Hola, Hola!

Espero que estén todos muy bien... Antes que nada, quiero pedirle disculpas a todos por mi larga ausencia, pero entenderán que he estado muy, pero muy atareada y además de ello sinceramente me oxidé un poco con respecto a lo que se trata de escribir fanfics. Pero aún así estoy de vuelta, espero que el capitulo que van a leer sea de su agrado.

Capitulo 5: Necesito saber ¿Quién soy?

Terminada la amena charla entre Big Bob y Arnold, se puede ver por los pasillos del área de recuperación a una sonriente Oriental, quien demuestra en su rostro una notable tranquilidad debido a las pases que acababan de hacer el padre y el marido de su mejor amiga.

—Estás muy alegre— dijo el rubio, que al igual que Phoebe se veía un poco más tranquilo.

—Sí, así es… no te imaginas el peso que me acaban de quitar de encima— comentó mientras empujaba la silla de ruedas de su amigo —Estoy segura de que si presenciara esto, Helga estaría muy feliz— dijo pensativa, trayendo a su mente el crudo recuerdo de su mejor amiga cuando llegó en la madrugada completamente lastimada.

—Es cierto…—Dijo un poco melancólico el rubio — ¿Crees que se recuperará pronto? — pregunto de repente sacando de sus pensamientos a la Oriental.

—No lo sé, no sé si la amnesia es pasajera debido al shock del accidente, o si es algo mucho más grave… tenemos que esperar que le realicen el TEC— explico con tranquilidad, hasta que finalmente detuvo su paso, logrando que él la mirara confundido —Creo que debemos decirle lo más pronto posible lo del embarazo— comentó con seriedad preocupando a Arnold.

— ¿Por qué lo dices? —

—Oh vamos Arnold, ¿Cómo crees que reaccionará cuando note que los mareos y los vómitos no se van? y además de ello, ¿cuando su vientre comience a crecer que crees que hará? — preguntó con seriedad, sabiendo que la respuesta era obvia y que su compañero entendía a lo que se refería.

— ¿Cómo planeas decírselo? —

—No lo sé, creo que después de un chequeo fingiré algo de sorpresa y se lo diré— Comentó con un poco más de tranquilidad, mientras volvía a empujar la silla de ruedas de su amigo hasta su destino final, la habitación del rubio —Creo que eso es todo por ahora— dijo mientras suspiraba —Arnold, por favor quédate en tu habitación, no quiero recibir noticias de que andas merodeando cerca de la habitación de Helga— comento con reproche, provocando que el rubio la mirara con seriedad.

—Pero Phoeb…— intento replicar, pero fue callado por el regaño de la oriental.

—Intenta no obedecer a lo que te digo y te las veras conmigo,— dijo molesta, asustando un poco al cabeza de balón —tienes terminantemente prohibido salir de esta habitación hasta nueva orden—

— ¿Por qué? —

—Porque yo digo y punto— dijo en un tono más calmado y dándole la espalda al rubio suspiró y finalmente salió de la habitación, encontrándose con Stella y Miles.

—Ah, Hola Phoebe—Dijo amable, la castaña al ver a la oriental saliendo de la habitación de su hijo.

—Hola Señor y Señora Shortman— dijo usando un tono de voz suave, mientras les sonreía.

— ¿Cuántas veces tenemos que pedirte que nos llames por nuestros nombres? — le reprochó Miles, mostrándose un poco bromista con la joven Doctora.

— ¡Ya basta Miles! — Le llamo la atención su esposa y este simplemente asintió y en su rostro se mostro una expresión de seriedad — Phoebe, ¿Cómo sigue nuestro Arni? —Preguntó la castaña, demostrando la preocupación por su hijo.

—Está mucho mejor— respondió con amabilidad, mirando de reojo la puerta por la que acababa de salir.

— ¿Cómo se tomo lo de Helga? — Esta vez el que cuestionó fue el rubio, quien le dio a entender a chica de lentes que estaban al tanto de la situación.

— ¿Cómo lo supieron? — pregunto Phoebe.

