"Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mi es la soledad infinita"

Albert Camus

De esperas y reencuentros

Lo conoce tanto, tanto, como si lo hubiera parido. Pero, menos mal que no es por ese motivo, suspira aliviada. Pensar en él es recordarse lo mucho que lo extraña, es sentirse bien y mal a partes iguales: bien, porque sabe que el hombre de su vida está finalmente a salvo y mal porque, bueno, otra vez está en la misma situación, y lo echa de menos. Pero esta vez tiene que ser él.

Lo conoce tanto, tanto, que sabe por qué no se atreve a retomar lo que una vez tuvieron. A hablarle, decirle todas esas cosas pendientes. A besarle. Sabe que debajo de la fachada de hombre se esconde ese niño inseguro que siempre fue con respecto a algunas cuestiones. Por ejemplo, ella misma. Y también sabe que él no puede evitar sentirse culpable cuando mira a los ojos de cada miembro de su familia. De veras que tiene que clavar las uñas en la silla para no salir corriendo y tirársele encima y gritarle y pegarle...y después reconciliarse, claro. Tiene que comerse las ganas porque, esta vez, él debe dar el primer paso.

Es cierto, también, que tiene miedo. No quiere presionarlo, no quiere hablar de ciertas cosas y sospecha que lo mismo le pasa a él. Pero lo necesita. Quiere dejar de esconderse en el baño para que nadie la vea llorar y los demás sigan pensando que ella es fuerte, que sigue siendo fuerte. Porque tiene que serlo, ¿verdad? Eso es lo que le diría Fred.

Así que esta mañana que comenzó como todas las mañanas posteriores a la Batalla Final, Ginevra Weasley se mira al espejo y se infunde ánimos. Sale de su cuarto empapelado con afiches de las Arpías de Holyhead, estirándose cuan larga es y con la firme idea de que algún día será la buscadora de ese equipo de quidditch y su madre sonreirá un poquito hoy, cuando descubra la torta de manzanas que cocinó durante toda la noche, con el único fin de verla así: sonriendo. Aunque sea un poco.

Llega a la cocina y se encuentra con su padre en la cabecera de la mesa, leyendo el periódico. Lo besa, Buenos días, papá, y lo ve: el destello blanco de sus dientes al esbozar una sonrisa abierta. Su madre se percata de su presencia y deja sus quehaceres para voltearse hacia ella, con los ojos un poquito vidriosos. En sus manos tiene la bandeja rebosante de una deliciosa tarta de manzana: su postre preferido. Tal y como lo había predecido, los labios de Molly se curvan hacia arriba. Si Bill y Charlie vivirían allí, sabría exactamente qué hacer para lograr que de sus bocas escaparan sus risas melodiosas. Pero está Percy y -a pesar de las peleas y las distancias- las cosas vuelven a su sitio, a ser como eran: Ginny vuelve a ser su pequeña hermana a la cual proteger, y ella lo conoce y sabe del tipo de gestos que alegran a su hermano.

-¿No has pegado un ojo en toda la noche?

-He dormido perfectamente bien. ¿Por qué lo dices?

-Porque suelo usar ese libro como somnífero para las noches de insomnio- le replica ella con picardía, señalando a la gruesa enciclopedia que tiene su hermano entre sus manos.

Mira disimuladamente hacia el tramo de escaleras que se puede ver desde la cocina y descubre allí a George, escuchando divertido. Sabía que escucharía y sabía que obtendría el efecto deseado: George tiene ojeras, pero el pecho le vibra por una suave risa. Su atención vuelve a Percy y rebusca entre los cajones, hasta encontrar lo que lleva arreglando con sumo cuidado desde hace unos cuantos días.

-Cuando te fuiste, olvidaste esto... No está tan nuevo y reluciente como antes, pero pegué las páginas que estaban arrancadas.

Percy toma el libro, "Estudio sobre los prefectos de Hogwarts y sus trayectorias profesionales", y Ginny puede jurar que debe estar sintiendo cosquillas en los dedos cuando los desliza sobre las páginas, porque la sonrisa le baila, esta vez, en la mirada.

Hermione está leyendo, también, como cabía esperar. Su taza de café ya está vacía y parece tan despierta como siempre, aunque sean las ocho y media de la mañana. Su próxima jugada equivale a dos tiros: prepara el desayuno de Ron en una bandeja, agregando cuatro ranas de chocolate y una figurita de los Chudley Cannons que tomó de su habitación después de la boda de Bill y Fleur, cuando su hermano partió sin siquiera tener la oportunidad de decirleadiós. Se lo tiende todo a Hermione.

-Toma; llévale esto a Ron, por favor. Si no lo despiertas, seguirá roncando el resto de la mañana, y quiero limpiar mi cuarto sin esa banda sonora.

Hermione asiente, sonriendo.

-Le diré que lo has preparado tú solita.

Ginny le sonríe satisfecha, porque sabe que la comida y Hermione son las cosas favoritas de su hermano. Y Hermione también sonreirá cuando Ron la estreche entre sus brazos.

Cumplidos sus propósitos, sube a su cuarto.

