¡Aquí tenéis otro capítulo! Ya solo queda uno más para terminar este salseo tan dulce, y espero que lo disfrutéis tanto como yo 3


-Yo...- ¿Estaba dispuesta a dejar que mi mundo colisionara por ella?. ¿Estaba dispuesta a darle el poder de poder romperme por completo?. ¿Le daba la oportunidad de poder entrar en mi, de conocer mi lado oscuro, de verme como yo lo hacía?

Y la respuesta vino a mí, completamente sola. Rompiéndome y alegrándome a partes iguales. Ella ya había tenido ese poder desde el principio, desde el primer día que se sentó a mi lado y me dirigió aquella hermosa sonrisa burlona perlada, desde el primer día que me preguntó 'qué tal estaba', desde el primer roce, desde la primera caricia, desde la primera charla, desde el primer... abrazo. Incluso la primera vez que me mostró sus tétricas tijeras negras, según ella, sus favoritas.- Si...- Contesté, en un pequeño e inaudible susurro. Estaba dispuesta... o una gran parte de mi lo estaba.

Abrí la puerta, luchando contra mis impulsos de correr. En aquella casa se guardaba todo mi sufrimiento, lamentos, suplicios, condenas... Aquella casa, porque ni de broma se podía llamar a eso hogar, era la desdicha; pero por un segundo, por un momento, donde Jade me acarició la mano al entrar, dejó de existir todos mis tormentos, las voces llegaron casi a desaparecer, dejando mi mente en calma, y todo a mi alrededor parecía brillar.

-¿Quieres... em... algo de beber o comer?.- Ofrecí, sin saber qué decir ante tales situaciones. Si bien antes había estado en condiciones similares, con Cat o Robbin, ahora eso parecía tan lejano y borroso que no sabía como comportarme.

Ella me ignoró deliberadamente.

-¿Estás bien?.- Acarició mi brazo de nuevo, y sentí que allá donde ella acariciaba mi piel, hormigueaba en una sensación tan placentera como extraña y asustadiza. Me preocupé, al notar como antes negaba su total contacto, y ahora, casi suplicaba por él.- Estás temblando y te mueves con dificultad.

Era verdad, no lo podía negar. Estaba demasiado adolorida. Los moretones, cortes y golpes estaban tan recientes que cada vez que me movía tenía que poner toda la voluntad posible para no gritar o echarme a llorar.

-Si... solo es del resfriado.- Contesté, asegurándome de enfatizar lo suficiente en las últimas palabras para que así no tuviese que preguntar después qué me había ocurrido para no haber asistido a clases.

-¿Resfriado?.- Yo asentí, metiendo la coca-cola de nuevo en el frigorífico, para segundos después, ofrecerle la taza que tenía una calavera dibujada, consciente de que le gustaría. Ella es sádica, esas cosas iban con ella... ¿no?.- Me gusta esta taza.- Sonreí, porque había acertado por una vez en mi vida.

- A mi también.- Era negra, casi podía ver mi alma reflejada en ella

-Aunque me gustan más las que tengo en casa. Tengo una personalizada que hice yo misma y ¡madre mía!-

-¿Personalizada?.- Cuestioné, mostrando interés. Deseaba saber más de ella.

-Sip.- Se sentó en la silla del salón, y yo jadee al percatarme de que la correa de mi padre seguía allí. Ese simple objeto trajo tanto a mí, que prácticamente sentí como una ola me arrasaba.- De pequeña, en casa de mis abuelos, mi tío me enseñó a hacerlas, y como siempre me gustaron las cosas punzantes pues... Esa fue la primera que me salió bien, y quizá, en ese momento me dije que servía para algo, aunque no queria...- Intenté mostrarme atenta, porque realmente me interesaba, pero no era capaz. Me sentía abrumada.

-¿Quieres que vayamos al jardín de atrás?.- Pedí, al ver que eran las seis de la tarde y que pronto anochecería, por lo que podíamos estar tranquilas. Ella se sorprendió, seguramente no esperaba el cambio tan repentino. ¿Le molestó que no hubiese escuchado demasiado de su historia?

-Claro, vamos...- Y me sentí tan en calma cuando la saqué de mi casa que no podría ser explicado con palabras.

Ahora sí me sentía cómoda y libre para estar con ella, para hablarle, para agradecerle que se hubiese tomado tantas molestias por mi culpa, confesarle que gracias a ella últimamente me estaba sintiendo mucho mejor, hablarle del miedo que tenía, preguntarle y alejar la duda de qué era yo para esta chica, si una simple curiosidad o de verdad le importaba.

