"El temor a la guerra es peor que la guerra misma"

Séneca

Belleza

Lavender Brown siempre fue una chica coqueta. Es conciente de su atractivo y se preocupa por mantenerlo. Sabe que su cabellera rubia es la envidia de muchas jóvenes, que su nariz perfecta es el modelo ansiado de todo cirujano plástico y que su cuerpo esbelto y curvilíneo es el centro de atención de muchas miradas masculinas. Demasiadas.

Durante su primer viaje en el Expreso de Hogwarts, mientras caminaba por los abarrotados pasillos de los vagones, arrastrando su baúl con dificultad, se tropezó con dos niñas morenas y largo cabello trenzado, una exactamente igual a la otra. Después de las disculpas de rigor, Lavender notó que a una de las chicas se le había caído una revista al suelo, y cuando se agachó para tomarla descubrió que se trataba de la última edición de Corazón de Bruja.

-¡Chicas! Se les cayó esto.

Cuando las gemelas se voltearon a verla, tuvieron reacciones completamente dispares. Una de ellas, la que era aproximadamente dos centímetros más bajita según el ojo crítico de Lavender, soltó un bufido y murmuró algo así como 'estúpida revista'. La otra, reparó en la mirada interesada de Lavender, clavada en la portada de la publicación, y sonrió.

-¿Lees a la Corazón de Bruja?

-Mi madre la recibe todos los meses por correo vía lechuza. Estamos adscritas a las publicaciones.

-¡Yo también!

Y ése fue el comienzo de una larga amistad con Parvati Patil.

Lavender se preocupaba a veces, sólo a veces (después de todo, había sido bendecida con su genética), por las calorías que ingería en los abundantes desayunos que preparaban los elfos del colegio. Siempre llevaba un perfume en el interior de su mochila, ocupando un lugar de privilegio junto con los manuales de Adivinación. Y, por supuesto, no podía faltar un pequeño espejo de mano, que llevaba consigo a todos lados. Lavender se preocupaba por su apariencia porque ella creía que era lo único realmente atrayente que le podía ofrecer a un chico. No era tan inteligente como Hermione Granger, por ejemplo; siempre tenía dificultades para recordar los movimientos exactos de muñeca para realizar los hechizos más complicados de Transformaciones. Tampoco era tan graciosa como Ginny Weasley, que entretenía a toda la Sala Común de Gryffindor con sus imitaciones del equipo de quidditch. Por ello, Lavender creía que si algún día la belleza le llegaría a faltar, ya nada bueno le quedaría.

De mirarse al espejo todos los días –durante las mañanas, después del almuerzo, en las horas libres de la tarde y antes de acostarse, cuando ya tenía el pijama puesto- Lavender Brown pasó a estar tres, tres, semanas sin atreverse a asomarse a una ventana siquiera, por el temor de verse reflejada en el cristal. Nadie se dio cuenta de ello, nadie excepto alguien que la conocía como la palma de su mano. Parvati no le había preguntado por qué de repente usaba un pañuelo atado al cuello, pero no creía que fuera parte de un nuevo look de su amiga. No hablaban demasiado como antes, pues estaban ocupadas yendo de acá para allá en el castillo, ayudando a Madame Pomfrey con los heridos en la enfermería y a los demás estudiantes y profesores con las reparaciones de los muros del colegio, que apenas tenían tiempo de sentarse tranquilas para hablar sobre cosas triviales, sin que las imágenes de los recientes sucesos se les agolparan en sus mentes, quitándoles las ganas de abrir la boca.

Una tarde no tan ajetreada para los que todavía permanecían en el castillo, Parvati se encontró con Lavender en la habitación de las chicas Gryffindor, sola, sentada sobre su baúl, con los brazos apoyados en las piernas y la mirada pensativa.

-¿Vas a decirme por qué tienes puesto ese pañuelo, Lav? El violeta no es tu color favorito.

Lavender soltó una risa amarga y su amiga se sentó a su lado.

-¿Sabes? Después de todo lo que pasó, sé que esto es una tontería, pero aún así...no puedo.

-¿De qué hablas?

-Durante la batalla, después de que nos separáramos en el séptimo piso, ¿te acuerdas? Me pasó algo.

La cara de Parvati se tensó de preocupación y miedo.

-¿Qué...?

-Esto.

Lavender, después de tragar saliva y cerrar los ojos, fue desenredando lentamente el pañuelo que tenía atado en el cuello, dejando al descubierto un laberinto de cicatrices. Parvati ahogó un grito de asombro, pero antes de que dijera algo Lavender se le adelantó.

-¡No digas nada! No digas nada, por favor- y volvió a taparse con la tela- Me mordió Greyback. Si no fuera por Hermione, no te lo estaría contando...Tranquila, ya me revisó la Sra. Pomfrey. No me quedarán más secuelas que eso...eso que se ve pero que yo todavía no me atreví a mirar- y finalmente abrió los ojos, para encontrarse con la comprensión en el rostro de Parvati.

Después de vivir situaciones límite, todas tus opiniones e ideales acerca de lo que es importante suelen sufrir un cambio. Los valores se trastocan, lo que antes era trascendental para ti se vuelve efímero y vago, mientras que lo que te parecía insignificante cobra enormes proporciones. Parvati sabe que Lavender ya no es la de antes, y ella misma tampoco. Pero, aún así, entiende que ella no puede soportar otra estocada más, por muy pequeñita que fuese al lado de las tragedias que tuvieron que sufrir. Y también, sospecha, hay otro motivo oculto que hace que Lavender se aferre con desesperación al pañuelo y se niegue a ver la realidad, su realidad.