—Lo escuchamos de Olga— respondió Stella recordando la triste, pero patética escena que habían presenciado unos cuantos minutos antes, cuando se dirigían a la habitación de su hijo.

—Parece que Olga aún no procesa la información...— dijo pensativa, al imaginarse el Show de aquella molesta hermana mayor.

—Eso no es importante en este momento—Comentó repentinamente Miles al ver a ambas mujeres pensativas por las acciones de Olga Pataki — ¿cómo se lo tomo Arnold? — volvió a preguntar Miles atrayendo la atención de ambas.

—Lo tomo mejor de lo que pueden imaginar… de hecho él charlo un rato con Helga y al parecer aún con amnesia, ella tiene pequeños actos involuntarios en los que se refleja la Helga que todos conocemos— Explico sonriente, haciendo que tanto Miles como Stella, suspiraran aliviados — Por cierto— Dijo atrayendo la atención nuevamente a ella —no quiero de dejen salir de esta habitación a Arnold— dijo tranquilamente, logrando que ambos la miraran sin entender bien lo que sucedía —Lo digo, porque necesito que Arnold descanse y deje reposar su cuerpo… no puede seguir forzándolo y menos con sus lesiones—Explico con tranquilidad, logrando que ambos simplemente asintieran, demostrándole su apoyo en cuando a la decisión que había tomado —bien, no siendo más, creo que iré a tomar un pequeño descanso— dijo y finalmente se despidió de los padres de Arnold y caminó con tranquilidad a la sala de descanso de los médicos.

Sábado 8 de mayo: Hospital central de Hillwood/Sala de cuidados intensivos 16:00 pm

La rubia de ojos azules abría nuevamente sus ojos y con un poco de confusión, miró el lugar en el que se encontraba…sí, nada de lo que había pasado a lo largo del día era parte de una amarga pesadilla.

—Demonios… ¿Hasta cuando seguirá esta incertidumbre? —Se preguntó a si misma, mientras se acomodaba en la cama —A duras penas se mi nombre… ah sí y que ese hombre escandaloso al parecer es mi padre— se dijo para sí misma sintiendo un escalofrío correr por su cuerpo al recordar a Big Bob — ¿Cuándo se supone que aparecerán mis otros parientes para que me expliquen quien soy? — Pensó un poco triste; después de calmarse un poco y dejar todos esos interrogantes de lado, se puso de pie y camino hasta el baño de la habitación.

—Bien, se supone que esta soy yo— dijo con algo de molestia, mientras se miraba al espejo, detallando sus rasgos — A ver… tengo ojos azules, piel blanca, una nariz muy redonda, orejas extrañas y…— se detuvo en la venda que cubría su cabeza, tocando una pequeña mancha de sangre que empezaba a propagarse por la venda —demonios… ¿habré hecho demasiado esfuerzo? — se cuestionó y con intensión de no sobre esforzarse, volvió a paso lento a la cama — ¿Debería de llamar a la doctora?...no, no es tan grave— se dijo a si misma y finalmente sólo se acostó de nuevo en su cama.

Mientras tanto, fuera de la habitación de Helga tres personas permanecen sentadas en silencio, ninguno se atreve a decir nada, hasta que el único hombre en el grupo se atreve a romper el silencio.

— Ya de una buena vez deja de sollozar Olga— dice molesto, mirando a la mayor de sus hijas, que aunque no hace ruido alguno, permanece llorando por la situación de Helga.

— shiff shiff Pero papá…— dice la rubia, deteniéndose por un momento para sonarse la nariz — Es que mi hermanita bebé, no merece esto…— dije en medio de su llanto, aferrándose nuevamente a su madre que tiene el hombro de su vestido húmedo gracias a las lagrimas de su hija.

— Eso lo sé a la perfección, pero eso no es excusa para que ni tú, ni Miriam se hayan atrevido a verla de nuevo— dice molesto mirando a ambas mujeres, quienes le miran con reproche.

— Entonces ¿Por qué no entras tú? — preguntas al mismo tiempo, y Bob simplemente inclina su cabeza totalmente derrotado.

