El olor de la tierra mojada llenó mi nariz en cuanto puse un pie fuera del edificio, y con un resoplido, me senté en uno de los escalones que daban a la puerta principal, abriendo una sombrilla color azul marino y sosteniéndola sobre mi cabeza. La lluvia caía sin parar, y yo sólo la observaba sin ningún interés en particular. Miré hacia mis zapatos, unas viejas botas blancas, las cuales se habían gastado bastante con el paso de los años. A decir verdad, ni siquiera sabía a dónde iría. Yo simplemente había sentido que debía salir del apartamento—Mathias y Lukas estaban peleando de nuevo. Sus peleas no eran para nada bonitas; por lo regular comenzaban con gritos, unos cuantos golpes (Cortesía de Lukas) y terminaban con… Bueno, nunca sabía con que terminaban, debido a que pausaban la pelea para sacarme prácticamente a patadas del apartamento.

Suspiré- Al menos había logrado salir antes de que Mathias empezara a usarme como excusa para el hecho de que no hay mucho dinero en la casa. Por lo regular, sale con alguna estupidez como 'Emi es el que se acabó el dinero- Él fue quién se gastó todo en regaliz y Coca-Cola!' Cuando en realidad el muy tarado se gasta el dinero en galletas de mantequilla y cerveza. Y luego se le ocurre decir alguna chorrada como que la escuela, el transporte y mi alimentación nos quitan dinero a los tres, cuando en realidad los que cubren esos gastos son mis padres. Las quejas de Mathias sobre mí siempre, siempre causaban que Lukas se enojara aún más con él, y ahí empezaba a darle manotazos o a recordarle lo idiota que era. Realmente no podía quejarme, era bastante divertido ver a mi hermano maltratar a Mathias, pero al mismo tiempo, no me gustaba verlos pelear. Era algo que ni yo mismo entendía; a decir verdad, la mayoría de las veces no me entiendo a mí mismo.

Decidí levantarme y mirar a mi alrededor, aferrándome a la sombrilla como si la vida se me fuera en ello. Fruncí el ceño ligeramente al darme cuenta de que mis pantalones estaban un poco húmedos; genial, ni siquiera me había fijado antes de sentarme en un escalón mojado. Seguramente Lukas me colgaría en la horca por salir en medio de la lluvia—la cual, juzgando por la apariencia grisácea del cielo, no tardaría mucho en convertirse en una tormenta—pero supongo que ser castigado era mejor que quedarme sólo en el cuarto, tratando de ignorar los gritos. Siempre, a finales de mes, ellos peleaban así. Yo ya me he acostumbrado, pero igual, sigue siendo terrible tener que oírlos. En resumen, por culpa de que esos dos idiotas llevan una relación (No una romántica, por supuesto! Eso simplemente sería incómodo…) de amor-odio, yo tengo que estar aquí afuera en la lluvia, con un resfriado garantizado y unos pantalones mojados.

Comencé a caminar hacia lo que pensaba que era el norte, nunca había sido muy bueno con los puntos cardinales. Pude observar los altos edificios pasar ante mí, oler la esencia de carne barata proveniente de un puesto de perritos calientes de mala muerte a unos cuantos metros, y escuchar las pisadas de mis viejas botas en el pavimento. Por instinto, ajusté la larga bufanda a rayas que llevaba alrededor del cuello cuando oí voces cerca. Obviamente no me hablaban a mí, pero supongo que me sentía más seguro con mi bufanda. A veces, por más estúpido que suene, me dan miedo las personas.


No sé como lo hice, pero al cabo de media hora, terminé en una pequeña cafetería, y antes de que me diera cuenta, ya estaba sentado y con el menú en mano. Miré a mi alrededor—No estaba seguro de si la cafetería era estilo vintage o de si simplemente era muy vieja.

Estaba viendo el menú, tratando de decidir que ordenar, cuando oí una familiar voz que venía de muy cerca. –Como que, estás muy solo —Dijo él, causando que yo bajara mi menú para verlo un poco ruborizado. Sin siquiera avisar, se sentó en la silla frente a mí, colocando su café en la mesa. Le dio un sorbo en silencio, y yo simplemente lo vi atontado, silenciosamente preguntando qué haces en mi mesa?!

Habían pasado casi dos semanas desde que inicié la escuela, y en todo ese tiempo, supongo que se podría decir que Jia Lóng y yo nos habíamos hecho amigos de nuevo. Bueno, sólo si se cuenta quedarnos en el aula leyendo en receso y casualmente intercambiar unas cuantas palabras de vez en cuando como amistad, claro. Supongo que estaba bien que se sentara conmigo, pero al menos debió de haber tenido un poco de modales! Rodé los ojos, antes de regresar mi atención al menú y tratar de ignorarlo.

