Primero que nada una disculpa sé que les sugerí un maratón pero debido a mis actividades se me ha complicado, en fin mientras les traiga el final no pasa nada ¿cierto?
El lemon de este capítulo quiero dedicárselo a Angel O y también hay una escena que Simazame me sugirió hace mucho espero que recuerde cuál es.
A veces los días pasan lento, muy lento y con su lentitud miles de recuerdos y pensamientos invaden tu cabeza, Hinata tenía ese problema, había pasado una semana desde que discutió con Sasuke. Aunque había conocido la verdad esas palabras realmente no la reconfortaron, tampoco la dejaron tranquila o en el mejor de los escenarios solucionaron el problema entre ellos, ¿Qué debía hacer? Una constante pregunta que no salía de su mente puesto que con el tiempo todo lo que era imperdonable empezaba a agrietarse permitiéndole ver más allá.
Sasuke le había dicho que todo era por su bien e incluso Juugo lo apoyó al verificar que el Uchiha solo intentaba protegerla, el pelinaranja también negó que el moreno tuviera una relación amorosa con Haruno, incluso mencionó que Sasuke no parecía interesado en otra mujer que no fuera ella y aunque estuviera en desacuerdo con la manera en la cual había decidido actuar el Uchiha, le dijo que estaba seguro que él sentía algo por ella; no creía que el pelinaranja le mintiera, él era un hombre reservado y de pocas palabras ¿por qué habrían tenido una larga conversación en torno a Sasuke si no le hablaba con la verdad? Todos los argumentos que le brindó fueron buenos y le mostró una parte del Uchiha que no conocía.
¿Y entonces qué podía hacer? Estaba ya en su tercer trimestre, no quería dar vuelta atrás por las revelaciones del pelinaranja o lo que le dijo Sasuke aquella tarde, no tenía sentido hacerlo, por más que le buscara tres pies al gato lo cierto es que tenía cuatro y por más que el moreno justificara sus acciones nada podía respaldar el daño que le hizo, solo quería recuperar su dignidad, coger sus pequeños trozos rotos y buscar alguna manera de salir adelante, poco a poco estaba tomando decisiones y ya estaba decidida a no retroceder.
No tenía claro que pensaban hacer con ella una vez que diera a luz, pero ella si sabía que quería hacer una vez que eso ocurriera y su objetivo consistía volver a laborar antes de que la pequeña cumpliera un mes, moría por verla crecer en todos los sentidos pero iba a necesitar dinero, quería independizarse, volver a su vida y para aquello tendría que sacrificar ciertas cosas en la vida de la bebé, otra decisión importante tenía que ver con el Uchiha, si Sasuke quería ejercer su paternidad estaba dispuesta a llevarlo a juicio, estaba cansada de sus palabras y que solo fueran eso, que él simplemente se desapareciera no era algo que quería. Estaba débil físicamente, el embarazo la estaba llevando al límite aunado a toda la situación emocional, pero estaba segura que cuando viera a ese pequeña por la que estaba luchando tanto, sus fuerzas volverían y podría salir de todo ese bache y recuperarse a sí misma, a la persona que conocía que era y esa misma persona que había perdido el rumbo cuando el azabache entró en su vida.
Eran decisiones extremas y algo duras, pero aunque Sasuke le hubiera dicho que le dejaría a la niña y que no le haría daño, no podía fiarse, no de él, si tan fácil había aceptado salir de su vida era porque no le interesaba realmente quizás pudo sentir algo por ella pero a pesar de lo que afirmara Juugo no era lo suficientemente fuerte, además en ese tiempo que lo conocía podía estar segura que cambiaba de decisión fácilmente.
-¿Qué sucede?—Se giró para enfocar a Juugo salir de la cocina con un bote de helado, sonrió sin poder evitarlo al darse cuenta que era su sabor favorito—Helado a domicilio—El pelinaranja le dijo al sentarse a su lado en el sillón acercándole también una cuchara.
-¿Crees que podría ir a comprar algo?—El hombre frunció sus cejas.
-Te lo podría traer si lo deseas.
-Realmente es algo de lo que debo hacerme cargo yo—Dijo con un tierno rubor en las mejillas. Hace un par de días había revisado su estado de cuenta por vía electrónica y después de un par de cálculos pudo organizarse para gastar algo dinero en lo indispensable para la llegada de la niña, no sería mucho pero necesitaba empezar a prepararse.
-No creo que sea conveniente que salgas—Dijo finalmente autoritario, pasando los dedos de la mano izquierda por su cabellera naranja denotando vacilación.
-Sólo deseo ir a una tienda de bebés, Hikari pronto nacerá y no tengo nada para ella—Confesó con una mueca de tristeza, el pelinaranja sonrió barajeando sus posibilidades pero al verla tan ilusionada no pudo negarse.
Minutos más tarde ambos caminaban por el lobby del edificio, ella con una enorme sonrisa en los labios, el rostro ilusionado e irradiando felicidad, él sonriendo tenuemente y cuidándola. Sasuke que acababa de llegar al edificio observó la escena con rabia, verla en ese estado al lado del pelinaranja hizo que su estómago se revolviera, chasqueó la lengua más que incómodo.
No llevaba si quiera un par de días fuera de la clínica Oro, finalmente Orochimaru lo había dado de alta, aun tenía que cumplir ciertos protocolos y mantenerse en tratamiento pero el día anterior había regresado al departamento que ocupó al regresar de Estados Unidos después de quedarse con la tragedia y una vida solitaria. Había decidido buscar a la ojiluna, necesitaba hablar con ella de manera tranquila, tener una conversación adulta, explicarle lo que significaba para él y cómo lo afectaba y si todo salía bien le pediría que fuera con él, si quería que compartiera todos sus pensamientos con ella lo haría; pero se encontró esa escena que lo puso rígido e inundó su cuerpo con rabia y celos.
-Mierda—Se quejó al darse cuenta que ambos habían abordado el coche de Juugo, así que sin pensarlo lo siguió al instante, no podían ir a consulta prenatal de eso estaba seguro ¿y si no salían para eso a dónde iban?
Ver que se estacionaban en un centro comercial lo intrigó, su entrecejo se juntó, rodó los ojos cuando vio al pelinaranja ser inusualmente amable con Hinata, abrirle la puerta y ayudarla a descender y a ella brindarle estúpidas sonrisitas de colegiala; después con enfado vio que no la soltó de la cintura, guiándola. Entreabrió los labios soltando alguna maldición para después tensar la mandíbula, por alguna razón justificable para él se decidió a seguirlos, ellos daban pasos lentos y finalmente entraron a una tienda de maternidad y productos para niños.
