Latido.
Victoria.
Alzo la mirada hacia el cielo, que está nublado por algunas nubes de color grisáceo.
-Has estado... dos semanas desaparecida.- Susurra, demasiado cerca de mí. Yo solo asiento con la cabeza, con deseos de que deje ese tema tan lejos como pueda. Aún me asombra que me hable, de verdad creí haberla perdida para siempre cuando abandonó mi casa, con su cabeza baja y su mirada incrédula. Tras un, lo que a mí me parece eterno, tiempo, vuelve a hablar.- ¿Estás bien?- ¿Qué es estar bien, verdaderamente? ¿Se puede estar bien alguna vez? Es tan subjetivo...
-Sí.- Miento, porque es lo que se me da bien, ser falsa y odiarme por ello.- Yo siempre estoy bien.- Y una sonrisa que no siento, vuelve a mis labios, aquella que ya sale sin ser llamada, sin ni siquiera tener la intención de que aparezca.
Y después de unos segundos donde la campana suena, ella pregunta lo que yo esperaba que hubiese sido borrado de su mente.
-¿Qué pasó con tu papá?- Mi mente se queda en blanco, no queriendo procesar esa pregunta ni respuesta alguna, así que comienzo a andar hacia clase, aunque la verdad es que ni recuerdo qué asignatura me toca justo ahora.
Los estudiantes caminan en todas las direcciones, interponiéndose en nuestros caminos, azotando golpes no deseados con sus mochilas y pateando lejos la tranquilidad que había vivido cuando este lugar estaba prácticamente vacío. Cuando alguien se roza conmigo, mi mente da vueltas, tanto por la incomodidad como por el dolor de mis heridas.
-¿Veg- Antes de que vuelva a preguntar, mientras cruzo la puerta a la clase de Comunicación Audiovisual, respondo nuevamente con una mentira.
-Solo es...- Las palabras saben ácidas. -demasiado estricto.- Suplico por no haber temblado demasiado, y si lo he hecho, que la mayor no lo note.
Y sé que quiere explicar porque se coló en mi casa, o quizá quiere preguntarme si mi padre dijo algo por lo ocurrido, pero no la dejo, y camino a mi lugar. Y antes de que empiece la clase, ella está a mi lado, en el asiente libre,- ese que desde los primeros días, se agenció como suyo sin importarle nada mi opinión- sonriéndome con tanta dulzura que algo imperceptible brilla en mí unos segundos.
-Mejor, porque no quiero alejarme de ti...- Sus palabras tienen el tono de hace unos minutos cuando dijo que ella lucharía por mí, y mi corazón vuelve a acelerarse de la misma manera. Me sorprende, porque pensaba que un corazón tan roto no podía latir con esa energía. Aunque intento que sus palabras no me den aliento, pero no lo consigo. Ella, Jade West, hace que lo negro se torne un poco más gris, que no haya tanta oscuridad, encendiendo una luz en mi interior, la luz que ilumina en mi oscuridad.- Porque, como te dije, voy a luchar por ti. Haré que te enamores de mí, Vega. Haré que sonrías, que seas feliz...- Y la profesora entra, con su típica carpeta verde, sus marcadores violetas y rosas, y sus papeles repletos de palabras que ahora mismo no puedo leer, y por consecuencia, Jade se aleja de mi, sus susurros lejos de mi oído, pero su mano, como ya es costumbre, nunca suelta la mía. A pesar de que mi cabeza me grita, me ordena que la suelte, no lo hago. A pesar de que mi corazón me implora, con un suave y casi inaudible hilo de voz, que no caiga por Jade, tampoco puedo hacerle caso, y eso me asusta.
"No quiero caer por nadie. Ni enamorada ni herida. No... quiero caer más."- Pero otra parte de mí, esa que está empezando a depender de la morena que está sentado a mi lado, brilla, gritando: "¿Alguien quiere luchar por mí?"- Cierro los ojos, escuchando de fondo los 'Te quiero' de Jade que susurró aquella tarde en mi casa, cuando jugábamos con las estrellas, y dejo que sus caricias me den esa paz que tanto necesito y que ella solo pude darme, sintiendo el miedo recorrer mis venas.