A Harry Potter no puede regalarle sonrisas porque ya desayunó. Madrugó, como todos los días, y antes de que Molly empezara a batallar en la cocina, seguramente fue a caminar por las praderas, que se extienden más allá del jardín de La Madriguera. Como todos los días.

Hace una marca mental en el calendario de su corazón. El tiempo sigue pasando y ella...continúa esperando.

-O-

Harry Potter tenía que ser una persona muy decidida para convertirse en el héroe del mundo mágico, pero, en otros aspectos era- francamente- un poco lento.

Y él lo sabía, aunque sólo lo admitiera para sus adentros. Las chicas nunca se le habían dado bien. Pero Ginny no era una chica más, no. Era su chica. Y Ginny era una Weasley, además. Esa familia que adoptó como propia y que tanto sufrió por su culpa. No es tu culpa, le dicen los demás, y si Ginevra lo oyera le diría que deje de ser un idiota. Sonríe. No puede evitar lo inevitable durante mucho tiempo más. No sabe cuánto más aguantará Ginny, pero sí sabe que esta vez ella no hará ningún movimiento ni lo buscará. Está esperando que dé el bendito paso porque ambos han sufrido mucho pero ella...no quiere imaginarse lo que sintió Ginny cuando todo el mundo creía que Harry Potter había muerto.

Con un nudo en la garganta, se levanta del césped y sacude las ramitas de su pelo, como si intentara espantar esos tristes recuerdos. Respira hondo y empieza a caminar.

Ya está listo para seguir avanzando.

-O-

No tiene sentido que hoy esté así. Ya debería haberse acostumbrado. Tira con más fuerza de la necesaria las sábanas que cubren su cama. Ginny es una Weasley de la cabeza a los pies y, como tal, es práctica: no pierde tiempo realizando largos razonamientos inacabables, prefiere actuar, fijarse un objetivo y cumplir. Es terca y decidida, sabe que tiene que levantar los rostros gachos de su familia porque Molly Weasley, que siempre fue la encargada de llevar el timón del barco pelirrojo, todavía no se ha recuperado del todo y ahora es ella la mujer fuerte que sigue en pie, trastabillando a veces, pero dura y fuerte. Siempre, siempre fuerte. Arroja la ropa sucia con furia al cesto. No tiene por qué sentirse impotente hoy, si lo conoce como la palma de su mano y sabe que a Harry le falta tiempo. A todos, en realidad. Tiempo que se arrastra con una lentitud dolorosa y exasperante para gusto de una persona ansiosa y activa como lo es ella, pero tiempo necesario. Necesario porque, si bien Ginny Weasley es una chica de armas tomar, acciones rápidas y pecas que se disparan con resolución como su personalidad, Ginny se merece ser, por una vez, la princesa. Aunque le cueste admitirlo, a veces siente la necesidad de ser ella quien por fin pueda sucumbir al llanto delante de alguien, para así dejar de ser esa chica que nunca llora frente a los demás. El peso desolador de la posguerra le exprime el corazón, revolotea con pensamientos deprimentes sobre su cabeza y Ginny apunta su varita hacia la ventana para que se abran las cortinas y el sol de un nuevo día le dé en la cara, porque tiene que dejar de pensar en esas cosas, maldita sea.

Por mucho que lo ansíe, desee actuar y dar un paso adelante -como siempre lo ha hecho-, Ginny Weasley, esta vez, prefiere esperar. Después de todo lo que ha perdido, quiere disfrutar de algo tan simple como una declaración de amor. Una petición de noviazgo. Parece mentira que algo tan natural como eso fuera capaz de iluminar su vida en estos tiempos de oscuridad. Sólo pide eso: unas simples palabras, unos sencillos gestos. Le gustaría vivir una pequeña porción de lo que supone tener diecisiete años. Sin guerras, ni lágrimas, ni caídos. Sólo unas gotas de romanticismo, ¿es mucho pedir?

Pero, ¡maldición! ¡Si ella le dedicó su primer poema de amor con tan solo once años! Su primera humillación pública y todo por el chico de sus sueños, para más señas. Lo esperó por cinco, ¡cinco!, años y, sin embargo, también fue ella quien tuvo que plantarle la boca en sus labios porque si lo esperaba...si lo esperaba, ese primer beso nunca iba a llegar.

Sí, Ginny Weasley sabe que Harry Potter es un héroe con complejo de superviviente híper desarrollado. Y un idiota, claro.

-O-

La puerta del cuarto de Ginny está abierta y desde allí Harry la puede ver, con unas sábanas entre las manos y la vista posada más allá de la ventana, perdida en el pintoresco paisaje o en recovecos más oscuros. Golpea suavemente la desvencijada puerta y la pelirroja da un respingo.

-Lo siento. No quería asustarte- se apresura en decir.

Ginny tarda unos minutos en girarse y afrontarle. Harry se pregunta, una vez más, si habrá estado llorando.

-Hola- le dice ella con voz queda, dejando las sábanas sucias sobre un canasto.

-¿Podemos hablar?

Ella asiente y Harry no sabe cómo, pero está seguro que ella presiente qué es lo que va a decirle.