A los lejos observó a Hinata tomar varias prendas para niña y apreciarlas en silencio pero al poco volvía a regresarlas, no entendía porque lo hacía si primero las tomaba emocionada y embelesada. La Hyuga tenía ese actuar debido a que eran demasiado costosas para lo que tenía en mente, comenzó a deprimirse un poco sin externarlo. Juugo caminaba a su lado en silencio hasta que de la nada decidió romperlo. Sasuke no supo de qué hablaban, desde su distancia no podía escucharlos pero en ese momento odió a su amigo como nunca antes, él iba a lado de la peliazul y ella hacía tanto que no la notaba tan feliz y ahora lo estaba con Juugo, y a él ni siquiera le permitió quedarse a su lado para que la cuidase, chasqueó la lengua no queriendo aceptar el miedo que lo recorría, ¿sería capaz de olvidarlo? ¿Querer rehacer su vida con alguien más que le diera lo que él no? No quería que eso sucediera, claro que no, pero tampoco sabía qué hacer para retenerla, él provocó todo eso y no sabía cómo retroceder sus pasos. Sasuke era consciente de cada uno de sus actos, el tiempo libre en exceso era mal amigo y al tenerlo en exceso podía reflexionar la vida que llevó a su lado y las vivencias no eran buenas para ella, actúo como un reverendo patán, incluso cuando aceptó quedarse a su lado él no bajó la guardia y seguía siendo un completo canalla ¿por qué ella querría volver a repetir la aventura?
Después de un rato salieron de la tienda sin adquirir nada con rumbo al estacionamiento, Juugo se encargó de llevar a la peliazul a tomar una agua fresca antes de llegar al auto, la veía triste y no entendía porque en la tienda estaba emocionada y sin embargo no deseo comprar nada. Otro retorcijón de rabia en el estómago del Uchiha lo invadió al verla sonreírle tan cálida y ensimismada en la plática que sostenían ¿acaso ella no debía estar en reposo? ¿Qué hacía divirtiéndose con otro hombre? Exponiéndose...
-¡¿Qué diablos hacen aquí?!—Cuando reaccionó sus pasos ya lo habían trasladado frente a ellos que se encontraban en una mesita para dos personas, disfrutando de las bebidas en ese establecimiento a las afueras del centro comercial.
Juugo como Hinata se sorprendieron de tenerlo frente a ellos pero jamás pasó por su mente cómo fueron vigilados por él.
-¿No deberías estar cuidándote en vez de andar paseando?—"Con él" tragó las últimas dos palabras y soltó lo otro queriendo minimizar los celos que sentía al verlos juntos—Al menos hasta que no expongas la vida de mi hija—Reclamó, queriendo asumir que le daba la libertad que había exigido y diciendo la primera tonta excusa que se le vino a la mente.
-Sasuke—Juugo intentó intervenir al darse cuenta que estaba siendo muy duro.
-Tú cállate, no te pago para que la saques a pasear o te conviertas en su amiguito, te pago para que la mantengas a salvo.
Hinata entrecerró los ojos lunas tratando de canalizar toda la ira que surgía en su pequeño cuerpo tras el reclamo, ese tipo de emociones no le hacían bien a su bebé y de eso estaba consciente.
-Esta bebé es sólo mía—Murmuró, haciendo que los dos hombres voltearan a verla, uno furioso y otro sumamente divertido con la actitud de la peliazul que parecía querer bajarle los humos a su amigo—Por el momento no tienes nada que pruebe lo contrario—Dijo viendo las orbes oscuras logrando mantenerle la mirada—Y no te quiero en su vida. Lo que haga o no debería ya dejarte de preocuparte... si mal no recuerdo has dado tu última palabra.
-¿Qué mierda?—Sasuke soltó exasperado, solo eso le faltaba—Es mía ¿de quién más si no?
-Si tanto quieres reclamar tu paternidad podemos vernos en la corte—Dijo segura, no sabía de dónde salió esa fortaleza si ahora mismo no tenía nada que la respaldara, pero quería dejarle las cosas en claro—Por ahora deja de aparecerte en mi vida, ¿podríamos irnos?—Esta última pregunta la soltó al pelinaranja, cambiando su actitud áspera y hostil por una más calmada, el Uchiha chasqueó la lengua con rabia dándose la vuelta, alejándose de ellos.
Volvió a su auto, necesitaba alejarse de ahí para no cometer una estupidez porque en su estado lo único que haría sería tomar a la ojiluna de la mano y llevársela a su departamento, las cosas no estaban nada bien y eso podía traerle más problemas en el embarazo, según Orochimaru no debía agitarse ni vivir situaciones fuertes, y él no sería amable en absoluto si seguía sus impulsos.
La luz del nuevo día molestó aún más su adolorida cabeza, se encontraba en la sala de su apartamento, los sillones costosos oscuros lo hicieron ubicarse, miró con desinterés el mueble que sostenía la enorme plasma y equipo de sonido a un extremo de la amplia y lujosa habitación, la alfombra grisácea ya no le parecía tan cómoda, al instante enfocó varias botellas de algún licor que le sirvió para embriagarse la noche pasada, recordando las palabras de la peliazul ¿lo estaba rechazando? Y la respuesta volvía a él enseguida, lo hizo y no sólo eso ni siquiera quería permitirle contacto con su primogénita... recordarla con Juugo le provocaba más nauseas.
¿Se habría enamorado de él? Se preguntó incorporándose para sentarse en el suelo recargándose en uno de los sillones, echando su cabeza hacia atrás sobre el asiento, intentando golpearse con la superficie blanda, si eso había ocurrido él lo había provocado, prácticamente se la puso en bandeja de plata, Juugo debió encontrar la manera para envolverla en el vulnerable estado en el cual se encontraba la peliazul, si lo sabría él que era un manipulador casi profesional.
Eso no sucedería, se encargó de ponerse de pie, se daría un baño y después hablaría con ella abriéndole los ojos.
Hinata se encontraba sola en la cocina, un momento antes había estado charlando animadamente con Anko antes de que ella hubiera ido a atender la puerta. Mientras desayunaba se sorprendió al escuchar la voz molesta del azabache preguntando su paradero, sus ojos lunas enfocaron de inmediato la puerta de la cocina y al poco al Uchiha sumamente serio pero irradiando hostilidad.
-Retírate—Le ordenó a la empleada, que miró a Hinata preocupada sabiendo que su jefe minutos antes de las ocho había salido—Lárgate—Volvió a espetar y la mujer sin saber qué hacer se fue a la habitación principal para realizar la limpieza.
La Hyuga lo miró pero de inmediato desvió la mirada al vaso de leche y al pan que minutos antes degustaba, ignorándolo, ya no quería caer en ese insano juego.
-Hinata—La llamó con hosquedad al ver su actitud— ¿Qué diablos pretendes?—Le dijo tras golpear suavemente la mesa con ambas manos poniéndose frente a ella.
-Nada, sólo deseo ya terminar con esto—Confesó sin mirarle aún, el Uchiha chasqueó la lengua.
-¿Y qué te ha prometido Juugo? –Hinata lo miró de inmediato, sorprendida de la insinuación.
-No entiendo de que hablas—Prefirió pasarlo por alto.
-¿Crees que él es tu opción? ¿Tu salvador? Nada lo ha hecho de a gratis, cada cosa que comes yo la he pagado—Hinata esta vez entrecerró sus ojos con molestia, no tenía que recordarla la carga que estaba siendo para ambos.
-Si así fuera, no es algo que me interese... nunca me he fijado en lo que pueda darme, sin embargo hay algo que si puede darme—Soltó intuyendo que el moreno podía estar celoso, no lo creía del todo pero si era así lo que iba a decir no le agradaría en absoluto.
-Serás ingenua... eres una verdadera tonta.
-¡Basta ya de ofenderme!—Dijo con los ojos aguosos y conteniendo la rabia que empezaba a subirle por el cuerpo—En tal caso mis defectos no deben porque afectarte, cada decisión que tome es pensando en mí y en mí bebé.
