"No hace solamente la guerra el que se halla en el campo"

Séneca

Goodbye everybody, I've got to go

Cuando Narcissa Black entró al dormitorio de su hermana sin avisar, se encontró con la imagen de Andrómeda metiendo a toda prisa su ropa y demás pertenencias dentro del baúl que cada año se llevaba a Hogwarts.

-¿Qué haces?

Andrómeda se sobresaltó un poco, pero recuperó la compostura rápidamente. Volteó a verla y a Narcissa le pareció ver sus ojos levemente vidriosos.

-Me voy.

-¿A dónde?

-No lo sé. Sólo me voy de aquí.

Narcissa estaba escandalizada.

-Espera, ¿te vas con el sucio hijo de muggles?

Andrómeda se irguió en toda su estatura y le espetó con dureza:

-No vuelvas a llamarlo así. La próxima vez que lo hagas, te coseré la boca con magia y nunca más podrás abrir tu maldito morro.

La menor de las hermanas Black se quedó de piedra. Solía pelearse con Andrómeda muchísimas veces –siempre-, pero a la hora de atacar elegían los insultos más finos e ingeniosos para hacerse daño, y no palabrotas sacadas de los cantineros de Cabeza de Puerco.

Pero no era el momento de discutir sobre la selección de insultos. Nunca había visto a su hermana tan decidida como lo estaba ahora. Definitivamente iba a irse, y esa decisión parecía irrevocable.

-Espera...Drómeda...-carraspeó para alejar el temblor de su voz; ¿por qué de repente se sentía nerviosa?- No puedes estar hablando en serio, ¿verdad?

Andrómeda no respondió enseguida. Se tomó su tiempo para terminar de acomodar un par de túnicas púrpuras en su baúl, se ató la larga y lacia cabellera negra en una cola de caballo, y se abrochó su capa de viaje.

-Estoy hablando en serio, Cissy.-la miró fijamente durante unos segundos y luego le preguntó: - Dime, ¿tú qué harías en mi lugar?

-¿En tu lugar?- preguntó confusa.

-Sí, en lugar: en el lugar de una Black, sangre pura, que sale con un hijo de muggles. Una hija ignorada por sus padres, qué sólo la miran para dejarle en claro que están decepcionados de ella. Una nieta que ha sido borrada de un estúpido árbol genealógico por sus abuelos. El lugar de una chica que tiene que aguantarse el repudio de sus propias hermanas. ¿Qué harías en mi maldito lugar, Narcissa?

-Dejaría de salir con Ted Tonks. Y haría lo que sé que tengo que hacer para que mi familia se sintiera orgullosa de mí- respondió secamente.

Andrómeda suspiró, abatida. Meneó la cabeza y colocó sus manos en su cintura. Parecía cansada.

-Es por esto que me voy, Narcissa. Soporté que me escupieran en el colegio, que me empujaran y me insultaran aquellos que supuestamente eran mis amigos. Pero no puedo soportar más que mi propia familia me trate así. No puedo vivir bajo el mismo techo que personas que idolatran exactamente todo lo que yo odio.

Una explosión suave en el salón de los Black rompió el tenso silencio que se había instalado entre las dos hermanas. Inmediatamente, una voz femenina se hizo oír.

-Cissy, ¿dónde estás? Tendrás que agradecer de rodillas a tu querida hermana. Planeé una cita doble para este viernes: tú y Lucius,y yo y Rodolphus, en el salón de Madame Ágatha...

Bellatrix Black cerró la boca y compuso una mueca de desprecio cuando entró en el cuarto de Andrómeda. Miró la escena que se le presentaba y ató cabos rápidamente.

-Veo que ya te vas- le dijo secamente a Andrómeda. Ésta no le respondió, por lo que Bellatrix continuó- Una decisión sabia; la única que has hecho en tu vida.

Andrómeda se mantuvo callada, mientras ataba los cordones de sus botas, decidida a no mirar a sus hermanas. Narcissa, en cambio, se giró alarmada hacia Bellatrix.

-Bella, tienes que detenerla. Está haciendo una locura; se arrepentirá. Se va con ese Tonks, Bella; no podemos dejar que...

-¿Pero qué tonterías dices, hermana? Esta traidora a la sangre no merece pisar el mismo suelo que nosotras. ¡Cállate, Narcissa!- gritó, cuando vio que estaba a punto de interrumpirla- Las ovejas negras manchan al rebaño. Ella- señaló despectivamente a Andrómeda, que se estaba colocando sus guantes- hizo sufrir mucho a nuestros padres, Narcissa; lo mejor que puede hacer es irse de aquí. Los traidores no tienen cabida en nuestras vidas.

Narcissa no dijo nada. Tenía los labios apretados, formando una delgada línea. Nadie se dio cuenta de que le temblaban las manos.

-Bueno, ya no tengo que hacer más nada aquí. En unas...-miró su reloj- en unas tres horas voy a ser mayor de edad, así que no tiene sentido esperar más.

Andrómeda sujetó con firmeza el baúl, dio unos pasos hasta el centro de su enorme cuarto – ya no es tu cuarto; ya no es tu hogar- y se detuvo allí, no muy segura de lo que iba a decir.

¿Cómo despedirse de personas que desean su partida?

-Yo...-tragó saliva, carraspeó, volvió a cerrar la boca. Siempre tan decidida, Andrómeda Black, y ahora no sabes qué decir- No creo que sea posible, pero yo...espero que algún día se den cuenta de lo que están haciendo- y lo dijo mirando directamente a Narcissa.

Esperó y Narcissa sabía que esos tres segundos de incertidumbre que le estaba dando su hermana eran la oportunidad de decir ¡No te vayas, Drómeda! ¡Yo no soy como los demás de esta maldita familia!

Pero Narcissa no dijo nada.

Andrómeda Black salió de la habitación con la cabeza en alto, para no regresar nunca jamás.

A Narcissa le pareció oír un sollozo antes de que la puerta de calle de la mansión se cerrara con brusquedad.


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