"Las guerras se sabe cómo empiezan pero no cómo terminan."

Gaspar Llamazares

Esas viejas batallas...

Cuando despertó esta mañana y desayunó unas tostadas con mermelada y café, no pensó ni por asomo que en la breve excursión por el supermercado del centro se encontraría a esa persona.

Estaba llenando el carrito de compras con los cereales que tanto le gustaban a Diana, cuando todo pasó. Fue demasiado rápido. Un niño pelirrojo salió de la nada, patinando sobre el encerado piso del comercio, y se llevó por delante a su hija, que estaba examinando las cajas de cereales de chocolate y almendras. La pobre Diana cayó al piso, quedando sepultada bajo el niñito del demonio. Acto seguido, empezó a llorar.

Dudley Dursley se dirigió rápidamente hacia su hija, dispuesto a levantarla y echarle una reprimenda feroz al niño, pero su ¿No ves que puedes lastimar a alguien corriendo así, niño? no pudo terminar de salir de su boca, porque un hombre de su edad venía caminando hacia el pelirrojo, mientras lo retaba.

-¡James! Te dije que no corrieras, los pisos están resbalosos.

Cuando levantó la cabeza para dirigirse al padre de la niña y disculparse, sus ojos verdes ocultos tras las gafas lo miraron con el mismo asombro con que él lo contemplaba.

-¿Papi?- dijeron a coro lo dos niños, sorprendidos por la repentina sorpresa reflejada en los rostros de sus padres.

-Harry- dijo finalmente Dudley, después de tragar saliva innumerables veces, sin saber muy bien qué decir.

Su primo pareció salir del trance.

-Guau, Dudley. No pensé que volvería a verte.

-Papi- exclamó de pronto Diana, que llevaba tirando de su camisa hacía rato sin que se diera cuenta- Papi, está sonando tu celular. ¡Atiende, seguro que es mamá!

Efectivamente, la pantallita de su teléfono indicaba que era su esposa. Miró a Harry y antes de que dijera nada, él se adelantó.

-Veo que estás ocupado, Dudley. Fue emm...increíble... verte. Pareces estar bien, ¿no? Me alegro de que así sea. Suerte, Big D.

Dudley lo vio marchar entre las estanterías con su hijo, que decía algo así como ¿Qué son los celulates? ¿Son como los que colecciona el abuelo? ¿Puedo tener uno? y un montón de preguntas raras más. El celular seguía sonando pero su cerebro aún no acababa de procesar el inesperado encuentro.

-¡Papi! ¿No atenderás a mamá?

Dudley le dio el teléfono a su hija y le dijo que hablara con su madre.

-No te muevas de aquí. Luego me cuentas qué quería mamá. Vuelvo enseguida.

Y salió disparado hacia donde había desaparecido su primo.

Lo encontró al final de la larga cola que se había formado en la caja número cuatro. Se acercó a él no muy seguro; esta clase de cosas siempre le resultaban difíciles. Pero decidió que tenía que intentarlo, así que cuando llegó a su altura, le dio unos golpecitos suaves en el hombro. Harry se dio vuelta y la incredulidad volvió a instalarse en cada uno de sus gestos. Se quedó esperando a que Dudley dijera algo, pero luego de unos segundos de ver el rostro nervioso de su primo, decidió tirar la primera piedra.

-¿Tienes algo que decirme, Dudley?

-Emm...sí...yo...

James parecía estar a punto de reírse por las dificultades que tenía el primo de su padre para hablar, y por el hecho de que su robusta cara se volvía cada vez más y más morada, balbuceando incoherencias. Pero tuvo que contener sus carcajadas porque su padre ya lo miraba con advertencia.

Entonces, Harry Potter suspiró y rascándose nervioso la cabeza, le dijo:

-Este... ¿Quieres ir a tomar un café?

Sólo en ese momento, Dudley pudo respirar tranquilamente y asentir.

Si se lo hubieran dicho de antemano, Dudley habría pensado que le estaban tomando el pelo. De verdad, ¿encontrarse con Harry Potter, en un ordinario centro de compras, después de muchos y muchos años sin ver ni siquiera su sombra?

Pero allí estaba él, ahora, sentado con su primo, frente a dos tazas de café a medio terminar, y con quince años más encima sobre sus fornidos hombros. Su hija estaba jugando en la pequeña plaza frente al restaurante en el que se encontraban, con ese chico que parecía ser la reencarnación de todos los niños más terribles y traviesos del mundo.

Después de las preguntas de rigor (¿Cómo estas? ¿Así que tienes familia?) y de un par de instantes de silencio incómodo cortados por el ruidito de los dedos de Harry golpeando la mesa, Dudley se llenó de valor para decirle lo que se moría por decir.

-Ha...Ha acabado todo, ¿verdad?

Harry levantó la mirada de la mesa y la enfocó, sorprendido, en su primo. Dudley supo que él había entendido en el acto a qué se refería.

-Sí...ha terminado todo. Hace mucho, en realidad.- Pero no parecía feliz al decirlo, ¿por qué? Tenía la cabeza gacha y los ojos tristes, pesados.

Dudley se temía algo así. No se había animado hacerle la pregunta antes porque existía la posibilidad de que, aunque su primo estuviera frente suyo, sano y entero, hubiera perdido a alguien importante en la lucha. Uno de sus mejores amigos, tal vez...esos chicos que siempre le enviaban lechuzas y cartas.

