9. Problema.
(Bella POV)
Estaba de pie en el bosque, ese lugar tan familiar, mi mente estaba acostumbrada a venir aquí, podía sentir el chapoteo de la tierra bajo mis pies. No, por favor no. Suplicaba, me giré mirando tras de mí y fue en ese momento cuando la vi, la enredadera de arce, sus hojas se movían muy suavemente, no había viento, entonces, ¿por qué se movían? Luego la comprensión me recorrió ardiente y mordaz. Edward había desaparecido, él había creado la corriente de aire.
Se había ido.
Me senté rápidamente, arrancada del sueño, no ese de nuevo, gemí dejando salir un respiro frustrado, soportaría ahora mismo cualquier recuerdo excepto este.
El sol se aomaba por la ventana, busqué con la mirada el reloj más cercano, era sábado y ya había amanecido, no tenía idea que hora era pero sabía que debería estar en la oficina hace varias horas.
Iba en contra de todo lo que me había impuesto, pero me recosté de nuevo, mis ojos estaban inflamados y pegajosos, se sentía mejor si los cerraba.
No hay daño hecho, Bella, me recordé, así que lo viste otra vez, no es gran cosa.
Había llegado hasta aquí, podía hacerlo, no era tan malo como la última vez, no tan malo…
Por alguna razón, mi mente viajó hasta esa estúpida carta que dejé para él en casa de Charlie mi última mañana en Forks, había estado tan enojada cuando la había escrito, solo había sacado las pocas cosas de mi cuarto y las había dejado en la puerta principal para que Charlie las cargara en la patrulla, recuerdo como me había quedado de pie en el dormitorio intentando decir adiós a todos los recuerdos, me recosté en la cama una vez más y luego fui a la ventana y la cerré con llave, cuando toqué esa ventana sentí los temblores comenzar, tensé la mandíbula susurrándole a la nada – esta es la última vez que lloro en mi habitación por ti.
Luego había encontrado una hoja en el cajón de la mesa de noche y garabateé con furia el mensaje que él nunca vería.
No había regresado a Forks desde esa vez.
Salí de mi habitación ese día sin mirar atrás, pero el problema era que había mirado atrás en mis recuerdos muchas veces y no sabía qué camino tomar para evitarlo.
El teléfono sonó, forcejeé para levantarme en el vestido ajustado y me tambaleé todo el camino hasta alcanzar la cartera.
– Aló– contesté con voz grave.
– Isabella, llamé primero a tu oficina asumiendo que allí es donde estarías, quiero saber cómo salieron las cosas anoche con "C".
– Sí, señor Hathaway –me esforcé en permanecer coherente – me encontré con él y tuvimos una breve reunión anoche, hemos programado una junta para el día lunes a las siete de la mañana.
– Excelente, estaré ansioso de escuchar como planeas proceder con la adquisición, pasa por mi oficina después de la reunión.
– Ah, señor Hathaway, después de hablar con "C" anoche, me di cuenta que puede que me haya apresurado en pensar que ellos fueran idóneos para una toma hostil, planeo usar la reunión del lunes para decirles que estamos abandonando nuestros planes con su compañía. – Me estremecí mientras esperaba por su respuesta.
– Isabella – gruñó – He estado sobre cada documento y la Corporación C es un caso perfecto para lo que haces mejor, las condiciones no podrían ser mejores para una toma hostil –hizo una leve pausa – no te estarás ablandando, ¿verdad Swan?
– No señor – me enderecé– no lo estoy, solo pienso…
– No te pago para que pienses Swan, te pago para que atrapes y mates – suavizó su voz haciéndola más amenazadora – no tengo que decirte qué le pasará a tu futuro con nosotros si decides no empezar con la adquisición, esos que se ablandan nunca obtienen sus nombres en las compañías, la noticia que has perdido tu talento se esparcirá y nadie más te contratará.
– Señor Hathaway – tenía la boca seca – hay otra compañía que creo que sería más conveniente que la Corporación C, tendríamos la posibilidad de obtener el doble de ganancias al cerrar el trato – era mentira, pero él no tenía porqué saberlo.
– Tú fuiste la que me alertó sobre la Corporación C en primer lugar, – gruñó – desde hace un año hemos estado en esto ¿tienes idea de la cantidad de dinero que hemos invertido en mano de obra para hacer salir a la luz a este tal "C"?
