La primera vez que Victoria escucha gritos en su casa, tiene casi cuatro años, y ella se pregunta qué ha pasado para que su papá llegue tan enfadado a casa.

Corre a la habitación de su hermana, con lágrimas corriendo por sus mejillas y sus pequeñas manitas temblando.

-Tranquila, Tori, todo irá bien.- Dice la mayor, para después abrazarla. Ella se aferra a ese abrazo como si fuese su única salvación.


Se despierta sudando y totalmente agitada, con las imágenes volando en su cabeza. Se levanta y corre a la ducha, para bañarse con agua fría. Se fija en sus brazos, piernas y cintura mientras se seca, y por un segundo se siente algo, una especie de brillo, al ver como no hay nuevos cortes en su piel desde hace casi dos semanas.


Corre a su escritorio y abre los libros, dispuesto a avanzar en el trabajo.

-¿Dónde está mi comida?- Grita el padre de la medio latina, nada más entrar por la puerta. Victoria salta de su silla, rosa pastel, que suena ante el abrupto movimiento, y cierra rápido su libro de historia como si estuviese haciendo algo indebido.

-Y-ya voy.- Su voz temblorosa sale sin poder ser controlada. Baja las escaleras y se pone frente a él, esperando que todo pase rápido.- Lo siento, estaba estu-estudiando y no podía...

Algo brilla en los ojos de su padre, y Tori tiembla. Es esos momentos en los quería correr por la puerta y no volver su mirada hacia atrás, pero entonces, ¿cómo iba a dejar esa casa con todos los momentos vividos con su madre y su hermana? ¿a dónde iba a ir, de todas maneras? No tenía lugar en el mundo, pero al menos, tenía un techo donde acudir, aunque vivir allí fuese una tortura.

-Ahora.- Y ella tiene miedo de incluso mirarlo a los ojos.

"Algo que no entiende la gente, es que la depresión no te quita la alegría, te quita la esperanza."

(...)

Su móvil suena, con la canción de 'War of hearts'. Tori sale de su habitación hasta la cocina a por su teléfono móvil. Desde lejos se da cuenta de que la funda está raída por la parte de abajo y que ya no cierra por el golpe que dio hace dos semanas, cuando él la estampó contra el suelo, haciendo que su móvil fuese al suelo junto con ella.

-¿Sí?- Contesta, y por un segundo teme que sea su padre, ya que ha olvidado mirar la pantalla para ver quien llama.

-¿Quieres venir a mi casa?- Es Jade, con su tono frío pero cálido a la vez, no hace falta mirar nada, esa voz podría reconocerla en cualquier lado, y al parecer, el latido frenético de su corazón también.

-¿A tu casa?- Pregunta, y se alegra que su padre se haya ido a una reunión.

-Sí.

-¿Para qué, Jade? Estoy estudiando y...

-Quiero ayudarte.- Las palabras tienen el efecto de hacer sonreír a Tori, una diminuta sonrisa. Y es que hace dos días, aún cuando su mente gritaba que era una molestia, le pidió a Jade West que la ayudase con el examen de matemáticas, ya que como había faltado tanto a clases estaba algo perdida , y no podía permitirse bajar de nota media, o su cuerpo pagaría las consecuencias (literalmente).

-¡¿De verdad?!- Tori, sorprendiéndose incluso a sí misma soltó un grito bastante femenino y entusiasmado, y la gótica se dice a sí misma que haría cualquier cosa en el mundo por escucharla así de nuevo, porque realmente parece un niña pequeño.

-Claro, ¿por qué creías que te iba a decir que no?- "Porque nadie me quiere lo suficiente" o "Porque no suele salir nada como quiero" o "Porque soy alguien que no tiene remedio"; pero en cambio, la menor no dice nada, simplemente se encoge de hombros y se siente idiota cuando se recuerda que Jade no está frente a ella .- ¿Y cuándo quieres que vaya?

-Ahora mismo, por supuesto.- Responde, sin dejar lugar a dudas. Así es Jade West, tiene una oportunidad, y la aprovecha al máximo.

-¿¡Ahora mismo, Jade?!- Ni siquiera mira el reloj, pero sabe que es tarde. Demasiado tarde.

-Claro. Podemos hacer una fiesta pijama y te quedas en mi casa a dormir.

-Pero yo... yo no sé estar con muchas personas.- Dice, asumiendo que la chica al otro lado de la línea invitará a todos sus amigos, que serán muchos ya que siempre lo ve hablando con mucha gente a todas horas.

-Solo estaremos tú y yo, Tori.- Y quizás, se dice Jade, ha usado un tono demasiado tierno.

Tori piensa en muchas cosas,, sobretodo en excusas, pero la morena no puede concentrarse en nada en concreto; siempre pasa eso cuando se trata de la mayor.

Y no sabe porqué, pero lo único que hace, quizá por primera o segunda vez en su vida, es dejarse llevar por el corazón.

-Vale.

"Y quizá, alguien como Jade, poco a poco, te ayuda a recuperarla. A sonreír. A sentir."