"Combatirse a sí mismo es la guerra más difícil; vencerse a sí mismo es la victoria más bella"
Friedrich von Logau
Cicatrices
El cuerpo de Remus John Lupin es un mapa de cicatrices. En gran parte de la superficie de su piel conserva huellas que son como una especie de recordatorio de todas las batallas que atravesó a lo largo de su vida; batallas ganadas y perdidas. Cuando Remus ingresó a Hogwarts, con un miedo sobrenatural y el temor a no ser aceptado bullendo en sus entrañas, tuvo una pequeña charla con Albus Dumbledore. La charla duró sólo unos pocos segundos; era una especie de bienvenida, pensó Remus, pero el director del colegio reparó en que el niño que tenía delante estiraba compulsivamente los puños de su camisa con la intención de tapar la mayor parte de sus brazos, y supo, inmediatamente, cuál era uno de los –muchos- temores del chico.
-No tema por sus cicatrices, Sr. Lupin. Algún día podrá sacarles provecho: yo tengo una en mi rodilla y es la réplica exacta del circuito de los subterráneos de Londres.
Remus no necesita mirarse al espejo para indicar con precisión qué historia se esconde detrás de cada trazo grabado en su piel. Las cicatrices que fueron el resultado de sus travesuras en el colegio le laten con calidez cada vez que se topa con una vieja fotografía de sus amigos, o cuando la profesora McGonagall, durante un alto en las reuniones de la Orden, lo regaña con añoranza por una antigua broma en especial (ayer, fue esa vez que pintaron de rojo y dorado a los cerdos alados que coronaban la entrada al castillo; mañana, será posiblemente la ocasión en la que llenaron de escregutos la Sala Común de Slytherin). Él sabe que a Minerva esos merodeos colegiales no le molestan en absoluto y que lo único que quiere es rememorar, con uno de sus ex alumnos, los pequeños trocitos de un tiempo que seguramente fue mejor. Pero las cicatrices que son testimonio de hechos menos felices, le queman en la piel. Son como delgadas líneas de un fuego que renace de las cenizas cuando la situación lo amerita. Abre El Profeta y cuando lee la noticia de la muerte de otra familia más, el corte que tiene en la nuca le arde, como si fuera ayer la vez en que se lastimó, después de salvar de milagro a los Montgomery, junto a James Potter cubriéndole la espalda y asegurándole –garantizándole- que todo iba a salir bien. Cada vez que Dora se queda mirando, sin prisa y sin pausa,la desgarbada firma de Ojoloco en el diploma que le dieron cuando se recibió de Auror, Remus no puede evitar sentir cómo los trazos en su epidermis laten con furia e impotencia, al recordar a los amigos que fueron quedando en el camino, compañeros de lucha que sufrieron en carne propia las atrocidades del mundo.
Las huellas de todo lo malo que le sucedió parecen doler siempre, ahora. Ahora que la historia se repite y hay una nueva generación que tiene la (mala) suerte de presenciar de cerca la maldad en todas y cada una de sus formas. Remus vive la mayor parte de sus días con la preocupación borboteándole en las venas y la angustia escalándole el pecho. Ama a Tonks y la odia, la odia por ser parte de ésta guerra, y se odia a sí mismo, Remus Lupin, porque no puede hacer nada para protegerla, no puede, no es capaz, no es suficiente para mantenerla a salvo porque ella –Dora- es, igual que él –Remus-, un peón en un gran juego de ajedrez macabro. Cualquiera puede ser sacrificado.
Cuando su mujer lo despierta una mañana, con un reguero de besitos cortos por su pecho, calentando de manera agradable su piel, y le dice Despierta, Remus con emoción contenida en la voz, Remus abre los ojos y la ve, pero la ve de verdad, de forma limpia y clara, y sabe, antes que ella se lo diga con la sonrisa más bonita y sincera que le ha visto jamás, cuál es la noticia que va a darle.
-Estoy embarazada, Lunático.
