Parte XII: El 'Juego de las estrellas'.

Victoria.

Tomé todo el aire que pude antes de animarme a abrir la puerta. Segundos después Jade ya estaba allí, mirándome atentamente como quiero descifrar todos los secretos que ocultaba mi alma.

-¿Qué haces aquí?.- Volví a preguntar, tímida y cohibida por su presencia en mi casa. Y es que aunque en mi cabeza gritaba constantemente que no pasaba nada porque mi padre estaba lejos de aquí, nunca se sabía. Yo tenía muy, muy mala suerte.

-Estaba preocupada por ti.- Sus palabras profundizaron a través de mi, recorriéndome, dándome aliento de una forma impensable. Ella debía de dejar de decir esas cosas... Debía parar con ello. O yo me acostumbraría a sus dulces palabras, incluso a veces me las creería... y entonces, se desataría el caos. Quizá fue por la extrañeza del tono dulce en sus palabras, o porque no estuviese colocando unas tijeras frente a mí...

-Estoy bien.- Respondí, más seca y borde de lo que verdaderamente me gustaría.

Paso su vista por todo mi yo. Desde los píes hasta la cabeza, -Seguramente estaría despeinada y con unas pintas que daba pena- examinándome, analizándome. Por un momento, me sentí como un experimento. Negué ante eso.

"Yo soy un monstruo, no un experimento."

Ella seguía en la puerta, y yo al otro lado. La barrera seguía intacta, mi felicidad y mi desdicha separadas por unos centímetros. Mi mundo a punto de colisionar. Al borde de todo. Yo estaba al filo de esa delgada e invisible línea entre la vida y la muerte.

-¿Estás sola en casa?- Preguntó de la nada y yo no pude más que asentir.

Me percaté de que su mirada estaba más allá de mi. Seguramente pensando que era extraño que una rarita como yo tuviese una casa normal. Yo quise reír a carcajadas ante mi propia declaración, pero me contuve. ¿Normal?. Lo normal está sobrevalorado. Nada es normal en este mundo. Y yo, claramente, estaba muy, muy alejada de ese concepto.

"Para mi desgracia".

-¿No ves que sí?.- Una parte de mi gritaba que estaba siendo idiota y terca, que no debía tratarla mal, porque, aunque ella quisiera esconderlo, sabía que era dulce conmigo, que no me acusaba ni amenazaba, y que, ya fuese por pena o no, ella cuidaba de mí más que nadie hasta ahora.

No después de que se hubiese preocupado por mi, no después de que hubiese tenido la voluntad de venir a mi casa... Pero así era yo. No podía dejar entrar a nadie en mí, nadie podría traspasar esas barreras -aunque ella estuviese allí, en la puerta y yo dudaba constantemente si con ella, solo con ella, podía alzar el portón y dejarle entrar- para que así, no tuviesen el poder de herirme, de dañarme, de destrozarme aún más.

-Bueno...- El silencio seguía, invadiéndonos, sin saber cómo salir de allí.

Sabía que Jade quería que le ofreciera pasar, sentarse en el sillón -o posiblemente en mi habitación- y hablásemos como amigas. Que le contase qué me había pasado, que le hablase y confesase el motivo de no haber asistido al instituto, que después hablásemos sobre... ¿moda, zapatos o chicos? -aunque siendo Jade, quizá sería mejor de cosas góticas, tijeras y amenazas, pero aún así, me encantaría-. Pero yo no era así. Yo no era como la gente esperaba, yo desilusionaba y dañaba, no cumplía expectativas.

-Creo que...- No pude seguir hablando. No podía. Las palabras estaban en mi garganta, atragantándome, quitándome el aliento, pero no podía. La punzada en mi pecho ya era demasiado grande para seguir así con él. Simplemente... era demasiado.

-¿Puedo pasar, por favor?.- Y con aquella pregunta, pronunciada con el tono de voz más lastimero que posiblemente había escuchado en el último año, hizo que mi corazón diese tantas vueltas que lo sentía en mi garganta, que todo aquel hielo que había cubriendo mi roto y demacrado corazón se derritiese.


¡Al fin volví, y aunque este capítulo es corto, prometo que habrá mucho, mucho, mucho amor!

Así que si le dan apoyo y veo que os gusto, mañana mismo subo la siguiente parte que ya la tengo escrita .

¡Gracias 3!