Tori.
Cierro la puerta tras de mi, dejando a Jade al otro lado, dejando a la única persona que me hace sentir algo, que por unos segundos me vuelve a la vida, tras este muro que con el tiempo he creado para evitar salir dañado. Inspiro. Expiro. Tengo que aguantar, resistir y no hundirme. Surfear esta nueva ola y gritarme que la he perdido. Lo pierdo todo, no pasa nada. Estoy acostumbrada. Está bien. Es mi culpa. Siempre es mi culpa. Yo lo he elegido.
Entonces, si tan claro lo tengo, ¿por qué sigue doliendo? ¿por qué las voces no se callan? ¿por qué quiero volver y decirle a todo que sí, sea lo que sea?
Me dejo caer al suelo, apoyado en la fría puerta que raspa mis moretones y cortes. Vivo en una guerra constante, contra mi misma y contra el mundo. Un tira y afloja eterno que me acaba dejando sin fuerzas. Mis demonios ganan.
Mi barriga hace ruidos extraños, pero la ignoro. Beberé agua, mucha agua, solo agua.
"Ellos ganan".
(...)
Camino hacia mi habitación, con un gran peso sobre mi que hace que todo cueste demasiado, y cuando entro, no puedo evitar mirarme al espejo. Reprimo una arcada, ignoro la voz que no para de insultarme en el fondo de mi cabeza, y enfoco mi vista a través de las lágrimas. ¿Cómo alguien puede odiarse tanto? ¿cómo sabes que es vivir, si cada día deseas una vida distinta, un tú distinto, un descanso eterno? ¿cómo tu propio yo puede darte tanta repulsión?
Por más que me contengo, las lágrimas caen y caen. No veo nada.
Esta no soy yo. Llevo sin ser yo años. ¿Cuándo me perdí? ¿cuándo deje de reconocerme en el espejo? ¿quizá cuando las discusiones en mi casa se volvieron habituales, cuando mi padre empezó a beber, cuando mi mamá se marchó dándome la espalda a mí y a su casa, llevándose a mi hermana, cuando los insultos en la escuela se repetían en mi mente, quizá cuando mi padre empezó a tocarme de más, a pegarme y hacerme ver la realidad de cuan mierda era yo? ¿quizá cuando me desperté por primera vez, deseando dormir para siempre? ¿cuándo exactamente? Y lo peor aún, ¿cuán triste es esto?.
Te miras y no ves nada que conozcas, solo una silueta borrosa, alguien desconocido, un total extraño de mirada triste y aura negra.
"Esta no soy yo"- Me repito.-"Soy una mínima porción de lo que alguna vez fui"-Pienso en las palabras de Jade que no dejan mi cabeza, diciendo que ella era su mejor yo cuando estaba conmigo. Sé esa sensación, me encuentro un poco a mi misma cuando estoy a su lado, pero después, cuando se va, estoy más perdida que nunca. No puedo depender de eso, ¿qué relación sería esa?.
"No consigo comprender cómo puede sugerir estar conmigo, cuando yo daría todo por no volver a verme nunca más."
Me tumbó en la cama, escuchando de fondo como Jade sigue en su persistencia de entrar en mi casa. Mis ojos se van cerrando poco apoco, y me parece escuchar que la puerta se abre. La chica pelinegra no sale de mi mente, y las lágrimas no pueden ser contenidas por lo que lloro y lloro hasta que mi cabeza palpita. Quiero dañarme porque llorar me hace débil, me hace querer quedarme seca. Se escuchan pasos, pero estoy segura de que todo es mi imaginación.
"Los demonios suben a por mi"
Mi vista es pesada y mis ojos van cerrándose, con mis párpados cayendo.
"No. Los demonios viven dentro de mi."
Quiero descansar, todo en mí lo pide.
"O quizá yo me he convertido en mi mayor demonio."
Jade vuelve a mi mente, con sus caricias en mi mano, haciéndome sentir mejor, con sus brazos alrededor de mí, quitando el frío que me congela por dentro, derrotando mi muro.
"Solo es el cansancio".
-No deberías dejar la llave de la puerta debajo del felpudo, Vega.-Escucho en la lejanía, pero solo es mi imaginación. Solo un susurro en mi cabeza.
Pero se siente tan cálido...
Duh~ Duh~ Dejo esto por aquí y corro...
No, ahora en serio, ¿qué tal? :
