Este fanfiction fue escrito por el autor Scuttlest, a quién le agradezco darme el permiso para traducirla.

Origen del Príncipe de la Luz

–¿Gra? – los ojos de Norne se abrieron a más no poder. –¿Estás seguro? – Draug le había dicho, de principio a fin, todo lo que sabía respecto a lo que estaba pasando en Altea en esos momentos, y no lo estaba asimilando muy bien. –No es posible, aunque nos haya traicionado, Altea debió haber ganado, ¿cierto? –

–Si hubiéramos sabido de la traición desde antes tal vez, pero las fuerzas de Gra que se supone que venían a auxiliarnos comenzaron a atacar por la espalda al ejército de Altea. – Draug contestó, con su voz calmada pese a lo que estaba comentando. –No sabemos cuántos altenses murieron antes de que el rey Cornelius se diera cuenta de lo que estaba pasando. –

–Pero eso… es imposible….¿cierto? –Norne caminaba un poco como si estuviera nauseabunda. –Digo, Gra nunca ha sido tan fuerte, ¿verdad? Y … he oído historias acerca de nuestro rey, cuando el enemigo lo ataca, mata a uno con cada movimiento que hace. Sus enemigos pisotean a sus propios aliados tratando de alejarse de él, si eso fuera cierto, ¿cómo puede un ejército guiado por él, con soldados entrenados por él, ser derrotado? –

–Cómo el ejército fue derrotado no es de importancia. – Draug respondió, levantando su tono, estaba molesto y frustrado, más no con ella. –La milicia fue derrotada, no estamos seguros de cuántos sobrevivan. Tal vez nadie. Lo que pasó con el rey tampoco es seguro. No puedo imaginarme al rey Cornelius muerto, pero debemos estar preparados para esa posibilidad. –

Norne integro toda esa información a su cabeza, aún sin poder creerla. El pensar que el ejército de Altea haya sido derrotado comenzó a dar vueltas por su cabeza. Había oído historias acerca de todo lo que podían hacer y había sido testigo de duelos impresionantes. Muchos de ellos eran demostraciones públicas acerca del progreso de Altea. Si el ejército, constituido por los soldados de élite de Cornelius, tuviese al menos la mitad de la habilidad de esos duelistas…

–No importa la condición en la que el rey se encuentre en estos momentos. – Draug continuó, sacando a Norne de sus pensamientos. –Ahora, nuestra prioridad es sacar a los príncipes de la nación. El príncipe Marth y la princesa Elice son el futuro de Altea. Nuestra misión en el puerto es una orden directa de la princesa. Necesitamos asegurar un medio para escapar. –

Norne se detuvo a pensar. Pareció alegrarse por el hecho de conocer a la realeza. –Si vamos a un puerto entonces vamos a escapar por barco, ¿no? –

–Sí. – Draug contestó. –Escapar por tierra sería una tontería. Altea está casi totalmente rodeada por naciones que preferirían sublevarse. Así que viajaremos por mar. Talys es la única opción. –

–¿Talys? – Norne arqueó una ceja. –¿Están seguros de que otra nación "aliada" es una buena idea? Después de todo lo que paso con Gra y eso…–

–El rey de Talys es un viejo amigo del rey Cornelius. Con el futuro de Altea tambaleado, y opciones bastante limitadas, no tenemos otra opción más que esperar que esa amistad sea genuina. –

–Pero… si Talys nos traiciona también…–

–Tenemos evidencia irrefutable e indisputable de que Gra nos ha traicionado. No de que Talys ha consentido a Dolhr, probablemente por su ubicación tan remota todavía no se ha enterado acerca de lo que esta sucediendo. –

Norne frunció el ceño. –Así que si Gra está en camino y Grust viene en su ayuda, ¿nuestra mejor opción es confiar en alguien que pueda no habernos traicionado? –

–Altea está casi arrinconada Norne. No tenemos garantía de nada, pero esta es nuestra mejor y única opción. – Draug dijo. –Yo mismo tengo mis reservas acerca de ponernos a merced de un aliado y además, uno que pueda no ofrecernos ayuda. La princesa Elice ha considerado todo esto, pero confía en el rey de Talys. –

La conversación se entremezclo con el ruido distante. Norne miró, sin haber sabido antes que tan cerca estaban del puerto. No podían continuar hablando ahora, Draug quería evitar que alguien los oyera y causaran pánico. Si el puerto en general supiera lo que estaba pasando, sería imposible encontrar y contratar un barco.

