18. Munición.
(Bella POV)
Era la noche del domingo, estaba en la oficina trabajando en la propuesta de una firma en Argentina, querían pagarnos para que manejáramos todo lo relacionado con la transferencia de sus inversiones a una cuenta bancaria en Suiza, me había enterado de esto ayer e inmediatamente llamé al señor Hathaway para convencerlo que yo era la mejor para el trabajo, le dije aquello porque querían invertir tres billones de dólares y no queríamos arriesgarnos a perder este contrato, pero para ser honesta, me aferraba a cualquier cosa que permitiera alejar mi mente del viernes, de mi baile con Edward.
Estaba totalmente concentrada en el proyecto cuando mi móvil sonó.
– Hola Bells.
Era Jake.
Su voz áspera y familiar envió una ola de melancolía por todo mi cuerpo, miles de recuerdos asaltaron mi mente alejándome de aquel rascacielos y llevándome a una playa rocosa cubierta de troncos esparcidos por doquier, mis pensamientos fueron a ese garaje hecho de plástico, a esos refrescos cálidos en una bolsa de papel, a una habitación pequeña con un diminuto y viejo sofá, al ferviente calor de su gran mano rodeando la mía y al destello de sus blancos dientes contra su oscura piel.
Podía escuchar la sonrisa en su voz cuando respondí el teléfono.
– Es grandioso escuchar tu voz jake – aparte de los mensajes de texto, no había hablado con él desde mi cumpleaños.
– ¿Estás en la oficina un domingo en la noche? – me reprendió.
– Estoy pensando en traer mi cama – dije medio en serio.
– Trabajas demasiado y tengo la solución precisa para eso – dijo con voz autoritaria.
– ¿Ah sí? ¿Y cuál es?
– Ven a casa para Acción de Gracias – pude oír el anhelo y la sinceridad en el tono de su voz, cuando no respondí inmediatamente, suspiró – Ah, por favor Bella, no pueden encerrarte en esa oficina, es contra la ley o algo así.
– No lo sé Jake – titubeé – no es que no quiera ir, es solo que no es un buen momento para que salga de viaje.
– Tomas un vuelo el miércoles en la noche y regresas el viernes por la mañana, ni siquiera tienes que quedarte todo el fin de semana, solo danos un día.
Lo hacía sonar tan fácil.
No podía negarle nada a Jake, bueno, casi nunca, si no lo hubiera rechazado en todos estos años, probablemente estaríamos juntos ahora, suspiré mientras pensaba en lo estupendo que sería pasar un tranquilo y cómodo fin de semana en La Push, la comida sería deliciosa y el ambiente estaría lleno de paz, no tendría paparazis siguiéndome a todas partes, pero sobretodo, no miraría aquel rostro de ángel que me recordaba lo que había perdido.
– ¿Charlie te pidió que hicieras esto? – Refunfuñe con sospecha.
– Soy un cómplice voluntario – admitió.
– ¿Cómo está Charlie? – Pregunté, éramos terribles manteniéndonos en contacto, ninguno de los dos era bueno en ese tipo de cosas.
– Se siente solo, te extraña y espera que digas que sí.
– Debería darte vergüenza, Jake – reí – veré que puedo hacer, te llamaré mañana ¿de acuerdo?
– Te extraño Bella.
– También te extraño Jake.
Al terminar la llamada, miré fijamente mi celular, esta era la tercera invitación que recibía, las otras dos eran de Renée y Vaughn.
Renée nunca ha cocinado un pavo en su vida, bueno, estaba esa vez cuando yo tenía once años, pero no contaba porque el departamento de bomberos había tenido que llegar y salvarnos, todavía recuerdo la explicación que les dio "¡lo siento tanto, no tenía idea que debía quitarle el plástico antes de cocinarlo!"
Ese fue el año de Acción de Gracias de macarrones con queso, después del incidente me apoderé exclusivamente de la cocina, Renée había llamado ayer luego de verme en la portada de esa estúpida revista, estaba histérica… histéricamente feliz, comenzó a hablar sin parar de la boda en primavera y sobre nietos. Después de intentar explicarle durante media hora que el artículo era mentira, no estaba segura de lograr convencerla de ello, extrañaba a mi mamá, pero no quería pasar todo el fin de semana evitando sus comentarios sobre los círculos bajo mis ojos y definitivamente no quería que tratara de hacerme comer mientras hablaba de lo delgada que me encontraba.
Luego estaba Vaughn, tenía un juego ese día y sus familiares estarían en la ciudad apoyándolo, me invitó a observar el partido desde el palco de los jugadores con asientos junto a sus padres y hermana, después todos irían a su casa donde su madre haría la cena.
Sonaba bastante serio, intentaba presentarme a su familia, simplemente no podía hacerlo.
Siempre podía pasar Acción de Gracias en la oficina como cualquier otro día, adelantaría toneladas de trabajo sin que nadie aquí que me molestara…
El mayor problema de ver a Jake y Charlie era que no había estado allí en cinco años, nunca planeé regresar, nos encontramos en Seattle algunas veces para pasar el fin de semana, pero eso era lo más cerca que había estado de Forks, esta vez, más que cualquier otra, sería muy difícil.
Me pregunté qué pensaría Jake si supiera que Edward estaba aquí, sonreí con satisfacción mientras imaginaba que pensaría Edward si supiera que iría a La Push a pasar el día de Acción de Gracias con hombres lobo.
Entonces… una increíble idea comenzó a tomar forma en mi cabeza.
Edward había hecho un trabajo impecable en las negociaciones, con su habilidad de leer mentes y su inteligencia había aniquilado muchas de nuestras estrategias.
Además, Edward me había abandonado varios meses antes de que Jacob se trasformara.
Mmmm… me levanté y comencé a pasearme por la oficina dándome cuenta que existía la posibilidad de haber descubierto la munición que necesitaba para enturbiar las aguas de esa perfecta mente de vampiro.