-Esa niña es mía—Respondió al sentirse excluido, Hinata lo miró irritada nuevamente.
-Eso dices... pero ya veremos en unos años, ¿Qué digo años? Horas. Tú no sabes querer a nadie y no dejaré que mi bebé tenga que sufrir por tu egoísta manera de 'querer'—Sasuke tomó aire violentamente queriendo tranquilizarse, no debía hacer discutir a la ojiluna, se lo repetía una y otra vez, intentando mantenerse calmado pero las palabras que había escuchado se lo complicaban.
-¿Y Juugo si te sabe querer cómo quieres? Con cursilerías y estupideces, ¿cumple tus antojos? ¿Te provoca tanto en la cama como yo?—Hinata boqueó indignada de la última pregunta, Sasuke sólo lo dijo resentido sin pensarlo tanto.
-Si, lo hace—Mintió apretando los puños siendo consciente como la mueca de suficiencia del moreno se descomponía por una cara ofuscada ante su afirmación.
-Me vale una mierda lo que hagas con tu vida si quieres quedarte con Juugo lo harás, pero en ese caso no te dejaré a la niña— Soltó celoso, mintiendo acerca de lo importante que era cada acción de la ojiluna para él y cómo le estaba doliendo el rechazo femenino, queriendo manipularla, después de todo sabía el efecto de sus palabras causarían, enseguida obtuvo el miedo que quería provocar, ella negó atontada.
-No te atreverías...—Susurró.
-No me provoques, sabes bien que representa la niña para mí...
-Y dijiste que me amabas—Lo interrumpió aprensiva. No es que lo hubiera creído del todo aquella noche pero después de escuchar la amenaza su sangre hervía de rabia ¿nunca iba a dejarla en paz?
El azabache la miró afectada y hasta ese momento reflexionó sus palabras, ¿por qué tenía que ser tan impulsivo y controlador?
-¿Y tú Hinata me amas?
Ella lo miró directo a los ojos y la respuesta tan concisa y dura que le dio al moreno lo heló.
-No—Mintió con convicción.
En ese momento fue como si todo se hubiera detenido para él, verla tan indiferente y dolida con él lo hizo sentir miedo.
-Hinata—La llamó con la voz baja, intentando aún procesar la respuesta que le dio, buscando rastros de mentiras, debió de haber escuchado mal. Ella notó que no le creyó entonces molesta no midió sus siguientes palabras.
-¿Cómo voy a amar a un egoísta como tú? Jamás te has preocupado por mí, sin tan tonta e ingenua soy no sé porque te preocupas, mi bebé no te va a necesitar, una vez que nazca yo podré trabajar y nada le va a faltar... ni siquiera un padre...
-¿Qué estupidez dices?—La interrumpió.
-Alguien más me encontrara digna...
-Basta de decir idioteces, tu vida me vale una reverenda mierda, pero la de mi hija no, ya te lo dije—Hinata sintió un golpe al escucharlo hablar así, tomó aire tragando el tremendo nudo de la garganta.
Sasuke ya no podía reflexionar una sola de sus palabras, acostumbrado a no salir herido no midió sus palabras.
-En ese caso, no tenemos nada que hablar... si es la bebé lo único que supuestamente te importa lo demostrarás con el tiempo, ahora no tienes que venir a reclamarme nada, ella nacerá y se encontrará perfectamente te lo aseguro—Cortó lo más civilizadamente que pudo queriendo que se marchase en ese momento.
-Hinata—La llamó recordando el motivo de su visita y sin tomarse el tiempo para buscar las palabras correctas se lo dijo: —Juugo solo debe estarse divirtiendo contigo, cualquier afecto que te muestre no debe ser sincero.
-¿Por qué tú jugaste conmigo crees que nadie más puede tomarme en serio? Él no es como tú.
-Hinata, ¿qué me estás diciendo?—Preguntó furioso pero al mismo tiempo temeroso.
-Que no juega conmigo y mis relaciones no te incumben, podrás decir todo lo que se te antoje pero no voy a dejar que me apartes de mi bebé y no por eso tienes derecho a decidir quién está en mi vida o quién no. ¡Ya vete y déjame en paz! Busca a Ino o a Sakura, busca a alguien más que te sirva para pasar el rato y a mi déjame en paz, ¿tienes que torturarme? ¿Es tu pasatiempo favorito? ¿Acaso no ves el daño que me has hecho ya? ¿Qué más quieres?... Si quiero querer a Juugo, si él me quiere, es nuestro problema en nada te afecta—Le dijo bajando la mirada y derramando un par de lágrimas que ya no pudo contener.
Sasuke respiró impactado ¿la perdió? No lo creía pero todo había sido claro, ella ya no deseaba más tenerlo cerca y eso había sido toda su responsabilidad, él la arrojó a otros brazos; guardaría su furia para encararla con ese supuesto amigo que lo había traicionado ¿cómo se atrevía a enamorarla a sus espaldas? Sin decir más salió de la pequeña habitación.
Hinata lloró algunos minutos dejando que el manojo de sentimientos salieran sin control, repasando en toda la conversación y en todo lo que le dijo al moreno, no se arrepentía de todo lo que soltó, él era más ruin que ella al haberla amenazado con quitarle a su bebé sólo porque la vio divertirse con Juugo en la heladería del centro comercial, el Uchiha había echado a volar su imaginación de manera exagerada, como si ella pudiera pensar con tintes románticos en esos momentos cuando solo lo amaba a él, con esa locura enfermiza que solo la rompía, ¿cómo alguien más podría entrar a su corazón? Sólo le pertenecía a él que no comprendía sus sentimientos, que no le importaba lastimarla... pero su bebé era otra cosa y no se lo iba a permitir, era justo por ella que por primera vez no se arrojaba a sus brazos buscando su compañía.
Juugo se encontraba en el estacionamiento de la empresa donde laboraba formalmente, estaba un tanto estresado porque ahora empezaba a llevar el área de 'selección de personal y contratación' y alguno que otro pendiente de la empresa de Sasuke que le concerniera, y cómo recién empezaba con el cargo tenía montañas de trabajo y miles de pendientes, cuando de pronto recibió un empujón cortesía de ese azabache, su mirada era austera y no comprendía que podía ahora haberlo hecho enojar a ese grado de desquitarse con él.
-¿Qué sucedió Sasuke?—Preguntó restándole importancia al acto agresivo.
-No seas cabrón, no te puse a cuidar a Hinata para que la enamoraras.
-¿Está enamorada de mí?—La sorpresa que denotó en su interrogante le demostró que no estaba enterado de nada, cerró los oscuros ojos al darse cuenta que todo lo referente a Hinata lo hacía actuar impulsivamente y lo estúpido que había sido esa tarde, golpeó con un puño la carrocería del auto frente a él.
El pelinaranja miró alarmado la zona donde el puño del Uchiha había impactado su auto, suspirando tranquilo cuando vio que no recibió daño alguno.
-Olvídalo—Le respondió Sasuke al alejarse.
Sin entender la escena Juugo procesó parte de sus pendientes.