Lo cual era básicamente imposible, tomando en cuenta que cada vez que levantaba la mirada, encontraba que él estaba viéndome. La quinta vez que eso pasó, fruncí el ceño, un poco sonrojado. —Por qué no tomas una foto? Te va a durar más—Le dije, notablemente molesto.

-Hmmm… No-Replicó el, una sonrisa ladina en su rostro. –No me gustaría saturar la memoria de mi teléfono con algo tan feo como tú, pero gracias por la oferta.

-Estúpido—Murmuré, devolviendo mi atención al menú. —Si soy tan feo, entonces, por qué no te vas?

-Por que, obviamente necesitas estar en compañía de alguien tan genial como yo.

Maldito Chino egocéntrico. –Da igual. Sólo cállate—Sorprendentemente, me hizo caso, y bebió su café en silencio. En cuanto pasó un mesero cerca de mi mesa, ordené una simple taza de café Americano, el cual muy pronto tuve frente a mí. Le di un pequeño sorbo, mis cejas juntándose cuando noté que tan caliente estaba. Lo revolví un poco con una cuchara y opté por darle sorbos, tratando de no quemarme. Estaba mirando hacia la ventana, por donde aún se veía la lluvia, cuando sentí la mirada de Jia Lóng en mí. –Y dices que soy feo—Reí desganadamente, un leve rubor apareciendo en mis mejillas. –Deja de verme, me incomodas– A eso, él respondió con una risa ligera, un tanto sarcástica, la cual me causó fruncir el ceño de nuevo. Ya había perdido la cuenta de cuántas veces el idiota me había hecho fruncir el ceño. Era un completo descarado, un tarado con una autoestima alta de más. Es decir, si se suponía que éramos amigos, no debería de reírse tanto de mí… No es como si supiera mucho de amigos, pero de acuerdo a los libros, la amistad es mucho mejor que un ególatra riéndose de ti todo el tiempo.

Eventualmente, ambos terminamos nuestros cafés, pagué el mío, y me levanté para dirigirme a la puerta, sombrilla en mano. Miré hacia atrás, solo para ver a Jia Lóng tratando de ligarse a un mesero para no tener que pagar su café. Recuerdo que una vez, en la primaria, se ligó (O al menos trató) a una de las chicas más inteligentes de la clase, Alice Kirkland, creo, sólo para poder copiarle la tarea. Lo mejor del caso, preguntan? Alice terminó pegándole en el estómago con una escoba. Todos hablaron de eso por días… Supongo que ese incidente fue una de las razones que contribuyó a que se cambiara escuela.

Bueno, tal parece que algunas cosas nunca cambian. Regresando mi vista al frente, abrí mi sombrilla y empujé la puerta de vidrio, para salir hacia la lluvia. Las gotas parecían ser más pesadas ahora—El colmo sería que nevara. Oh, como sea. Comencé a caminar en dirección a casa, las banquetas ajetreadas y llenas de ocupados trabajadores, amas de casa de compras, mujeres de negocios en el teléfono, y niños pequeños gritando, todos con sombrillas de diferente color. Todos me empujaban de un lado para otro, y yo, ceñudo, trataba de devolverles el empujón, aunque básicamente tenía el mismo nivel de fuerza que un conejito bebé.

-A la izquierda, niño bonito!

-Eh, muchacho, no estorbes!

-Quítate! Acaso no ves que es suficientemente difícil cargar todas estas bolsas?

Pellizqué el puente de mi nariz cuanto al fin había salido de entre la multitud, notando que ya estaba muy cerca de casa. Miré la hora en mi móvil—eran las 18:34, apenas una hora y media de que me había ido. Llamé a Lukas, y tras esperar varios minutos, finalmente me rendí y me fui a sentar al mismo escalón donde había estado antes. Bien, supongo que por hoy, no podré entrar a casa hasta que a Lukas se le ocurra devolverme la llamada, y no creo que eso pase pronto.

Da igual, de todas maneras no me estoy muriendo de hambre. Sí, y tampoco tengo el riesgo de contraer una terrible neumonía—Aunque dicho sea de paso, eso no sería tan terrible, tomando en cuenta que si me enfermaba, podría quedarme en casa, en la computadora, con una lata de Coca-Cola al lado.


Nota de la autora:

Perdonar:c Sé que este capítulo fue BASTANTE aburrido, que Emil se quejó aún más de lo usual, y que tardé mucho para subirlo. Es sólo que estoy en periodo de evaluaciones, y pues… Sí T-T Aparte, me dio un terrible writer's block, por lo que este capi no tuvo nada interesante. Se aceptan reviews, sugerencias, tomatazos… En fin, nos leemos!