Había tenido un plan desde hace semanas, pero Edward siempre estaba demasiado consciente de todo lo que sucedía que había decidido que sería imposible realizarlo, ahora, quizás, había encontrado por fin una manera de hacerlo.
Pero… si mi plan tenía éxito, había una gran posibilidad que Edward se fuera esta misma semana, tenía miedo de lo mucho que eso me heriría.
Me senté en el escritorio rodeándome con los brazos ¿debería implementar mi plan con la posibilidad de tener a Edward marchándose en unos pocos días? O prolongar la tortura solo para verlo partir de todos modos. Esa era la verdad de todo aquello, sin importar qué, él se iría, podría bailar conmigo, cantarme al oído y sostenerme cerca como nunca lo había hecho, pero en algún punto, yo entraría en esa sala de conferencias, le diría adiós y tendría que verlo partir.
Oh, tonta de mi, preocupada por despedirme…
Mi pecho dolió como si ya se hubiera ido, mordí mi labio batallando una guerra mental, insistiendo que mi corazón no tendría nada que decir al respecto. Tenía que tomar esto como cualquier otra decisión de trabajo, me dije, tengo que pensar en lo que me mantendrá cuerda.
Ese era el punto clave, mantener mi agudeza enfocada en mí, pensar en mi propia vida aunque fuera patética, tenía que pensar en mi futuro con esta compañía, tenía que apoyarme a mí misma.
Racional, sensible, lógica, inteligente y firme, esas eran las palabras que solían describirme antes que Edward regresara, me aseguraría que todavía lo hicieran cuando él se fuera.
Si hacía esto ahora, tendría que hacer algunas concesiones en el trato, mi firma nunca tendría las empresas en Francia, Italia y Alaska, la Corporación C las protegía demasiado bien, no me importaba, obtendría lo que pudiera solo para poder acabar con esto.
Me apoyé en el escritorio con mi cabeza en las manos. Edward me odiaría y su familia se sentiría traicionada.
Pero él había dicho la noche del viernes "El lunes puedes volver a los negocios como siempre… puedes hacer tu mejor intento en la sala de conferencias"
Tragué con dificultad, tenía la boca seca y amarga, este no era el sabor de la caza que tanto me gustaba, era algo mucho más siniestro, me preocupaba que la desesperación estuviera nublando mi juicio. Pero ¿y si era mi última oportunidad de salir de esto de una sola pieza?
Mi plan era arriesgado, todo lo que deseaba usar contra Edward se basaba en detalles que recordaba de cuando él decía que me amaba, pero valía la pena tomar el riesgo, desperté a Simmons al llamarlo para indicarle que debía estar en mi oficina a las seis en punto de la mañana.
Nunca había perdido, y no tenía intención de comenzar ahora.
Los ojos castaño oscuro de Simmons me miraban fijamente.
– ¿Quieres que haga qué? – preguntó con incredulidad.
– Mira – levanté las manos en defensa – sé que suena disparatado, pero nada más está funcionando y quiero ver si esto lo hará.
– ¿En serio esperas que él lea mi mente o algo así? – Hizo una mueca receloso, cuando dudé, se recostó en su silla con cautela – hay algo que no me estás contando ¿verdad?
Vi de hecho miedo en sus ojos, estaba pisando terreno peligroso.
– No seas ridículo – me burlé – lo que él hace solo es un truco, practicaba implacablemente hasta que de hecho engañaba a las personas haciéndolas creer que leía sus mentes – me incliné hacia Simmons para darle más efecto – verás, me temo que él ha sido un tanto sigiloso en nuestras reuniones y solo quiero ponerlo a prueba para ver si está usando el truco o no, las cosas que te he dicho eran una especie de broma privada entre los dos, probablemente no funcione, pero vale la pena intentarlo, así que ¿estás listo?
Me miró pensativo por un momento, luego suspiró.
– Repasémoslo desde el principio una vez más.
Practicamos todo un par de veces para asegurarnos que Simmons estuviera listo y luego nos dirigimos a la sala de conferencias, adelantaría mi "gran entrada" hoy. Unos pocos abogados ya se encontraban allí, ningún miembro de la Corporación C había llegado, eso era bueno, esperaba que Edward no estuviera en el edificio o lo suficientemente cerca para escuchar nuestra conversación.
Diez minutos después Harry Banks y su equipo de abogados entraron, me tensé aguardando por Edward, no lo había visto desde el viernes y no estaba segura como actuar, un momento después, observé cómo este ángel perfecto de gracia inconsciente entraba en la sala. Caminó directo hacia mi lugar en la mesa.
– Buenos Días – dijo suavemente.
Nunca había hecho aquello, cuando sonrió noté que sus ojos eran más dorados que antes, de hecho, todo su rostro resplandecía, suspiró profundamente y por un instante me miró con intensidad, luego se giró y tomó asiento, aclaré mi garganta sintiendo el calor extenderse a través de mí.
Los recuerdos de la noche del viernes me asaltaron rápidamente, tomé un gran respiro en un esfuerzo por aclarar mi cabeza y me senté orientando mi silla lejos de él, repetí mentalmente una vez más el discurso que siempre me daba. No perdería el coraje en este momento.
Llevábamos dos horas en la reunión tratando de elaborar los detalles de la adquisición de los registros financieros de una de las empresas rusas afiliadas de la Corporación C cuando vi a Edward susurrarle a Harry Banks algo que seguramente había escuchado en la mente de uno de mis abogados, comenzaron a escribir furiosamente mientras asentían con sus cabezas, decidí que este era un buen momento para poner mi plan en acción.
Dirigí mi mirada a Dale Bennett, uno de los nuevos abogados de la compañía y con el que Edward no estaría familiarizado, tragué con dificultad y él asintió discretamente dejándome saber que todo estaba listo, solo tendría una oportunidad de hacer esto, Edward no caería de nuevo en la trampa, hice la señal a Simmons colocando un dedo en el borde de la taza de mi café, lo vi enderezarse un poco, sentía el sudor perlar mi frente mientras recordaba lo que Simmons debía estar pensando.