— Por si se les olvida, no hace muchas horas ella misma me saco de su habitación— dice un poco molesto, recordando como Helga le había tratado con indiferencia.

— Está bien, está bien— dice Olga mientras se pone de pie — padre, lo mejor es que entremos los tres y nos presentemos como su familia — dijo algo tan obvio que ni la propia Miriam pudo ocultar su expresión de "¿Vamos es en serio?".

Finalmente, luego de un par de minutos, se les ve a Olga y a Miriam totalmente calmadas, y con sus ojos sin rastros de lágrimas. Teniendo esta determinación, junto con Big Bob, ambas mujeres ingresan a la habitación de Helga.

— Hola, ¿estás despierta? — Pregunta Miriam al internarse en la habitación de Helga, en donde ven a esta sentada estática en la cama, con la mirada centrada en la pared.

— Sí, estoy despierta — responde la rubia, dirigiendo la mirada a las tres personas que invadieron su espacio —Ah, son ustedes de nuevo— dice con aburrimiento al notar la presencia de Bob y Olga — Supongo que son mi familia…—comenta con tranquilidad, mientras que a la vez detalla a la persona de lentes que no había visto.

— Tienes razón, yo soy Big Bob Pataki, tu padre; Ella es Miriam, tu madre; y ella es tu hermana mayor, Olga— comentó Bob mientras que tomaba asiento en una silla que estaba cerca de la cama de Helga.

—Entiendo… Con que tú eres mi madre— mira fijamente a la rubia de lentes y le sonríe — Parece que eres la única que me simpatizará— comenta sonriente haciendo que tanto Bob como Olga miren sorprendidos a Miriam.

—Pero ¿Qué dices, querida? ¿Cómo no pueden simpatizarte tu padre y tu hermana? — pregunta la rubia de lentes mientras que acerca a Helga lo suficiente como para sentarse junto a ella en la cama.

—Son demasiado Ruidosos, sólo por eso ya me simpatizan, además…— comentó, hasta que fue interrumpida por la escandalosa voz de Olga.

—Oh santo cielo, ¿qué te paso en la frente, Hermanita Bebé? — pregunto alarmada al ver la mancha de sangre en la venda de Helga.

—Ves a lo que me refiero, ¿Usualmente es así de molesta?— le susurro a Miriam y esta soltó una pequeña risita, más no respondió — no lo sé, supongo que me he esforzado mucho hoy…— responde a la pregunta de su hermana —no creo que sea algo grave, ya que no me duele— explica con tranquilidad, silenciando los alaridos de la mayor de las hijas Pataki.

—Es mejor estar seguros de que no es nada grave, así que Olga ve y busca a una enfermera— para que le cambie los vendajes— ordena autoritario Bob, a lo que susodicha simplemente asiente y sale rápidamente de la habitación.

—Olvidando todo esto…—comenta repentinamente Helga atrayendo a ella la atención de sus padres —Me podrían decir ¿Quién soy yo? — pregunta con algo de curiosidad, esperando respuestas claras.

—Pues eres Helga Geraldine Pataki, nuestra hija— responde con obviedad Miriam, mientras le acaricia el rostro a la oji azul, que ahora la mira con reproche.

—Eso ya lo sé, lo que quiero saber es ¿Cuántos años tengo? ¿A qué me dedico? ¿Qué cosas me gustas y me disgustan? —pregunta esta vez con mucha más seriedad, como usualmente suele actuar.

—Ammm bueno… —empieza a hablar Miriam notándose un poco preocupada, al parecer comenzaba a entender que durante toda su vida nunca, ni ella mi Big Bob se preocuparon mucho por saber cosas acerca de la menor de sus hijas —Eres Helga Geraldine Pataki, tienes veintiséis años; eres psicóloga, graduada con honores…— respondió con algo de dudas, lo cual notó Helga, pero antes de que está pudiera decir algo intervino Big Bob.

