A veces simplemente estamos tan rotos, tan demacrados, que creemos que nadie nos amará. Que no merecemos ser queridos. Que somos monstruos que deben dejar de existir. Lloramos porque nos odiamos, a cada parte de nosotros, desde el aspecto físico hasta el psicológico. En ocasiones, el odio llega a ser tan fuerte que atentamos con nosotros mismos, ya sea tomando medidas extremas para conseguir vernos bien, dañarnos de maneras impensables o simplemente haciendo cualquier cosa para alejarnos de la realidad, para no pensar, para no sentir.

Queremos desaparecer, dejarnos llevar.

Nos sentimos solos, abandonados -aunque nos alejamos de todo aquel que pueda llegar a acercarse demasiado, por miedo-, con ganas de llorar todo el tiempo, que estamos perdidos, sin rumbo y que jamás podremos alzarnos para encontrarlo. Pensamos que no servimos para nada, que hemos defraudado a todo el mundo, y peor, a nosotros mismos. Que pase lo que pase no haremos nada bien, que hemos venido a cometer errores, a ver sin levantarnos, a odiarnos sin remedio, a abrazar la soledad, a desear sin cumplir a... Morir sin vivir.

-Yo te quiero.- Repitió Jade, intentando acercarse a Victoria, sin conseguirlo.- Y sé que antes del 'te quiero' te debería decir 'me gustas' porque es lo cliché, y que debería darte un muy extenso discurso sobre como cuando puse mi mirada en ti sabía que te iba a querer, o como cuando me senté a tu lado imaginé nuestro futuro... Pero no es así, Vega, no sabia que te iba a llegar a querer, ni que tan siquiera llegaríamos a ser amigas, porque eso depende del destino, de la vida, y no de mí o de nuestros corazones. Pero puedo asegurar y jurar es que te quiero, lo hago de verdad. ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué me tranquilizas, que me das la felicidad, que me llenas de alegría?. No es así, no del todo, al menos. Claro que me haces feliz, pero también me preocupas, cada vez que te vas tengo miedo de perderte porque siento que será la última, me puedes arreglar el día con una palabra o una verdadera sonrisa, pero también destruirmelo con una voz o un 'déjame en paz'. Cuando me di cuenta de que sentía algo por ti, sabia que era difícil por millones de razones, pero quería seguir hasta el final contigo, porque se trata de ti, solo de ti. Porque te quiero, y eso es lo único que tengo seguro. ¡Además, sabes que soy lo contrario a lo cliché!- Confesó.

Por nuestra cabeza pasan miles de cosas pero no se pueden describir. Escuchas voces extrañas que gritan barbaridades que nos desgarran, le tenemos miedo a experiencias que ni tan siquiera hemos visto o vivido, conocemos el infinito y la nada, y esa es nuestra mayor predicción. Nos sentimos muertos, incluso la capacidad de sentir -esa que tanto caracteriza al ser humano y que por ello es etiquetado como una criatura débil- se nos arrebatada sin reparo alguno, pero estamos vivos. Lloramos sin que caiga una lágrima, pedimos ayuda a gritos, pero en realidad ni un susurro sale, esperamos a la noche, cuando sabemos que nadie nos juzgará, cuando nuestros deseos, nuestras lágrimas, nuestros gemidos, nuestras suplicas no serán escuchadas por nadie. Solo pensamos y enredamos, aniquilándonos más.

-No, Jade, no.- Tori estaba intentando reprimir las lágrimas, pero parecía una misión imposible.- No puedes quererme, no debes quererme.- Se alejó dos pasos más, como si la cercanía -la que no era tanta porque la menor prácticamente quería huir de allí- quemase o algo similar.

Nos cuesta creer, confiar y amar. Parece misión imposible en varias ocasiones.

-No digas eso.- Suplicó la pelinegra, con la voz baja y herida.- Yo te quiero.- Deseaba que esas palabras vagaran a través de la medio latina, incrustándose en su cerebro, susurrandolas una y otra vez, hasta que sintiera la certera de estas y las creyera. Si alguien le hubiese dicho alguna vez que estaría gritando en mitad de un patio, amor hacia otra chica, Tori, seguramente le hubiese clavado las tijeras a tal persona.

-West, para.- Ordenó, aunque por el hililllo de voz que simplemente le salio, no parecía tal cosa.-No lo entiendes.- Jadeo, para derrumbarse en el suelo y caer de rodillas.

Jade no entendía lo que era odiarse, ella no sabia nada, y Tori no sabia explicarlo.