Era una fortuna que la presencia de caballeros no era anormal. Norne pareció particularmente alarmada acerca de Draug y trató de actuar como si solo fueran uno más, caminando de aquí para allá, cargando cajas y bolsas. Draug sintió como su estómago se revolvió al escuchar las pláticas y las risas de las personas tanto jóvenes como ancianas. Las vidas sencillas y pacíficas de los altenses estaban a punto de acabar.

–Bueno. –Norne dijo. –Empecemos a buscar al jefe del puerto. De preferencia antes de que los príncipes lleguen, porque no ayudaremos a nadie si no podemos conseguir un barco. –

–Si no podemos conseguir un barco Norne, podría significar el fin de Altea. –


Algunas figuras pasaban por las praderas altenses usando túnicas sucias y viejas. La mayoría jalaba un caballo por sus riendas. Las monturas lucían bien cuidadas, bien entrenadas y muy… limpias, que contrastaban con sus amos.

Una de las figuras se detuvo, volteó a ver el castillo que se encogía en la distancia. –Deberíamos estar a salvo aquí. – Se quitó la túnica con una mano, revelando el rostro anciano de Jagen. –Deberíamos descansar un poco. –

Las otras figuras intercambiaron miradas entre sí. Luego una de ellas, con las manos temblorosas y lleno de dolor y cansancio se quitó la túnica revelando a Cain. –Es… bueno. – Las manos de Cain temblaban al igual que sus piernas, era un verdadero milagro que pudiera estar de pie.

Se debió haber sentado en su condición pero se obligó a mantenerse de pie. Algo lo estaba impulsando a seguir, la adrenalina lo llevaba lejos. Aunque era la clase de caballero que valoraba poco su vida, aún no estaba listo para morir… no ahora. Aunque su voz era débil, su cuerpo y su mente continuaban aun cuando el dolor lo debió haber tumbado.

–Cain– La única figura que no llevaba un caballo consigo reveló su rostro, era Marth. –Antes de seguir, ¿cuál… es el mensaje que envió mi padre?

Cain torció los labios, sin saber cómo decirlo. Sus ojos se alejaron de los de Marth, sin poder mirar su expresión.

–Mi señor, el mensaje… fueron las últimas palabras… de su padre. –

Marth se detuvo en seco. –¿Últimas… palabras? – Al principio creyó que Cain había mentido, luego sintió desilusión. –Por favor, dime que no dijiste eso. – Pudo sentir como se le detenía el corazón. Esa simple oración dejo un vació en él, que pronto se llenó con miseria y lamento. Sus ojos se cerraron y se le olvidó como respirar. Su cabeza cayó mientras se cubría el rostro con sus manos. Apretó los dientes y mantuvo sus ojos cerrados mientras sus sentimientos invadían su cuerpo. Parecía cargar la mayor desesperación del mundo.

–Mis… condolencias, príncipe Marth. – Cain bajó su cabeza también.

–Pad…–Marth comenzó, temblado visiblemente. –Padre, no, el… tu no…–Los caballeros simplemente retrocedieron, el príncipe debía controlar sus emociones para que no intervinieran en su buen juicio. De pronto, dirigió su mirada a Cain. –¿Cómo ocurrió? Incluso si Gra los traicionó, ¿cómo pudo mi padre ser derrotado? –

–Por favor cálmese, príncipe. –Cain dijo, levantando lentamente su cabeza para ver a Marth a los ojos. –Su padre murió por un golpe de cobardes, lo atacaron por la espalda mientras luchaba frente a frente con otros. – Los ojos de Cain se estrecharon. – El rey Jiol de Gra lo mató con su lanza. Al igual que Gra, la atención de Grust y Dolhr se desvió hacia el ejército mientras el rey caía. Con su vida escapando de su cuerpo, me dio sus últimas palabras, un mensaje para usted. –

Donde yo tropecé, él debe caminar. Donde caí, él debe mantenerse en pie. He tirado mi bandera, él debe recogerla. Él debe ser el alma y el héroe, no solo de Altea, sino de todo el continente. Mi hijo, nacido de la grandeza, debe ser grande ahora. – Cain dijo, usando las palabras exactas del rey.

–Grandeza…– Marth dijo y sus ojos se cerraron.

