15. Mira y Aprende.

(Bella POV)

El timbre del intercomunicador sonó exactamente a las nueve.

– En un momento bajo Emmett – dije mientras pulsaba el botón y respondía, este era un vampiro por el que no necesitaba preocuparme, pero aún era parte del clan Cullen, por lo tanto, no tomaría ningún riesgo dejándolo subir a mi apartamento.

Tomé mi bolso, mientras me miraba en el espejo una última vez, mordí mi labio con duda, no estaba muy segura del atuendo que llevaba puesto.

Había salido temprano del trabajo deteniéndome en una de esas tiendas, si, en una tienda para chicas divertidas, jamás había comprado antes en un lugar así y no tenía intención de regresar, llevaba dos escasos minutos allí antes de tener dolor de cabeza ¿era necesario colocar la música tan alto? Tuve que gritar para poder explicarle a la vendedora lo que quería.

No podía creer lo que acababa de comprar, cuando llegué a casa y lo saque de la bolsa, me pregunté si tendría el coraje de vestir esta cosa en público, nunca había mostrado tanta piel.

Era un mini vestido rojo sangre que abrazaba mis muslos tan fuerte que temía que explotara cuando intentara sentarme, se ataba detrás del cuello y era tan corto que continuamente lo bajaba a conciencia por mis piernas, definitivamente iba a tener que superar aquello antes de salir con Emmett, llevaba el cabello suelto con rizos suaves, principalmente porque sentía que me cubría un poco, sabía que nunca sería capaz de bailar en zapatos de tacón, así que escogí unas botas negras altas que llegaban a mis rodillas. La vendedora me dijo que era el atuendo perfecto para una noche en un club de Nueva York, decidí que tendría que creerle porque cuando me miré en el espejo del vestidor, sentí que iba vestida para una fiesta de Halloween bastante promiscua.

Me dirigí al elevador con precaución en mis botas de chica divertida y al llegar al recibidor escuché un silbido, Emmett sonreía apoyado en una de las columnas mientras me miraba de pies a cabeza.

– Demonios Bella, nos divertiremos tanto esta noche – susurró con entusiasmo.

Vestía un pantalón negro que obviamente había sido hecho exclusivamente para él ¿cómo más podía quedarle tan bien? Su delgado suéter negro de cuello en V se amoldaba firmemente a su pecho mostrando su pálida y suave piel, ¿era posible lucir terrorífico y sexy al mismo tiempo? La respuesta era si, definitivamente si.

– Usted no luce nada mal, señor – dije dándole un codazo, me sujetó y me hizo bailar con gracia por el recibidor.

– Iremos a Northsix – anunció levantando sus cejas juguetonamente.

Northsix era un club muy exclusivo, solo para la selecta elite social de Nueva York, era donde usualmente los paparazzi obtenían todas sus fotos de las celebridades, la única razón por la que había escuchado de este club era porque Simmons llevaba allí a todas sus supermodelos, no me sorprendía que un Cullen pudiera encontrar la formar de entrar en un lugar así.

– ¡Te va a encantar! – Continuó entusiasmado – Jet va a tocar esta noche, ni siquiera querrás saber cómo conseguí los boletos.

Estaba segura que no lo quería saber y de todas formas no tenía idea quien era Jet, no me permitía escuchar música con excepción del rap sin sentido que colocaba cuando corría.

Llegamos a Northsix en el Ferrari negro que Emmett había rentado, tomó mi brazo mientras entrabamos en el club oscuro y ruidoso, instantáneamente comencé a escanear el lugar buscando un dios hecho vampiro de cabello broncíneo y hermoso hasta quitar el aliento, sabía que era inútil, si alguien podía ocultarse en silencio sin ser detectado, ese era Edward, pero aún así no podía dejar de hacerlo.

Emmett dejó mi cartera y abrigo en la recepción, luego tomó mi mano mientras me llevaba a la pista de baile, la canción que sonaba era rápida y teníamos que permanecer cerca el uno del otro, el lugar estaba lleno. Intenté con todas mis fuerzas no prestar atención a la voz que gritaba en mi interior que yo no bailaba y que la última vez que lo había hecho llevaba un pesado yeso en el baile de graduación y estaba con un vampiro diferente.