Y a Remus todas las cicatrices le arden y llora, llora porque cada línea que recorre su cuerpo le recuerda que están en guerra, le recuerda que ya es la segunda vez, le recuerda que hay sangre y lucha y muerte, y no puede ser que sean padres, en éste momento. ¿Cómo no pensaron en las consecuencias de traer al mundo a un ser frágil e indefenso, justo cuando dicho mundo se rompe en pedazos? Las heridas que fueron testigos de las batallas en las que perdió a sus amigos, a James y a Lily –le tiembla el labio-, a Sirius –le da un vuelco el estómago- y a tantos, tantos más, todas esas marcas que le quedaron después del sufrimiento lo transportan al pasado y le aseguran que serán más, que otros compañeros volverán a caer. Pero, son especialmente las magulladuras y los relieves que se dibujan en el torso y la cara (por encima de la ceja derecha) las que lo desesperan aún más ante la perspectiva de tener un hijo. Son el eterno resplandor de cada luna llena que vivió. Esas cicatrices en particular le traen a la mente un niño de ocho años con la vista fija en su padre, distante y lejano, a pesar de encontrarse a centímetros de distancia. Remus se ve a sí mismo después de haber sido mordido por un hombre lobo y sin comprender por qué su padre no lo miraba a la cara. Era la vergüenza, el dolor y la culpa, que él recién ahora puede comprender, encontrándose en la misma situación que su progenitor. Esta vez no se trata de la venganza de un hombre lobo, esta vez se trata de la posibilidad de transmitirle su condición a su propio hijo y duele, igual. Y duele más, todavía, porque sabe que si la criatura que se está gestando en su esposa tiene la suerte de no ser como él, tendrá que soportar el repudio de sus compañeros y de todo aquel que lo conozca, tendrá que sufrir la humillación que, según ciertas personas, le corresponde por ser hijo de un engendro, de un fenómeno, de un monstruo. Remus ya sabe las consecuencias de que te señalen con el dedo y te digan ¡Hombre lobo!, sabe lo difícil que será transitar por la vida, encontrar trabajo y formar familia, sabe la intrincada existencia que tendrá que soportar su hijo.
Por eso es mejor que se vaya. Toma la decisión de irse, de largarse, de darle la oportunidad a Tonks para que encuentre otro hombre, mejor que él, que le pueda dar todo lo que él no; espera que conozca a alguien que sea un mejor padre para su hijo.
Tiempo después, sin embargo, comprende que el mayor error de su vida no ha sido concebir a un niño. El mayor error ha sido abandonarlos, a él y a ella, a su Tonks. Luego de discutir con Harry Potter -que más que ser El Niño Que Vivió es el Hombre que vive, piensa Remus- y después de llevar un puñado de días deprimentes pesándole en la espalda, Remus sabe qué es lo que tiene que hacer. Mientras el chorro de agua helada le cae por la cara y por todo el cuerpo, desnudo, desliza las yemas de sus dedos por esos arabescos que parecen tatuajes en su piel. Recuerda acontecimientos y personas, fechas, alguna excursión por el Bosque Prohibido, el rasguño de un perro, la primera luna llena, el filo de un cuchillo, el moretón de los golpes a mano, la sombra de un hechizo...Recuerda sus viejos sueños y sus peores pesadillas, reconoce hechos del pasado y cosas que no se permitió volver a recordar hasta entonces. Cicatrices que le hacen ser lo que es.
Al final Dumbledore tenía razón, piensa con nostalgia, las cicatrices finalmente le sirvieron para algo.
Le sirvieron para no olvidar a las personas por las que luchó. A las personas por las que lucha en esta nueva batalla. Para comprender que si no vence al enemigo interno, a sus temores internos, sus miedos más profundos, no podrá vencer a los otros enemigos que le planten cara en la vida.
Cuando vuelve a su casa y se encuentra con Dora sentada en la cocina, acariciándose el vientre que aún no ha crecido mucho, se siente más vivo que nunca. Tonks corre hacia él y le pega, lo golpea, estruja su túnica con las manos, le grita, Idiota, Idiota, y está furiosa y dolida. Se lo merece, lo sabe, y por eso la deja hacer, mientras trata de abrazarla y le suplica perdón, Lo siento, Dora, perdóname, por favor. Eso parece calmarla.
-¿Nos volverás a dejar?
