"En una guerra siempre se perderá más de lo que se ganará."

Anónimo

Di mi nombre

Abrió los ojos y todo lo que lo rodeaba era blanco: las sábanas que lo envolvían, las paredes, el suelo, la luz que alumbraba desde el techo y esos hombres que susurraban entre sí, apartados en un rincón.

Se giró con cuidado sobre el colchón y el leve movimiento hizo que sus articulaciones gritaran del dolor. Apretó los labios con fuerza para evitar quejidos y, entonces, la vio. Ella también era blanca: su bata, su piel, la cama donde reposaba; incluso podía ver desde su lugar un par de canas adornando la cabellera negra. Estaba acostada boca arriba, con los ojos abiertos, tan abiertos que parecía una muñeca espantada, mirando al techo. No la conocía pero quería que lo mirara. Se lo iba a decir, pero las palabras no salían de su boca, sino que se perdían en un laberinto sin fin dentro de su cabeza. Estiró el brazo con lentitud hacia la mesita de luz y dio unos golpecitos en la madera, pero la mujer no se dio por enterada. Seguía mirando, sin parpadear, hacia la nada.

Entonces, unos gritos se oyeron fuera de la habitación.

"¡Déjenme entrar! ¡Quiero verlo!"

"Tienes que tranquilizarte, Augusta, no pueden verte alterada..."

"¡No me tranquilizaré hasta que los vea! ¡Suéltame, Alastor! ¡Suéltame o te arrepentirás!"

Se empezó a poner nervioso. No le gustaban los gritos. Lo aterraban, pero no sabía por qué. La desconocida, sin embargo, seguía sin inmutarse en la cama de al lado, como si no hubiera oído nada.

De pronto, las puertas del cuarto se abrieron de un golpe seco y por ella irrumpieron muchas personas a la vez.

Vio, horrorizado, a un hombre lleno de cicatrices en la cara, que rengueaba al caminar. Junto a él estaba una mujer con un rodete en el pelo y la cara llena de arrugas, el rostro envuelto en un halo de preocupación. Pero lo que lo dejó pasmado fue la visión de una mujer entrada en años, con un sombrero extravagante en la cabeza y los dedos de la mano llenos de anillos relucientes. La extraña insistía en llegar hasta él, tratando de zafarse de los hombres de delantales blancos que se interponían en su camino.

Quería decirles que se detuvieran, que no le hicieran daño a esa pobre mujer, pero no podía, no tenía cómo hacerlo: buscaba su voz y no la encontraba. Escuchó un gemido a su costado y vio que unas lágrimas resbalaban por el rostro de la joven. Estaba llorando y eso lo angustiaba aún más a él.

No pudo seguir contemplándola, porque unos brazos lo giraron de pronto. Era la mujer desconocida.

-Por favor, Frank, dime que me reconoces...

-Augusta, los sanadores ya te lo dijeron todo, no puedes...

-¡Tú no vas a decirme qué es lo que no puedo hacer, Minerva! ¡Soy su madre! ¡Él nunca se olvidaría de mí! Vamos, hijo, dime que sabes quién soy...

Él la miraba aterrado, estrujando entre sus dedos las sábanas, con la sensación de un grito que venía creciendo desde su garganta.

No reconocía ese rostro ansioso, ni los ojos vidriosos que lo contemplaban, ni esa boca que murmuraba palabras temblorosas...No sabía quién era esa mujer.

La desconocida suplicó una vez más.

-Frank...Di mi nombre.

Pero Frank Longbottom no dijo nada. Sólo negó con la cabeza, asustado, sin saber por qué la mujer que estaba frente suyo se derrumbaba en un desconsolado llanto.

Augusta Longbottom no sabía nada del poder devastador que tres palabras podrían tener sobre ella, hasta ese fatídico momento.

Había perdido a su hijo.


N/A: ¡Lo sé, lo sé, perdón por tardar en publicar! Bueno, sólo me demoré doce días, pero teniendo en cuenta la frecuencia con que publicaba, me tardé un poco. Y, de nuevo, lo siento, lo siento, por estas viñetas que traigo porque sé que no son las mejores que he escrito, pero me exprimí el cerebro y no me salió nada mejor. Estuve un poco ocupada con el trabajo y otras cosas; vale decir que el calor tampoco ayudó demasiado a la hora de escribir...Sólo espero que la sensación de que las viñetas no hayan salido como yo quería se deba más a mi normal autocrítica super exigente hacia mi persona, y que a ustedes esto les pueda gustar aunque sea un poquito.

Esta viñetita va para ti, demel. honney , que me llenaste la cabeza de fantásticas ideas para próximos capítulos y por todas esas cosas hermosas que dices. Gracias por comentar, aquí te va algo de Frank Longbottom; ya escribiré de Alice, así complemento tu petición de los padres de Neville...Y espero econtrar nuevas formas de contar lo que tú propones. Gracias nuevamente por los comentarios, les doy la bienvenida con muuucho entuciasmo a ti y a Rhyannon, me gusta tanto leerlas como a las demás!

A los demás, gracias, gracias infinitos por sus comentarios, ya respondí a cada uno a su cuenta (sino es así, díganme, porque me gusta contestar los reviews). Te respondo aquí, Herm Black: ¡gracias por marcarme lo de Susan Bones! Sabes? Al momento de escribirlo, tenía mis dudas sobre si era Ravenclaw o Hufflepuff, así que lo busqué por internet pero no encontré nada; entonces, decidí ponerla en Ravenclaw porque me venía bien a los fines del drabble xD Y no creo que yo sea 100% Gryffindor es que, como dices tú, hay Gry que no me caen muy bien (Peter, Lavender -aunque estuve tratando de reconciliarme con ella escribiéndola xD-, Seamus en su momento...) Gracias por todo lo que dices, como siempre, es muy lindo leerte.

Bueno, ahora subiré inmediatamente otras tres pequeñas viñetas más, en un intento de compensar lo que creo que debería ser mejor! Sé que la cantidad no indica calidad, pero espero que esta vez sea la excepción xD