2. Enfrentar los Hechos.
(Bella POV)
Observé mi reflejo en el espejo intentando encontrar algo familiar en la persona que me devolvía la mirada.
Llevaba un vestido negro largo y liso para esta noche, las tiras de la parte trasera se entrecruzaban en mi espalda, esto era algo que habría considerado una tortura hace algunos años, arreglé un poco más mi cabello, esta noche lo llevaba impecablemente liso, tanto, que reflejaba la luz mientras me miraba de lado.
Había sido persuadida por mi jefe a asistir a otra insoportable cena, el espantoso evento de esta noche era en la casa del Alcalde Bloomberg, mi único incentivo en aceptar la invitación era que tal vez alguien conociera o tuviera alguna pista de "C", habían pasado dos semanas desde que me propuse la misión de encontrar la identidad misteriosa de "C", para mi mayor consternación, no había encontrado absolutamente nada.
Me dirigí a la ventana y miré las luces de la ciudad. Las ventanas iban del piso al techo, desde la parte norte hasta el este de mi penthouse.
Era una vista hermosa, pero aun así no podía apreciarla. Me había arreglado demasiado rápido y mi conductor no llegaría hasta dentro cinco minutos, lo que me dejaba sin nada que hacer, mis instintos siempre me decían que debía estar moviéndome, manteniendo ocupada mi mente, luché por encontrar algo que pudiera distraerme.
Frente a la ventana, me concentré en los edificios lejanos, pero a pesar de todas mis defensas, un recuerdo hizo su aparición, era tan inofensivo y sutil, que al principio, no fui consciente que estuviera allí.
Estaba de pie en la plataforma de la Aguja Espacial de Seattle, era de noche y la ciudad brillaba llena de luces, su reflejo era borroso a través del océano, un barco podía ser visto brillando a lo lejos, la brisa alborotaba mi cabello mientras dos brazos tan fuertes como una roca me envolvían desde atrás.
–Hola amor.
La voz era cálida, como una manta de terciopelo extendiéndose sobre mí.
Me relajé en sus hombros de piedra mientras él comenzaba a tararear suavemente mi nana al oído, todos mis sentidos saborearon el momento, sabía que podía sentir mi sangre latiendo rápidamente de emoción, entrelacé mis dedos con los suyos mientras su frío aliento enviaba escalofríos por mi cuello.
–Ughh.
Sentí como si hubiera sido golpeada en el pecho, el recuerdo… ese estúpido recuerdo fue corto, pero tuvo el efecto de un trueno atravesándome.
Por tanto tiempo me había entrenado para no sentir nada que cuando en uno de ellos sentía… bueno, todo… me paralizaba. Descansé mi frente contra la ventana y mis brazos instintivamente rodearon mi torso. Estas heridas sin cicatrizar eran algo aturdidor, no entendía por qué el paso del tiempo se rehusaba a llevarse el dolor.
Apreté los dientes con furia. Habían transcurrido siete años, ¡siete años! ¿Por qué este dolor simplemente no desaparecía? Hice todo lo que se me ocurrió, no sabía que más hacer. Cerré mis ojos y respiré profundamente recordándome que aunque el tiempo era despiadado, me había enseñado una cosa, que había crecido lo suficientemente fuerte para aguantar el dolor. Mantuve la mordida tensa y lo soporté, maldiciendo el hecho que ni siquiera podía ir a correr para sacarlo de mí.
El teléfono sonó, mi conductor había llegado, de repente salir de mi apartamento no me parecía tan malo, agarré mi cartera de mano ignorando el espejo, no me importaba como me veía.
La cena fue predecible. Pasé la mayor parte de la velada rechazando los avances de los hombres interesados, uno pensaría que algún instinto interior haría que estos hombres naturalmente quisieran alejarse de mí, pero no, el senador de Nueva York estaba particularmente insistente esta noche.
–Entonces, señorita Swan, me enteré que usted es de la costa oeste ¿es cierto?
–Sí, Vivía a pocas horas al norte de Seattle. –Sostuve mi bebida entre nosotros como si fuera un puñal.
–Los Halcones Marinos de Seattle jugarán contra los Gigantes este domingo, tengo un palco y me encantaría que me acompañara. –dijo mientras dejaba brillar la sonrisa que usaba para ganar votos.
Creí recordar escuchar a alguien de la oficina mencionar una vez que los Gigantes eran un equipo de fútbol de aquí, de Nueva York, prefería arrancarme todas las uñas que sentarme a ver un partido de fútbol.
–Lo siento, pero el domingo es solo otro día laboral para mí, estaré en la oficina todo el día. – Le respondí con toda la poca emoción posible.
–Oh, no puedes decirme que hay algo tan importante que no puedes tomarte solo un par de horas, es una noche de juego, puedes trabajar hasta las cuatro, te llevaré de regreso a la oficina cuando el juego termine si lo deseas, a menos claro, que me encuentres tan divertido que no te quieras ir.