-Sasuke, deberías pasarte por el apartamento tengo papeles que me firmes... ¡y toma tu medicamento!— Gritó lo último creyendo que quizás el Uchiha se encontraba alterado y confundido por la falta de éste.
El nombrado no dijo nada continuó su camino, ofuscado, necesitaba poner todo sus pensamientos en orden.
Un par de horas más tarde, Juugo en su habitación sonrió, quitándose el saco y la corbata, hace poco había cenado con la ojiluna y las palabras de Sasuke vinieron a su mente durante el tiempo que compartieron, no notaba nada diferente en ella de hecho tristemente tuvo que reconocer que ella en quién pensaba era en su amigo, se había prometido cuidarla por él siendo éste mismo quién se lo complicaba todo, no lo comprendía un día la reclamaba y otro la dejaba, sabia su manera tan hosca de actuar, desde que lo conoció se dio cuenta que no le importaba lastimar a los demás para defenderse a sí mismo y justamente era lo que hacía con Hinata, intentaba recriminarle sus miedos, sus angustias... Sasuke tendría que entender que eso provocaría que la perdiera, tenía que cambiar por sí solo porque él ya no iba a ayudarlo, estaba decidido a cuidar de la Hyuuga, aseguró quitándose el resto de su ropa quedándose sólo en bóxer, escuchó la puerta del departamento abrirse hecho que adjudicó a que Anko se retiraba y al segundo después un ruido fuerte proveniente del baño.
Sin pensarlo salió corriendo enseguida temiendo que Hinata hubiera resbalado, hace rato había escuchado el agua de la regadera así que pudo haber caído, abrió la puerta abruptamente escuchando un gritito de la Hyuuga que de inmediato se tapó sus prominentes pechos, portaba solo una braga de algodón azul y una toalla en la cabeza, sus mejillas sonrojadas por su aparición.
-Lo lamento—Se disculpó posando los ojos ámbar en el suelo donde una secadora y plancha de pelo estaban en el suelo a lado de ligas, maquillajes y demás empaques de belleza que no pudo identificar, dándose cuenta que el bote donde guardaba los artículos en el baño se le había caído causando el estruendo contra el mármol—Déjame ayudarte—Pidió omitiendo la situación bochornosa en la cual se encontraba la chica, así que comenzó a recoger las cosas, Hinata sumamente sonrojada no sabía qué hacer, Juugo parecía no haber reparado en su estado—Listo—Anunció él con el bote de cosas en sus manos e incorporándose, reparando en las manos de la ojiluna sobre sus grandes pechos, abrió sus labios sorprendido sintiendo su cuerpo reaccionar ante tal visión.
-¿Qué diablos?—Ambos voltearon al escuchar la voz de Sasuke detrás de ellos, Hinata se sonrojó aún más—Ustedes dos—Siseó envuelto en celos.
Sasuke había ido a firmar los papeles que Juugo le dijo pero al llegar Anko iba saliendo así que lo dejó entrar, se sirvió un trago dándose ánimos para buscar al pelinaranja y segundos más tarde algo lo motivó para ir a ese cuarto de ducha y se encontraba a ambos en paños menores, de inmediato dejó que su cerebro se hiciera ideas... esas ganas de vomitar volvieron, en otro momento hubiera golpeado hasta matar a su supuesto amigo. Pero lo único que pudo hacer fue darse la vuelta y salir de ahí, se sentía un verdadero idiota y el dolor que estaba experimentando en el pecho lo hizo huir.
Llegó a su auto y se montó comenzando a conducir a grandes velocidades y cuando se sintió lo suficientemente lejos se estacionó a lado de la calle y golpeó los puños contra el volante, pronto se dio cuenta que estaba fuera de su edificio. Bajó del auto aún hecho una furia necesitaba encerrarse en su mundo, ese donde nada le lastimaba, había hecho bien al no dejar que nadie entrara en su corazón, se sentía acabado, las palabras de Hinata negándose a él le habían dolido, pero verla así con Juugo lo había destrozado, sentía que hasta el aire le faltaba, sus pies no tenía una maldita idea de cómo se movían, se sentía débil, descoordinado y su pecho se estaba desgarrando por dentro, las palabras eran una cosa porque dentro de sí se negaba a aceptarlas pero una imagen, ¿cómo podía refutarla?
-Maldita sea—Bufó apenas el ascensor se abrió, se encaminó a su departamento, golpeó la puerta y ésta se abrió por el impacto, se adentró tomando la mesa de centro tirándola a un lado descargando un poco de la furia y decepción que lo corroían—Mierda se quejó y pateó parte de las botellas del suelo, localizando cada adorno que pudiera servirle para desahogar su rabia y dolor.
Hinata enfocó la puerta enseguida al ver que se abría, Juugo entraba sólo, únicamente portaba el pantalón de vestir y ella estaba envuelta en una toalla que agarraba firmemente a lado de uno de sus senos era evidente que se encontraba nerviosa en medio de aquella sala donde había estado caminando en círculos esperando que volvieran, al verlo regresar sólo un estremecimiento la recorrió, no supo si habían peleado, lo último que quería era causar algún conflicto entre ellos, fue evidente lo que Sasuke pensó, recordar su rostro desorbitado, incrédulo, molesto y asqueado; la hizo sentir peor, debería no tomarle importancia pero observarlo lastimado le dolía más que lastimarse a sí misma.
-Se fue, ya no lo alcancé, no te preocupes...—Hinata movió su cabeza consternada y sus mejillas se tiñeron de rojo.
-Debo ofrecerte una disculpa... yo—Juugo la observó en silencio, procesando la actitud de la chica y escuchando sus susurros afligidos—Él cree que... fue mi culpa, no le explique y lo deje creer que tú y yo... se lo afirme—Unas lágrimas brotaron de los ojos lunas, en ese momento él pudo entender la pregunta del Uchiha unas horas antes.
-No te sientas culpable, Sasuke, tarde o temprano lo entenderá...
-¿No viste su cara?—Cuestionó sin pensarlo, recordando esa mirada decepcionada y lastimada.
-Hinata, Sasuke...
-Habla con él, por favor—Pidió entre lágrimas apretando con su mano derecha temblorosa la unión que le permitía cubrirse con la toalla.
-No puedo hacerlo, si voy a buscarlo ahora él no va a escucharme, es mejor que se tranquilice pero no te preocupes lo haré y le explicaré, no debes exaltarte le puede hacer mal a la niña ¿no?
Hinata asintió apenada, pero incapaz de sentirse mejor... intentaba decirse que no debía preocuparle lo que el Uchiha pensara de ella o lo que sintiera, pero no podía, su pecho dolía y hacia que llorara sin parar, se fue a su cuarto buscando intimidad, se encontraba abrumada ¿cómo todo se salió de control?
-Está borracho—Sasuke escuchó la voz de Suigetsu al mismo tiempo que era levantado de los escombros de lo que fue su sala.
-Parece que apenas se había dormido—Escuchar lo voz de Juugo, lo hizo intentar librarse de los agarres para sostenerse solo.
-¿Qué haces? Te vas a dar en la madre—El peliazul volvía a hablar, intentó decirle a Juugo que era un maldito cabrón traicionero pero su voz no salió ninguna palabra coherente.