– Señor Hathaway – tragué con dificultad e intente sonar más decidida y fuerte – no quiero continuar con la toma de la Corporación C.
– Swan –bramó –sé que puedes estar un poco asustada de…
– ¿Asustada? – Grité al teléfono – ¡Le aseguro que no estoy en absoluto asustada!
– Entonces ¿cuál es la posible razón que tienes para no querer destrozarlos?
Porque la compañía le pertenece a una familia llena de vampiros y estoy enamorada de su hijo mayor.
No tuve una respuesta rápida para él.
– Isabella – su voz era baja e intensa – te he moldeado y esculpido en una máquina perfecta para matar, he sido tu mentor estos últimos tres años y siempre he estado de tu lado, nunca he demandado nada de ti, pero te lo digo ahora, quiero que me hagas sentir orgulloso, te ordeno terminar lo que empezaste, destroza esta compañía o no verás tu nombre junto al mío en el edificio.
– No lo decepcionaré señor Hathaway – mi estomago se retorció.
– Ese es el espíritu –rugió animado – te hablaré el lunes.
– Adiós señor Hathaway.
Esto era un problema.
Después de mi "discusión" con el señor Hathaway me bañé rápidamente y llegué a la oficina sobre las nueve y media de la mañana, Simmons ya se encontraba allí, él siempre iba al gimnasio los sábados, tenía una sesión en la mañana, luego llegaba a la oficina en pantalones deportivos y camiseta.
Tenía todo esparcido en la sala de conferencias, la gran mesa hacía el trabajo mucho más fácil, intentó actuar como si todo estuviera normal, como si no me hubiera visto llorar anoche.
– Hola, espero que no te importe, me tomé la libertad de ordenar el desayuno. – En la mesa había un humeante vaso con el logo de Starbucks escrito en él.
– Esto es justo lo que necesito, gracias– dije demasiado animada.
– ¿En qué sección estás trabajando? Actualízame para adelantar lo que estás haciendo.
Así trascurrió el día hasta la una de la tarde cuando Simmons dijo que necesitaba algo para comer.
– ¿Puedo traerte algo?
– No, estoy bien.
– Regresaré en veinte minutos – se levantó y salió de la oficina.
Sabía que debería continuar trabajando, pero estaba exhausta por pasar la noche durmiendo en el suelo, recosté la cabeza en la mesa y me dije que solo cerraría los ojos por un minuto.
Me desperté para ver a Simmons examinando detenidamente unos registros que la Corporación C había comprado en Francia en mil novecientos cincuenta y tres, me senté de golpe y observé mi reloj, eran las tres y media de la tarde.
– ¡Demonios! Lo siento, ¿Por qué no me despertaste? – parpadeé mientras revolvía los papeles.
– Parecía como si necesitaras un descanso – dijo con sequedad.
Froté mi rostro y regresé al borrador del reporte que planeaba darle a los abogados de la Corporación C el lunes.
– Te traje algo de comida. – Dijo.
– Te dije que estaba bien. – repliqué.
– Los humanos comen. – Murmuró.
Me alcanzó un recipiente lleno de Chow Mein y arroz, pinché la comida fría sin entusiasmo.
– Bella, ¿te importa si te hago una pregunta? – dijo titubeante.
– Sí, de hecho me importaría. –gruñí sin apartar los ojos de los papeles.
– Hablaste mientras dormías –dijo.
No era una pregunta, lo miré lentamente.
– Dijiste "Edward" tres veces. – Dijo con suavidad mientras sus ojos me observaban con cuidado.
– Debo tener esta compañía metida en la cabeza. – Sonreí satisfecha.
– No creo que sea eso. –Negó sacudiendo la cabeza.
Simplemente mantuve la cabeza baja mientras escribía, lo escuché dar un suspiro exasperado.
Lo ignoré.
– Bella, no puedo ir a la reunión del lunes sin saber en dónde está tu cabeza, cambiaste tan pronto viste a Edward Cullen anoche, si no quieres hablar conmigo, entonces que así sea, pero, necesitas hablar con alguien y hasta donde sé, soy tu único amigo.