"Tendré que recordar preguntarle a Bella a qué hora viajará a La Push para pasar el Día de Acción de Gracias y ver a Jacob Black"
La cabeza de Edward había estado girada hacia Harry Banks, cuando inesperadamente se dio la vuelta clavando su mirada en Simmons y luego en mí, por el rabillo del ojo vi que tensaba la mordida, nunca lo miré pero comencé nuevamente con mis preguntas a uno de sus abogados, él simplemente permaneció mirándome y por suerte, al menos de momento, estaba preocupado con sus propios pensamientos y no con lo que estaba sucediendo a su alrededor.
Luego de unos treinta segundos regresó su atención a la conversación y le di nuevamente la señal a Simmons.
"Espero que Bella no maneje esa motocicleta con Jake mientras está allí, me dijo que terminó en la sala de urgencias casi cada vez que lo hacía, Jacob nunca debió enseñarle a montar esa estúpida moto"
De repente se escuchó un gruñido bajo en la sala, cada cabeza se giró en busca de su procedencia, Edward tosió con fuerza para disimularlo.
– Disculpen – dijo con voz ronca pasando la mano rápidamente por su rostro, Jasper lo miró con preocupación pero él solo lo observó fijamente con ojos oscuros y furiosos, su rostro se giró con velocidad hacia el mío y tuve que utilizar cada parte de mi determinación para seguir hablando.
– Como decía, para el quince de diciembre me gustaría saber la cantidad equivalente de acciones en Moscú, Brotska y Minsk, las necesito para nuestro análisis de fin año – seguí hablando por unos minutos y vi que Edward se había calmado lo suficiente para prestar atención a los procedimientos. Hora de una nueva señal a Simmons.
"Al menos Bella no podrá saltar en los acantilados, el agua estará demasiado fría, la última vez que lo intentó estuvo tan cerca de morir que Jacob tuvo que revivirla"
Edward se levantó de la silla agarrando el borde de la mesa, todos lo miraban, Harry Banks colocó una mano en su brazo, lucía preocupado mientras intentaba que Edward se sentara de nuevo, Jasper me miró y me encogí de hombros mientras le regresaba la mirada inocentemente, luego se inclinó hacia Edward.
– ¿Necesitamos tomar un receso? – Parecía consternado.
Edward mantenía la mirada baja, hacia la mesa con su mandíbula completamente tensa, me sorprendió, estaba funcionando mejor de lo que había anticipado, Simmons me dirigió solo una vez una rápida mirada con los ojos muy abiertos.
– ¿Pasa algo señor Cullen? – fingí aburrimiento.
Levantó la cabeza lentamente y me miró intentando mostrarle a los demás que estaba bien, podía leer el enfado y la rabia en su rostro, su boca era una línea tensa mientras respiraba fuerte por la nariz, me sostuvo con la mirada y casi sentí miedo.
Casi.
– ¿Señor Cullen necesita salir un momento? – pregunté con impaciencia, pensando quedebería recibir un premio de la academia por esto, o al menos un Emmy.
– Estoy bien – dijo negando sin emoción mientras se sentaba de nuevo, sus ojos continuaban clavados en los míos.
– Tenemos solo unos detalles más por discutir – dije temblando, lancé una rápida mirada al reloj en la pared y continué – terminaremos en veinte minutos.
Dale Bennett reconoció la señal e inmediatamente se excusó saliendo de la sala, me sorprendía que fuera capaz de mantener mi voz desinteresada y aburrida mientras seguía hablando de documentos legales y argumentaba sobre asuntos de negocios triviales, pasados diez minutos, supe que era hora del último golpe.
Le hice la señal a Simmons.
"Bella estará furiosa si sabe que escuché su conversación con Jacob Black, me pregunto a qué se refería cuando dijo que le preocupaba que Charlie descubriera que él es un licántropo"
Bajo la mesa sonó un fuerte crujido y un gruñido feroz escapó del pecho de Edward, me miraba con fijeza, sus ojos eran tan oscuros que retrocedí alejándome de él, en ese instante, el celular de Jasper sonó, vio quien llamaba y respondió inmediatamente, supuse que era Alice, con suerte llegaría demasiado tarde.
Un momento después, Dale Bennett entró a la sala de conferencias sonriendo triunfante, de inmediato me giré a ver a Jasper mientras este se hundía en la silla con la cabeza entre las manos, Edward aún continuaba mirándome y fue fácil descifrar el momento exacto en que escuchó los pensamientos de su hermano, vi reconocimiento atravesar su rostro mientras se giraba hacia él y luego con lentitud se volvía hacia mí con expresión lívida.
– ¿Señor Bennett tiene algún anuncio que hacer? – Mis ojos permanecían clavados en los de Edward.
Dale Bennett se levantó con orgullo.
– Hace dos minutos adquirimos tres acciones más de la Corporación C, lo que hace que Whitmore-Hathaway tenga la ventaja con el cincuenta y un porciento de la compañía.
Seguía observando a Edward, el plan había funcionado a la perfección y mi corazón, estaba destrozado.
Los abogados de Edward saltaron de sus asientos como si una explosión acabara de ocurrir, gritos y acusaciones eran hechos desde ambos lados de la mesa mientras que Edward continuaba mirándome, su expresión cambiando lentamente de furia a traición.
Así que todo había terminado, la mayoría de la compañía nos pertenecía y las negociaciones serian diferentes, a partir de ahora solo se concretarían detalles legales y no sería necesario que el anterior dueño de la firma permaneciera en la ciudad.
Sentí que un sollozo crecía en mi pecho pero lo reprimí como siempre solía hacerlo. Desvié la mirada de él.