-Nunca más.
Y Nymphadora Tonks sonríe. Puede sentir en su barriga unas suaves pataditas de alguien que está ahí dentro.
N/A: La frase de Dumbledore está tomada de "La piedra filosofal". Adoro a Remus Lupin, pero llegué a conocerlo más en los fics que en los mismos libros. Hay una autora de esta web, Acuatica, de cuyo Remus me enamoré y me permitió conocerlo en otros aspectos, así que en mi disclaimer tendría que decir que los personajes pertenecen a JK Rowling y, Remus Lupin, en particular, a Acuatica.
Esta viñeta es para Ilisia Brongar. Tardé demasiado tiempo en cumplir, lo sé, pero sinceramente no tenía ideas. Ahora que cayeron algunas a mi mente, espero que esto te haya gustado aunque sea un poquito. Gracias por leer, chica =)
Respondo reviews (si tienen cuenta en ff. Net, díganme así respondo por mensaje privado porque sino las notas de autor van a ser más largas que la viñeta en sí xD):
M: Gracias por comentar! No tengo idea cuántas viñetas escribiré, supongo que seguiré escribiendo y publicando hasta que se me acaben las ideas, y en la medida que tenga algo –un poquito- de respuesta, porque los reviews son como los alimentos de la musa. Sin ellos, una se desanima y por lo general afecta a la inspiración! Espero que sigas leyendo y comentando. Un beso!
Herm Black: Oh, gracias...esos comentarios tuyos son un sueño logrado xD. De verdad, dejan mucha tela para cortar. Te cuento que Hermione es mi personaje favorito, y le sigue muy muy de cerca Ron (por eso la mayoría de mis fics están centrados en ellos, je). A Hermione la quiero por lo que tú dices: por su fortaleza, su valentía, su carácter, sus decisiones. Pero también la quiero porque, por lo menos así lo veo yo, tiene también sus costados vulnerables, los momentos en que flaquea. Adoro al personaje porque esas dos cualidades (sus fortalezas y sus 'debilidades') la vuelven humana, imperfecta. Es cierto que en Las Reliquias de la muerte Rowling no se explaya mucho en el sufrimiento de Hermione después de la tortura, pero creo que eso es consecuencia de que el POV de los libros sea el de Harry; no podemos saber exactamente qué siente Hermione porque ella no es quien cuenta la historia. Yo imaginé que después de tamaño sufrimiento, después de esas líneas en las que Hermione se retuerce de dolor, algo iba quedar dentro de ella, como una especie de secuela. Y también imagino que para todo aquel que pase por una situación así de trágica debe ser difícil olvidar, por muy fuerte que sea la persona. No quiero decir que pienso que Hermione llegara a sufrir eternamente, hasta permanecer estancada en la vida sin poder salir adelante, no; para mi sí que se pudo sobreponer, pero no creo que haya sido pura felicidad: creo que algunos instantes de tristeza por lo sucedido pudo tener. Creo en las heridas permanentes que pueden dejar las guerras, y con esto me refiero a la vida misma, más allá de la ficción. Por otra parte, si hay algo que caracteriza a Hermione es –desde mi punto de vista, claro- la necesidad de aparentar siempre fortaleza, de esconder sus inseguridades. Por eso escribí en la viñeta que ella se escondía y apartaba de su familia cuando tenía esos momentos. Y ésa característica suya puede ser uno de los motivos por lo que no la vemos sufrir muchas veces (aunque muchas otras es un mar de lágrimas y desesperación, so...) En fin, esa es mi opinión. Te agradezco que seas sincera, porque a mi no me interesan que me digan "qué lindo" sólo para que no me caiga mal xD. No, si no les gusta quiero me lo digan –con respeto, obvio- y porque me sirve para mejorar. Me gustan tus comentarios porque puedo ver diferentes puntos de vista, Herm Black Y como Hermione es mi personaje preferido, seguramente volveré a escribir sobre ella, desde su POV, porque se lo merece, jeje.
Gracias por lo reviews a quienes comentaron y, a quienes, gracias por leer de todas maneras! Espero que algún día den señales de vida xD
Nos vemos en la próxima viñeta!
