El Potterverso es de Jotaká.


V

Sin dudarlo.

{ Sirius Black }


—Sirius Orion Black —llamó Walburga, de mal humor, a su primogénito. Acababan de terminar de cenar, y éste estaba a medio camino de llegar al piso superior. Se dio la vuelta al oír el llamado de su madre, sacudiendo su melena negra, y la miró con desagrado latente en sus grandes ojos grises.

—¿Qué coño quieres ahora, madre? —preguntó.

—¡Esas no son formas de hablar, Sirius! —se escandalizó la mujer, llevándose una mano al pecho.

—No me interesa —exclamó el chico poniendo los ojos en blanco, gesto que volvió a hacer poner los pelos de punta a Walburga. Regulus los miraba divertidos desde el marco de la puerta del salón.

—Me llegó una carta de Hogwarts —comenzó a explicar la mujer—, de Dumbledore para ser más específica. Dice que si el siguiente curso no te comportas como un mago responsable y educado de una vez por todas, no le quedará más remedio que expulsarte... Y déjame decirte que no tengo interés alguno en pasar vergüenza delante del resto del Mundo Mágico en caso de que así sea.

—Finge que no me conoces, madre —se burló Sirius, guiñándole un ojo a su hermano—, eso siempre termina por funcionar.

—Así que temo decirte —continuó Walburga ignorando lo anterior—, que este verano no tendrás autorización para ir a la casa de mi querida tía Dorea —dijo con evidente sarcasmo.

—Perfecto —exclamó el pelinegro, sorprendiendo a su madre—. Iré sin permiso —y dicho esto, comenzó a subir las escaleras.

—Como pongas un pie fuera de esta casa en lo que resta del verano —amenazó Walburga comenzando a hiperventilar—, no la volverás a pisar en tu vida.

—Será un placer —rió, y corrió prácticamente hacia su habitación.

Media hora más tarde, bajó con su baúl lleno y una sonrisa en el rostro. Su madre estaba estática en el pasillo, mirándolo.

—Ya veo que seguirás los pasos de la hija de Druella... —exclamó, y su hijo notó que le estaba costando hablar.

—Andy, mi prima —la nombró Sirius, cosa que hizo chirriar los dientes a Walburga; los borrados del tapiz no se mencionaban bajo ninguna circunstancia, y eso era sabido por todos—. Ahora que lo pienso, creo que iré a verla antes de ir a lo de James. Tu sobrina nieta Dora me ha de extrañar —y guiñándole un ojo, salió a la calle.

Walburga se encaminó hacia el salón con un sentimiento difícil de definir. Acababa de oír de la boca de su propio hijo que estaba en contacto con Andrómeda, y que claramente deseaba ser desheredado. Luego de pensarlo durante unos minutos, levantó la mano con seguridad. Con un vago movimiento de varita y un rayo de luz violácea, el nombre de Sirius Black III no era más que un mal recuerdo en el tapiz de la familia Black.