Le cuesta hablar. Elegir las palabras adecuadas, expresarse bien y decirle todo lo que siente sin que la desesperación se abalance sobre sus corazones. Los segundos transcurren con una lentitud asfixiante y él podría pasarse horas y días enteros perdiéndose en el iris castaño de la pelirroja. Pero tienes que decir algo, Potter.

-Yo...Ginny, la verdad es que no sé cómo decirte...todo lo que hemos pasado y no estuve cuando más me necesitaste...Te he echado de menos, no sabes cuánto...Perdóname, Fred no se merecía...Lo siento mucho, Ginny. Lo siento, lo siento, lo...- la boca se le seca y no puede seguir y Ginny, que no apartó su mirada de él ni por un segundo, está llorando. Pequeños ríos surcan su cara sin poder evitarlo.

Ella se limpia las lágrimas a manotazos y se aparta el pelo de la cara.

- Te estaba esperando, Harry. Te estaba esperando.

Y le sonríe de esa forma que lo vuelve loco: una sonrisa de lado, las pecas arremolinándose en torno a su nariz, las mejillas levemente sonrosadas, la mirada profunda que parece decirle que ella lo conoce más que nadie. Probablemente, más de lo que él mismo se conoce.

La necesidad se vuelve apremiante y tiene que tocarla y sentirla para apaciguarla, así que Harry la toma entre sus brazos, la abraza, la estruja y aprieta y Ginny ríe. Me estás matando, Potter, siempre me estás matando.

Caen sobre la cama y sus bocas se buscan y se reencuentran después de mucho tiempo. Hay jadeos, manos que tientan, piel contra piel, gotas de agua que caen de los ojos, dedos entre el pelo y lenguas que se tocan entre besos interminables. Ginny a veces le pega y le recrimina, Idiota, ¿por qué tardaste tanto? Me estaba volviendo loca. Él no puede evitar disculparse por todo: por la guerra, por el sufrimiento, por su familia, por ese hermano que se fue, por los meses separados sin saber nada del otro, por todo lo que tardó para llegar a este momento. Las mejillas de ambos están húmedas y de a ratos permanecen en silencio, abrazados, con los ojos cerrados. Ella le da una bofetada cada tanto y le dice, mitad enojada, mitad dolida, No vuelvas a fingir tu muerte nunca más. Él se lo promete y saborea la piel de su cuello, haciéndola estremecer. Ginny mete las manos debajo del jersey de lana, marca Weasley, y las desliza por su pecho, trazando espirales. Él se aprieta más a ella y le clava las uñas en su cintura, entonces Ginny le quita las gafas para besarlo sin impedimentos y Harry descubre, para su sorpresa, que a pesar de ser bastante miope puede ver con claridad los puntitos marrones que salpican la cara de la pelirroja; puede contar cada una de esas pecas porque están cerca, tan cerca, más cerca de lo que nunca han estado: sin guerras, ni mortífagos, ni días que esperar, ni lágrimas por llorar, ni batallas que pelear. Sólo Harry y Ginny, sin obstáculos.

¡Al fin!, grita Harry, y ella le pellizca cariñosamente el brazo y le muerde la nariz.

Ginny Weasley posa sus labios en la cicatriz de Harry y le revuelve el pelo, que para esas alturas es un remolino azabache.

-No creas que te has salvado de mis mocomurciélagos, Potter. Te los echaré cuando dejes de besarme.


N/A: ¿Hay alguien por aquí? Me he demorado muchísimo desde la última publicación, muy mal lo mío, lo reconozco...La Real Life se volvió turbulenta en estas épocas y la verdad que no me quedaba mucho tiempo para ponerme a escribir. Y cuando lo tenía, además, no se me venía nada interesante a la cabeza para contar. Les pido mil disculpas por haber desaparecido y ojalá que estos cuatro capítulos que voy a subir los recompensen un poco si estuvieron esperando (porque a lo mejor se cansaron y ya desistieron de leer el fic u.u)

Este capítulo va dedicado especialmente a Sara-Lily-Potter. Te mereces cientos de viñetas H/G mejores que ésta, pero tengo que decir que traté de hacer lo mejor que pude. Y no quedé conforme =( Ojalá que a ti sí te pueda gustar aunque sea un poco. ¡No te imaginas las vueltas que di para escribir esto! Borraba, volvía a empezar y así sucesivamente...Me cuesta mucho escribir a Harry, porque conoces más de él que de cualquier otro personaje, y por eso trato de cuidarme para no hacerlo muy Ooc...Anyway, esto va para ti con mucho cariño ;) Y ya que estamos, aprovecho el espacio para recomendar un fic de Sara: si te gusta el Harry&Ginny, y querés leer un buen fic tierno y bien escrito, ve ya mismo a leer "Pase lo que pase", de Sara-Lily-Potter, ¡que no te vas arrepentir! Y si te gusta su estilo narrativo, tienes a "No puede evitarlo" y "¿Un nuevo comienzo", también de la misma autoría. Vayan a mi lista de historias o autores favoritos y allí la encontrarán :)

¡Espero sus comentarios en esta viñeta! Ahora vamos con el próximo cap!