3. Fechas, Nombres y Pistas.
(Bella POV)
Había pasado toda la mañana del domingo en la oficina, era mi hora favorita para trabajar, el lugar permanecía desierto, era increíble ver lo mucho que podía hacer cuando no sentía el agobio de la gente a mí alrededor, aunque debía admitir que era un poco desconcertante lo silencioso que era el distrito financiero los domingos, parecía un pueblo fantasma.
Tuve que detener mi día laboral, necesitaba llegar a casa y prepararme para mí cita, (solo con pensarlo me estremecía). Esperaba que el momento nunca llegara, pero Vaughn estaría en el recibidor en quince minutos, quería pasar a recogerme en mi penthouse, pero el recibidor era lo más cercano que lo dejaría llegar de mi apartamento, miré de nuevo el reloj y sentí las nauseas subir por mi garganta, tal vez después de todo mis vanas esperanzas que enfermara y pudiera cancelar esta cita se hicieran realidad finalmente y tuviera la suerte de contagiarme de algún virus estomacal, los dolores abdominales tampoco parecían una mala idea, quizás pudiera contraer la fiebre escarlata.
Me senté pesadamente en el borde de mi cama, no quería tener que hacer esto, odiaba tener que revivir el recuerdo de prepararme para una cita, había hecho un voto solemne que aquello nunca pasaría de nuevo, e inexplicablemente aquí estaba ¿y si él intentaba sostener mi mano? Solo recordaba unas manos frías entrelazadas con las mías y no quería que las manos cálidas de nadie más llegaran y cambiaran ese recuerdo.
Uno de mis mayores temores era que mi mente realmente fuera un colador ¿y si poco a poco todo se desvanecía? ¿Y si lentamente dejaba de recordar? Lo maldecía frecuentemente por llevarse las fotos cuando me dejó, pero parte de mí sabía que si no lo hubiera hecho, las habría mirado con demasiada frecuencia. Masajee mis sienes, balancear toda esta situación era agotador, cada momento de cada día luchaba por no pensar en él, pero también sabía que no podía olvidarlo, estaba aterrorizada de olvidarlo, mientras pudiera cerrar mis ojos y ver su rostro, mientras él existiera en el mundo, yo podía soportar otro día.
Permanecer sentada no ayudaba, me levanté y comencé a pasear por la habitación, mis manos instintivamente se envolvieron en mi torso mientras me recordaba que esto solo duraría unas pocas horas y luego no tendría que ver a este tal Thomas de nuevo. Cuando estuvo unos minutos retrasado, mis esperanzas de que no viniera crecieron, pero demasiado pronto, el timbre sonó y me dirigí al elevador.
Fui recibida por una sonrisa ganadora, llevaba puesto unos jeans que le sentaban muy bien, eran holgados en las partes correctas, desgastados y deshilachados solo lo necesario para hacerlo lucir cómodo, su camisa era negra con botones al frente y bajo esta llevaba una camiseta blanca que hacía ver sus ojos de un azul tan profundo que casi me recordaban a otro par de ojos que yo solía conocer, todo combinado con unas botas bajas. Tragué con dificultad y miré en cambio sus fuertes brazos.
Una hora después caminábamos por uno de los senderos rodeados de árboles que conducían a Central Park, Vaughn nos había comprado pretzels de un carro, los niños jugaban en un parque infantil cercano mientras sus padres los observaban, otros se sentaban en bancos, o caminaban con sus perros y lanzaban frisbees al césped. No tenía idea que esto era lo que la gente hacia un domingo en la tarde, o tal vez solo lo había olvidado.
Era un encantador día de otoño, las hojas estaban en pleno cambio, traté de disfrutar de su belleza, pero donde quiera que miraba una hoja cambiando de color, mi mente siempre viajaba de regreso a ese otoño siete años atras, el otoño donde mis recuerdos eran borrosos y dolorosos.
– Durante la temporada de fútbol, mi vida es bastante intensa. –Explicó Vaughn rompiendo el hilo de mis pensamientos, – Tuve una reunión de fútbol esta mañana y debía estar en el estadio a las tres de la tarde, espero que no te importe que no haya planeado nada más memorable que caminar por Central Park, solo quería llegar a conocerte y esta parece ser la mejor forma.
– Suena parecido a los negocios. – Comenté cínica.