Juugo le había pedido a Suigetsu que fueran a buscarlo, era martes y bastante temprano pero quería que solucionaran el malentendido del día anterior, no por él sino por ella que la veía desconsolada, pero apenas llegaron al departamento se encontraron con la puerta abierta y un descomunal desastre: el azabache tirado en un rincón dormido, pero sus manos lucían heridas y él apestaba a alcohol, con desagrado tuvo que reconocer que Hinata le importaba realmente, pero él ya no estaba dispuesto a ceder tan fácilmente al menos que él hiciera lo correcto y la protegiera debidamente.
Obligó a Suigetsu hacer la limpieza a su lado, ignorando las múltiples quejas, después de un rato el peliazul lo abandonó con el desastre quejándose como siempre, él omitió el hecho terminando de recoger la basura. Después de tres horas volvió a la habitación del moreno. Sasuke despertó por el ruido y aún ebrio intentó procesar todo, cerrando los ojos enseguida.
-Eres un idiota Sasuke—Juugo le dijo al creerlo aún dormido—Enserio no te la mereces—Le dijo al verlo aún rendido en la cama, suspiró cansino y decidió dejarlo solo. Ya después tendría el tiempo para aclarar el malentendido.
Era tarde y la ojiluna había estado anclada a la sala esperando el regreso del pelinaranja, volvió a frotarse las manos con impaciencia y dejó que los recuerdos volvieran, resopló angustiada; no podía sacar de su mente la cara del azabache, la ceja arqueada, los ojos negros muy abiertos demostrando cada emoción que lo recorrió en ese instante, la fina línea que había formado con los labios, la palidez de su rostro, los músculos tensos, cada parte del cuerpo masculino le demostró lo que estaba pensando.
Lo mejor es que él pensara que había rehecho su vida, ¿pero por qué no se sentía así? ¿Por qué si la había visto con otro hombre malinterpretado una situación no estaba satisfecha? Ella lo vio con otras y se le rompió el corazón como a él... los labios femeninos se abrieron sorprendidos ante tal conclusión, Sasuke no pudo fingir al respecto, su sorpresa y dolor se debía más que a un acto celoso o posesivo... lo lastimó y pudo verlo, por eso le dolía el pecho con los recuerdos ¿y para qué seguir negarlo? Tenía miedo de que él no volviera a buscarla, que la dejara seguir sola, que la sacara de su vida.
Tenía miedo porque a pesar de que el cuerpo le exigiera que le diera una explicación simplemente no lo haría, no iría ella a aclararle el asunto, porque aunque le dolía haberlo lastimado, también le dolía lo que él le hizo a ella.
La puerta del apartamento se abrió a las 6:48 de la tarde, los ojos lunas enseguida vagaron buscando al Uchiha, apartó la mirada apenada de sus deseos y de la misma manera sintiendo incomodidad por sus anhelos.
-Hinata—La llamó deduciendo que lo había estado esperando—Sasuke estaba borracho, no pude hablar con él.
-¿Borracho?—Cuestionó aturdida.
-Si— Juugo se sentó en el sillón observándola detenidamente, se veía preocupada y culpable—A lo largo del día le estuve llamando pero no respondió, le deje un mensaje hace una hora... no sé si sigue ebrio o simplemente no quiere responder —El suspiro acongojado de la fémina lo abatió.
-Entonces no quiere hablarnos, lo lamento Juugo—Se disculpó con la voz entrecortada, sabía que había afectado la amistad de ambos y se sentía mal por el pelinaranja, pero la opresión en el pecho le estaba doliendo mucho más, casi cegándola y no permitiéndole disculparse con él cómo debía tras haber dañado una amistad de años.
-No tienes por qué disculparte, sobre Sasuke, te diré una cosa, si él no viene hacia ti y se disculpa no te merece, él es quien debe disculparse—Expuso antes de dejarla sola.
Sasuke ignoró la mirada ensoñadora de las mujeres a cargo de esa tienda de artículos para bebés, caminaba con desinterés viendo la gran cantidad de cosas que podrían comprarse para un bebé, cosas que ni siquiera podía adivinar su utilidad.
Había pasado cuatro días desde que se había emborrachado hasta perder la razón, el tiempo que vino después no fue bueno estuvo bastante afectado creyéndola perdida y cuestionándose si realmente Juugo había estado ahí, pero sabía que Suigetsu no habría limpiado su desastre y si hubiera sido la limpieza del edificio obtendría un reporte.
Estuvo buscando explicaciones, razones, luchando con sus conclusiones, intentando procesar todo lo que vio e incluso recordando las palabras de Juugo cuando se marchó del apartamento, durante esos días en soledad y sumido en el dolor y la rabia. Sasuke sabía mejor que nadie que no la merecía, pero si le había dicho eso era por una razón, él tampoco la tenía, tenía que ser racional, se repitió miles de veces varias teorías y finalmente lo entendió.
Hinata no sería imprudente. Acostarse con Juugo cuando eso podría ocasionar problemas no era una acción que elegiría la peliazul ¿pero y si la pasión los desbordó? Ese día, en ese baño ella se veía todo menos excitada, lucía abochornada con el pelinaranja ahí, la mirada que le dedicó fue de ayuda, de miedo, de preocupación... aunque hubieran estado en ropa interior, eso no tenía realmente tintes sexuales, conocía a la Hinata pasional y esa que vio, no era, todo debió ser una jugada de su mente se dijo a sí mismo, quizás un evento desafortunado, ¿pero cuál?
-¿Busca algo en especial?—Una rubia, que en su credencial mostraba el nombre de Hani le preguntó, no buscaba nada en especial pero recordaba que Hinata quería comprarle cosas a la bebé, o eso le pareció, entonces esa era una buena excusa para verla.
Por un momento sospesó la pregunta, sabía que necesitaba lo necesario para la llegada de un bebé y era tentador solo pedirlo y que la empleada se encargara, pero tras hacer una mueca sabía que era incorrecto, su pequeña Hinata merecía que su padre le diera su atención, la Hyuuga no se encontraba en la mejor forma para que se encargara de las compras y si también podía evitar que volviera a salir con Juugo lo haría, sabía bien que había empezado a negarse a una que otra atención por parte del pelinaranja gracias a los mensajes que le dejó el miércoles los cuales ignoró deliberadamente.
Se colocó unos cuántos dedos en el puente de la nariz y suspiró con molestia, quizás si le compraba lo necesario para un par de semanas después Hinata podría comprar lo que deseara. No le respondió a la chica que desdibujó su sonrisa al ver que era nuevamente ignorada, en cambio él empezó a ver la ropita y mientras lo hacía una perceptible sonrisa se posó en los labios al seleccionar conjuntos de ropa acordes a una recién nacida mismos que le extendía a la mujer llenándola con estos.
-¿Qué más se supone que necesito?—Le preguntó al verla depositar la ropita en un carrito.
-¿Va a tener una bebé?—Interrogó con cierto tinte de decepción y de envidia para la mujer que fuera la madre.
-Si.
-¿Tiene algo ya? Aparte de ropa—Le cuestionó mirando hacia el carrito de compras.
-No—Fue conciso, no sabía qué podía tener Hinata pero las compras que hiciera para su pequeña no estarían de más.
-Bueno, la ropa, las cobijas y cobertores son importantes, además de los artículos de limpieza—La mujer fue hablando y explicándole ciertas cosas y el azabache se vio a tentado a meter todos los artículos para no errar, pero decidió seguir las recomendaciones de la chica y de esta misma manera solo llevar lo necesario.