–Con el mensaje entregado, no veo más valor en mi vida. –Cain admitió. –Recibí estas heridas de Gra cuando notaron que me alejaba del campo de batalla. – Presionó sus dedos en una de las que tenía en su brazo, se quejó levemente pero siguió presionando como si el dolor no significase nada. –Sentí las flechas y las espadas, pero no me permití morir. –

–Cain, hiciste bien. – Frey se acercó a él, respetando sus heridas, puso una mano en su hombro. Cain volteó a ver al caballero desafiante. –Cain, se lo que desea tu corazón, pero no podemos hacerles pagar, no en nuestro estado. La princesa ya ha planeado una forma para escapar. –

–… sabes, prefiero no ser forzado a escapar. – Sus palabras salieron petulantes. –Le fallé a mi rey, escapé como un cobarde y ¿ahora se supone que debo escapar y dejar que las personas de Altea sufrán? Prefiero enfrentarme a Gra y mostrarles lo que les pasa a los traidores. –

–No estás solo. –Marth dijo, su cara mostrando resentimiento, negó con su cabeza. Ahora no lo dominaba la ira, sino el lamento. –Algún día Gra, Grust, Dolhr y cualquiera que piense que está a salvo en las sombras lo…–

–¡Señor! – Abel interrumpió. Marth lo miró por un instante, aceptando su intromisión. –Mis disculpas, pero por favor, debemos seguir en movimiento. –Abel miró la distancia. –Gra puede ser muchas cosas, pero torpes no. Es cuestión de tiempo antes de que sepan que ya no está en el castillo. Tal vez ya lo hayan notado. Por favor, debemos seguir moviéndonos. –


La brisa marina hizo poco para tranquilizar a Draug. Sabía que el tiempo se agotaba y aunque Norne y el habían progresado, el barco aún no estaba listo.

No podía decirle a nadie porque, específicamente, necesitaban un bote. No cuando la respuesta sincera atraía demasiada atención. Además era obvio que era un caballero y un caballero buscando desesperadamente un barco ya atraía demasiados ojos. Después de preguntar y perder mucho tiempo, pues un caballero desesperado era fácilmente manejable, logró encontrar finalmente al hombre con quién negociar.

–Si, si. – Un hombre frente a Draug y Norne habló con tono aburrido, sentado en su oficina. El cuarto no tenía suficientes sillas, así que Draug y Norne estaban de pie. La única luz de la habitación era a través de las ventanas, que permitían una vista panorámica del puerto. El hombre miró a Draug y a Norne con desdén, como si negociar fuera especialidad de alguien más. Los segundos pasaban y el desdén fue reemplazado con un brillo en sus ojos. –Si, soy el jefe de dique, pero mis servicios son lejos de ser baratos, les tengo que avisar. Dudo que ustedes puedan pagarme. ¿Cómo un grupo de mercenarios puede costearse un bote? –

–No somos mercenarios. – Norne respondió. –El…– apuntó a Draug –es un caballero de Altea. ¿Qué tienes que decir al respecto?

–¡Norne! – El tono de Draug fue duro, una advertencia para que se callara. Cuando miró al hombre, supo que el daño estaba hecho.

Los ojos del hombre crecieron por un momento, luego se relajaron. –Los caballeros también pagan. – Sonrió de satisfacción. –Que buena niña eres, diciéndome que es un caballero y no un mercenario. Tengo... diferentes… costos para nuestra milicia. –

Los ojos de Norne se frustraron. El jefe de dique se levantó de su silla ahora interesado en aquellos dos. –¿Qué clase de barco están buscando? –

–Algo que pueda transportar un grupo pequeño de personas y…– Draug mentalmente hizo una lista de lo que debía pedir. –… que pueda soportar una paliza. ¿Puedes proveernos de eso? –

El hombre sonrió. –¿Qué si puedo? ¿Con quién se creen que están hablando? Claro que puedo proveerlo, pero primero tenemos que ponernos de acuerdo antes de que les haga algo. –

–Veamos…–El jefe de dique sacó un lápiz y papel. –Empezemos con el tamaño del barco… uno que pueda transportar un pequeño grupo de personas y pueda "soportar una paliza", hmm… algo reforzado con hierro, ¿tal vez? No creo que debamos hacerlo con acero. – Se detuvo mirando a Draug. –Cualquiera que no sea parte de la tripulación será considerado un pasagero, ¿cuántos habrán? –

–No más de diez. –Draug sintió como le daban nauseas al ver el rostro del sujeto, que estaba volviéndose más relajado.