– Caballeros – anuncié – ¿por qué no tomamos un descanso para almorzar? Nos reuniremos a las dos en punto para resolver los últimos detalles – me giré hacia Harry – su equipo deberá asistir mañana a una reunión con un plan explicando cómo procederán con la transferencia, y luego podremos dejar esto atrás.
– Señorita Swan – el rostro de Harry era de un rojo oscuro – esto no ha terminado – dijo furioso – está en una posición delicada con Francia, Italia y Alaska ¡usare esa movida para alertar a las otras compañías que no se rendirán sin pelear, prepárese para la batalla de su vida!
No respondí, a pesar que confiaba que ese no fuera el caso, tomé mis cosas y salí rápidamente de la sala, la puerta no se cerró detrás de mí pero no me giré para ver por qué.
– Bravo, que gran actuación – su voz musical estaba llena de sarcasmo.
– Hola Edward, ¿sucede algo? – pregunté modestamente.
– Suficiente Bella – sin previo aviso estaba a mi lado, acercó su rostro al mio para que nadie más pudiera escucharlo – necesitamos hablar – susurró ferozmente.
Aunque sabía que era inútil, empecé a caminar rápido.
– Acabamos de estar sentados en la misma oficina por tres horas – repliqué bruscamente – podrías haber dicho cualquier cosa que quisieras allí dentro.
– Si lo prefieres – su voz demostraba que contenía su ira – esperaré hasta que la sala este completamente llena para discutir como no puedo creer que me hayas traicionado y robado la compañía de mi familia después de que ellos te aceptaron y amaron.
Lo miré de soslayo, probablemente intentara hacer algo como eso, las noticias de una escena como aquella se esparcirían como fuego en la oficina, me detuve y lo miré con mi cabeza en alto, el también se detuvo manteniendo su rostro a centímetros del mío.
– No tengo tiempo para hablar contigo ahora – siseé.
– Vacía tu agenda – dijo con rapidez.
– No – Gruñí cruzando los brazos.
Sin poder creerlo me levantó y en tres largos pasos me llevó a mi oficina donde me depositó en suelo, se giró hacia el pasillo mirando a Sally.
– Por favor – dijo en su dulce y cálida voz – vacié la agenda de la señorita Swan por la próxima media hora– ella lo miraba atónita.
– ¡Llama a seguridad! – grité y Edward se giró hacia mí.
– ¿De verdad quieres ver lo que le haré a tu equipo de seguridad? o podemos simplemente hablar como dos adultos.
Sally me miraba con el teléfono en su mano.
– Olvídalo Sally – gruñí y cerré la puerta.
Esperé un par de segundos antes de girarme, tenía que prepararme para verlo, Edward estaba en mi oficina, Soy fuerte, me recordé, solo tomé el control de su compañía y derroté a un vampiro en su propio juego, iba a ganar. Aún quedaban detalles por arreglar en esta pelea con la Corporación C pero había acelerado las cosas considerablemente, puedo hacer esto, pelea Bella, recuerda que él no te ama, no te ama.
Me giré.
– Empieza la cuenta regresiva Cullen, tienes media hora o menos.
– Me jugaste un buen truco ahí dentro. – dijo entre dientes.
– No es distinto a todas las veces que has tenido la ventaja solo por el pequeño hecho que puedes leer cada mente en la sala de conferencias – repliqué.
– Casi cada mente en la sala – sonaba extremadamente frustrado.
– Adquirir la Corporación C era algo inevitable, solo aceleré el proceso – contesté sin piedad.
– Desde el inicio has usado el engaño y la manipulación en tus tácticas – levantó la voz.
– Gracias – sonreí.
– La Bella que conozco nunca le habría hecho esto a mi familia – sus músculos estaban tensos mientras me apuntaba con un dedo.
– La Bella que conociste era una chica confiada que te habría seguido a cualquier lugar –le apunté con un dedo.
Se detuvo y su rostro se suavizo.
– ¿A dónde fue? – su voz no era más que un susurro lleno de melancolía.
Tragué con dificultad y no le respondí, en cambio, me alejé de él dejando mi maletín a un lado del escritorio y me dirigí al bar personal por un vaso con agua.
– Te das cuenta lo que significa el dinero para mi familia y para mí ¿no es así? – su voz me seguía por la habitación.
– Ganarás millones con este trato – repliqué – comienza de nuevo, eso es lo que se hace en estos tiempos.
– Los tiempos han cambiado desde que comenzamos esta compañía – su voz era baja, pero pude oír la tensión en sus palabras – hay demasiada información que no podemos arriesgarnos a divulgar para empezar de nuevo.
– Haz lo que todo el mundo hace, vive de los intereses – evité su mirada intentando sonar optimista.
– No vivimos del dinero que ves en los libros de contabilidad que siempre llevas a las reuniones – exhaló con brusquedad – es solo una fachada, hay canales secundarios, lagunas y redes seguras para que el dinero que usamos no sea rastreado.
Dio unos pasos en mi dirección.
– ¿Bella, te das cuenta que Carlisle ha estado construyendo esta empresa desde mil setecientos treinta y uno?
Mis ojos volaron hacia él sorprendidos.
– No vi nada en los reportes que fuera antes de mil novecientos seis.
– El cuidado de los registros no era seguro antes de mil novecientos – explicó brevemente – Carlisle aprovechó eso para ayudar a construir negocios para otros como él, para que pudieran ser libres de vivir lejos del ojo público. No se rendirán, Bella, podrías estar en esta pelea con Harry por años.
– ¿Otros cómo él? – Tragué con dificultad – ¿quieres decir que todas estas empresas son dirigidas por vampiros? – pregunté sin aliento.
Dejó salir el aire enojado mientras caminaba lejos de mí, sacudiendo su cabeza como si yo no tuviera idea de lo que había hecho hoy, pasó frente a la gran ventana y lanzó una mirada a mi escritorio, de repente se detuvo y vio las fotos que había colocado allí.