Estar fuera del departamento de Juugo repleto de cosas, no era exactamente lo que deseaba de hecho se sentía avergonzado pero también anhelaba volver a verla, no tenía claro cómo iba a abordar todo lo ocurrido, ella no querría hablarlo seguramente, él necesitaba una explicación que le devolviera el alma al cuerpo pero no podía exigirla estaba consciente.
Quizás comprar todo eso no había sido más que un sucio pretexto para verla y ablandarla, lo sabía bien, la bebé era algo que la hacía abrirse o cerrarse abruptamente, además estaba al tanto que su amigo no se encontraba en casa, era algo así como si deseara verla a solas sin que nadie se enterase de su debilidad, bufó y tocó el timbre para no permitirse arrepentirse, al poco lo recibió la empleada doméstica mostrado en su rostro sorpresa tras inspeccionarlo.
-¿Hinata?—De inmediato le preguntó, adentrándose.
-En su habitación—Respondió la mujer y él ya no espero más indicaciones.
Le importó poco llamar a la puerta, deseaba verla ya y no quería arrepentirse de esa decisión. Al enfocarla a lado de la cama con una toalla en la cabeza, el rostro sonrojado y asustada por la intromisión, las manos posadas en los senos cubriéndolos y una braguita de encaje negro; no fue exactamente lo que planeaba encontrar, joder lucía hermosa, en otra época hubiera dicho que una curvatura en el abdomen de una mujer en absoluto podría ser sexy pero tras verla así reconocía lo equivocado que se había encontrado.
-¿Qu-qué haces aquí?—Hinata juntó todas su fuerzas para cuestionarlo.
Los ojos lunas lucían expectantes, y una emoción vino enseguida aún abrumada de que irrumpieran en la habitación de esa manera, había estado colocándose crema así que no esperó ser descubierta en paños menores, al poco su ceño se frunció con sorpresa al verlo cargar bolsas de compras de lo que parecía una prestigiosa tienda de bebés, su mirada se llenó de cierto tinte de ilusión, el Uchiha lleno de ese tipo de bolsas lucía tan tierno y sexy a la vez, agitó su cabeza queriendo alejar esos pensamientos inapropiados, cuestionándose del motivo de la visita y por eso mismo poniéndose tensa.
El azabache pasó saliva, tenía unas ganas enormes de quitarle las manos de los pechos y poder verlos, incluso mamar de ellos, tenía unas malditas ganas de poseerla, proclamarse como su hombre, se sentía tan duro pero lo que hizo fue dejar las compras a un lado de la puerta y cerrar la misma detrás de sí y caminar hacia la peliazul que instintivamente retrocedió un par de pasos.
-¿Sasuke?—Lo llamó y su nombre le sonó a una descarga de éxtasis directo a su ya duro miembro.
Tenerlo frente a ella tomándole el mentón con delicadeza para que lo mirase la agitó, y no pudo mentirse necesitaba el olor masculino que él irradiaba, su calor; la boca se le secó con la situación, ahora fue ella quién pasó saliva intentando que sus palabras brotaran, intentando mantener sus pensamientos y la decisión que había tomado, lo cierto es que cuando el azabache se inclinó rompiendo las distancias, tocando sus labios con brusquedad cedió, lo recibió y se unió al choque de sus labios, a ese movimiento brusco pero al mismo tiempo sutil en el cual se estaban envolviendo, ¿y entonces qué podía importar?
Sasuke aprovechó que bajó la guardia para quitarle las manos de los jugosos pechos logrando acunarlos entre sus manos, ella gimió ante tal descarada caricia y él sonrió malicioso reconociéndolos, habían varios cambios en ellos desde su tamaño a la nueva textura que descubrió tras apretarlos.
-Son más grandes—Le susurró en los labios, ella coloreó por completo su rostro.
-Sasuke— volvió a llamarlo intentando recuperar su cordura y alejarlo de su cuerpo posando sus manos encima de la ropa que cubría el abdomen masculino.
Él posó sus grandes manos en la espalda baja de la chica causándole un escalofrío de placer, involuntariamente jadeó, enserio quería recuperarse pero cada roce por más tenue que fuera estaba lleno de placer, sabía que no debía por sus decisiones e incluso por su estado, pero al ver como él comenzaba a desabotonar la camisa azul que portaba descubriendo la perfecta anatomía que poseía robó sus fuerzas, se quedó expectante observando como él se libraba de esa prenda, apreciando los pectorales y rectos del abdomen mucho mejor trabajados, él la tomó de las mejillas introduciendo de un golpe la lengua acariciando su paladar, el interior de sus mejillas, su propia lengua y ella se perdió, acarició el torso del moreno queriendo pegarse a él aunque su abultado vientre no era de mucha ayuda.
No tiene muchos recuerdos de cómo el moreno terminó sin ropa sentado en la cama con ella encima también desnuda, la espalda femenina podía sentir el calor que emanaba el pecho masculino, su vientre no les permitía estar tan cerca como querían y esa fue la posición que encontraron para poder estar piel con piel, él masajeaba sus pechos, acariciándolos con desespero pero a la vez con cuidado, besaba su cuello con ansias y una delicadeza experta succionándolo, dejando saliva y lo cierto es que el roce de sus propios sexos los abrumaba empujándolos a saciar la necesidad que los invadía.
-Estas muy mojada—Gruñó el azabache disfrutando de cómo su miembro acariciaba esa zona prohibida sintiendo la humedad y lo resbaladizo de ese pasadizo.
Hinata jadeaba mientras él jugueteaba frotándola con su virilidad. Sentir como el hinchado glande abría sus pliegues la hizo gemir, sentir como se adentraba abriéndola a su paso la hizo apretar los puños envuelta en el deseo, en satisfacción, quería mucho más, más adentro pero al sentirlo topar con su fondo y ese delicioso y torturante placer inundarla jadeó asustada.
-Detente—Le ordenó, Sasuke al notar la voz asustada obedeció buscando su mirada, sumergiéndola en esos pozos negros que destilaban deseo—No deberíamos estar haciendo esto—Le dijo apenada levantando sus caderas intentando no perderse en el apuesto y necesitado rostro expectante, aunque él fue más hábil y tomándola de los costados la volvió a sentar de golpe robándole un gritito de satisfacción mezclado con sorpresa, él no pudo soportarlo y gruñó extasiado—Sasuke, no—Volvió negarse volteando a verlo, deseando tener las fuerzas necesarias para frenarlo.
-¿Por qué no? Ambos lo necesitamos, además mi polla resbala sola en ti.
-No—Susurró ella pero sin convicción sentir los leves movimientos del moreno le estaban robando la cordura, ¿cómo podía negarse a lo que tanto anhelaba? Por un momento se cuestionó cómo había terminado en esa situación, pero el calor le robó todo pensamiento haciéndola concentrarse en el miembro masculino que se movía delicadamente dentro de ella.
-Si mi amor—La contradijo y siguió moviendo sus propias caderas para tomarla—Te amo tanto—Le susurró en el oído con la voz envuelta en el placer—Te he necesitado tanto—Le confesó antes de buscar los labios femeninos y tomarlos, fundiéndose en un ardiente beso donde ambos lucharon por demostrar todo lo que sentían.