—También te graduaste en artes y literatura, te gusta el helado de chocolate y las luchas. Usualmente en tu tiempo libre estas escribiendo; presentaste sus trabajos a una editorial para ver si son publicados— Comenta repentinamente el hombre de edad avanzada, a quien lo mira su esposa completamente sorprendida por todo lo que acaba de decir —¿Necesitas saber algo más? — pregunta desviando su mirada a la pared.

—Uhm… Así que soy Psicóloga y escritora… — pronuncia un poco menos impaciente, procesando la información recibida—… ¿Estoy casada? ¿Tengo hijos?— pasados unos minutos, pregunta curiosa la menor de los Pataki, volviendo su mirada a Bob, quien por un instante se mostró sorprendido, lo cual paso desapercibido para la rubia.

—Bueno tú…— comenzó a responder Bob no muy seguro de cuanta información acerca de la vida amorosa de su hija podía brindar o no, pero fue interrumpido por la repentina, pero alentadora llegada de Olga, que venia acompañada por una enfermera.

— Necesito pedirles que por favor salgan todos de la habitación —Pide con amabilidad la enfermera que al ver el sangrado de Helga se preocupa un poco —Por cierto, les informo que la hora de visitas es hasta las cinco…—menciona mirando el reloj en la pared —Así que por favor despídanse de la paciente, porque no la podrán ver hasta mañana— comenta con tranquilidad, dándole a la familia tiempo de despedirse.

—Helga, querida… espero que tengas una feliz noche y que te recuperes pronto — comenta con lágrimas en sus ojos Miriam, mientras se acerca a la rubia y le da un abrazo.

—Es una lastima que no pudiéramos hablar mucho, pero mañana nos veremos Hermanita bebé— comenta melosa Olga, provocando que en el rostro de Helga se dibuje una expresión de molestia, que supo disimular bien, ocultándola con una falsa sonrisa.

—Cuídate Olga…— comenta Bob Desde su lugar.

—Soy Helga, papá— responde esta de forma automática, sorprendiendo a los demás al igual que a sí misma.

— ¿A caso recuerdas algo, Helga? — pregunta emocionada, Olga ante las palabras de la oji azul.

—No, no recuerdo nada— responde con seriedad, bajando a Olga de la nube en la que se había montado.

—Es normal que ella tenga ese tipo de respuestas automáticas—Explica la enfermera que todo el tiempo estuvo al tanto de la situación —El que responda de esa manera no implica que recuerde, así que por favor mantenga la calma señorita, porque esto puede suceder muchas veces—Finaliza, para luego ver cómo los tres Patakis salen de la habitación.

Sábado 8 de mayo: Hospital central de Hillwood/Sala de descanso de los médicos 17:30 pm

En la sala de descanso se ve a una tranquila Phoebe, muy concentrada revisando unos historiales médicos, hasta que su labor se ve interrumpida por el timbre de su teléfono móvil.

—Hola— contesta la llamada.

—Hola, cariño. Soy yo ¿Cómo estás? — se oye desde el otro lado de la línea la voz del moreno.

— ¡Oh Gerald!— dice sonriente al escuchar la voz de su esposo —Estoy bien, ¿Cómo estás tú y los niños? —Pregunta inquieta, recordando que el que era su día de descanso termino en otro día plantada en la oficina sin ver a sus hijos.

—Estamos bien. Los niños aún están con mi madre— responde dándole más tranquilidad a la oriental, a quien se le escucha suspirar —No te preocupes, ellos entienden a la perfección tú trabajo—dice intentando tranquilizarla —además ya sabes lo de Helga…Mandan a decirte que confían en que salvaras a la "tía Helga" — dice bromista intentando animar a la oriental.

—Entiendo— dice sonriente ante las palabras de animo de su esposo

— ¿Cómo va todo por allá? — pregunta esta vez con seriedad.

—No sabría decir si bien o mal… Creo que ya tenemos suficiente con que Helga tenga amnesia…Cambiando un poco de tema… ¿Qué pudiste averiguar con respecto a ello? — dice esperando una respuesta alentadora de su esposo.

—No pude averiguar mucho, pero de lo poco que me pudieron decir. Al parecer ese tipo va a tener que pasar una larga temporada en prisión— Explicó con tranquilidad el moreno y la oriental sólo suspiro.