Había tres de ellas, una junto a Renée, otra con Charlie y una última donde estábamos Jake y yo, su rostro permaneció en la foto con Jake y todo rastro de enojo desapareció.
Estaba un poco nerviosa ¿con cuántos vampiros tenia negocios en el día a día? Dejé mi vaso con agua en la mesa.
– ¿Estos vampiros son vegetarianos…o no?
Tomó la foto examinándola de cerca, había sido tomada antes de mi graduación.
– Algunos de ellos comparten nuestro estilo de vida – murmuró tranquilamente.
¿Algunos de ellos? No era muy alentador.
Continuó mirando la foto.
Jake y yo estábamos en First Beach con Sam y los demás, sonreía un poco, era el comienzo de la primavera y mis mejillas estaban sonrojadas por el frio, vestía un suéter y jeans, nos sentábamos frente a una fogata mientras el sol comenzaba a caer formando un hermoso atardecer a nuestras espaldas, Jake y yo nos tomábamos de la mano, yo miraba la cámara y él me miraba a mí.
La expresión en el rostro de Edward era inescrutable, sostuvo la foto con ambas manos y tragó con dificultad, finalmente y con delicadeza dejó el portarretratos en el escritorio, se giró y miró por la ventana.
– Tienes una vista hermosa – dijo con suavidad.
Permanecí allí de pie confundida, estaba preparada para sentir la "ira de Edward" después de todo, era consciente del tipo de temperamento que tenia, en cambio, él continúo mirando por la ventana mientras me formulaba la siguiente pregunta.
– Bella, eres muy exitosa, tienes tu oficina en una de las firmas de inversión más importantes de Nueva York, pronto tendrás tu nombre en el edificio, tienes el respeto de todos con los que trabajas, pero, ¿eres feliz? – Se giró y sus ojos dorados me taladraron, se acercó dejando su rostro a centímetros del mío – ¿tienes todo lo que siempre deseaste?
No tenía ninguna de las cosas que quería. Amor verdadero, una familia, felicidad, la eternidad…
– Lo estoy haciendo bien – repliqué, pero hasta yo supe que no soné muy convencida – ¿Y tú? Pregunté forzándome a mantener la respiración controlada.
– No tengo ninguna de las cosas que quiero – negó lentamente con la cabeza.
El pulso me palpitaba en los oídos. Di que me amas, rogué en silencio cerrando los ojos, sentía que caminaba por el borde de un precipicio sin estar segura de saltar o salvarme, tenía que controlarme y detener esto, así que drásticamente cambie de tema.
– Por cierto – dije parpadeando rápidamente y retrocediendo un paso – quiero que sepas que Simmons no tiene idea de lo que sucede o… de lo que eres.
– Vas… – se detuvo deliberando, luego continuó hablando rápidamente – ¿vas a volver a Forks para pasar Acción de Gracias con Jacob Black?
No había tomado ninguna decisión al respecto hasta ese momento.
– Si, iré.
– No sabía que los dos fueran tan cercanos – buscó mis ojos como si esperara encontrar las respuestas que me negaba a divulgar.
– Es mi mejor amigo – expliqué – durante año y medio, antes que partiera a la universidad, pasábamos cada día juntos.
Se acercó un paso más, los músculos en sus brazos se flexionaban y tensaban.
– Bella ¿es cierto que Jacob Black es un hombre lobo?
– Si – alcé mi cabeza y encontré su mirada.
Él luchaba fuertemente por permanecer en calma con sus manos convertidas en puños, sus ojos se oscurecieron mientras los estrechaba.
– No deberías permanecer alrededor de hombres lobo Bella – siseó.
– Bueno – me crucé de brazos desafiante – ese no es tu problema ¿verdad? –mi voz teñida con ácido.
Sus largos y perfectos dedos recorrieron con rapidez su rostro mientras cerraba los ojos y tomaba un largo respiro.
– Los licántropos son impredecibles y peligrosos, necesitas permanecer alejada de ellos – dijo entre dientes.
Alcé una ceja y casi me reí, parecía una mejor decisión que dejar que mi enojo tomara el control.
– Gracias por el consejo – dije sin emoción.
– Lo prometiste – susurró.
Su deliciosa esencia se arremolinó en mi rostro.
– ¿Disculpa? – jadeé.
Su expresión cambió y sofoqué un suspiro, sus ojos eran del topacio exacto que siempre me deslumbraba, mi pecho dolió mientras se acercaba más.
– Prometiste que no harías nada arriesgado – susurró dulcemente – dijiste que serias cuidadosa.
Lo miré fijamente con la certeza que si me tomaba en sus brazos en este preciso momento, sería fácil olvidar absolutamente todo, olvidar que siete años habían transcurrido, que había permanecido en la húmeda hierba por horas cuando se marchó, como cada noche me recostaba en la cama y rogaba por que apareciera en mi ventana, olvidar como me transformé en alguien tan desprovisto de emoción que ya ni siquiera sabía quién era.
Retrocedí un par de pasos intentando romper el hechizo que obviamente él aún tenía en mí.
– ¿Todas esas cosas son ciertas? – preguntó acercándose unos pasos y eliminado la distancia entre nosotros de nuevo.
– Qué… que cosas – tartamudeé.
– ¿Es cierto que montaste en moto con Jacob Black, saltaste desde acantilados y llevaste las cosas hasta el punto que fuiste llevada a la sala de urgencias?
– Nunca fui llevada a la sala de urgencias – argumenté – usualmente iba por mi cuenta.
– Bella – dijo de la manera que solía hacerlo.
– Han pasado siete años – dije bruscamente, tratando de luchar contra la emoción – ¿por qué molestarse por eso? ¿Por qué siquiera te importa?
Observé sus pestañas imposiblemente largas esconder sus ojos por un momento antes que alzara la mirada.
– No puedo vivir en un mundo donde tú no existas.