–Diez. Anotado. –Volvió al papel. –Bueno… no más de diez, la tripulación necesaria, cobro lo mismo por viajes solo de ida y viajes redondos, así que…–Sonrió, soltando la pluma y le mostró el papel a Draug, mostrándole un número.

Draug tomó el papel en sus manos y leyó. –¿Es acaso una broma? – Gruño y miró al sujeto. –Incluso si fuera para usarse en un ataque, estos precios son ridículos. –

El jefe de dique los miró un momento y suspiró. –Pongan el papel de nuevo en la mesa. –Draug hizo lo que dijo y el último volvió a escribir. –Ahora digamos que lo cobramos como si fueran exactamente diez pasajeros. –Anotó un número a un lado del presupuesto original. –Le restaré esta cantidad al precio inicial por cada pasajero menos. –

Draug examinó el papel. Incluso si los pasajeros fueran únicamente él y Norne, era un precio absurdamente alto. Le dio el papel a Norne, quien chifló ante la cantidad de oro requerida por el servicio.

–¿Esto es un precio razonable? – Draug preguntó sin tratar de ocultar su enojo.

–Es mi única oferta, oh gran caballero. – Su sonrisa nunca flanqueó. –Quiere ir a donde sea que quiera ir, debe pagar. –Sacó una pipa y comenzó a fumar. –Debería ser agradecido. Normalmente tomo en cuenta la distancia, pero no esta vez. No sé ni siquiera a donde van. Pero si no muestra agradecimiento, yo podría… recalcular las cosas. –

Draug gruño y miró a Norne. No importa que tantos impuestos esté calculando esto era… cuatro… no más, como cinco veces más caro que lo que el servicio realmente costaba.

–¿Tenemos un trato? – Dio una bocanada de humo.

–Lo necesitamos dentro de una hora. –

El jefe soltó un respiro. –¿Qué? –

–Dentro de una hora. – Norne repitió. –¿O es demasiado para ti? –

El jefe soltó un poco más de humo y luego miró a Norne. Sonrió. –Cobro extra por… trabajos apresurados. –Exhaló el humo en el rostro de la chica, quien se alejó tratando de quitar el humo de su cara. –Y tal vez, solo tal vez, cobre extra por tener que aguantar chiquillos groseros. – Miró a Draug y extendió su mano. –Deme el papel. Tengo algo que agregar. –Tomando el papel, anotó un nuevo precio y lo regresó.

Con un gruñido, Draug lo examinó, el precio era aún más ridículo. Podía pagarlo con el dinero que traía consigo, aunque esperaba que no. En algún otro momento, podría haber buscado otro servicio pero las circunstancias no eran tan flexibles. Con un suspiró puso el papel en el escritorio. –Trato. –

–Me gusta que me paguen por adelantado. – El jefe sacó la pipa de su boca, liberando humo. –No quiero que viajen con mi tripulación si no me pagan. Ellos nunca pueden encargarse de eso. –

Sin decir nada, Draug reveló un sacó que cargaba. Los ojos de Norne se abrieron de la sorpresa ante el tamaño de la bolsa. Draug la dejo en el escritorio, el tintineo le agradó al jefe de dique.

Draug desató la bolsa y le mostro su contenido al hombre. –Esto es, literalmente, todo lo que traigo conmigo. Deberá cubrir sus costos. –

El jefe sacó un puño de oro de la bolsa y luego dejó que se deslizara por su mano hasta caer a la mesa. –Si. Esto me satisface mucho. –Volvió a ver a Draug y Norne. –En una hora, lo garantizo. –


Un mago de Gra escaneaba un hogar altense. La casa aparentemente, era propiedad de uno de los magos de Altea que tenía un lugar alto en Khadein. Aun así, ninguno de sus hijos era mago. El mago de Gra se indignó en la sucia casa de granja. La familia que vivía ahí ya no existía. Habían tratado de resistirse cuando les dijeron que se fueran, así que los soldados con hachas tuvieron que… convencerlos. Ahora, una esencia de sangre fresca recorría el lugar, prueba de la reciente matanza.

