi sin respiración, rojo como un tomate—. No te vas a creer lo que ha pasado.

Me asusto. Si esto tiene algo que ver con Karofsky, juro que ese animal las va a pagar caras, ya sea con ayuda de Quinn o sin ella.

—Es Karofsky —Kurt confirma mis temores—. ¡Lo transfieren hoy! ¡Se marcha del McKinley!

Lo voy a matar, ¿cómo se atreve a agredir a Kurt sólo porque…? ¡Espera! ¿¡Qué!?

—¿¡En serio!? —exclamo esperanzada—. ¡Dime quién te ha dicho eso!

—Lo sabe toda la escuela —contesta Kurt—. ¡Karofsky se va a Boston! ¡Esto tenemos que celebrarlo, nos vemos en el Lime Bean!

Kurt desaparece de la misma forma que ha venido, corriendo como si se tratase de una cuestión de vida o muerte. No puedo hacer otra cosa que caminar hacia mi taquilla sonriente, de una forma u de otra, los problemas se han esfumado.

Cuando abro mi taquilla, un pequeño trozo de papel se desliza hasta el suelo. Lo abro curiosa, preguntándome de quién será, y cuando lo leo, la sonrisa de mi rostro se hace más grande que nunca.

"Yo quería mandarlo a Rusia pero Sue me ha dicho que al ser fuera del país, tardaríamos mucho más en conseguir el traslado sin sospechas. Espero que Boston esté bien.

PD: La chica que mencionaste el otro día sí que existe, le cuesta mostrarse al exterior pero te puedo asegurar que ella se muere por conocer a Rachel Berry."


No actualizaré más hasta septiembre.