Lo recordaba diciendo aquello una vez, antes, estábamos recostados en el sofá mirando Romero y Julieta mientras susurraba las líneas en mi oído, aquella noche, cuando me había dicho esas palabras, no podía imaginarnos separados, mi destino, vida y futuro estaban decididos, lo quería más que a nada, no podía creer que mereciera tal suerte, merecer a este ángel.
Luego mi mundo se vino abajo.
Parpadeé varias veces para alejar las lágrimas que peligrosamente querían salir.
– La última vez que mencionaste aquello – siseé – me dijiste tres días después que ya no me amabas y me dejaste allí de pie, sola – negué con la cabeza – no tienes nada que opinar sobre mi vida o lo que puedo o no puedo hacer.
Entre más pensaba en la estupidez que él había dicho más enojada estaba, agradecía esto, el enfado era una emoción que conocía y sabía perfectamente cómo manejarla.
– ¡Cómo te atreves! – Mantuve mi postura –no querías verme más ¿pero todavía quieres ser capaz de decirme lo que puedo hacer?
– Bella…
– Tuviste siete años para buscarme y no hiciste nada – me giré y comencé a caminar hacia la puerta –si no hubiera encontrado tu compañía – lo apunté con un dedo – aún no sabrías dónde encontrarme – me apoyé contra la pared – vampiro arrogante – me incliné hacia delante entrecerrando los ojos – montaré en moto y me estrellaré, saltaré de acantilados hasta casi ahogarme, jugaré con lobos cuando y dónde quiera, y tu no tendrás nada que decir al respecto – abrí la puerta – ¡vete!
En menos de lo que me tomó parpadear él estaba a mi lado, su mano se posó sobre la mía y calmadamente cerró la puerta.
– No me iré, no hasta que sepas la verdad – dijo con su voz de terciopelo.
Tensé la mandíbula, nunca había tenido problemas con la verdad, de hecho, había sido mi renuente compañera cada segundo de los últimos siete años.
– Mira Edward, haré esto tan sencillo como pueda – todo mi interior se estremeció mientras sentía como la agonía me desgarraba de una forma incluso más dolorosa, pero tenía que decirlo – esta es la última vez que tu y yo hablaremos ¿quieres saber por qué usé ese truco hoy? ¡Lo hice porque quiero que te vayas! ¡Te quiero lejos de aquí! Esto se ha prolongado lo suficiente.
Observé su semblante y fue un error, su rostro era hermoso con ojos apasionados y llenos de fuego, extendió su mano y con gentileza acarició mi mejilla con sus dedos, aquello tuvo el mismo resultado que la primera vez que él había hecho eso, mis ojos se cerraron por un momento mientras saboreaba su toque.
– Puedes afirmar querer que me vaya – murmuró – pero la manera en la que bailaste conmigo el viernes me dice otra cosa.
Abrí la boca para responder pero la cerré de nuevo, tenía que pensar en una buena razón, pero en ese momento no tenía ninguna, retrocedí un paso.
– Lo que pasó el viernes fue…
– Maravilloso – susurró.
– No – insistí – fue inútil – pendía de un filo hilo, mi corazón comenzó a gritar por su toque, demandando que lo acercara a mí para sentirme entre sus brazos nuevamente, me alejé otro paso de él – bailar contigo fue también peligroso, irracional, tonto, imprudente, impulsivo, desconsiderado y sin sentido.
Cada vez que retrocedía un paso, él me seguía, comenzaba a desesperarme.
Antes de saber que sucedía, sus manos estaban a cada lado de mi rostro, sentí como un suspiro escapaba de mi autocontrol, mi corazón parecía explotar, finalmente estaba obteniendo lo que deseaba.
– Ese baile significó tanto para ti como para mí – gruñó – nunca amarás a Thomas Vaughn.
Con eso fue suficiente.
– ¡Basta! – Jadeé sin aliento apartándome de él – no te acercarás a mí de nuevo ¿lo entiendes? ¡El pasado terminó! ¡Está hecho! No necesito que te asegures que estoy bien, que me vigiles o sientas que debes arreglar cualquier cosa – todo el aire escapó de mis pulmones mientras me enderezaba – Edward, te dejo libre.
Sus ojos se tiñeron de dolor y rabia, su mordida se tensó mientras me tomaba por los hombros.
– ¡No! – gruño entre dientes, luego acercó su frente a la mía – no – susurró.
Un fuerte golpe sacudió la puerta.
– Swan ¿está todo bien allí? – era el señor Hathaway.
Tragué con dificultad mientras luchaba por tomar el control de mis sentidos, mis piernas temblaban débiles, sabía con certeza que mi corazón debía estar retumbando en los oídos de Edward, abrí los ojos y vi que me aferraba a sus fuertes brazos, los solté inmediatamente pero él ni siquiera se movió, sus frías manos aún me sostenían por los hombros, nuestras frentes todavía tocándose, aquel momento perfecto se desvaneció, Edward suspiró con suavidad alejándose lo suficiente para mirarme a los ojos.
– Esto no ha terminado – dijo con determinación, sus labios a pocos centímetros de los míos.
– Si Edward, se acabó – me aferré a la poca fuerza que me quedaba al decir aquello.
– ¡Isabella! – El señor Hathaway gritó – ¡abre la puerta!
No tenía idea de cómo iba a explicar el hecho de estar sola en la oficina con uno de los dueños principales de la Corporación C, estaba rompiendo una de las reglas más importantes y estrictas de Hathaway, nunca comunicarse directamente con el enemigo.
De alguna manera fui capaz de alejarme de Edward y con manos temblorosas abrí la puerta, el señor Hathaway irrumpió inmediatamente en mi oficina y cuando lo vio, se volteó hacia mí con desconcierto y sospecha.
– Tu secretaria pensó que debería pasar y ver si necesitabas algo – dijo vacilante.
Di dos pasos lejos de Edward.
