Seguridad.
Victoria. (Pasado)
Lo ha imaginado tantísimas veces que en el momento en el que se decide, lo hace de forma natural, como si aquello no le costase la vida. Literalmente. Un paso, dos, tres, cuatro... y llega al borde. Expira, aspira y mira para abajo. No tiene vértigo, nunca lo tuvo, pero esa situación es tan frágil como ella y en un solo suspiro, morirá. Lo sabe. Lo desea.
Una lágrima se acelera a ella y cae por aquella altura. Tori anhela tener el valor de ser la siguiente.
Alza sus mangas y mira sus muñecas, marcadas y heridas.
"¿Por qué yo?"- Se pregunta desde hace muchísimo tiempo, pero no ha encontrado la respuesta. Está bien. Quizá ese sea su único cometido en la vida. Ella es una de las personas que nacieron para morir. Una de esas personas tristes que jamás podrán llegar a ser felices, un humano que está destinado a perderse y a perder todo lo que ama.
Vuelve a mirar abajo y en su garganta se forma un nudo que jamás sale de allí, que es imposible de tragar.
Sonríe con pesar y pone un píe fuera. Por fin terminará con todo, con el dolor, con la pena, con las heridas... con ella mismo. Con su mayor monstruo.
-¿¡Qué estás haciendo allí?! ¿Quieres morir o qué, idiota?- Mira hacia atrás en un rápido movimiento y aún, shockeada se pregunta quién es ese chica y que hace allí. ¿El Universo es tan malo que no la quiere dejar morir ni vivir? ¿Qué debe hacer para estar en paz, entonces?
-¿Y a ti qué te importa?- Pregunta, con el peor tono que pudo encontrar.
-Hombre, me importa porque estás al borde de una terraza de la escuela, así que...
Rueda los ojos e ignora a la muchacha, pero esta la coge de la mano y la empuja hacía sí. Victoria quiere saltar y ser libre, Jade la retiene, sin saber qué pretende esa chica, dispuesta a traerla consigo de nuevo a la vida.
-¿Quieres bajarte de allí y dejar de hacer el tonto, Vega?- La menor, anonadada se pregunta como alguien como ella, Jade, la chica que se sienta a su lado, se ha percatado de su existencia.
-¿Cómo sabes mi nombre?- Es lo único que sale de sus labios, en un suave susurro. Quiere soltarse del agarre de la mayor, porque su muñeca quema a causa de los cortes, y un poco más para arriba tiene un moratón reciente de un gran golpe con la correa que su padre le dio.
-¿Porque te sientas a mi lado, tal vez?- La pelinegra omite la parte de "Y porque me pareciste demasiado intrigante desde el primer día. Y tierna. Muy tierna. Aunque eso no tienes porqué saberlo."
No sabe qué decir, así que no dice nada. No puede hablar. Ella sigue queriendo saltar.
Cuando vuelve en sí, está siendo arrastrada escaleras abajo por Jade, quien la está llevando arrastras. La menor grita cosas que no pueden ser entendidas.
-¡Me quieres dejar, idiota! ¿No ves que te vas a poder conmigo? Peso demasiado.- La mayor ríe y la medio latina le pega, o lo intenta, porque sabe -cree- que se está burlando de ella. Está gorda, lo sabe, pero no quiere que se lo digan aún más.- ¡Mierda, que me bajes West!
-No voy a dejarte en una terraza solo cuando estabas al borde.
-No iba a saltar- Susurra ahora más tranquila ya que Jade la ha dejado en el suelo. Aunque porque han llegado a la planta baja. Al ver los pasillos completamente vacíos se pregunta qué hace ella allí si es horario de clase.- ¿Por que te has salido de clase?
-Porque no habías llegado en más de media hora, y una persona no tarda media hora en ir al baño.
-¿Te ha mandado la señorita Gómez?- Frunce el ceño y es que... estaba allí, a punto de terminar con todo por fin, y en cambio, tuvo que aparecer Jade, la nueva chica pelinegra que ahora se sienta a su lado, y devolverla de un solo toque a la vida.
"Odio a este chica"
-No, fui por mi cuenta. Me preocupé por ti, Vega. Y yo no me preocupo por nadie.- La menor no sabe qué decir.
"Pero es ella la única que me hace sentir estas cosas desde hace una semana..."
A la salida mira hacia arriba, piensa en como se sintió esta mañana por los gritos de su padre, por la primera vez que la tocó más allá, por aquel insulto que jamás había dicho hasta ese día "Tú tienes la culpa de estar solo. Y me has dejado solo a mi, gorda bola de mierda.". Piensa, piensa y piensa. Y cada vez tiene menos ganas de ir a casa y más ganas de volver a esa terraza y saltar. Y nada más pensar en eso, allí está de nuevo Jade, a su lado, sin tocarla -en qué momento la mayor se dio cuenta de que le incomodan que le toquen-, y sin palabras, sin hablar de lo que sucedió allí arriba hace unas horas, siguen adelante.
Se conocen solo de una semana y media, pero... Jade West espera mucho más.
En cambio, Victoria Vega solo se concentra en el hoy. En ese momento. En el que tiene a alguien al lado con la que se siente un poco más segura, con la que sus pensamientos y sus voces se callan unos segundos, donde las heridas parecen no doler tanto y donde una agradable sensación -seguramente de amistad- crece en ella. Aunque solo un poco, porque no puede permitirse más.
