El Potterverso es de Jotaká.
IV
El capricho de Cedrella.
{ Cedrella Black }
—Callidora... —llamó una adolescente de finos cabellos castaños, con voz débil. La puerta se abrió, y por ella entró otra joven muy parecida, pero notablemente con unos años más.
—¿Qué ocurre, Charis? —quiso saber al verla tan pálida—. ¿Malas noticias? —se asustó más aún al ver el sobre que su hermana tenía entre las manos.
—A padre le dará un fallo cardíaco —susurró la menor, temblorosa—, y madre no se podrá recuperar jamás... —las lágrimas se escapaban de su ojos sin detenerse—. ¡Oh!
—¿Qué ocurre, hermana, por Merlín? —insistió Callidora, cerrando la puerta con suavidad y acercándose a la chica—. ¿Ha muerto alguien?
—Cedrella se casa —dijo por fin sin levantar la voz.
—¿Y qué tiene eso de malo, Charis? Ya tiene sus buenos dieciocho años, era hora...
—Con un Weasley —la interrumpió su hermana, y Callidora se quedó como una estatua, con el rostro de piedra y una expresión difícil de deducir.
—Oh... —fue lo único que logró exclamar luego de un rato de silencio.
—¿Comprendes la gravedad de esto, hermana? —explotó Charis de golpe—. ¡La borrarán del tapiz!
—¡Shh, Charis, que te van a oír madre y padre!
—¡No me importa! —gritó—. Si a Cedrella la borran del tapiz, ¡no podremos volver a verla jamás!
—Claro que podremos, tonta —trató de consolarla Callidora, aunque no muy convencida. Se trataba de un Weasley, y las cosas entre los Black eran claras respecto a ellos.
—A riesgo de desaparecer nosotras también del árbol familiar, hermana —ante esto, la mayor no supo qué decir. Amaba a Cedrella, pero su nombre en el tapiz era algo de lo que estaba orgullosa, y no pensaba perderlo por un capricho de su hermana.
—¿Y si vamos a convencerla para que no se case? —propuso, viendo que eso era un callejón sin salida.
—Demasiado tarde —indicó Charis levantando la carta que aún sujetaba con fuerza—. Se casan hoy mismo... Si es que ya no lo han hecho.
Apenas lo dijo, se escuchó una especie de estallido en la plata baja, y ambas hermanas bajaron corriendo a ver qué era lo que ocurría. Encontraron el juego de té preferido de su madre hecho añicos en el suelo, y a su padre pálido observando una pequeña parte del tapiz. Las dos hermanas no necesitaron dirigir su mirada hacia aquel lugar para confirmar lo que ocurría, pero de igual modo lo hicieron. Un delgado hilo dorado unía el nombre de Cedrella con "Septimus Weasley".
—Padre... —comenzó a hablar Charis, pero él la cortó con firmeza.
—A esa chica yo no la conozco, y más les vale a ambas no recordar que existe —indicó, levantando la varita y la posicionó sobre el tapiz. Su mujer lloraba con cada vez más fuerza, pero él no iba a dar marcha atrás—. Lysandra, querida, calma... Ese energúmeno no es nuestro yerno, y esa traidora no volverá jamás a llamarnos padres.
Y sin más, un tenue rayo de luz violeta salió de su varita, e impacto con la imagen de Cedrella en el tapiz. Había cortado de raíz con el problema, y por más que lloraran esas tres mujeres detrás de él, no se iba a arrepentir.