– Estoy bien señor Hathaway, gracias – Sus ojos viajaron a Edward y cuando él me observó a mí el señor Hathaway estrechó la mirada.
– Señorita Swan necesito hablar con usted en mi oficina – su voz grave sonaba estridente en comparación con la voz musical de Edward.
– Si señor Hathaway – bajé la cabeza y salí precipitadamente, dejándolo allí, solo.
Mientras nos acercábamos a su oficina me di cuenta que él no era consciente de las concesiones que le había otorgado a la Corporación C, esto no iba a gustarle.
Entré y lo seguí mientras él se sentaba tras su enorme escritorio.
– ¿Cómo va la adquisición de la Corporación C? ¿Marcha todo según lo previsto?
– Si señor – respondí intentando evocar toda mi confianza mientras me sentaba en una de las sillas frente a él – hoy adquirimos el cincuenta y un porciento, así que vamos por buen camino – tomé un profundo respiro y traté de hacer sonar mi argumento convincente – la Corporación C es bastante… astuta y han creado algunos retrasos, puede que terminen quedándose con sus empresas en Francia, Italia y Alaska, pero la mayoría serán compradas y posteriormente vendidas.
– ¿Por qué no somos capaces de obtener sus acciones en Francia, Italia y Alaska? – preguntó airadamente.
– Bueno señor… – me removí un poco en la silla – esas son sus compañías más solidas, los accionistas las protegen muy bien y no quieren renunciar a la corporación, francamente esto solo demoraría los avances para liquidarlos con mano dura, hay suficiente dinero por hacer con lo que ya conocemos, más de veintiséis billones de dólares.
El señor Hathaway me miraba fijamente como si fuera una niña y él estuviera a punto de enseñarme una lección importante.
– Isabella, dices que hay suficiente dinero por hacer, quiero todo el dinero, podemos ganar cerca de diez billones de dólares más si los exprimimos hasta dejarlos secos – se inclinó hacia delante en su silla frunciendo el ceño – ¿por qué te estoy diciendo esto? Estas tácticas las has estado perfeccionando con los clientes desde que te contraté, es lo que colocará tu nombre en el edificio.
De repente, tener mi nombre en el edificio no parecía tan importante como mi cordura.
– Creo – aclaré mi garganta – que después de cancelar los gastos legales por seis meses adicionales y de pagarle a los internos que han hecho el trabajo pesado, obtendremos significativamente menos de diez billones de dólares y habremos perdido muchas oportunidades importantes con otras multinacionales, el costo es demasiado grande.
El señor Hathaway saltó de su asiento inclinándose amenazadoramente sobre su escritorio.
– Qué tal este costo – gruñó – tan pronto como el mundo de los negocios vea que hemos dejado que una compañía se quede con algo en vez de aniquilarlos, los demás pensaran que hemos perdido nuestra fortaleza y que nos hemos vuelto débiles, una vez que perdamos el factor miedo, comenzaremos a decaer del número uno al dos ¿qué tal ese costo? – me miraba sin siquiera pestañear.
– Veo su punto – dije sin emoción.
– No puedes dejar que los sentimientos personales se interpongan en el camino al éxito – habló con voz suave y aún así más amenazante.
– Entiendo – sabía que mi labio inferior estaba temblando, lo mordí con fuerza para detenerlo.
– No me decepciones Swan – me apuntó con un dedo justo en medio de los ojos.
– No se preocupe señor – respondí sintiendo las nauseas crecer cada segundo que pasaba – me aseguraré que la Corporación C quede en la ruina.
Caminaba aturdida hacia mi oficina, no había terminado, la compañía era nuestra pero no había forma que Edward hiciera las cosas fáciles cuando Francia, Italia y Alaska estaban aún sobre la mesa, esto continuaría hasta el próximo año y él definitivamente tendría que quedarse para las negociaciones. Podía sentir el agujero desgarrándome.
Sally me alcanzó fuera de mi oficina con una pila de archivos mientras comenzaba a hablar, podría haber estado hablando en árabe antiguo para toda la atención que le prestaba, puse todo mi esfuerzo en concentrarme en lo que decía, pero estaba demasiado ida.
– Sally – dije sacudiendo la cabeza – tengo un dolor de cabeza espantoso, por favor asegúrate que nadie entre a mi oficina – no estaba segura qué podría hacer mi tonta secretaria contra un vampiro, pero intenté de todas formas infundir miedo en ella.
Cerré la puerta y casi inmediatamente sentí las lágrimas cerca, me avergonzaba de ellas, pensé que era fuerte, ahora veía lo débil que había sido todo este tiempo, me engañé a mi misma creyendo que podría hacer esto, pero ahora podía ver adónde mi falso sentido de confianza me había llevado, moví mi silla de cuero a un lado y me senté en el espacio que había dejado bajo mi escritorio, había trabajado tan duramente por ganar un respeto que no merecía, tampoco merecía ser vicepresidente, y menos aún, tener mi nombre en el edificio.
¿Qué estaba tratando de hacer Edward conmigo? Solo quería que se fuera a Irlanda o dónde quiera que fuera y me dejara en paz ¿no entendía que no quedaría nada en mí si él continuaba con esto?
Parecía que todas las lágrimas que me había prohibido llorar surgieron cuando estaba bajo el escritorio, por un momento, me sostuve con fuerza y simplemente las dejé salir, eventualmente, miré mi reloj y suspiré, la reunión con la Corporación C se reanudaría en media hora, levanté la mano buscando mi teléfono sobre el escritorio y llamé a Sally para cancelar la junta, nadie me respetaría ni me temería de nuevo si me veían de esta manera.
No podría explicar este nivel de locura.
Intenté calmarme diciéndome que no había tiempo para desmoronarse, la Corporación C estaba tan cerca de ser nuestra y en algunos años esto solo sería un vago recuerdo. Todo lo que a mi corazón le importaba era tener a Edward de regreso, y eso me ponía tan furiosa que deseé poder arrancarlo del pecho y reemplazarlo con uno que nunca hubiera escuchado de ese estúpido y poco confiable vampiro.