Emmett era muy bueno bailando (por supuesto) era sencillo para mí olvidar mi torpeza cuando él estaba tan alegre, me guió a través de una serie de giros y movimientos que hacían que cada chica en el lugar me observara con envidia, estaba comenzando a sentir el calor asfixiante del club cuando una canción lenta inició, Emmett movió su frio cuerpo cerca al mío y una sonrisa malévola atravesó su rostro mientras sus manos se posaban en mi espalda.

– Emmett, que travieso eres – bromeé negando – ¿Qué diría Rosalie si te viera bailando de esta forma conmigo?

– Tu piel es tan cálida ¿lo sabías? – susurró al acercarse a mi oído.

– Creo haberlo escuchado antes – repliqué con sequedad.

Comenzó a cantar mientras bailábamos, estaba impresionada, no sabía que tuviera una voz tan agradable, me pregunté si esas voces de terciopelo al cantar eran solo otro rasgo vampírico que usaban para engañar a sus presas, había funcionado conmigo, en otro tiempo. Cuando la canción terminó, confesé que necesitaba un descanso y algo de tomar, me llevó a un lugar reservado, me ayudó a sentarme y regresó con una coca cola y un vaso de agua con gas.

– ¿Dos bebidas? – pregunté.

– Bueno – se encogió de hombros con timidez – no sé que tanto beben los humanos y pensé que quizás debería parecer que también necesito una.

Sonreí y me deslicé para que él se pudiera sentar, no había un centímetro de espacio entre nosotros, eso me hizo pensar… ¿era esto parte del plan de Edward, que Emmett estuviera tan cerca de mí toda la noche?

Por unos minutos hice una pequeña charla, luego lentamente comencé con las preguntas.

– Entonces – dije sin interés – ¿Qué ha estado haciendo la familia Cullen durante estos últimos siete años?

– Bueno – comenzó – Nos trasladamos a New Jersey y fuimos a Princeton, Carlisle trabaja en el Johns Hopkins y recientemente empezó a enseñar allí, en este momento está dando algunas conferencias en Europa.

– ¿Fueron todos a la universidad? – Trataba de mostrar mi interés en toda la familia y no solo en un miembro en particular.

– Todos recibimos nuevos títulos – asintió – Rosalie en Microbiología, Alice y Jasper en Economía y yo obtuve mi maestría en Derecho Internacional.

– ¿Y cuál fue la especialización de Edward? – pregunté con toda la indiferencia de la que fui capaz.

– Um – sus ojos se movieron con nerviosismo – él no fue a la universidad con nosotros – una canción rápida comenzó a sonar y esbozó una sonrisa brillante mientras se deslizaba fuera del reservado – ¡Es "Are You Gonna Be My Girl! Mi canción favorita de Jet, tenemos que bailar.

Tomé un gran trago y sonreí mientras él tomaba mi mano y me llevaba a la pista de baile de un tirón.

La música retumbaba en mi cabeza mientras Emmett me acercaba a él y descansaba sus grandes manos en mis caderas, dejé las mías en sus hombros mientras nos movíamos con el pesado ritmo.

Tenía que admitirlo, la canción era un tanto divertida, continuamos moviéndonos cada vez con más velocidad hasta que se detuvo y la banda gritó ¿Are You Gonna Be My Girl? Luego comenzó otra, era una lenta, Emmett tomó mis brazos y los coloco alrededor de su cuello, quería susurrar, Oye Edward… ¿estás viendo esto? Pero incluso con toda mi estrategia, no podía dejar de pensar como se sentía rodear con mis brazos el cuello de un vampiro diferente.

Intenté distraerme escuchando la letra de la canción.

Oh, mira lo que has hecho, te has burlado de todos,

Oh bien, parece tan divertido hasta que pierdes lo que habías ganado.

De acuerdo, mala idea.

Emmett sintió que me tensaba y me apartó para mirarme.

– ¿Estás bien Bella?

– Sí, estoy bien – pero era consciente que ni siquiera un humano tonto me habría creído, no tenía ninguna oportunidad contra un vampiro astuto.

– Fue un idiota por dejarte – dijo con suavidad mientras recorría mi mejilla con su mano.

