-¿Qué es eso, Jade?.- Solté una risa, por el absurdo nombre del juego.
-Es unir estrellas para formar la figura que te diga laotra persona.- La miré atentamente, fijándome mayormente en su sonrisa, que volvía a ser cálida y, como siempre, algo irritante.- Por ejemplo, un triángulo.- Separó nuestras manos, y yo me volví a sentir incompleta. Cogió dulcemente mi muñeca y lentamente apuntó al cielo, uniendo tres estrellas hasta formar un triángulo, como si el cielo fuera su lienzo y mi sencilla mano un pincel. No sé si estaba más perdida en la sensación de su piel contra la mía, su hombro junto el mío, nuestras manos unidas alzadas al cielo, o las millones de sensaciones que estaban brillando dentro de mi.
-Venga, di una figura.- Pidió, aún sin soltar mi mano. El ambiente había cambiado totalmente. Me miraba atentamente, como si fuese la única persona en el mundo, sus ojos brillaban aún en la oscuridad, la poca luz que había hacía que su cabello pareciera mucho más oscuro de lo que en verdad era. Abrí los labios, deseando decir algo, pero nada salió de mí. Volví a intentarlo.- Un corazón.- No pude retenerme, solo... lo dejé ir.
"Quizá, dejarse llevar por este hechizo no está mal... Quizá, al fin y al cabo, puedo estar bien si me quedo a su lado... Quizá..."
Me hizo cambiar de posición, siendo yo ahora la que sostuviese su mano en alto, y ella buscó por unos segundos para después moverla lentamente, uniendo puntos al azar, formando finalmente un corazón. Reí ante ello. Estaba feliz, encantada, riendo a cada instante... estaba... totalmente asustada.
Y de la nada, preguntó algo que nunca pude imaginarme. Algo que movió mi mundo.
-¿Quién te ha dañado tanto, para pensar que yo también te lo haré?.- La pregunta me desconcertó por completo. No contesté, no pude hacerlo.
Pero me di cuenta de a qué se refería. Había visto el moratón que tan claro se mostraba en mi cintura, cuando la sudadera se me subió un poco. Reprimí un grito. No dijo nada más, contra todo lo esperado, simplemente se quedó en silencio.
-Me toca.- Asentí y esperé a que hiciera su petición. De pasar a no pensar nada, miles de cosas acudieron a mi cabeza, ahogándome en un mar de dudas y preguntas, pero seguía nadando sin dejarme hundir, no cuando tenía a Jade, la chica gótica y fría -que me había demostrado que eso era solo una fachada-, sosteniendo mi mano. ¿Significaba que a pesar de lo que había visto, seguía a mi lado?. ¿Si no había hablado de ello, quería decir que ya había visto mis marcas antes?. ¿También los cortes?.
Intenté alejarme de todo ello, pero no podía. Tenía que seguir a flote, concentrándome en la sensación de nuestras manos unidas como si fueran una sola.- Una... estrella.- Lo miré un poco extrañado.- Una estrella que alumbre la oscuridad.- Me tensé tan solo unos segundos, pero cuando sus ojos hicieron contacto con los míos, me perdí en ellos.
-Una estrella...- Susurré, sin ser consciente de qué estaba haciendo, tan solo perdida en mis deseos.
-Una estrella...- Se acercó lentamente, hasta quedar frente a mi. No sabía qué hacer, quería correr de allí, lejos, tan lejos como mi fuerza de voluntad me permitiese, pero la otra quería quedarse con ella, poder ser libre, no tener miedo... Quererla sin más.- Vega.- Susurró, y mostré una débil sonrisa. Allí estaba de nuevo, aquel apodo que él me había dado, lo sentía tan especial... me llamaba de una forma única, que aunque fuese mi apellido, era como una cosa suya, solo suya. Yo era especial...
...
...
No, yo no era especial. Yo no era nada. Yo... no era... ¿nada?.
-Déjame ser tu luz, Tori...- Y sin más, unió nuestros labios. Fue el tipo de beso del que no puedes hablar a nadie, porque se siente mágico. Claro que no es perfecto, porque yo solo he besado a una chica una vez, pero esta corrió de mi, gritando cosas horribles. Pero ahí es donde está toda su magia, en que no es perfecto, pero yo si lo sentía como tal. Fue el tipo de beso que me hizo saber que nunca me había sentido tan completa en mi vida. Me hizo tocar ligeramente el cielo y brillar con luz propia. Me hizo... me hizo sentirme real por unos minutos. Alejó todos mis pensamientos, aunque estaba completamente segura de que estos me atormentarían, culpándome y desgarrándome, cuando ella se fuera. Pero por ahora... solo quería sentir.
Estaba sintiendo mariposas en el estómago. Sentía mariposas en la cabeza, y no puedo pensar nada. No, no son mariposas. Son miles de millones de pequeñas sensaciones gratificantes, como si estuviesen estallando fuegos artificiales dentro de mi.
Y en esa noche, donde el cielo estaba lleno de estrellas, me di cuenta de que Jade West había parado mi mundo con ese beso, y que mientras ella estuviese conmigo, no volvería a girar.
Mis miedos seguían allí, en lo más profundo de mi corazón.
Mis cortes, moretones, heridas, marcaban mi cuerpo.
Mi odio se reflejaba cada vez que me veía, cada vez que escuchaba mis propias palabras, cada vez que pensaba.
Las ganas de llorar, de correr lejos, de quitarme la vida, no se habían marchado, porque mi presencia era una molestia.
Todo seguía igual que esta tarde.
Pero...
-Yo quiero estar para ti, Vega. No sé quién eres, no sé que tienes, pero quiero estar a tu lado.- Aparté la vista. Puede que por vergüenza, por inseguridad, por... no lo sé, simplemente, no podía mantener su mirada fija en la mía.- Quiero tu confianza. Quiero ser quien limpie tus lágrimas. Quiero pueda protegerte. Quiero estar allí, a tu lado, abrazándote. Quiero ser la primero que presencie tus méritos. Quiero levantarte cuando caigas. Quiero devolverte al camino cuando te pierdas. Quiero poder besarte, porque probar tus labios ha sido mejor de lo que jamás he podido imaginar. Quiero... Te quiero a ti.- No puedo controlar mis pensamientos. Me sentía colisionando. Había tenido tantos alti bajos en esta tarde que no podía pensar en nada más, me sentía en una montaña rusa. Pasando del estupor de la felicidad hasta cayendo en un profundo pozo.
"No puedo. Esto... no puede ser real. Porque... yo no soy nada."- Quise decirme a mi mismo que la chica pelinegra solo estaba jugando conmigo, pero no podía. Sabía que eso sería mentira, que ella estaba siendo sincera; pero simplemente yo no podía dejarme querer. No me lo podía permitir porque destruiría su vida.- "Porque en algún momento, ella verá como en realidad soy, entonces se irá y me olvidará, quedaré como algo tonto y fugaz... mientras yo seguiré allí, recordándolo por siempre".
-¡No puedes!.- Fue lo único que pude gritar. Porque, ¿cómo podía dejarme amar, cuando ni yo misma podía hacerlo?.- ¡Nadie puede quererme!.
¿Os esperabais eso?
¡Espero que os guste y hayaís disfrutado de él tanto como yo! Gracias por todo n.n