–Miren esto. –El mago habló para sí mismo. –El único objeto de valor se redujo a nada. – Caminó a una esquina y tomó tres talismanes de una pequeña estantería. Rodó los ojos pensando que la familia creía que eran objetos de buena suerte. Del otro lado de los talismanes había un libro. El mago se sintió realmente emocionado al tomarlo, pensando que era un tomo mágico de alto poder, tal vez un Thoron o un Bolganone* Gruño viendo que no era más que un simple tomo de fuego. –¿Acaso no poseen nada más que las herramientas con las que trabajaban? –

Asintió con la cabeza y se giró. Pensó en buscar más a fondo por algo que pueda usar un mago en batalla pero el simple hecho de seguir ahí lo repulsó. Se movió hasta lo que había sido el estudio de la casa para encontrar a sus soldados disfrutando de lo lindo.

–Parece que los que viven de la espada y no de los tomos encuentran más cosas de valor aquí. –Habló alto, pero su voz no llamó la atención de la tropa. Estaban muy ocupados buscando el dinero de la familia y encontrando armas. –Tenía esperanza en este sitio pero parece ser que los altenses se han descuidado con el paso de los años. –

De nuevo, los soldados no lo escucharon. Ninguno notó que de pronto una de las sillas se incendió. El mago suspiró y salió de la habitación.

Tontos. Fue su pensamiento exacto. Lejos era de ser el primer mago que se sentía superior sobre aquellos no entrenados en el arte de la magia. Levantó su cabeza y se alejó de la casa, dejando sus riquezas atrás. Tomo un respiro, sin gustarle el seco aire de la granja y comenzó a caminar y…

–¡Señor, señor! – Un explorador corrió hacia el mago, quien volteó a verlo. –Señor, noticias del frente. Se ha determinado que el príncipe de Altea no esta en el castillo. Sospechamos que quiere huir de la nación. Esté atento. –

–¿El príncipe abandono el castillo? – El mago pareció sorprenderse. –Bien, tomarlo preso es lo que necesito para asegurarme un tomo digno para alguien como yo. –

El explorador pareció nervioso ante la respuesta. –Señor, por favor no confunda esto como una simple oportunidad para ascender. El príncipe Marth escapó de nuestras manos. El capitán recomienda… precaución extrema al tratar con él. –

–No me malinterprete, muchas gracias. No soy un tonto. – El mago busco entre sus ropas, sacando un tomo de Fuego. El tomo más fuerte que un mago en su rango podía usar. –Estoy seguro de que el príncipe no es una presa fácil. Escapo del castillo, como bien lo dijo. Sin embargo… – El mago canalizó su poder del tomo de fuego y lo convocó a su mano. Si no fuera un mago, se hubiera asustado ante la visión de su mano en llamas, pero se mantuvo calmado e indiferente. Movió sus dedos dejando que las flamas los envolvieran. –soy un mago y sospecho que el príncipe no tiene experiencia peleando contra magos. –

–Ya veo. – El explorador retrocedió, no pareció molestar al mago. –Debo irme, hay otras unidades a las que debo avisar. –Se inclinó ante su superior.

–Puedes retirarte. – El mago agitó su mano y luego la cerró, desapareciendo la flama. El explorador se levantó y corrió. El mago giró y regresó a la casa, cerró la puerta con fuerza y por fin atrajó la mirada curiosa de sus soldados.

–Su atención por favor. – escaneo el lugar con la mirada, determinando que lo escuchaban. Cerró sus ojos deseoso de tener la recompensa monetaria y luego los abrió. –El príncipe Marth escapó del Castillo. Debe estar intentando salir de la nación. Quiero que todos salgan y comiencen a vigilar. Lo que sea que le robemos a las personas de Altea será trivial en comparación de la recompensa por su captura. –


Marth y los caballeros reales continuaron su movimiento, lentamente a pie, con los caballos detras de ellos. Marth aún temblaba, según le habían dicho. Con frecuencia su paso se alentaba y alguien tenía que tomarlo del hombro y decirle que caminara. Eran empáticos con sus sentimientos pero hablando en forma práctica, el tiempo para lamentarse aún quedaba lejos.

El príncipe estaba en shock. Su padre estaba muerto, traicionado por las personas que su padre y él habían confiado. No podía imaginarse a su padre siendo asesinado por alguien de Gra, Grust o Dolhr. Incluso si fue un ataque cobarde, no podía… no podía creer que su padre muriera tan fácil.

El hecho de que ahora estaba sin un padre le dio vueltas por su cabeza. Parecía imposible. Miró a la dirección donde estaba el castillo. Esperaba desesperadamente que su Hermana estuviera con el pronto, no podría perder más ese día.