No dije nada, sin embargo, solo me senté a su lado, y la escuché hablar. La miré atentamente, y un calor emanó en mi, llenándome, haciéndome sonreír como siempre que estaba a su lado. Hablaba de como se había caído al río cuando su abuelo la llevó a pescar y que gracias a eso había conseguido pescar un pez con las manos, entre risas me confesó que su color favorito era el negro -cosas que suponía- pero que secretamente, le gustaba el rosa gracias a su madre, de como su abuela hacía las mejores tartas de queso del mundo, de sus antiguos amigos, de que le gustaría llegar a dirigir películas, sobretodo de terror, y de que le encantaba actuar... hablemos sobre infinitas cosas, y yo no pude estar más contenta. Pero algo llamó mi atención.

-¿Era?.- Pregunté, al notar cómo se refirió a su padre.

-Si...- Desvió la mirada.- Él murió en un accidente de coche...

Y todo se quedó en silencio, no sabía qué decir. Me tumbé y solo cuando miré al cielo y lo vi oscuro, tan solo alumbrado por la luz de la luna y millones de estrellas, me di cuenta de que habíamos estado tan perdidas en nuestro propio mundo de una charla eterna que no habíamos notado que había anochecido. Ella me acompañó al segundo tumbándose a mi lado.

-Lo siento...- Seguía sin saber qué decir. En contra de todo lo que suponía, ella seguía con su sonrisa ladeada, pero ahora parecía un poco más lejana y fría.

-No importa... él solo... ¿bebía mucho, sabes?.- Un escalofrío recorrió todo mi ser, asintiéndome interiormente. Gracias a la bebida empezaron los maltratos de mi padre. Por culpa de aquella maldita y mortal sustancia, mi vida se había hecho mierda.- Era de noche, y yo estaba en salón, viendo una película de miedo con mi madre. Siempre me quedaba con ella hasta que mi padre llegaba de trabajar para no dejarla sola, pero esa noche, era más tarde de lo normal, aunque no le dimos importancia...- Estaba perdida, como si estuviese hablando consigo misma.- Pero... llamaron al teléfono y... ¿Sabes qué es lo peor?. Aún recuerdo tal y como me sentí. Mis pulmones colapsaron, negándose a respirar, sentí como mi corazón caía hasta colisionar contra el suelo y desquebrajarse en miles de pedazos imposibles de unir, se me aceleró la respiración y todo se volvió negro. Pero eso no fue malo. No. Lo que era verdaderamente horrible es que yo... no podía aceptarlo. Mi cabeza gritaba que todo aquello era mentira, que él volvería dentro de unas horas...- Tomo aire. Ahora, fui yo quién reunió todo el valor que había en mi y agarre su mano, apretándola fuertemente, dándole fuerzas. Sabía esa sensación. La había vivido tantas veces... Ese nudo en la garganta que te impide respirar, que no deja sacar todo lo que tienes dentro, que te hace tener ganas de llorar pero que tampoco deja ir a las lágrimas... ese nudo que te ahoga y oprime hasta devastar todo tu ser. Se volteó, un poco sorprendido; parecía que se había olvidado de mi presencia, pues estaba perdido en sus propias palabras.- Pero... todo se acabó. Colisionó contra un camión, y se fue al instante. Estaba borracho. Muy borracho.

Mostré una mueca, y solté su mano para acariciar su brazo suavemente, queriendo decir a través de eso que lo sentía, lo sentía de verdad. Dibujé figuras inexistentes en él. Cuando vi que quería seguir continuando hablando, volví a agarrar su mano, deseándo sostenerla por si caía. Y me di cuenta, justo en ese instante, lo que significaba desear proteger a alguien.

-¿Nunca te ha pasado que cuando todo se derrumba de un momento a otro, tu mente no lo asume, y tardas un tiempo en aceptarlo?. ¿Qué lo único que se te ocurre es desaparecer y correr lejos? Justo eso me pasó a mi. Hasta que no estuve frente a su ataúd, viendo su cuerpo inmóvil, no quise ver la realidad. Ya no lo vería más. Él ya no volvería jamás. Y entonces miré a mi alrededor, a pesar de que había más gente de la que podía contar, tuve la sensación de no tener a nadie conmigo, de estar completamente sola.- Terminó, para después volver a acostarse a mi lado. Yo hice una mueca, al notar un pinchazo bastante doloroso en mi hombro derecho.

El silencio volvió, pero era ese tipo de silencios de cuando ya lo has dicho todo y no hacen falta palabras. Era sobrecogedor y agradable. Nuestras manos estaban unidas, nuestros dedos entrelazados.

-Yo...- Quise confesar, en un ataque de sinceridad. Pero el miedo podía conmigo. Jade pareció darse cuenta de ello, pues dejo de mirarme y alzó la mano que no estaba unida a la mía. Alzó su ceja y preguntó:

-¿Quieres que juguemos al 'Juego de las Estrellas' ?.- Yo la miré, totalmente extrañado.


¿Qué tal? ¿Esperaban eso de la historia de Jade /3?

¡Espero que les gustara mucho e intentaré traer cuanto antes el siguiente capítulo