—Era de imaginarse, escuché del padre de Helga, que al parecer tanto él como Miles van intervenir en el proceso, por lo cual no creo que ese sujeto lo vaya a tener fácil— comentó pensativa al recordar las reiteradas palabras amenazantes que uso Bob Pataki cuando se entero por parte de Arnold cómo se produjo el accidente.

— El tan sólo imaginar la reacción de Big Bob me da escalofrío—dijo desde el otro lado de la línea el moreno — bueno, cariño por el momento no es nada más, te llamo luego que tengo que volver a trabajo— dijo después de unos cuantos segundos.

—Está bien. Cuídate mucho Gerald. Te amo— se despide usando un tono de vos meloso que hiso reír al moreno.

—También te amo Phebs— se despidió igualmente y finalmente cortó la llamada.

Terminada la llamada de Gerald, la chica de lentes se volvió a concentrar en su trabajo, pero antes de que pudiera tan siquiera terminar con lo que hacia, se escuchó el sonido del altavoz del hospital, desde el cual la llamaban solicitando de su apoyo en la sala de urgencias. Sin pensarlo dos veces la oriental se pudo nuevamente su bata blanca y salió de la sala de descanso, dirigiéndose rápidamente a Urgencias.

Sábado 8 de mayo: Hospital central de Hillwood/Sala de cuidados intensivos 20:00 pm

No había pasado mucho tiempo desde que Helga había cenado; ahora estaba sentada en su cama totalmente aburrida, con el control en la mano pasando la televisión de canal en canal en busca de algo en que entretenerse; pero no había nada, absolutamente nada y eso la comenzó a desesperar.

— ¡Demonios! —Dijo molesta apagando el televisor y poniendo el control a un lado— ¿Cómo es que en doscientos no hay nada bueno para ver?—Se preguntó molesta mientras se cruzaba de brazos y se acurrucaba en cama —Moriré del aburrimiento en esta tonta habitación— dice molesta dando vueltas en la cama y repentinamente se detiene — ¡Ya sé! — dice para sí al tener una "buena" idea —Ya que no tengo nada que hacer, creo que visitaré a Arnold— dice con tranquilidad y luego de ponerse de pie, sale con mucho cuidado de su habitación, estando atenta de no ser vista por ninguna de las enfermeras —A ver… El dijo que se apellidaba Shortman, supongo que debe estar en una habitación cercana— dice pensativa, mientras va recorriendo por el pasillo mirando el nombre de cada una de las habitaciones de cuidados intensivos —Uhm… ya recorrí todo cuidados intensivos y no esta… ¿Será posible que esté en recuperación? Sí, es lo más probable — fueron las palabras que se dijo así misma y finalmente se encamino hasta la zona de recuperación en donde siendo sin mucho recorrido, encontró la habitación de Arnold. Estando fuera de la habitación del rubio, toco dos veces la puerta, pero nadie respondía — ¿Estará dormido?—Se cuestiono a sí misma, pero en lugar de marcharse del lugar, se sintió impulsada a ingresar a la habitación del chico para verificar que estuviera bien.
Al ingresar a la habitación, todo estaba oscuro, por lo cual la rubia encendió las luces de la habitación, encentrándose una escena que la preocupo un poco. En la cama se encontraba Arnold completamente dormido, con su frente llena de sudor, mientras que entre sueños una y otra vez decía "Mi amor, no te vayas, no me dejes… te necesito a ti y a nuestro hijo".

— ¿estará bien si lo despierto? — dijo en tono bajo, mientras se acercaba más al rubio — ¡Oye Arnold! — Dijo subiendo su tono de voz, pero si acortar más la distancia que los separaba —¡Oye despierta! — dijo esta vez estrujándolo, lo cual lo hiso despertar, muy asustado.

— ¿Qué sucede? — Preguntó alarmado y respirando con algo de dificultad —Ah, eres tu Helga—dijo con algo de esfuerzo al verla y así mismo cómo abrió los ojos preocupado, los volvió a cerrar lentamente.