– Lo cierto es que, probablemente fue lo mejor que pudo haber hecho. – Susurré, tragando con dificultad.

Sostuvo mi mejilla en su mano y un pensamiento inesperado paso por mi cabeza ¿este era el plan de Edward? ¿Hacerme lucir débil y vulnerable? Entrecerré mis ojos y mi mente volvió rápidamente al juego.

– Sabes – me acerqué a él susurrando en su oído y jugando con los rizos de la base de su cuello– hay una parte de mi cuento de hadas que aún puede volverse realidad.

– ¿Ah sí? ¿Qué parte es esa? – parecía genuinamente interesado.

– Todavía puedo ser vampiro – ronroneé.

Dejó de bailar y se alejó para observarme, parecía que intentaba descifrar si lo decía en serio o no, finalmente, la comisura de su boca se elevó y en sus ojos se reflejó una sonrisa.

– Todavía eres diabólica Bella, por un minuto casi me engañas.

Me acerqué aún más a él.

– Estoy hablando completamente en serio – susurré ferozmente.

Sus ojos se abrieron y por una vez Emmett se quedó sin palabras, acerqué mi boca a su garganta y exhalé mi aliento cálido.

– Por favor Emmett – Jadeé.

Se quedó completamente inmóvil, con sus grandes músculos tensándose, sus brazos parecían una prensa alrededor de mi cintura, mis manos subieron por sus hombros y por los costados de su rostro.

– Solo una pequeña mordida – supliqué.

Llevé su rostro hasta mi garganta mientras giraba la cabeza hacia un lado.

Un gruñido profundo brotó en su pecho y luego el club se llenó con el sonido de dos rocas colisionando una contra la otra.

Parpadeé y Emmett ya no estaba.

– Por Dios hermano, te estabas tardando.

Emmett estaba a tres metros de distancia comenzando a levantarse del suelo mientras la multitud se alejaba de él, Edward se encontraba agazapado delante mí curvando los labios y exhibiendo sus peligrosos dientes, era exactamente la misma posición que había mantenido cuando me protegió en el juego de beisbol, cuando James me vio por primera vez.

– ¡No la toques! – Siseó Edward, esa voz de terciopelo era hermosa incluso cuando gruñía enfurecido.

Terroríficamente hermosa.

La música continuaba resonando mientras Jasper calmadamente se unía a nosotros, nadie bailaba, la multitud había formado un círculo alrededor de los tres guapos vampiros y yo.

Emmett se levantó completamente y Edward siseó de nuevo, cada vez que Emmett hacia el más pequeño movimiento Edward respondía ajustando su posición frente a mí, por más que quería que estuviera así de cerca protegiéndome de la forma que solía hacerlo, sabía que necesitaba hacer algo antes de que los Cullen hicieran pedazos un club nocturno en Nueva York.

– Lo siento Emmett – me encogí de hombros – solo intentaba sacar de las sombras a nuestra chaperona.

Edward se enderezó mientras atónita comprensión cruzaba por su rostro.

– Esa estuvo buena Bella – rió Emmett con admiración.

Una vez que la multitud vio que no habría pelea comenzaron a retirarse, la mayoría de ellos lucían decepcionados que todo terminara tan pronto, de repente Emmett estaba a mi lado levantando su mano para chocarla con la mía.

– ¡Sabía que nos divertiríamos esta noche! – Exclamó.

– Te estás divirtiendo demasiado – Edward había acercado su rostro al de su hermano.

– Has estado alrededor de ella por un mes y no has intentado nada, ¿por qué no puedo yo jugar un poco?

Escuché un gruñido provenir del pecho de Edward nuevamente, luego me miró un momento, sus ojos eran oscuros y furiosos.

– Nos disculpas Bella – dijo sin emoción – necesito hablar con Emmett a solas.

Antes que pudiera responder, Edward había empujado a Emmett fuera de la pista de baile, se dirigían hacia las sombras cuando escuché a Edward sisear ¿Qué demonios crees que haces?

De repente sentí una extrema calma recorrer mi cuerpo, sonreí y me giré hacia Jasper.