La ojiperla llevo sus manos entre sus pechos disfrutándolo, sabía que no debía pero no podía retroceder, las palabras recién escuchadas la llevaban al mismo cielo, porque de alguna manera sentía que no era la única que se sentía sola y necesitaba del otro y eso de cierta manera la curaba.
-No—Se negó nuevamente pero lo cierto es que aparte de decirlo débilmente nada más hacía para impedirlo, se dejaba hacer, sentir las manos masculinas en sus pechos, vagando por su abultado vientre acariciándolo e incluso masajeando su hinchado clítoris no ayudaban en nada a su nublada convicción.
Él por su parte le contratacaba diciéndole que "si" o soltando una que otra risita en su oído mismas que la estaban volviendo loca. Sentía las penetraciones tan profundas, era cómo si nunca habían estado lejos, cómo si fuera un acto natural para ellos, sus cuerpos sabían exactamente a dónde ir juntos.
-Ya casi—Dijo Sasuke con la voz ronca, en esos momentos se odiaba por no poder aguantar más, ya no sabía si era por su condición médica, por su deseo, por la abstinencia de los últimos meses, pero lo cierto es que no tardaba en correrse—Vente conmigo mi amor—Le pidió, la vio negar con su cabeza divirtiéndolo, volvió a levantar la pelvis dando otra profunda estocada y soltó su semilla junto a un gruñido.
Hinata gimió sintiendo esa calidez inundarla llevó las manos hacia el frente sosteniéndose mientras el moreno recargaba todo su peso en la cabecera de madera de la cama, con la cabeza echada hacia atrás su respiración errática y esa enorme calma pero al mismo tiempo alteración que le provocó su reciente actividad, la ojiluna llevó su mano izquierda entre sus pechos con cierta culpabilidad.
-No debimos—Susurró, Sasuke juntó todas sus fuerzas para inclinarse sobre ella y besarle el cuello.
-Para de decir esa mierda—Le soltó en el oído, porque de algo estaba seguro ella lo deseaba tanto como él, estaba tan húmeda y receptiva que aunque no la hubiera hecho llegar había sido suficiente, la abrazó a la altura de sus pechos volviendo a acariciarlos, ahora con caricias leves, lamió su espalda y ella se estremeció sintiendo como el miembro del Uchiha parecía querer volver a despertar.
-¡Basta!—Gritó empujándose más hacia adelante sacando al moreno de su interior—Le puede hacer daño a la bebé.
-¿Qué?—Le preguntó con aspereza, ¿por qué amarla cómo lo hacía podía causarle daño a la niña?
-No debimos—Volvió a decir la peliazul con la respiración alterada, algunos mechones de su flequillo pegados a su frente, intentando identificar algo anormal en su cuerpo, lo cierto es que no sabía que sentía, sólo podía identificar el deseo corriéndole por las venas, pidiéndole que se acurrucara en esos fuertes brazos, ansiosa por decirle que él era el único que estaba en su corazón y con unas ganas inmensas de retenerlo a su lado.
Sasuke se acercó a ella de manera sugerente al querer hacerla llegar.
-¡No Sasuke!—Volvió a gritarle cuando lo sintió acariciar su intimidad, él arqueó una de su cejas inconforme.
-Estas tan caliente, mírate ¿cómo puedes decir que no?
-Porque me importa la bebé—Debatió molesta y dándose ánimos para mantenerse firme aunque sin saber por qué con ganas de llorar, malditas hormonas jugaban con sus emociones en los momentos menos esperados, vio la cara del moreno tornarse seria e incluso preocupada—Se supone que no debo tener sexo—Recalcó, luchando por no llorar—Eso podría causar que la placenta se desprendiera.
-¿Estás bien?—Preguntó sumamente culpable, ahora que lo decía ella todo volvía a enfriarse, se suponía que ella debía estar en reposo el mayor tiempo posible y tal como ella lo dijo sin sexo, joder ¿cómo lo olvidó?.
Ella negó con la cabeza, no sabía qué sentía sólo no se sentía bien.
-¿Quieres que te lleve al hospital?—Ella lo miró asustada y negó.
-No me siento mal por eso—Confesó, al menos creía que no habían provocado nada indebido pero estaba molesta consigo misma ¿cómo volvía a caer con él? ¿Por qué no podía negarse? Ni siquiera hablaron, fue solo contacto físico.
-¿Segura?—Él volvió a preguntarle seco pero atento a ella, en cada reacción que tuviera. Dentro de sí se sentía un total imbécil, se dejó llevar sólo por su calentura y no pensó en nada más... así era todo con ella siempre terminaba perdiendo el control, tenía unas ganas enormes de marcharse para soltar su furia contra sí mismo y lo hubiera hecho pero se sentía inseguro de dejarla sola.
Hinata limpió una lágrima que quería escapar, tratando de analizar todo más fríamente, sentada en la cama volviendo a cubrir sus pechos con sus manos, un tanto avergonzada.
-¿Qué haces aquí?—Le preguntó atreviéndose a mirarlo, lo vio molesto y eso la cohibió apartando la mirada posándola al frente mirando las bolsas sonrojándose levemente.
-Te traje eso—Señaló con el dedo índice sin mostrar interés, apenada se levantó tomando la toalla que antes había traído en su pelo envolviendo parte de su cuerpo, la montaña rusa de sentimientos volvía invadirla, esta vez feliz, como un niño en navidad o día de reyes, se acercó a las bolsas con entusiasmo provocando que el moreno arqueara una ceja y esbozara una simple sonrisa apenas perceptible en sus labios.
Ella por su parte empezó a ver dentro de las bolsas sacaba una que otra ropita y la miraba deslumbrada, volviendo a guardarla para seguir viendo el contenido de las demás, él miraba la escena satisfecho pero también culpable, ¿hasta dónde sería capaz de perder los estribos con ella? Comenzó a vestirse en silencio escuchándola exclamar "qué hermoso, es una cosita, esto está divino" y demás comentarios que lo hubieran hecho esbozar sonrisas sinceras pero con su actual estado de humor diciéndole que era un imbécil con ella en todos los sentidos simplemente no podía, al arremangar su camisa caminó hasta la puerta saliendo de la habitación sin decir nada, fue hasta la cocina donde encontró a la empleada mirándolo con cara de pocos amigos.
-Será mejor que estés al pendiente, si llega a ocurrir algo llévala a este hospital—Dijo mientras escribía en el pequeño pizarrón en el refrigerador, anotó su número de celular junto a su nombre—Márcame estaré al pendiente o a Juugo—Indicó saliendo del apartamento.
En la habitación Hinata mordió su labio inferior y después de un par de minutos decidió ponerse de pie, deseaba agradecerle y aclarar las cosas pero tras no verlo le importó poco que solo trajera una toalla y que pudiera Juugo llegar a verla, en realidad fue algo que ni siquiera pensó, salió hasta la sala en su búsqueda y Anko salió al poco de la cocina.
-¿Y Sasuke?—Se atrevió a preguntarle en un susurró de voz mientras sus mejillas se coloreaban, al darse cuenta que la mujer evaluaba su estado, no era para menos su cabello despeinado, esa toalla apenas cubriéndole lo necesario y lo poco que alcanzó a escuchar de sus gemidos; Anko no era mala, pero por alguna razón creía que ella en realidad era novia de su jefe y eso la descolocó.