—Oye Zoquete, Despiértate de una buena vez—dijo sacudiéndolo nuevamente y el volvió a abrir los ojos.

—Solo un rato más, Amor— Le susurro con los ojos semi abiertos, y con sin esforzarse mucho con su mano izquierda, tomó a la rubia del brazo y la halo con suavidad hacia él y la abrazo mientras sonreía.

—¡Oye! —Dijo Helga sorprendida ante el repentino abrazo del rubio — ¿Qué pasa contigo cabeza de balón? suéltame— dijo mientras empezaba a forcejear y pronto sintió la alta temperatura que mantenía fornido cuerpo del rubio — ¡Este chico esta hirviendo en fiebre! —Se dijo a sí misma mientras continuaba luchando para liberarse del agarre del oji verde.

—Solo quédate así como estás— respondió este y nuevamente cerró los ojos, logrando preocupar mucho a más a la rubia por su fiebre y su respiración agitada.

—A lo mejor me esta confundiendo con alguien…— dijo intentando tranquilizarse —o es probable que la fiebre haga delirar— se decía a sí misma dándole explicación a los "Irracionales" actos del rubio que apenas conocía.

La rubia siguió forcejeando por un buen raro para soltarse al abrazo de Arnold, pero este no cedía; poco a poco Helga comenzó a desesperarse y con algo de dificultar acerco su mano al botón que comunicaba con la sala de enfermería.

—demonios, creo que me llamaran la atención por estar aquí, pero es mucho más importante que las enfermeras miren que sucede con este zoquete— dijo con algo de esfuerzo y finalmente estiro lo más que pudo sus dedos hasta que presiono el botón de llamado.
Pasaron pocos minutos antes de que en la habitación de Arnold de encontrara una enfermera, la cual atendió pronto al llamado de la rubia y que al ver la escena del rubio abrazando a Helga, no pudo más que abrir los ojos impresionada.

— ¿Qué su supone que sucede aquí?— Preguntó con seriedad, al ver como Helga sonreía nerviosa.

—Ehhh… Bueno, eso… creo que eso no importa en este momento, él… tiene fiebre muy elevada — dijo esperando a que la enfermera tomara cartas en el asunto.

— ¿Tiene fiebre? — Preguntó incrédula, mientras se acercaba a Arnold y le tocaba la frente — ¡Oh cielos! — dijo esta vez preocupada, mientras que se apresuraba a ayudar a Helga a soltarse —Le pido por favor que vuelva a su habitación— dijo volviendo su mirada al rubio — ¡Señorita, que se vaya! —Gritó molesta haciendo que la rubia tras dar un pequeño brinco, se apresurara a salir de la habitación.

Después de salir de la habitación del rubio, Helga no muy convencida de si hiso lo correcto, se quedo de pie mirando pensativa la entrada de la habitación, hasta que escuchó el fuerte sonido del altavoz del hospital diciendo: "Código rojo en la habitación 101 de la sala recuperacion". Para la rubia fue como si todo pasara en cámara lenta, ver como la apartaron a un lado un par de enfermeras y un médico que entraban apresurados a la habitación de Arnold. Un "¿Qué sucede?" fue la única pregunta que pasaba por su cabeza mientras, hasta que volvió a la realidad al escuchar las palabras de la oriental.

— Helga, ¿Qué pasó?, ¿Qué haces aquí? — preguntó Phoebe que llegaba apresurada desde urgencias al escuchar el llamado.

—Doctora Johanssen— dijo en tono bajo, mirando a Phoebe con una expresión de temor en su rostro — ¿Él estará bien, cierto? — preguntó, mientras temblaba y se aferraba fuertemente a la oriental, que sin pensarlo dos veces correspondió el abrazo de tu amiga y finalmente se encaminó con ella hacia su habitación.

—No sé qué sucedió, pero te aseguro que él estará bien— fueron las últimas palabras que escuchó por parte de Phoebe, antes de cerrar los ojos a causa del calmante que le aplicaron.

Bueno, eso es todo. Por el momento me marcho. Cuídense mucho. Bye