Estaba acostumbrado a pelear por los votos. De hecho subió y bajó las cejas mientras lo decía, luché contra la urgencia de simplemente lanzarle la bebida a la cara y retirarme.
–Tentador, pero no. – dije simplemente y me fui.
Divisé a mi asistente Simmons en el extremo del salón, con su cabello rubio, piel oliva y con sus uno ochenta y ocho de altura, era bastante fácil localizarlo en la cena. Era el chico californiano por excelencia, un chico de California muy listo, por alguna razón creía que las mujeres encontraban atractivo que mantuviera su cabello rubio con el largo justo para que cayera ligeramente ondulado sobre su cuello, y a decir verdad, unas cuantas mujeres habían comprobado su teoría.
Caminó hacia mí decidido.
–Una de tus responsabilidades es permanecer a mi lado para que los hombres y en especial los senadores resbalosos, no coqueteen conmigo, para eso te pago tanto. –Entrecerré los ojos.
–Lo siento mucho, –dijo riéndose, – pero los humanos necesitan usar el baño de vez en cuando.
–Sí… bueno –resoplé, – también vi que te detuviste a hablar con esa supermodelo Gazelle… ¿Cuál es su nombre?
–Se llama Giselle Bundchen y si intentas despedirme por eso, ningún jurado en el mundo estará de tu parte. –Dijo levantando apreciativamente sus cejas pobladas.
– ¿Has podido encontrar algo sobre la Corporación C? –Respondí en voz baja cruzándome de brazos molesta.
Dejé mí bebida en la bandeja que llevaba un camarero, nunca tomaba, el licor solo adormecía los sentidos y a mí me gustaba permanecer alerta, en fiestas como estas, era más o menos una ventaja.
–Ninguno de los invitados aquí ha escuchado de la compañía, la Corporación C ha estado haciendo millones al año sin que nadie siquiera haya sido alertado de sus tratos. –Tomó un profundo respiro y miró a los lados asegurándose que nadie lo escuchara, –la mayoría de los grandes jugadores de Fortune 500 están en este salón, si ellos no saben nada, nadie lo hará.
Aquello me frustraba, ahora era más que un simple juego, oler la presa y no ser capaz de cazarla me estaba volviendo loca, estaba ahora totalmente involucrada en esto por la emoción del desafío más que por cualquier otra cosa.
–Alerta, –murmuró Simmons, –Jefe acercándose por la izquierda.
Me giré mientras exhibía una sonrisa en el rostro.
–Buenas noches señor Hathaway. –Ronroneé.
–Buenas noches a ti también, Isabella, luces radiante como siempre, justamente como un hermoso gato atrayendo la presa a su muerte. –Sonrió perversamente.
Si había una persona en este mundo que fuera más despiadada y brutal que yo, ese era mi jefe, el Presidente de Whitmore-Hathaway, el señor Sterling Hathaway.
– ¿Has tenido alguna noticia de la Corporación C? – Susurró mientras se inclinaba.
– Aun no señor Hathaway. –Sacudí la cabeza, –pero no nos daremos por vencidos, pronto tendremos sus cabezas en la guillotina.
– Oh, estoy seguro de eso, –sonrió con maldad mientras le daba golpecitos suaves a mi mano. –no me cabe la menor duda. Buena suerte en la caza. – Me dio una palmada fuerte en la espalda y se retiró siguiendo una bandeja llena de tragos.
Antes de que pudiera hablar con Simmons, sentí un suave toque en el codo, me giré encontrándome con un hombre de un metro noventa y tres, de cabello ondulado y negro como el carbón, tenía la piel bronceada y un poco curtida por el sol, sus facciones eran propias de un modelo, no pude evitar notar que tenía los ojos azules más oscuros que había visto. Lo miré expectante.
–Disculpe, –dijo con una suave y profunda voz, – Debo marcharme pronto y lamentaría el resto de mi vida si no venía a conocerla. –Me tendió su mano. –Hola, mi nombre es Thomas Vaughn, ¿y tú eres...?
Antes que pudiera abrir la boca, escuché un chillido ahogado proveniente de Simmons. Lo observé con curiosidad.
– Soy Bella Swan. –repliqué.
Extendí mi mano para estrechar la suya, pero en cambio, él la tomó y la llevó a sus labios.
– Hola Bella. –Susurró.
– ¡Eres Tomas Vaughn! – Balbuceó Simmons. Al parecer había encontrado su voz. – ¡Hombre, soy un gran fan! ¡Eres el mejor mariscal de campo que los Gigantes hayan tenido en quince años, el juego del domingo estuvo increíble! Ese lanzamiento en los últimos tres segundos fue simplemente…
Parecía ser incapaz de terminar la frase, miré a Vaughn de nuevo y pude ver que sonreía solo por amabilidad.
