"La guerra deja ardua herencia de guerras"
Guglielmo Ferrero
Estigma
Scorpius Malfoy tenía seis años y no entendía muchas cosas. No sabía por qué a veces lo señalaban por la calle personas que no recordaba haber visto nunca. Cuando le preguntaba a su madre, ella le decía que era especial, quizás por eso lo miraban. O tal vez lo confundían con otro niño.
Scorpius tampoco comprendía a la mayoría de los niños de su edad. Su abuela Narcissa solía llevarlo al parque los domingos, temprano en la mañana. Aunque a Scorpius le encantaba dormir, era capaz de levantarse porque adoraba construir castillos de arena, tirarse por el tobogán, que su abuela lo hamacara cada vez más y más alto. Incluso, si el sol iluminaba el día y hacía calor, lo llevaba a tomar un helado. Scorpius casi siempre jugaba solo, porque las demás familias no madrugaban para ir al parque. Y cuando algunos padres con sus niños comenzaban aparecer, su abuela lo tomaba del brazo y se iban de allí tan rápido que Scorpius casi no podía seguir el ritmo acelerado de su abuela, con sus piernas cortitas. Una vez, cuando a Scorpius le agarró un berrinche fenomenal porque no encontraba su escoba de juguete, la abuela Cissy tuvo que quedarse unos minutos con él, buscando entre los granos de arena y tierra. Y entonces, Scorpius lo recuerda claramente, un chico bajito y de pelo negro enrulado, se le acercó y le preguntó si estaba jugando al explorador. Scorpius le dijo que sí, que debían encontrar su escoba y su nuevo amigo se puso manos a la obra. Scorpius estaba feliz: ¡casi nunca estaba con niños de su edad!; siempre se encontraba rodeado de los aburridos mayores. John encontró la escoba detrás de unas plantas, cerca de los subibajas. Los chicos se abrazaban y saltaban, contentos e inocentes. Hasta que se escuchó el grito.
-¡John! ¡Ven aquí inmediatamente!
Un hombre que parecía tener la edad de su padre, le hacía señas a su amigo, mientras miraba nervioso a su abuela. Narcissa lo tomó de la muñeca y trató de levantarlo del suelo, limpiándole el pantalón cubierto de tierra.
-Vámonos, cariño.
Ante la insistencia de su padre, John se marchó sin despedirse y ésa fue la última vez que Scorpius lo vio.
El pequeño no entendía muchísimas cosas y, cuando las comentaba en voz alta, siempre recibía las mismas respuestas: los adultos le decían que de grande entendería, que todavía era muy pequeño para comprender ciertas cosas...incluso, a veces, fingían que no lo oían.
Aunque amaba a su padre, a él no solía atosigarlo con tantas preguntas porque siempre que lo hacía notaba que se ponía tenso y, una vez, creyó oírlo llorar, encerrado en su despacho, después de que le preguntara por qué un señor le había escupido cuando caminaban por el Callejón Diagon.
Una tarde de julio, a Scorpius le habían entrado unas incontenibles ganas de nadar. Sus abuelos Greengrass tenían una piscina enorme, con burbujas multicolores que hacían sonidos variados al explotar.
-Papi, ¿podemos ir a nadar?
Draco Malfoy dejó de llenar unos formularios y lo miró desde arriba, sonriéndole.
-Mamá acompañó a los abuelos a hacer el chequeo médico. Iremos mañana a su casa y podremos nadar.
El niño hizo un mohín con la boca.
-¡Pero hace mucho calor!
Su padre se rió ante la visión del pequeño de brazos cruzados y el entrecejo fruncido.
-Vayamos al patio y nos mojamos un poco, ¿quieres?
Quince minutos después, padre e hijo se encontraban en el jardín trasero de la mansión, mojándose con manguerazos y riéndose a carcajadas.
Cuando Scorpius le tiró un chorro potente a su padre, empapándole la camisa, éste se la quitó. Y Scorpius le vio, por primera vez, una mancha negra y verdosa en el antebrazo, por encima de la muñeca.
-Papi, ¿eso es un tatu...tatuaje?
Draco se paralizó en el acto e, instintivamente, se tapó con la mano libre donde su hijo miraba. Parecía nervioso.
-No, no lo es.
Scorpius no sabía si insistir o no: su padre parecía preocupado y un poco triste. No quería hacerle daño, ¡quería que volviera a ser el papá divertido que le sacaba la lengua, le daba volteretas en el aire y le tiraba agua!
Pero entonces algo se encendió en su cabecita de niño, y se acordó de una de las cosas que no entendía y le había preguntado a su padre. Draco casi siempre usaba camisas de mangas largas, incluso en los días más calurosos. El niño pensaba que era su uniforme de trabajo, pero lo cierto es que su papá tampoco usaba remeras o camisetas de mangas cortas cuando estaba en casa. ¿Tal vez papá no quería mostrar su tatuaje o lo que sea que fuera?
Enfocó sus ojos grises en los de su padre y él bajó la mirada cuando le dijo.
-Es...es sólo...Un recordatorio de lo que no debo volver hacer.
Quizás Scorpius comenzara a entender.
N/A: Esta viñeta es exclusivamente para Herm Black. ¡Niña! ¿Qué puedo decirte a estas alturas? Gracias por tus comentarios constructivos; ojalá sigas leyendo a Postales para que puedas ver esta viñeta.
¡Los reviews me hacen feliz! ¿A qué esperan? xD
