13. Sangre.
(Bella POV)
Estábamos a mediados de noviembre y el clima era bastante frío, habían pasado tres semanas desde que Edward llegó y valientemente dos veces por semana llevaba a cabo las tortuosas juntas con la Corporación C, estas eran las únicas veces que lo veía, me aseguraba de ello, desde el día que Vaughn me llevó a almorzar, Edward no intentó hablar conmigo fuera de la oficina, continuaba diciéndome que era algo bueno y que cada vez era más fácil, pero en los días que sabía que lo vería, mi corazón comenzaba a latir rápidamente mucho antes de nuestra reunión, y en los días donde no lo veía, estaba inquieta y sombría.
Hoy habría otra junta, a las cinco de la mañana ya me encontraba levantada y corriendo por el parque, las hojas crujían bajo mis pies mientras me exigía más y los kilómetros se extendían detrás de mí, sentía que las piernas se debilitaban cada vez más y mis pulmones quemaban con el aire helado, pero temía que sin importar cuánto me esforzara o cuán lejos corriera, nunca se sentiría suficiente.
Mientras me dirigía a la sala de conferencias me di a mí misma el discurso habitual.
No importa lo que Edward haga, no te enojes, no le permitas ver que te afecta, cálmate Bella, simplemente permanece calmada.
No era que Edward en realidad hiciera algo en las reuniones, de hecho la mayor parte del tiempo permanecía inquietantemente silencioso en la sala, no era tan ingenua para creer que su silencio significaba que no estaba activo, él siempre era tan observador con esa mente suya eternamente brillante, perfecta y exasperantemente alerta, si acabara de conocerlo, estaría impresionada, asombrada y probablemente también pasaría el tiempo mirándolo como todas las asistentes que de alguna manera continuaban encontrando excusas para entrar en las reuniones, cada vez que descubría a alguna coqueteando, la sacaba inmediatamente, unas pocas eran tan ridículas que al final del día encontraban la carta de despido en su cubículo.
Había entrenado a mi equipo tan bien como se podía esperar sin decirles que en realidad había dos vampiros en la sala.
Algunas veces parecía que me iba a encontrar con la resistencia de ambos frentes.
Justo cuando giré en la esquina de la sala de conferencias, llegó un mensaje de texto, miré la pantalla y por un momento mi tensión desapareció.
"Hola Bells, solo quería saludarte. Te extraño"
Era de Jake, no había hablado con él desde que me llamó el día de mi cumpleaños, entré en la sala mientras cerraba el móvil y cuando levanté la cabeza vi una mesa llena de ojos mirándome fijamente, me tomó un momento darme cuenta por qué todos se veían tan sorprendidos. Era porque sonreía.
Inevitablemente mis ojos fueron hacia Edward en primer lugar, no me miraba a mí, en cambio, miraba intensamente mi teléfono.
No me digas que también puedes leer móviles, pensé.
Todo rastro de sonrisa se disolvió, guardé el teléfono en un bolsillo de mi maletín mientras me sentaba a la cabecera de la mesa y gruñía un saludo, noté que el rostro de Harry Banks era de un profundo rojo, la vena en su frente sobresalía más de lo normal, estaba furioso.
– Señorita Swan– estaba que bullía – ¿Qué pretende llamando al jefe de producción de la Corporación EMROSE en Bélgica ofreciéndole una posición más alta si permanece en la empresa después de la toma?
– ¿Eso es lo que le molesta, señor Banks? – pregunté inocentemente.
– Eso cuenta como soborno, señorita Swan– estrechó la mirada.
– ¿Soborno? – Me reí condescendiente – lo siento, pero creo que usted ha confundido la palabra soborno con estrategia, él es un empleado capaz y quiero ver que el negocio continúe con éxito luego de haberla adquirido.
– Moviéndonos un poco rápido, ¿verdad, señorita Swan?
Esa voz de terciopelo me recorrió, me congelé por un instante, dejando que el sonido permaneciera en el aire, esa voz hacía que todas las demás sonaran débiles y ordinarias en comparación.
¡Recuerda nuestra pequeña charla en el pasillo, Bella! Recuérdala, por favor.
– No tengo el lujo de moverme despacio– enuncié cada palabra mientras lo fulminaba con la mirada – no es como si fuéramos a vivir para siempre, ¿verdad, señor Cullen?
Escuché el suspiro exasperado de Jasper mientras Edward me miraba fijamente sin pronunciar palabra, sus ojos me mantuvieron en mi lugar mientras la corriente eléctrica revoloteaba entre nosotros y se rehusaba a desaparecer.
Afortunadamente en ese momento la puerta de la sala de conferencias se abrió mientras algunos asistentes entraban con varios carritos llenos de jugo, pastelitos y muffins.
Olvidé que había ordenado el desayuno como gesto de buena voluntad destinado a aplacar a la oposición.
Los meseros estaban colocando todo en la mesa para el buffet cuando uno de ellos dejó caer un vaso, alguien intentó alcanzarlo pero este golpeo el suelo justo cuando sus manos se acercaban para amortiguar la caída aterrizando en los fragmentos de vidrio y cortando su palma gravemente.
La sangre comenzó a fluir y entré en pánico, todo lo que podía pensar era que Jasper estaba en la sala y que esto era mucho peor que un estúpido corte de papel, antes que alguien más tuviera la oportunidad de reaccionar, tomé una servilleta de tela y me acerqué rápidamente a la mano de la asistente envolviéndola fuertemente, la tomé del brazo y comencé a correr fuera de la oficina medio esperando escuchar gruñidos y muebles destrozados detrás de mí, pero cuando me di la vuelta para inspeccionar el daño, Jasper estaba todavía sentado, miraba fijamente al suelo y sus manos se aferraban con fuerza a los reposabrazos, allí no había nada que alertara a los presentes de algo fuera de lo normal, vi que Edward había dejado de respirar, sus ojos permanecían en calma mientras me miraba y me daba un sutil y tranquilizador asentimiento.
Mi boca se abrió con el shock.
Dos asistentes estaban de repente a mi lado tomando a la chica de los brazos y llevándola velozmente por el corredor, miré detenidamente sin decir nada por un momento, luego cuando mi conmoción por Jasper se desvaneció, me di cuenta que todavía sostenía la servilleta ensangrentada, con rapidez la deposité en la cesta de basura más cercana, pero era demasiado tarde, el olor nauseabundo de la sal y el oxido inundaron mis fosas nasales y sentí que todo lo que había comido en las últimas dos semanas comenzaba a subir por mi garganta.
Intente tomar largos y moderados respiros, pero me sentía mareada, el mundo comenzó a desdibujarse, las voces se hicieron lejanas como si estuviera en un túnel, me dije a mí misma que podía llegar hasta el baño pero tan pronto como avancé, el pasillo se inclino a ambos lados, luché por control y con un último esfuerzo desesperado extendí la mano y me apoyé en la pared, justo cuando todo comenzaba a tornarse negro, sentí dos brazos fríos y fuertes como el mármol atraparme y sostenerme cerca.
Hola ^^
Aww la verdad es que no quisiera estar en la posición de Jasper.
Buen inicio de semana, la mía ha empezado un poco mal gracias al internet, ya tengo canas de todos los colores!
Abrazos!