– Miren, –Vaughn musitó. – Si ustedes dos están juntos, lo siento…
– ¡No! – Prácticamente Simmons escupió la palabra, se posicionó detrás de mí tomándome por los hombros y me ubicó frente a Vaughn. No sabía que era tan fuerte – Aquí, ¡toda tuya! –dijo dándome un pequeño empujón.
Contemplé a Simmons y quise matarlo en ese preciso momento con mi mirada.
– Mira, –susurró furiosamente mientras se acercaba más a mí para que Vaughn no escuchara, –Sé que no has tenido una cita en como… tal vez, nunca. Quizás deberías estar también en un convento. Harás esto, ¡Es Thomas Vaughn! – Me empujó levemente una vez más, – ahora sonríe como si fueras humana.
Me giré hacia Vaughn y sonreí educadamente.
Luego hice una mueca, creo que lesioné algún musculo en mi mejilla, pero supongo que funcionó porque recibí una sonrisa de cien vatios como respuesta.
– Escucha, –dijo Vaughn, – lo siento mucho pero en verdad debo irme ¿hay alguna posibilidad que podamos pasar la tarde del domingo?
Mi última cita había sido en una casa llena de vampiros cuando cumplí dieciocho años, no quería salir a ninguna parte con este Thomas Vaughn, o con ningún otro, nunca podría, nunca lo haría. Abrí mi boca para decirle "no" cuando sentí que Simmons agarraba la parte trasera de mi cabeza y la movía arriba y abajo. Estaba asintiendo contra mi voluntad.
– ¡Genial! dijo, – ¿puedo llamarte?
Simmons saltó enfrente de mí tendiéndole una servilleta con mi número personal escrito en ella.
– Hasta el domingo. – dijo inclinándose un poco, luego se giró y se fue.
– ¿Qué diablos fue eso? – Escupí girándome hacía Simmons y estrechando los ojos.
– Oye, ni siquiera empieces ¿de acuerdo? El lunes por la mañana llegarás al trabajo agradeciéndomelo, necesitas una cita como… bueno, como una flor necesita la lluvia.
– ¿Qué? – Espeté.
– ¿Dónde está tu sentido de aventura? – preguntó mientras una gran sonrisa se extendía por su rostro.
Aventura… Iba a tener la mayor aventura de todas, pero él me la arrebató.
Simmons debió ver algo en mi rostro porque de repente se puso serio.
– Mira, estás muerta internamente, Bella. – Levantó la mano para impedir que lo interrumpiera, – Lo sé, lo sé, lo tienes todo bajo control, puedes ir y matar como ninguna otra, pero no estás viviendo realmente. En algún punto del camino algo o alguien mató todo aquello que te hacía humana, estás físicamente con nosotros, pero eres más como un muerto viviente.
Me enderecé y crucé los brazos indignada, él no tenía derecho a hablarme de esa forma, yo era su jefe, su superior, podía despedirlo inmediatamente. Fruncí los labios hasta hacerlos una fina línea y pensé en cómo sus palabras habían dolido, creí haber escondido tan profundamente todo el sufrimiento, que pensé que al mirarme solo veían una mujer fuerte, razonable e inteligente, aparentemente había al menos una persona a la que no pude engañar ¿Había alguien más que pudiera ver a través de mí? Tendría que fortalecer mi escudo y hacerlo difícil de atravesar. No me rendiría, este escudo era la única cosa que me mantenía de una pieza.
– No estoy diciendo que te tienes que casar con el tipo, ni siquiera tienes que salir con él otra vez si no quieres, pero vamos Bella, enfrenta los hechos, eres humana, hay cosas pasando a tu alrededor, solo debes verlas. – Puso sus manos en mis hombros mientras se acercaba a mi rostro. –Estás viva. –Susurró.
Lo miré fijamente y tragué con dificultad, "Viva" significaba que mi corazón palpitaba y la sangre recorría mis venas, usualmente quería decir que se tenía esperanzas y sueños por el futuro. Viva. No estaba segura que él tuviera razón.
Hace mucho tiempo había tomado la decisión de dejar de ser humana, de alguna manera eso me cambió, no importaba en qué mundo actualmente vivía, yo quería estar en el otro.
¿No existía en alguna parte algún manual que me enseñara como serlo? "Humanos para tontos" ¿tal vez? o quizás "¿Cómo ser humano en tres sencillos pasos?
Los demás parecían llevar sus vidas perfectamente, no era la primera persona en el mundo al que le rompían el corazón.
Miré a mi alrededor, podía escuchar gente conversando y riendo, vi a una mujer coqueteando con tres hombres en el bar, incluso Sterling Hathaway parecía manejarlo bien al mezclar algunos rasgos humanos cuando era cruel.
¿Por qué yo no podía hacerlo?
Había una sola razón.
Y a él no le importaba.
Gruñí y abandoné la fiesta, volvería a mi oficina, el trabajo me llamaba.
¡Muchas gracias por leer!
