Buenas tardes, Aqui les traigo el segundo capitulo de este fic, espero que les guste, aunque yo misma debo de decir que realmente creo que se me fue la mano D: igual espero que les guste =)
Cuidense mucho. Bye
Capitulo 2: El Accidente
Viernes 7 de mayo. Restaurante Chez París 20:00 pm
Una vez llegaron al restaurante, la pareja fue atendida por el mesero, quien los ubico inmediatamente en la mesa para dos que había reservado anteriormente Arnold con el propósito de darle una noche especial a su esposa.
-Vaya- dijo casi inaudible Helga al llegar a esa mesa que estaba especialmente decorada para la ocasión, tenía unas cuantas velas y un exquisito vino para acompañar la cena.
-Vamos, siéntate- le ofreció Arnold mientras se acercaba a una de las sillas y la movía un poco para permitirle a Helga tomar asiento -veo que no te esperabas una velada tan romántica- le dijo en medio de un susurro estando sonriente, para luego sentarse en su respectivo asiento al frente de la rubia.
-Bien chico listo, tienes razón ¿y qué?- le pregunto la rubia en tono bromista fingiendo seriedad y molestia.
-Señor y Señora Shortman aquí les traemos su cena- anuncio el mesero mientras que atrás de el llegaron otros meseros que empezaron a poner los platos con la comida que había pedido el rubio cuando hiso la reservación -Espero que tengan una agradable velada- finalizo el mesero una vez estaban los platos en mesa, y después de una pausa se retiro dejando a la pareja a solas.
Ambos rubios durante la cena charlaron de varios asuntos mientras reían y recordaban lindos y divertidos momentos que habían pasado juntos desde que se conocían, hasta ahora que eran marido y mujer.
-yo no olvido ninguno de los momento que viví contigo, todos los días de mi vida recuerdo como fue que llegue a enamorarme de ti- comento la rubia una vez termino con su cena, mirando fijamente a Arnold que lucia muy sereno.
-yo tampoco olvido ninguno de esos momentos- respondió dejando pasar por su mente el día en que conoció a Helga G Pataki, que aunque toda su infancia fue muy cruel y despiadada con el y sus demás amigos; realmente era la persona más débil y vulnerable que había conocido y que así tal cual con sus fortalezas y debilidades lo tenia locamente enamorado.
Helga se quedo en silencio por unos momento y sin decir nada tomo las manos de su marido por en cima de la mesa -Arnold, cariño...- comenzó a hablar seriamente a su esposo mientras lo miraba con ternura sin soltar sus manos.
Helga solo sonrió nuevamente pensando en darle a Arnold la noticia que había recibido por parte de su buena amiga Phoebe -Arnold, Amor sabes que con solo amarme haces la mujer más feliz del mundo...- hablo mientras soltaba las manos del rubio y con mucho nerviosismo empezaba a tocar su brazo como siempre solía hacerlo -...pero debo de decirte que...- añadió mirando al rubio con seriedad.
-¿Que te sucede Helga?- pregunto esta vez serio al notar la seriedad y el nerviosismo que demostraba la chica de ojos azules.
Helga solo miraba de un lugar a otro esquivando la mirada del el rubio, que se preocupada cada vez más -Arnold...- dijo aun más seria que antes, esta vez mirando al rubio -Yo... –continuo cerrando tranquilamente sus ojos y dando un largo suspiro.
-¿Tú...?-dijo un poco impaciente el cabeza de balón intentando sostener nuevamente las manos de Helga.
-...Yo solo espero que tus descendientes no hereden tu enorme cabeza de balón, por que no quiero ni imaginar como seria un parto en esas circunstancias- le dijo esta vez en tono bromista mientras que en su rostro se formaba nuevamente esa amplia sonrisa que había tenido durante toda la velada.
El rubio suspiro profundo al ver que su esposa no le decía nada del otro mundo, pero tardo pocos segundos en procesar la información que había oído -He...Hel...Helga... - dijo completamente nervioso el nombre de su esposa -¿T...tu me estas tratando de decir que voy a ser padre?- pregunto prácticamente tartamudeando, mientras tomaba nuevamente las manos de Helga esperando su respuesta; la rubia lo miro con cariño y simplemente asintió dejando salir de sus ojos nuevamente lagrimas de alegría -¡Oh por Dios! Helga, no sabes por cuanto tiempo estuve esperando por este momento- se expreso completamente emocionado poniéndose de pie para abrazar a su esposa -¡Helga, no sabes cuanto te amo! ¡Te amo a ti y a esa hermosa criatura que hay en tu vientre!- grito eufórico llamando la atención de las personas que aún estaban dentro del restaurante.
-Yo también te amo- fueron las únicas palabras que pudo decir la rubia antes de ser callada por el desesperado beso que le dio Arnold sin importar que estuvieran en un lugar rodeado de miles de personas que los observaban impresionados.
Sin pensarlo dos veces el rubio con cabeza de balón llamo al mesero y una vez llego este, desesperado pidió la cuenta de la cena y luego de esto salió un poco apurado junto a Helga; ya que la quería llevar a un lugar muy especial para el; un lugar en donde además de poder estar solos, el le podía dar el un obsequio especial a la rubia.
Desde que salieron del restaurante Helga solo reía tímida como una adolecente enamorada por la actitud de Arnold; pero aún no se imaginaba a que lugar la llevaría su esposo, solo se dignaba a mirarlo y sonreírle mientras tocaba un poco su vientre.
-Listo, llegamos- anuncio el rubio bajando del auto y abriéndole la puerta la chica.