El cielo comenzó a oscurecerse, sabía que necesitaba salir de aquí y volver al trabajo, pero solo rodeé mis rodillas, cerré los ojos y dejé que otra hora pasara.
Sentí un leve golpe en la puerta y me enderecé, hubo silencio por unos dos minutos, me relajé de nuevo, pensando que quienquiera que fuera esa persona finalmente se había ido, luego la puerta se abrió con lentitud, me acurruqué todavía más, esperando que encontrara la oficina vacía y se marchara. Los pasos comenzaron a acercarse al escritorio y juré que despediría a Sally mañana por no hacer su trabajo, de todas formas había durado más que ninguna otra secretaria.
Alguien rodeó el escritorio y me encogí para que no me viera, dos pies se detuvieron frente a mí y para mi horror la persona se arrodilló y me miró.
Era Simmons.
Sus ojos se abrieron y cuando vio el estado en el que me encontraba su rostro se suavizó.
– ¿Bella, qué haces aquí?
Inhalé entrecortadamente y pasé el reverso de la mano por mi nariz, Simmons buscó en mi escritorio y me tendió una caja de pañuelos, tomé algunos y de una manera poco agraciada me limpié la nariz.
– ¿Vienes aquí a menudo? – Preguntó con una sonrisa gentil.
Aún estaba limpiando mis ojos y nariz mientras una pila de pañuelos usados crecía a mi lado.
– Lo has estado haciendo bien – me felicitó, se sentó recostando su hombro contra un costado del escritorio – deberías estar muy orgullosa de ti.
– ¿De qué estás hablando? – me atraganté.
– Bueno, asumo que esto tiene que ver con Edward Cullen ¿verdad?
Pensé en protestar, pero sabía que él no me creería, así que simplemente asentí con la cabeza.
Dejó salir un suspiro frustrado.
– Bella, si prestaras atención por dos segundos, verías que Edward se siente de la misma forma, puede que no esté ahora mismo sentado bajo un escritorio llorando, pero estoy casi seguro que él todavía está enamorado de ti.
– ¿Qué? – Balbuceé – estás tan equivocado.
– Los vi bailando a los dos el viernes – negó apreciativamente con la cabeza – no puedo creer que él te haya dejado ir con Thomas cuando los dos estaban en su propio universo – bajó su tono de voz – nunca he bailado con alguien de la manera que ustedes dos lo hicieron.
– Tienes razón – respondí con voz ronca, lanzando otro pañuelo a la pila – él se marchó, igual que antes.
Él pensó aquello por un momento.
– Quizás – ofreció – está recibiendo señales contradictorias entre el baile y la sala de conferencias.
– No estás ayudando – gruñí.
– Todo lo que puedo decir – sacudió la cabeza – es que tu plan funcionó demasiado bien en Edward, en todas estas semanas de reuniones, nunca vi a alguien tan controlado y sereno como lo ha estado él hasta hoy, parece que le importas bastante.
Lo miré fijamente, cualquier cosa que dijera al respecto sería imprudente.
– Tienes que hablar con él Bella, tus murallas se han levantado y él está intentando atravesarlas pero tú continúas derribándolo antes de que pueda escalar el muro.
– Simmons… – comencé mientras me sonaba la nariz y arrojaba otro pañuelo a la pila – nunca en todos esos años intentó encontrarme, me dijo que ya no me amaba y cuando todo esto termine, él se irá de nuevo, solo necesito que me ayudes a mantener todo bajo control hasta que él se vaya.
– Bueno – Simmons sonó irritado – en ese caso sigue sentada bajo tu escritorio en lugar de decirle como te sientes, parece que eso te está funcionando bastante bien.
– Ya estoy saliendo – anuncié aclarando mi garganta.
Él retrocedió ayudándome a ponerme de pie.
– Mañana todo será negocios como siempre – declaré, sintiendo un leve vistazo de la "Bella Dura"
Él levantó una ceja dudoso.
– Oh por favor, toda chica necesita un buen llanto de vez en cuando – dije con ligereza.
Comenzamos a salir de la oficina y me sorprendió ver que Sally y casi todos en el edificio ya habían terminado su jornada de trabajo.
Justo cuando llegamos a los elevadores Simmons se giró hacia mí.
– Sabes Bella… la reunión de mañana se enfocará en todo lo relacionado a la infraestructura de las acciones que acabamos de adquirir.
– Si ¿y?
– Bueno, como sabes, esa es mi especialidad, escribí mi tesis sobre la importancia del mantenimiento de la fuerza de las acciones – me miraba con orgullo.
Fruncí el ceño.
– Y me estás diciendo esto porque…
– Te estoy diciendo esto porque puedo manejar la reunión de mañana ¿no crees que sería más sencillo si no asistieras? Déjame hacerlo, viaja un día antes para Acción de Gracias y te llamaré tan pronto la reunión acabe, te contaré paso a paso lo que suceda.
Pensé en aquello una y otra vez, lo último que quería era entrar en una sala dónde estuviera Edward Cullen, tal vez un descanso era justo lo que necesitaba, mi corazón estaba siendo tan idiota que en este punto probablemente necesitara tratamiento profesional.
– ¿Prometes llamarme si surge algún problema? – Dije mientras las puertas del elevador se abrían.
Irradiaba alegría viéndose orgulloso que hubiera colocado mi confianza en él.
– Absolutamente – dijo confiado.
– Gracias – suspiré – solo por esta vez y luego estaré de vuelta en la pelea.
– Por supuesto – asintió complacido.
Entré al elevador agradecida de tener un asistente en el que podía confiar.
¡Ya entramos a la recta final!
Me encantaría leer sus comentarios, muero por saber que piensan de todo lo que pasó con Edward y Bella ^^ Buen inicio de semana
Abrazos!