-Tienes que verte, Lavender.

Su amiga la miró con cara horrorizada.

-¡Ni pensarlo! No quiero, todavía no...

-¿Cuándo entonces? ¿Pasarás el resto de tu vida con ese pañuelo pegado al cuello?

Lavender no respondió. Se limitó a cruzarse de brazos y encerrarse más en sus intenciones de no desprenderse de la prenda. Parvati presionó un poco más, convencida de que su amiga tenía que superarlo.

-¿Cómo haces cuando te bañas? No te tocas ahí, ¿verdad? No podrás seguir con esto mucho tiempo más, Lav. Es hora de que lo afrontes.

La insistencia de Parvati pareció despertar la ira en Lavender.

-¡No entiendes! ¡No puedes entenderlo! ¡No entiendes que ésto...-y se señalaba el cuello mientras gritaba con bronca- ésto es lo que me hará recordar todo! Los di-dientes, la-la mordida, el cuerpo de él...-se dobló con brusquedad por las arcadas, de repente había palidecido mucho-...y...y ¡toda la maldita guerra! ¡Sólo quiero ser una maldita chica de diecisiete años! Quiero pensar que mis únicas preocupaciones son los chicos, los bailes, los estúpidos vestidos y los jodidos exámenes...No quiero dejar de ser lo que era- terminó tapándose la cara con las manos, en un vano intento de ahogar su llanto.

Parvati rodeó con sus brazos a Lavender y permanecieron así varios minutos, las dos llorando de a ratos, sin decir palabra, sosteniéndose la una a la otra. Hasta que Parvati rompió el silencio.

-Ya no somos las mismas de antes, Lav. No lo somos y no lo volveremos a ser.

Al ver que Lavender negaba con la cabeza, Parvati tomó una decisión que nunca pensó llegar asumir. Se puso de pie y con resolución anunció que se iba a cortar el pelo. Eso sacó a Lavender de su ensimismamiento.

-¡¿Qué?

-Que me lo voy a cortar. No lo hice nunca, ¿sabes? Es decir, sólo un poco, para que no pasara más allá de la cintura; pero ahora me lo cortaré, y ¿sabes para qué?

La rubia negó con la cabeza, sin poder creerse lo que le estaba diciendo su amiga.

-Para demostrarte que un estúpido cambio en mi apariencia no puede borrar todo lo que nos pasó. Por más que no tenga moretones o cortes graves en el cuerpo, sé que jamás volveré a ser lo que era. Pero también...también lo hago por ti, Lav. ¿Somos amigas o no? Quiero que nos miremos juntas al espejo, después del cambio. ¿Me acompañarás esta vez?

Lavender miraba a su amiga como si fuera la primera vez, como si nunca antes la hubiera visto de verdad. Un atisbo de sonrisa se asomó a sus labios y de ellos salió un Por supuesto un poco triste todavía, pero ya no tanto como antes.

Parvati abrió su baúl y tomó una tijera. Se acercó a Lavender y respiró profundo antes de tomar su pelo con una mano y con la otra cortarlo con energía, a la altura de la nuca.

-¡No digas nada! – La atajó a Lavender, que la miraba con asombro.- Ven. Vamos al baño.

Con resistencia, las dos amigas entraron al cuarto con los ojos cerrados. Lavender ya no llevaba puesto el pañuelo.

-A la cuenta de tres los abrimos, ¿de acuerdo? Uno...dos... ¡tres!

Parvati Patil y Lavender Brown contuvieron el aliento al ver sus reflejos en el gran espejo de marco dorado que coronaba una de las paredes del baño. La primera, contemplaba con la boca abierta el estropicio en que se había convertido su pelo, tan corto e irregular ahora, con los mechones disparando hacia cualquier dirección, y más crespo que nunca. La segunda, seguía con sus ojos el recorrido interminable de las heridas en su piel, hasta que no pudo soportarlo más y bajó la mirada.

-Parezco la versión femenina de Dean Thomas.

Lavender ahora sí levantó la mirada y la posó sobre la cabeza de su amiga. Y entonces, después de mucho tiempo, rió con ganas.

-¡Es...es cierto! Lo siento, perdóname, pero es muy gracioso.

Parvati fingió que se ofendía, pero terminó riéndose también.

-¿Y tú a quién te pareces?

Lavender se contempló con minuciosidad en el espejo, el temor y la impresión ya dejados de lado. Observó su rostro demacrado, y el de su amiga. Miró con atención las miradas un poquito opacas, carentes del brillo juvenil de antes.

-Parezco...parecemos dos mujeres...distintas...mayores.

Parvati asintió, sonriendo con nostalgia, y Lavender se dio cuenta que no llevaban ni una gota de maquillaje, ninguna de las dos. Pero, aún así...

-Eres preciosa, Parvati.

-Tú también, Lav.

Esta vez, las dos sonrieron con sinceridad. Sonrisas limpias, con la boca y los dientes; sonrisas que las hacían ver más hermosas que nunca.


N/A: Esta viñeta es para ti, Herm Black, sobre dos de los personajes que me pediste. La escribí y reescribí muchas veces, no quedé del todo conforme, porque tenía una idea central pero no sabía muy bien como expresarla en palabras para que quedara bonito. Espero que te haya gustado, y sino, espero que la próxima pueda ser mejor. Gracias por seguir comentando, me gusta leerte =)

Espero que tengan un bueno comienzo del 2011! Nos vemos en unos días. Gracias por comentar, de verdad. =D