Harry volvió hablar y lo sacó de sus pensamientos.

- Me sorprende...Pensé que a estas alturas ya te habrías olvidado de eso. Es más, cuando se fueron de Privet Drive, todavía tenía mis dudas de que me hubieran creído.

Dudley tragó saliva, culpable.

-Yo te creí, Harry. Te creí. Y nunca dejé de pensar en la guerra.

Su interlocutor lo miraba incrédulo -¿Por qué? A ustedes nunca les interesó mi mundo.

Encogiéndose de hombros, trató de responder calmadamente, pero los nervios todavía no se le iban: era difícil estar hablando como si nada con una persona que había pasado los peores años de su vida por culpa suya y de sus padres.

-Las personas cambian, Harry. Con el tiempo, aprendí que hay un solo mundo, en realidad. –Se movió inquieto en su asiento- Sobre todo, me di cuenta de eso cuando me convertí en padre.

Harry asintió lentamente, sin dejar de mirarlo. Luego, observó a través de la ventana del local a esos dos chicos que jugaban en las hamacas, riéndose sin parar. Ironías de la vida, pensó, intentando contener una carcajada. ¿Quién hubiera dicho que su hijo y la niña de Dudders se llevarían tan bien?

-Hacen buenas migas, ¿verdad?

-Sí, eso parece...Así que ser padre te cambió la vida, Dudley. A mi también. Es increíble, ¿eh?

-Sí. Me cambió la vida porque...porque me di cuenta que en las guerras nadie está a salvo. Y que mi hija estaba expuesta a todo ese peligro sin que yo pudiera hacer nada, absolutamente nada, por protegerla, si uno de los tuyos, ¡no, perdón! ¡No quise decir eso! Quiero decir...esos magos que son malos...

-Mortífagos- le recordó Harry, hilando las piezas del desordenado rompecabezas que tenía en su cabeza desde que había visto a su primo. Estaba comprendiendo el hecho de que Dudley no dejara de pensar en eso por su hija; por la vida de su hija.

-Eso...Si decidían atacarla, yo no iba poder hacer nada. Nadie podía hacer nada. Y nadie lo sabía, mi Dios –exclamó, compungido, al recordar la angustia de esos tiempos.

Entonces, por primera vez en todo el encuentro, Harry sonrió.

-No tienes que preocuparte más de eso, Dudley. Ya todo pasó.

Él también le sonrió, tal vez era la primera vez en la vida que ambos se sonreían de manera honesta. Iba a comentárselo cuando su teléfono celular volvió a sonar.

-Si, cielo. Ya compramos todo. Nos demoramos porque me encontré con...un viejo conocido –Harry escuchaba divertido- Ya te lo contaré todo. En un rato regresamos. Adiós.

-Guau, no dejas de sorprenderme, Big D. ¡Eres todo un hombre de familia! Dime, ¿tienes más hijos? Porque si es así, deberás darme consejos. Apenas puedo con James, pero mi mujer está embarazada de nuevo.

-Es mi única hija. Yo...nosotros...-dudaba si decírselo o no, pero al final creyó que se lo merecía; creyó que si no se lo decía su primo no podría llegar a entender en profundidad aquello que había querido decirle, eso de que la vida puede llegar a cambiar realmente a alguien- Lauren y yo no podemos tener hijos. Tuvimos que hacer un gran papeleo que duró muchos años para convertirnos en papás de Diana. No creo que pasemos por eso nuevamente, es difícil, ya sabes, con todo eso de la burocracia...Y lleva tiempo y mucho trabajo esto de ser padre, ¿verdad? Je, nadie me había dicho lo difícil que sería. Pero, bueno, hago todo lo posible por no repetir viejos errores.- miró su reloj, nervioso- Bueno, debo irme. Mi mujer echará espuma por la boca si nos demoramos más para la cena.

Harry asintió en silencio, mudo de la impresión. Pagaron la cuenta y cuando estaba a punto de despedirse, Dudley lo observó con atención, viendo a través de las arrugas y la expresión adulta a ese niño flacucho y de gafas rotas que sus padres le habían enseñado a odiar y que la vida le había dado la oportunidad de querer, ahora .

A Dudley le pareció que Harry Potter tenía los ojos un poquito vidriosos, pero no podía ser; el salvador del mundo mágico no lloraría de la emoción por encontrarse con la versión adulta de su pesadilla infantil.

-Adiós, Harry.

-Hasta pronto, Dudley.

Harry ya se estaba marchando cuando un susurro de Dudley lo detuvo.

-Perdón.

Su primo lo miraba con el remordimiento brillando en sus pupilas y con algo más...algo como ¿alivio?

Harry asintió y el cuerpo de Dudley se relajó, por fin, después de mucha tensión.

-Hacía años que quería decírtelo. Eso...y que me alegro que sigas viviendo, Harry. De verdad.

Harry sonrió, los hombros dejaron de estar rígidos y no dijo nada, pero todo eso era más que suficiente para que Dudley Dursley comprendiera que su primo había vencido, una vez más, otra guerra, quizás no tan sanguinaria como la otra, pero sí algo dolorosa.

La batalla contra los peores recuerdos de su infancia había culminado. Y los dos la habían vencido juntos.


N/A: Un poquito de redención para Big D; para terminó siendo el mejor de los Dursley, al final. ¿Qué opinan de él? ¿Qué opinan del capítulo?

Hellooooo, Review xD