¿Acosadora?
Jade.
Dormía plácidamente frente a mí con su ceño fruncido, su boca entreabierta y respirando suavemente. No había podido resistirme, y al verla tan relajado, y pacifica, empecé a pasar mi mano por sus oscuros cabellos, sonriendo como una total y perdida idiota. Olía a frutas, lágrimas, y justo ahora, a paz. Daría todo de mí para que estuviese siempre tan relajada.
-Tori- susurré, contra mis deseos. Ella sonrió unos segundos y quise pensar que era por mí. Mi pecho se llenó de felicidad, alejándo la mala presión de hace unas horas.
Me impulsé un poco a la derecha, subiéndome un poco más a su pequeña, dura y deshecha cama.
-Jade , estáte quieta.- Su voz adormilada me dejó helada.
Con cuidado me moví hasta tenerla de frente nuevamente. Mordí mi labio en un impulso involuntario. Suspiré de nuevo cuando me aseguré de que seguía durmiendo.
¿Esto no me hacía una acosadora de primera mano? Espiando a la chica que me gusta, mientras duerme, irrumpiendo en su casa a altas horas de la noche, luego de haberla besado y que ella me hubiese alegado... y a pesar de todo, y seguía aquí, mirándola y asombrándome con ella. No era perfecta -¿quién lo es?-, era simple y pequeña, pero esto la hacía especial. No destacaba, mayormente porque siempre vestía de colores oscuros y se sentaba al fondo -al menos antes de que yo llegara y la obligase a sentarse delante-, deseando desaparecer a ser invisible por lo que era difícil reparar en su presencia. Pero, ahora, cuando llevamos unos meses conociéndonos, juraría que ella es la persona más especial que hay en todo el mundo, porque es Victoria. Victorira Vega. Borde y tierna al mismo tiempo. Fría y cálida. Triste y llena de una esperanza oculta. Ella era especial. Es especial. Pero había una luz que poco a poco se esta apagando, y yo me encargaría de devolversela, iluminar esa oscuridad que llevaba por dentro.
Me volví para mirarlo, y reprimí una carcajada. No tenía muchos ganas de sonreír, no con lo acontecido anteriormente, pero su pelo era para desternillarse. Mas no lo hice.
"Que raro se siente eso viniendo de mí... Es como... distinto"
-Ojalá algún día te des cuenta de cuánto vales, de cómo de valiosa ere para mí.- Mi tono de voz era el menor posible, agudizandola lo máximo que podía sin tener intención de despertarla. ¿Por qué ella no podía verse a través de mis ojos? ¿Por que no podía ver que cuando su risa era sincera y sus ojos se cerraban, no era horrible si no adorable?
Entre pensamientos sobre Vega y con sus respiración de fondo, acabé dormida; no sin antes darle un suave y duradero beso que hizo que ambas nos entremesiésemos, ella entre sueños, yo en el cielo.
"Quizá esto es la Bella Durmiente, y solo con mi beso de amor verdadero despertará de la eterna pesadilla."
Quise golpearme a mí misma por mi tontería sin límites, así que cerré los ojos y deseé dormir.
"Y seguro que ver a Vega despertar, será una de las pocas maravillas que la humanidad aún conserva."