– Oh, ¿eres mi amigo? – Levanté la cabeza mientras le lanzaba dagas con la mirada – no estaba al tanto que los amigos se vendían por boletos en primera fila.
– Solo le dije que podía sentarse a tu lado – hizo una mueca – no le ofrecí tu primogénito.
– Además, no eres mi único amigo, – puse los ojos en blanco– tengo muchos amigos.
Se enderezó y levanto una ceja mirándome de forma dudosa.
– Obviamente conoces a este tal Cullen de algún lado, y definitivamente tuvieron alguna historia. – dijo serio.
– Tú obviamente te has equivocado de profesión, debiste ser detective. – me burlé.
– Vi algo anoche – se movió incomodo – que no había visto ni una sola vez en estos dos años que hemos estado trabajando juntos – entornó los ojos – tus muros cayeron, no completamente, pero algunos, estaba bajo la impresión que tus defensas eran una fortaleza completamente impenetrable – se inclinó hacia delante en su silla – tu estuviste o aún estás enamorada de ese tipo.
– Te equivocas – sentí el fuego crecer en mi interior – estás total y completamente perdido – dije enojada.
– Antes de Thomas Vaughn ¿cuándo fue tu última cita? – no se rindió.
– ¿Eso que tiene que ver? – giré el rostro.
– Compláceme, ¿cuándo fue tu última cita?
Exhalé enojada.
– ¿Tuviste citas en la universidad?
– No, estaba demasiado ocupada estudiando para ser más inteligente que tú. – Espeté.
– ¿Tuviste citas en la secundaria?
– Obvio. – Intente sonar despreocupada.
– Entonces ¿tu última cita fue cuando tenias, diecisiete o dieciocho?
– Algo así. – Murmuré.
– Fuiste a la secundaria al Norte de Washington y el hospital de Forks está al Norte de Washington, entonces… supongo que tu última cita fue con él. – se reclinó con aire de suficiencia en la silla actuando como Sherlock Holmes resolviendo un caso, lo único que le faltaba era la pipa y el sombrero gracioso.
– No tienes idea de lo que hablas. –Puse los ojos en blanco y reí.
– Oh, yo creo que sí la tengo.
– Conozco a muchos hombres. –Dije desafiante.
– Nombra a dos de ellos.
– Philip y Oscar. – Dije triunfante.
– ¿Quienes son Philip y Oscar? – Hizo una mueca.
Murmuré algo ininteligible.
– ¿Qué fue eso? – Puso su oído en mi dirección – no capté lo que dijiste.
– Son los porteros de mi edificio – me recliné en la silla y crucé los brazos mientras miraba fijamente mis documentos.
– Bella, antes que entremos en esa reunión el lunes, necesito saber una cosa, ¿estás enamorada de Edward Cullen?
– De ninguna manera– respondí.
Se levantó exasperado y comenzó a caminar en la sala, luego se detuvo y se recostó contra la pared al otro lado de la mesa, pasó las manos por su cabello, frustrado.
– Pudo haber sido peor ¿sabes? él parece un buen tipo y aparentemente para ser tan joven es bastante rico y exitoso, cada mujer en el salón de baile no le podía quitar los ojos de encima, con suerte para mi, él y su hermano se marcharon antes que Giselle los viera, Thomas Vaughn estaba junto a Edward y nadie siquiera lo miraba…
– Cállate, ¿de acuerdo? – no podía soportar que me recordaran las virtudes de Edward, era lo último que necesitaba en este momento.
Se acercó de nuevo a la mesa inclinándose mientras me miraba fijamente al rostro.
– Tu reunión anoche no duró mucho – su voz era gentil – y Jasper fue extremadamente evasivo cuando intente obtener información, cuando te retiraste, estabas llorando… un tanto emocional, lo que me dice que hace tiempo él hizo algo que te hirió y has pasado los últimos siete años intentando a tu manera, de olvidar. Creo que él es la razón de tu escudo, el que hizo que tú no quisieras ser humana.
Lo miré en estado de shock, la ironía de lo que había dicho no pasó desapercibida, solo quería que dejara de hablar y lo dejara pasar.
– Tenemos todavía mucho trabajo por hacer. – Dije con dificultad.
– ¿Estás enamorada de Edward Cullen? – Sus ojos me perforaban.
– Esa pregunta ya la respondí. – Dije enfadada.