–Alto. – Jagen dijo de pronto, levantando una mano para ordenar el alto. Bajo su cabeza sosteniendo las riendas de su caballo. –Gra esta aquí. –

Frey se movió a lado de Jagen y miró. –Al menos una docena. ¿Podemos pasarlos? –

Jagen examinó a los soldados, cada uno patrullaba un área rigurosamente. Parecían no tener ni un punto ciego que pudieran aprovechar. –Nos superan en número… y se nos acaba el tiempo. – Miro la posición del sol, protegiendo sus ojos del brillo. –Draug debe tener un barco ya. Si los soldados de Gra llegan al puerto antes de que lleguemos…– Su voz se perdió mientras continuaba estudiando los movimientos de las patrullas de Gra. No había como pasarlos. Lentamente, Jagen tomó su lanza de plata. –Parece que solo tenemos una opción. –

–¿Ser Jagen…?–Abel arqueó una ceja al ver a Jagen con la lanza.

–No podemos pasarlos, no podemos rodearlos. Si queremos llegar al puerto antes de que Gra lo tome, debemos movernos en línea recta. Si usamos algunas ventajas podremos con esto. –Jagen montó en su caballo y volteó a ver a Marth. –Señor, es la única forma. –

–Entiendo. – Marth cerró los ojos, pensando que tanto podían obtener si peleaban. –… y si los derrotamos, Elice podría pasar sin problemas. –

Jagen asintió. –Entonces déjenos empezar, tendremos mejor oportunidad con la sorpresa. –Volteó a ver a los otros caballeros, quienes ya estaban montándose. Incluso Cain, quien se sentía sin dolor alguno, o lo estaba ignorando. –Debemos asegurarnos de que ninguno escape, si alguno lo identifica, entonces nos cazaran hasta capturarlo. –

–Espera Jagen. –Marth le pidió. El anciano caballero, a unos segundos de atacar, volteó. –Si queremos aprovechar la sorpresa, debemos pensar en algo más que solo atacar. –

–¿Qué es lo que sugiere mi lord? –

Marth miró a su alrededor. –Algo que usar a nuestro favor…– continuó examinando el lugar. Algo que interfiriera con las patrullas, dejándolos atontados, para que no puedan enfrentarse a cuatro caballeros y un príncipe. O tal vez algo para asustarlos. Su mente se apresuraba a pensar.


Los hombros estaban tensos y sus piernas no descansaban mientras los soldados de Gra continuaban con sus patrullajes. A pesar de que el profesionalismo le ganaba a la emoción, estaban extrañamente… desconectados. El pensamiento de la recompensa por capturar a Marth era intoxicante. Incluso si la presencia de Marth no fuera un hecho, estaban ansiosos por tomar parte de su captura y sus beneficios. Presentar la cabeza de sus escoltas seguramente les concedería más recompensas.

Los soldados examinaban sus equipos. Checaban sus armas manufacturadas de Gra y hacían ataques experimentales con sus armas, satisfechos de lo que tenían.

Estaban seguros de que capturar a Marth no sería fácil. Si escapó del castillo, lo hizo por la fuerza. Probablemente haya matado a varios soldados. El príncipe sabía pelear y no había duda de eso. Aun así si Marth aparecía por aquí, lo derrotarían y el control de Gra sería absoluto.

Justo en ese momento se escuchó algo. Unos golpeteos en la distancia. Muchos detuvieron sus patrullas para mirar en la dirección donde se escuchaban. Curiosos, prestaban atención mientras los golpeteos cambiaron a ser sonidos de cascos y unas siluetas aparecieron en el horizonte. Los soldados trataron de identificar las figuras.

Caballos, una mandada de caballos corriendo directamente hacia ellos. Algunos tenían sillas, sin jinetes. Otros parecían muy jóvenes como para ser monturas. Los caballos se acercaban rápidamente. No fue dada ninguna orden pero varios soldados gritaron para que se alejaran.

Sin pensar, ni planear, ni recibir ninguna orden oficial, Gra simplemente se alejó de la estampida. Los caballos, asustados por alguna razón, pisotearon todo el terreno que estaba siendo patrullado. Los cultivos fueron destruidos por los cascos de los caballos y por las botas de los soldados. Algunos tropezaron cayendo al suelo y no pudieron escapar de la horda.

Marth y los caballeros altenses estaban observando desde la distancia.