– No deberías preocuparte por mí, tal vez deberías obrar tu magia en tus hermanos.

– No estaré cerca a ellos por el momento – sonrió.

Me di cuenta repentinamente que todos me miraban y sabía el por qué, intentaban descubrir por qué dos hombres increíblemente guapos peleaban por mí y un tercero aún permanecía de pie a mi lado, comencé a caminar con rapidez alejándome de la pista de baile, Jasper me siguió. No volví a hablar hasta que encontré una mesa oscura y reservada.

Y como hace unos años atrás, hubo un incomodo silencio entre los dos.

– No hemos tenido muchas oportunidades de hablar ¿verdad? – ofrecí.

– Bueno – sonrió – no creo que ni Edward ni yo queramos pasar la noche en prisión.

– Lo dejaré pasar esta vez – lo miré sin remordimiento – solo si no nos siguen, tu y Edward pueden quedarse, le diré a Emmett que estoy lista para salir de aquí.

– Pasaré el mensaje – hizo una mueca – pero te puedo asegurar que no nos quedaremos, Edward odia este tipo de lugares, las chicas de Nueva York son extremadamente agresivas.

– ¿Alice se enojaría si supiera que estuviste aquí? – pregunté.

– No soy yo por el que ellas babean – dijo negando.

Mi garganta se cerró dolorosamente, no podía culpar a las chicas de Nueva York por intentarlo, yo nunca tendría el valor de hacerlo, giré mi rostro y los vi a través del salón, dejé que mis ojos se posaran en Edward por un momento, después de todo, nunca podía verlo mientras estábamos en la sala de conferencias.

Era fácil ver que Edward estaba enojado, gesticulaba ferozmente y apuntaba con un dedo el rostro de Emmett, debería saber que su hermano nunca me transformaría en una pista de baile, y además ¿por qué siquiera le importaba? Estaba totalmente en contra de ello antes, pero eso fue, antes. Edward se acercaba cada vez más a Emmett y aunque traté de contenerme, mi enojo ganó, me levanté y caminé decidida hacia esos dos dioses griegos mientras ignoraba al tercero detrás de mí que intentaba hacer que regresara y me sentara.

Cuando estuve lo suficientemente cerca escuché el gruñido de Edward.

¡Se supone que la animarías, no que la seducirías!

– A mi me pareció que se veía bastante animada, hermano – Emmett esbozó una sonrisa malvada.

Edward lo empujó con fuerza en el pecho, el golpe habría dejado un agujero en la pared, pero Emmett ni siquiera se movió.

– Yo la llevaré a casa – dijo Edward entre dientes.

– ¡De ninguna manera! – replicó Emmett.

– ¡Mantén tus manos alejadas de Bella! – Edward flexionaba sus brazos con furia.

– Oye – Emmett levantó las cejas – lo intentaré pero, que se supone que haga cuando sus manos estén sobre .

La mirada de Edward se tornó asesina, abrió la boca para reñirle una vez más a su hermano cuando me acerqué a ellos.

– Primero que todo – empecé – Emmett y yo somos adultos, no necesitamos que estés vigilándonos y segundo, por mucho que me guste ver a Emmett no necesito que envíes a ninguno de tus familiares para animarme, estoy bien, muchas gracias.

– Está bien, Bella – dijo Emmett mirando por encima del hombro de Edward – mi hermano aún está algo tenso, parece que siete años de soledad no lo han relajado en lo más mínimo, solo se volvió un poco loco porque pensó que te iba a transformar en vampiro.

Miré a Edward ¿siete años de soledad? ¿Por qué había permanecido solo desde que me abandonó? ¿Tanto le afectó estar con una humana? ¿Se cansó de su familia? ¿Estaba enojado porque Alice y posiblemente Emmett le recriminaban por la manera en que me dejó? Mientras lo miraba las lágrimas pulsaban por salir llenas de vergüenza y frustración.

– Por supuesto Edward… – susurré – no he olvidado como la idea de convertirme en vampiro siempre te ha dado repulsión.

Edward se quedó inmóvil, apartó sus manos de Emmett y se giró completamente hacía mí, sus intensos ojos dorados lucían llenos de sinceridad, me tomó con firmeza de los hombros acercándome a él para que pudiera escucharlo sobre la ruidosa música.