-Se fue hace un rato.
Ver la cara que puso la peliazul la hizo fruncir el ceño, parecía a punto de ponerse a llorar y sin decir nada la ojiluna se dio la vuelta volviendo a su habitación, se sentía como una niña pequeña, se dejaba ilusionar fácilmente, peor aún parecía que él llegaba y todo lo olvidaba, se dejaba hacer, dejaba que hiciera lo que quisiese con ella y Sasuke se iba sin más, no era la primera vez, incluso debería ya estar acostumbrada pero lo cierto es que no podía y obviamente no era algo a lo cual ella debiese acostumbrarse, apenas cerró la puerta de su habitación y se tiró en la cama a llorar, reprochándose de mil maneras su actuar, no sólo por su dignidad había puesto en peligro a su bebé, por él, él que parecía solo buscarla cuando tenía ganas.
Se vio tentada a tirar la ropita de la bebé, ya no quería nada de él, en cierto momento llegó a pensar que hubiera sido como si él le hubiera pagado por el sexo con ropa y artículos infantiles, pero no podía ser tan mezquina o al menos no quería verlo de aquella manera. Además aunque odiara reconocerlo la ropa y las cositas que llevó el moreno eran hermosas, a la bebita seguro se le verían encantadoras y después de todo eran para ella.
Al caer la tarde, se encontraba en la sala escuchando la tele, su cabeza se encontraba en otro lado para ser precisos en el momento que compartió con el Uchiha, la forma en cómo la había tocado, cada caricia que repartió en su cuerpo, los besos apasionados y tiernos de los que fue víctima, cómo le susurró que la amaba; aunque había sido una entrega apasionada, fue hacer el amor, no podía negarse ante tal realidad, ¿habría ido solo a dejarle la ropa? No, ella sabía que no era así, había algo más oculto, no era tonta y con una sonrisa melancólica concluyó que quizás quisiera volver a hablarle de sus sentimientos, no podía tener la certeza de tal conclusión pero ¿sino de qué más?
Cómo deseaba que así fuera, que él realmente la quisiera de verdad pero por más que lo ansiara no podía negarse a la verdad y ante tal confusión y tormenta de sentimientos no sabía qué creer y qué hacer. En el momento preciso ella no se percató del cambio del Uchiha y ahora que repasaba todo más tranquilizada, había tenido un cambio en su actitud después del acto y ella al estar tan ensimismada en las cosas que llevó no se percató, ¿se habría ido queriendo alejarse por voluntad propia o había sucedido algo que lo obligó a marcharse?
¡Cómo odiaba esa parte de la personalidad del Uchiha! Si tan solo se hubiera despedido, quizás hubieran podido conversar y aclarar las miles de cosas que tenían pendientes, sobre todo lo último que lo lastimó.
Justo a las seis Juugo llegó, después de un escueto saludó él pudo darse cuenta que nuevamente la chica lucía cabizbaja, así que se sentó cerca de ella pensando en cómo levantarle el ánimo pero aunque fuese psicólogo con ella le costaba entablar algún tipo de conversación, la miró de perfil lucía bella como siempre, sonrió al aceptarlo y bajó su mirada apreciando toda su silueta, pero una marca roja tornándose morada en su cuello lo distrajo.
-¿Qué es?—cuestionó incrédulo, no podía ser un chupetón debía ser otra cosa pero al acercarse incluso descubrió más marquitas.
Ella llevó su mano al cuello intentando cubrirlo y se alejó levemente, poniéndose completamente roja y poniendo en el rostro una mueca de culpabilidad.
-Yo—Hinata respondió nerviosa, entonces Juugo se atrevió a observarla más, gran error, el escote de la blusa lila de maternidad dejaba ver otras tres marcas en el nacimiento de los pechos, su estómago se revolvió solo de presenciar aquello—Iré a mi habitación—Hinata apenas escuchó el murmullo sin tomarle mucha importancia y más bien respirando aliviada por quedarse sola.
Él no era tonto sabía bien que eran, pero no podía creerlo ¿acaso ella y Sasuke se habían visto? Caminó hasta la cocina dispuesto a averiguarlo.
-Si, el joven vino por la tarde creo que a dejarle cosas para la bebé—Le respondió la mujer a la pregunta que le hizo su jefe "¿Sasuke estuvo aquí?".
-¿Ha venido más ocasiones?—Preguntó incrédulo, ¿cómo no se había dado cuenta de nada?
-No, yo también me sorprendí—La mujer deseó confesarle que estuvo a solas con Hinata y qué estuvieron haciendo, pero se dio cuenta que ese no era su deber aunque su lealtad estuviera con él—Siempre viene con usted, solo hoy sólo.
-Mierda—Lo escuchó soltar y ella lo miró con sorpresa. Él era un hombre muy calmado pero pudo apreciar en su rostro molestia y celos, se sintió más culpable al saber lo que habían estado haciendo ese par— ¿Qué diablos pretendes?—Lo oyó murmurar, hizo una pequeña mueca al verlo salir de ahí.
La pasional reconciliación fue fácil de deducir, pero tras aceptar el hecho, los celos lo abrumaron. Juugo solía ser muy racional, no solía meterse en las decisiones del moreno pero esto último lo hizo perder el control, sabía que en cierta manera la ojiperla le pertenecía a Sasuke, pero él no le hacía el debido caso hace meses. Juugo tuvo que lidiar con verla triste y hacerla sonreír, cumplirle antojos, estar al pendiente que todo estuviera bien, incluso de llevarla al médico ¿por qué volvía a reclamarla a sus espaldas? Simplemente no lo pensó y sacó el móvil marcándole al moreno, deseando reclamarle, después de todo inconscientemente las acciones que realizó por ella le gritaban que ahora era suya.
-¿Hinata se encuentra bien?—Fue lo primero que escuchó cuando el Uchiha respondió al segundo timbre de su llamada.
Sasuke desde que se había marchado había estado sumamente preocupado por ella pero estaba demasiado furioso consigo mismo, ¿cómo podía decir que la amaba cuando no la cuidaba debidamente? Pero eso hacía, la amaba con una locura enfermiza que solo terminaba haciéndole daño.
-¿Qué mierdas pretendes?—Juugo le soltó furioso, Sasuke frunció el entrecejo.
-¿Ya la llevas al hospital?—Regresó preocupado casi saliendo del apartamento.
-Decídete de una maldita vez pero deja de jugar, y si te vas a quedar con ella llévatela de aquí—Amenazó.
-¿Qué te pasa?—Le preguntó el moreno bajando al estacionamiento, pero empezando a darse cuenta que al parecer la ojiluna debería estar bien.
-Seré claro Sasuke, estoy interesado en Hinata y no me parece que vengas y te la tires en mi propia casa mientras yo soy el que cuida de ella—El nombrado esbozó una sonrisa burlona, pero al mismo tiempo molesto ante tal revelación.
No me odien please! Pero me encanta que Sasuke sea tan malo, además él no lastima a Hina con ese deseo, le sale solito yo lo veo como una persona muy impulsiva cuando sus sentimientos lo abruman, en ese sentido muy pasional jijijj...