–Maldita sea – golpeó la mesa – Bella ¿Amas a Edward Cullen?
– Ya no importa de todas formas. –Exhalé dolorosamente.
– Si ya no importa – dejó salir todo el aire en un jadeo frustrado – simplemente dímelo– me miro con compasión – si sé que es lo que realmente está sucediendo, bueno, puedo ayudar facilitando las cosas, tengo mucho apostado profesionalmente en esto también ¿sabes? Somos un equipo. Bella ¿Estás todavía enamorada de él?
Mordí mi labio y sentí las lágrimas llenar mis ojos, desafiantemente me las tragué, no podía expresar las palabras así que simplemente asentí.
– Gracias. – Puso sus manos en las caderas, parecía aliviado, después de un momento de silencio continuó. – Ahora, necesito saber ¿cómo planeas quitarle la compañía al hombre que amas?
– De hecho ya lo tenía decidido – suspiré – iba a dejar todo el asunto, pero el señor Hathaway llamó esta mañana y no se fue por las ramas cuando me acusó de estar ablandándome, me informó que mi futuro con la compañía dependía de este acuerdo.
– ¿Qué? – Su voz se elevó dos octavas y luego negó con la cabeza – De hecho, supongo que no me sorprende – dejó salir un respiro largo y profundo – entonces ¿qué vas a hacer?
– No tengo un futuro con Edward – me encogí de hombros– estoy segura que él y su familia tienen numerosas acciones en muchas otras compañías, voy a seguir con esto, tengo que hacerlo, seré tan dura como siempre lo he sido y acabaré con este acuerdo rápido, luego él se irá. – Tragué con dificultad – y para mí todo será negocios como siempre.
– ¿Es eso lo que realmente quieres? – Parecía dudoso.
– Absolutamente. – para mi sorpresa ni siquiera me estremecí.
– Y otra cosa, – apunté su rostro directamente con un dedo – te despediré inmediatamente si intentas nuevamente eso de unir parejas, si descubro que Edward Cullen tiene el número de la línea directa de la oficina o mi número privado, estará en la calle señor. No le dirás en donde vivo, no lo dejaras entrar en mi oficina, y no encontraras la manera de dejarnos a solas. Dile al equipo entero que ninguno debe hablar con ellos.
No iba a tomar ningún riesgo, Edward y Jasper podrían deslumbrar hasta a un hambriento con las migas de un pan.
– De acuerdo. – Sus labios eran una fina línea mientras me observaba.
– Una cosa más. – Sabía que iba a sonar extraño, pero era necesario que lo dijera – Cada vez que estemos cerca del señor Cullen, no debes bajo ninguna circunstancia pensar en lo que te dije con respecto a mis sentimientos por él.
– ¿Quieres que controle mis pensamientos a su alrededor? – lucía desconcertado.
Esta era la parte delicada, hacerlo temer a Edward sin entender el por qué.
– El señor Cullen es… muy… perceptivo… a lo que los demás a su alrededor están pensando, llámalo un don, me preocupa que si él descubre lo que siento utilice mis sentimientos como una ventaja y los use en mi contra, él es extremadamente inteligente y estará buscando cualquier oportunidad que vea, así que no debes pensar en nada de esto, ¿de acuerdo? También, sería buena idea si trataras con todas tus fuerzas de no pensar en nuestra estrategia, te daré algunos consejos.
– Está bien. – me miraba de forma extraña.
Ojalá su impresión de Edward estuviera cambiando, eso era bueno, un miedo saludable hacia tu oponente nunca era malo, estaba empezando a creer que las cosas podrían salir bien, dos meses como máximo, y luego de regreso a los negocios como siempre.
Sin una palabra más los dos miramos los documentos y regresamos a trabajar.
Estaba ahora con un problema de clase mundial menos que resolver, y estaba a punto de embarcarme en la batalla de mi vida.
Nunca había perdido.
Y no estaba dispuesta a comenzar ahora.
Helloo!
Me gusta tanto la dinámica entre Simmons y Bella! *_* uff lo que les espera a estos dos no va a hacer nada fácil.
Aww Simmons es tan lindo =D
Espero que tengan una linda semana, como siempre estaré ansiosa por leer sus comentarios, un mega abrazo!