-si, eso noto melenudo- respondió bromista sin borrar la sonrisa de su rostro -¿Por que vinimos tan tarde?- pregunto esta vez seria teniendo en cuenta que eran más de las once de la noche y el lugar estaba desolado.
El rubio sonrió tomándola de la mano, para darle a entender que no tenia por que tener -Helga, como bien sabes en este lugar, mirando las miles de luces de Hillwood y mirando las estrellas fue en el que te pedí que fueras mi esposa- explico caminando con Helga hasta llegar a un barandal.
-si, es cierto, este es nuestro lugar especial- la rubia se aferro a su compañero dándole un cálido abrazo mientras miraba junto a el paisaje que los rodeaba.
-Bien, y por eso es que quiero que no sea solo nuestro lugar especial, si no también sea el de nuestro hijo- le dijo mientras le correspondía el abrazo haciendo una pausa y respirando profundo -Mira Helga- dijo tomándola por los hombros y rompiendo el abrazo -yo realmente te amo y quiero hacerte muy, muy feliz. Quiero jurarte aquí bajo la luz de la luna y de las estrellas que nunca, jamás te dejare; que estaré siempre a tu lado y que siempre sin importar las circunstancias te amare- le dijo mirándola fijamente a los ojos, transmitiéndole a la chica todos esos sentimientos que tenia dentro; de por si el la amaba, pero esta vez sentía la necesidad de decírselo una, otra y otra vez como si fuese la ultima vez que pudiera decirlo.
El rubio sentía ansiedad y necesidad de estar junto a ella, quería abrazarla y besarla como si de ello dependiera toda su vida... Habían tantas cosas que quería, pero por el momento se conformaba con estar en ese lugar con esa persona tan especial que tanto amor le había dado durante toda su vida.
-Ahora te amo más que nunca, por que gracias a ti y a todo ese amor que me tienes es que estamos aquí juntos como siempre debimos y debemos estar- continuo hablando el rubio sin detenerse volviendo a abrazar a Helga.
-Tonto cabeza de balón- dijo la rubia humedeciendo con sus lagrimas la camisa de Arnold -mira, me hiciste arruinar mi maquillaje- le renegó limpiándose las lagrimas, logrando sacarle una sonrisa al chico, que no dudo en besarla de nuevo.
-lo siento, te hice llorar- se disculpo una vez termino de besarla uniendo su frente a la de la rubia y luego de un buen rato se abrazaron nuevamente, mientras miraban las estrellas en el cielo.
El tiempo pasó rápidamente y sin que lo notaran ya eran un poco más de la media noche. Helga que apoyaba su cabeza en el hombro de su marido se había quedado dormida ante la atenta y detallada mirada del chico que no podía evitar estar completamente enternecido al lado de las dos personas que más amaba. En silencio y con mucho cuidado, Arnold cargo en sus brazos a Helga intentando no despertarla; la llevo hasta el auto y la ubico en el puesto de atrás de tal manera para no dejarla incomoda. Después de todo ello, subió en silencio al auto y con el mayor de los cuidados condujo para llevarla a su hogar que estaba algo alejado.
Durante el camino a casa, Arnold no paraba de pensar en Helga y en su futuro hijo, estaba emocionado, pero eso no quitaba el hecho de que iba completamente concentrado en el camino; después de todo como buen hombre que era quería evitar un accidente que dañara a su familia. Pero con lo que no contaba el rubio era que un hombre en otro lugar de Hillwood, con miles de problemas y muy borracho a causa del alcohol, no tuviera la misma consideración que el...
El rubio aun estaba a unas calles de su casa y pacientemente se detuvo en el ultimo semáforo que estaba en rojo; una vez cambio la luz a verde, Arnold arranco de nuevo y en medio del camino lo único que sintió fue un golpe de un vehículo que no había respetado la luz de rojo y que iba a una gran velocidad; durante el momento de la choque, el coche en el que iban ambos rubios alcanzo a terminar rodando debido al fuerte impacto que le propicio el otro coche; el rubio después de los giros que dio su coche; aún consciente en lo único que pensaba era en intentar era liberarse de ese estúpido cinturón de seguridad que le impedía ir llegar a donde estaba Helga completamente golpeada mientras que de su cabeza salía mucha sangre a causa de un fuerte golpe que había recibido.
-Helga… Helga…- decía una y otra vez el nombre de su esposa con la esperanza de que ella le respondiera –Helga, por favor, respóndeme!- gritaba con desesperación saliendo del lugar en el que estaba; pero aun así la rubia no respondía.
Una vez el rubio logro liberarse, noto la gran conmoción que había fuera del vehículo, muchas personas solo miraban asustadas el accidente y otras llamaban a una ambulancia en busca de ayuda. Pero al rubio no le importaba en ese momento lo que sucediera con las demás personas, solo le importaba su esposa, esa chica rubia que el amaba y no quería perder por la imprudencia de otro. Arnold con mucho esfuerzo, logro salir de automóvil y una vez estuvo fuera, con mucho cuidado logro sacar también a Helga; notando que su lindo y brillante cabello rubio ahora estaba cubierto en gran parte por la sangre que salía de su cabeza.
-Helga, Cariño… Despierta!- continuaba desesperado sacudiendo un poco a la rubia, pero nada, no obtenía nada, ella no respondía, aún respiraba, pero no reaccionaba. Arnold caía más y más en la desesperación y sin notarlo poco a poco fue perdiendo la luces hasta caer inconsciente al lado de Helga.