– No estás tan lejos de la verdad. – Soltó el aire de golpe.
Mientras continuábamos caminando por el sendero, estudié a una pareja sentada en un banco, admiraban el paisaje y se veían a los ojos; desde hace dos años vivía al pasar la calle desde Central Park, pero nunca me tomé el tiempo de sentarme en uno de esos bancos, la única razón por la que venía aquí era para correr, no podía recordar la última vez que estuve afuera solo por el placer de tomar una caminata o examinar las hojas de un árbol.
– Gracias de nuevo por aceptar verme hoy. –Dijo mientras mordía otro pedazo de pretzel.
– Esta es la tercera vez que me lo agradeces. –murmuré mientras caminaba con las manos en los bolsillos. No había necesidad de arriesgarse.
– Bueno, después de la noche del viernes en la cena del alcalde… – Sacudió la cabeza tristemente. – Te vi entrar y me dejaste sin aliento, luego observé durante la velada como rechazabas a cada hombre que intentaba acercarse a ti, fueron diecisiete en total. –Me miró tímidamente mientras sonreía.
– ¿Los contaste? –Pregunté sorprendida.
– Creo que destrozaste la hombría de algunos de ellos. –Hizo una mueca.
Sonreí.
– De todos modos, era mucho más intrigante verte a ti que prestarle atención a esa aburrida fiesta, estaba muerto de miedo de acercarme, pero como dije, me habría arrepentido el resto de mi vida. – Rió. – Además, la temporada pasada en las eliminatorias me enfrenté a la línea de defensa completa de los Pittsburgh Steelers y viví para contarlo, eso me dio valor.
Se detuvo y se giró para mirarme y decidí que sería educado si me detenía igualmente.
– Casi me voy de la fiesta sin hablarte, – continuó, – Pero luego pensé en cómo te vi rechazar cuatro estrellas de cine, dos productores, un senador, un diseñador de modas famoso, un juez federal, cuatro jugadores de los Yankees, dos jugadores de los Knicks y al dueño de los Gigantes, mi jefe. Decidí que si salía mal parado, al menos estaría en buena compañía.
– Quizás malinterpretaste mis acciones, – repliqué sin ninguna emoción, lo miré por un momento y luego seguí caminando, – De hecho les estaba haciendo un favor diciendo no. No soy un trofeo, y no soy ninguna diversión.
– ¿No eres divertida? Yo me estoy divirtiendo. – Me alcanzó al decir aquello.
– Estás divirtiéndote a costa mía, no conmigo. – Levanté las cejas dudosamente.
Sus ojos se estrecharon pensativamente mientras masticaba el último pedazo de pretzel, esperaba que estuviera de acuerdo conmigo, pero en cambio, inesperadamente tomó mi mano sacándola del bolsillo y me llevó por el césped, su mano era cálida, grande y fuerte, tragué mientras los recuerdos se estrellaban contra mis barreras.
– No hay razón para temer. – dijo sonriendo tranquilizadoramente mientras yo plantaba mis pies en el césped intentando resistirme. – Vamos, montemos en el carrusel.
Miré sobre sus hombros y efectivamente había un carrusel al otro lado del claro. Comenzó a tirar de mí nuevamente.
– ¿Carru…que? No, quiero decir, es ridículo, eso es para niños. – Protesté.
– ¿No tienes todavía una pequeña niña dentro de ti? – fingió asombro mientras continuaba llevándome con él. – ¿No hay una parte de ti que no quiere crecer, que no quiere envejecer?
Cerré mis ojos a causa del dolor. Iba a pasar la eternidad con el hombre perfecto, uno que nunca envejecería.
– Bella, ¿estás bien? – Vaughn pudo sentir que algo había cambiado, dejó de tirar de mí.
La molesta voz de Simmons comenzó a sonar en mi cabeza.
Enfrenta los hechos Bella, estás viva.
– Sí, estoy bien, – miré a Vaughn con mi barbilla levantada, desafiante. Me enojó que mi voz sonara débil e insegura. –Vamos.
Montamos en el carrusel tres veces, y traté con todas mis fuerzas encontrar una parte de mí que pudiera ser revivida.
Muchas gracias por sus comentarios, eso demuestra que mi esfuerzo no es en vano, en especial con aquellas personitas que no han leído con anterioridad la historia =)
¡Abrazos!
