Ella se rompe cada día más.

Se frota los ojos intentando que la luz no queme demasiado a sus hinchadas y coloradas pupilas, pero no lo consigue. No quiere levantarse, ¿quién querría si viviese una cosa así?. Tira de las mantas hasta hacer que estas lo escondan totalmente, tapándose incluso la cabeza. Quiere volver a dormir, y si es posible, no despertar nunca.

-Victoria- Y la nombrada se siente morir de nuevo. Sus únicos minutos de paz en todo el día están siendo arrebatados por esa criatura infame a la que llama padre, pero como no puede hacer nada, solo se levanta y se pone una sudadera vieja color grisáseo con unos pantalones oscuros, simplemente para taparse cada morantón que tiene en su cuerpo, y baja.

-¿Si, papá?- La respuesta sale mecánicamente de sus labios, porque se siente muerta y cree que ya no tiene ni la capacidad para pensar claramente.

-El desayuno.- Contesta simplemente. Esa voz retiembla en sus oídos como si lanzasen bombas dentro de su cabeza. De fondo puede escuchar como su padre agita el cinturón, y tiene la certeza de que si no obedece, lo de anoche se repetirá pero con mucha más violencia y salvajismo. Siente un escalofrío solo de pensarlo.

"Ayuda"- Grita aunque ya está seguro de que es muy probable que jamás encuentre la luz al final del túnel.

-Si, padre.- Se siente una maldita sirviente y de nuevo se pregunta porqué ella está aquí si no tiene lugar en la vida.

Y cuando por fin consigue hacer que su padre se sienta agradado con la comida, tras casi dos horas de estar en la cocina escuchando sus alaridos, junto con los insultos y los golpes a la mesa y al sillón, empieza a subir las escaleras y momentáneamente piensa que subirlas cuesta demasiado; más, quizás porque día a día se sigue rompiendo. Mucho más.

"¿Cuánto tiempo más tendré que estar viviendo esto?"

Ella se esconde entre las cuatro paredes de su habitación.

Debe pensar rápido, Tori lo sabe. O piensa rápido o no podrá levantarse en semanas. Su padre ha salido a beber hoy, y cuando viene ebrio su violencia aumenta a niveles que nadie podía sospechar. Debe esconderse, aunque no sabe donde.

"¿En el salón?"- Se dice a si misma, aunque su padre siempre la acaba encontrando cuando se esconde allí. Irónicamente esto parece un juego del escondite de niños pequeños... claramente solo lo parece. La diferencia es que como Pedro, el padre de esta, encuentre a Tori, puede que no vuelva a esconderse jamás.

"¿En la cocina?"- Se vuelve a preguntar, pero después agitadamente se dice que no hay lugar donde ocultarse.

Corre a su habitación, presa del pánico, y no sabe lo que hacer. Mira por todo el lugar, y tiene una idea, la cual espera que salga bien, cuando ve la ventana.

"Si tengo cuidado, no debo caerme."- Se siente segura ya que se ha sentado en aquel rellano lleno de rejas que hay justo debajo de su ventana.

Aunque... esta vez todo sale mal. Cuando pone un píe en la primera reja, su pierna derecha duele intensamente y está segura de que su herida se ha abierto de nuevo, por lo que la reja cae junto con ella. No sabe qué hacer, por lo que grita. Justamente su padre entra por el porche de la entrada y lo escucha, y la medio latina sabe que de esta saldrá muy mal parada. Su padre le grita, -aunque no se le entiende demasiado bien, por lo que ella debe hacer un gran esfuerzo por intentar comprenderlo, por todo el alcohol que ha ingerido,- que se deje caer, y la morena no sabe qué hacer. Si no se cae ahora, de todas maneras se resbalará y terminará sobre él, pero si lo hace...

Tiene miedo, y de nuevo se pregunta de forma retórica, porqué le ha tocado vivir esa tortura, que parece que nunca terminará, a ella.

Lo hace, se suelta voluntariamente del borde del tejado y siente como los brazos de su padre la aprietan fuertemente remarcándole el dolor de cada marca que tiene en su cuerpo.

-Me has puesto en ridículo.- Aunque el aliento de Pedro huele horrible, lo único que ella es capaz de pensar es que puede que no salga de esta.

"Ya ni en mi habitación puedo sentirme segura... No tengo lugar para esconderme y resguardarme de la oscuridad..."

Ella se pregunta porqué nadie la escucha cuando siente que está gritando hasta que su garganta se desgarra.

"Puede que algún día alguien venga a tenderme una mano para sacarme de este... lugar negro, sin nada de luz, en el que me encuentro desde el día en el que nací."- Se dice a si misma mientras siente como sus mejillas se sienten húmedas de nuevo; está tirada en el suelo y de alguna forma da gracias porque han llamado a la puerta ya que solo ha recibido un fuerte golpe en su mejilla derecha, aunque siente un inmenso dolor en su labio inferior, por lo que piensa que se lo ha partido.

"O quizás no"- Cierra los ojos, intentando escapar de esa realidad cuando escucha como su padre se acerca a su cuarto. Su 'castigo' no ha acabado todavía.