– Bella – dijo con esa voz de terciopelo a mi oído – tienes que saber que nunca nada de ti me ha resultado repulsivo, era yo Bella, yo era el único que…

Inesperadamente detrás de mí una voz nasal y aguda sonó sobre la música.

– Eddie, te he buscado por todas partes.

Edward miró sobre mi cabeza haciendo una mueca, me giré y vi a una rubia hermosa y alta en un vestido más corto que el mío, giraba un mechón de cabello mientras gesticulaba con su dedo a Edward para que se acercara a ella.

Me giré lentamente mientras una punzada de celos me recorría, definitivamente ella estaba más cerca de su mundo que yo, mis ojos permanecieron en su rostro, él apartó su mirada de la rubia y la dirigió hacia mí nuevamente, estaba tan cerca que si me paraba en la punta de los pies nuestros labios se tocarían, aún me sostenía por los hombros, retrocedí un escaso paso liberándome de su agarre.

Emmett tomó mi mano y miró a Edward.

– Diviértete, Eddie, nos vemos en el hotel, no me esperes despierto. – luego tiró de mí hacia la entrada, mientras miraba hacia atrás vi a la rubia alta acercarse a Edward.

Emmett me ayudó con el abrigo mientras esperábamos en la acera por el auto.

– No te preocupes por la rubia – dijo con seguridad.

Parpadeé sorprendida y lo miré.

– ¿Qué? – pregunté.

– Edward ya le ha dicho que se pierda, él y Jasper estarán de regreso en el hotel en diez minutos.

Un escalofrío de alivio me recorrió, hice mi mejor esfuerzo por ignorarlo.

– Edward puede hacer lo que quiera, eso era antes. – Aclaré mi garganta y me encogí de hombros bajo el abrigo.

El auto llegó y Emmett me ayudó a entrar, cuando él estuvo dentro aceleró en el tráfico.

– Ahora ¿qué quieres hacer? – preguntó.

– ¿No estás enojado conmigo por engañarte y meterte en problemas con Edward? – Sonreí.

– Primero que nada – resopló con burla – no me engañaste y segundo, Edward no es mi jefe, además puedo ganarle.

Me giré en el asiento para verlo mejor.

– ¿No te engañé? – pregunté sorprendida.

Me miró y sonrió, cuando mostraba los hoyuelos parecía solo un pequeño niño, un niño travieso.

– Te seguí el juego Bella, sabía que eras consiente que Edward nos seguiría y también sabía que tendrías algo pensado – rió – además estaba implementando mi propio plan.

– ¿Cuál plan? – fruncí el ceño.

– Solo digamos – Emmett observó el camino pensativo – que estaba tratando de forzarlo.

– ¿Forzarlo? ¿Por qué? – Estaba totalmente confundida.

– No funcionó tan bien como había esperado – se pasó una mano por el cabello, me miró y sonrió – nuevo tema de conversación por favor.

– Emmett… – lo observé pensativa – yo… – mordí mi labio mientras decidía si era sensato o no hacerle cierta pregunta.

– Escúpelo Bella – sus ojos eran un libro abierto y eso me dio valor. Tomé un profundo respiro y me atreví.

– ¿Por qué Edward no ha estado con ustedes en los últimos siete años?

– Supongo que puedes hablar conmigo de casi cualquier cosa – dijo excusándose mientras lo veía encogerse levente.

El corazón me dolió, mi mente vagó por el centenar de cosas que Edward había podido hacer durante estos siete años, todas ellas causaban un terrible dolor en mi pecho.

Me giré para observar el camino.

– Se enamoró de una vampira ¿verdad? – dije en voz baja, era más una afirmación que una pregunta, la herida en mi pecho se abrió, era mejor que finalmente conociera la verdad y así salvar algo de vida para mí.

Emmett comenzó a reír, el sonido era musical y chispeante.

– ¡Claro que no! – Vociferó, algo vio en mi mirada que lo obligó a ponerse serio, se aclaró la garganta – Bella, no puedo hablar contigo de eso, es a Edward a quien le corresponde hacerlo – miró al frente – si alguna vez reúne el coraje – murmuró.

Condujimos por un minuto o dos en silencio, estaba tan desconcertada por las palabras de Emmett que no podía pensar en nada que pudiera decir, la luz frente a nosotros se tornó roja, cuando nos detuvimos me miró nuevamente.

– Él debería hablar contigo en vez de pasar los días escribiendo esa canción en ese estúpido piano.

– ¿Qué canción? – solía amar ver a Edward tocando el piano, era uno de los pocos momentos donde su rostro parecía libre y en paz.

Dejó escapar el aire con disgusto mientras ponía los ojos en blanco.

– No importa – se quejó.

Habló de nuevo cuando la luz cambió a verde.

– Solo diré esto, las cosas no son como parecen, no seas tan dura con el tipo.

Lo miré fijamente, estaba completamente confundida, no estaba más cerca de recibir una respuesta que antes de que habláramos.

– ¿No me dirás nada más? – intenté que mi voz sonara pequeña y vulnerable, esperando que lo conmoviera.

– Lo olvidaste – me miró de reojo riendo – estoy casado con Rosalie, no hay truco femenino que puedas hacer que ella no haya perfeccionado en setenta años.

Suspiré dándole la razón, mis ojos se dirigieron al reloj del auto, eran solo las diez y media de la noche de un viernes en Manhattan.

– Emmett – dije levantando mi voz – ¡estamos en la ciudad que nunca duerme! ¡La ciudad perfecta para ti! ¿Qué quieres hacer?

La expresión en su rostro era la de un niño en una tienda de dulces, frunció los labios mientras pensaba con detenimiento luego sus ojos repentinamente brillaron.

– ¡Ya sé! ¡Vamos al Empire State!

Reí, era algo tan típico de Emmett, asentí y giramos a la derecha en la siguiente intersección y nos dirigimos al Este.

Cuando llegamos, había una fila enorme que continuaba formándose a mitad de la cuadra, mis hombros decayeron.

– No creo que logremos entrar Emmett, cierran a las once y si hacemos la fila quedaríamos muy lejos de la entrada.

– Claramente – dijo con lentitud mientras ponía los ojos en blanco – no has pasado mucho tiempo con vampiros – miró a ambos lados – súbete a mi espalda – susurró.

Me subí riéndome, esto era algo que nunca imaginé hacer en las calles de Nueva York. De forma casual se posicionó de espalda contra el edificio y de repente, estaba corriendo, todo era un gran borrón, cuando nos detuvimos pude ver que estábamos en las escaleras, al levantar la mirada todo lo que se podía observar eran tramos y tramos de la misma.

– Vamos a subir las escaleras del Empire State – declaré con mi voz llena de asombro.

Él rió con fuerza haciendo que los hoyuelos en su rostro se hicieran más notorios.

– ¿Qué quieres decir con "vamos"? ¿La vas a subir a pie?

– ¡De ninguna manera! – dije mientras miraba las interminables escaleras.

– Sujétate – suspiró y ya nos habíamos ido, mientras descansaba mi cabeza en su espalda pensé en todas las veces que había hecho esto con Edward, desde la primera vez en el prado hasta ese verano lluvioso y perfecto cuando me llevó a las profundidades del bosque, en aquellos momentos parecía que éramos las únicas personas en el mundo, gracias a Dios no pude recordar otros buenos tiempos, en menos de un minuto ya estábamos en la cima del edificio.

Las personas se apretujaban unas a otras mientras nos dirigíamos al exterior.

– Esto luce tan diferente a la última vez que estuve aquí hace sesenta años – Emmett murmuró mientras se acercaba más a mí y observábamos la vista, simplemente tomé su brazo y apoyé la cabeza en él y reí.

Cualquiera que fueran los motivos ocultos de Edward, tenía que admitir que estaba feliz de pasar la noche con este vampiro en particular.


¡Bravo Emmett!

No dejé de sonreír en todo el capitulo, lo siento por las canas verdes que le haya sacado a Edward XD (por cierto detesto enormemente cada vez que alguien le dice Eddie a Edward. Grrr)

Espero que hayan disfrutado tanto como yo del capítulo.

Nos leemos en los comentarios ^^

¡Abrazos!