–Ingeniosa idea señor. – Abel lo felicitó mientras los caballos se alejaban del lugar. Los animales de Altea eran muy mansos, pero si se asustaban podrían intimidar hasta al ejército mejor preparado. –Espantarlos para formar una estampida… me imagino que toda la patrulla fue pisoteada hasta la muerte. Nadie sabrá lo que paso, incluso si lo supieran, jamás podrían decir que usted estuvo cerca. –

–Gracias Abel. –Marth comentó, pese a que su voz salió con tono deprimido. –Pero aunque la estampida hubiera matado a miles de soldados, no hubiera compensado lo de mi padre. –

Abel se encontró sin saber que decir y asintió. La pérdida del rey la lamentaba toda la nación, pero Marth se sentía peor que nadie.

–¿Nos vamos ya señor? – Preguntó Frey. Marth suspiró profundamente, tal vez recordando algo, luego comenzó a caminar a los campos pisoteados. Sus ojos se movieron para ver los cadáveres de los soldados. Abel fue con uno y tomó una espada.

–Déjala ahí Abel. –Jagen ordenó. Abel dudó pero soltó la espalda, volteando a ver a su superior, esperando una explicación. –Si las armas son robadas, todo el que venga sabrá que alguien estuvo aquí y podrían perseguirnos. Dejemos que piensen que los mató una estampida normal. –

–Entiendo, mis disculpas ser Jagen. –Abel retrocedió y regresó con sus aliados. –Sigamos, el puerto no está tan lejos y…–

De pronto, una llama apareció frente al príncipe llamando la atención de todos. La tierra frente a Marth se consumió, creando un muro de fuego.

–Astutos altenses. –Una voz dijo, Marth volteó para encontrarse con un mago. –Nunca me hubiera esperado algo así. Si no hubiera estado dentro, hubiera muerto sin remedio. Una lástima. – El mago tenía un tomo en una mano y la otra estaba libre.

–Un mago. –Marth reconoció con voz baja. Rápidamente sacó su estoque.

–Una brillante deducción. – El mago se burló de él mientras una llama apareció en su mano libre, ganando tamaño e intensidad rápidamente. –Saben, su armadura es como madera podrida contra mi poder. – Con un movimiento rápido de su brazo, la flama escapó de su mano y recorrió el campo buscando atacar a los caballeros, pero no a Marth.

Bajo la orden de sus jinetes, los caballos esquivaron las flamas. Rodearon al mago, quien no se sorprendió y simplemente recargó su energía en su mano y apuntó al aire. Generó un escudo circular de llamas alrededor de sí mismo. Los caballeros retrocedieron y el fuego desapareció, regresando a la mano del mago. –Veamos qué tan leales le son al príncipe. – Disparó una bola de fuego directamente a Marth.

–¡Mi lord! – Jagen gritó apresurándose a llegar a él. Jagen se puso entre el príncipe y la flama, el fuego le impactó en su brazo izquierdo y consumió su armadura antes de que desapareciera. La armadura sufrió graves quemaduras pero no paso a mayores.

–Idiota. – Gritó el mago. –¿En serio creer poder detener mi fuego? Tu armadura no es nada ni contra el tomo más débil. –

Se volteó a ver a los otros y recargó de nuevo su energía. –Si el ejército de Altea se hubiera enfocado más a la magia y no a tan barbáricas costumbres, tendrían una posibilidad mínima de derrotarme. –

–¡Ataquen! – Ordenó Jagen. –Corten la distancia. –Jagen examinó su herida mientras Marth y los otros rodearon al mago de nuevo.

–¡Aléjense de mí! –El mago esquivó lo que pudo ser un golpe letal de Cain. –Soldados inútiles, los convertiré en metal quemado y cenizas. – Levantó su mano al aire recargando suficiente energía como para que todo su brazo se encendiera. Los miró y sonrió cruelmente. –Ahora verán…–

–Mantén tu vista en ese libro mago. –Abel le sugirió mientras el mago detenía su ataque. Luego por el rabillo del ojo, el mago vio una espada aproximarse, el estoque de Marth. Se dio la vuelta esquivando el ataque.

–Considérate suertudo de que me vales más vivo, sino…–De pronto sintió como la energía lo abandonaba de golpe. La sensación de poder se alejó. Miro su mano, no tenía… fuego alguno.

Quiso recargar su energía pero no lo logró. –¿Qué es esto? – Aún sentía el tomo en su otra mano así que lo apretó fuertemente tratando absorber más poder, pero no lo logró. Miró el tomo…

Y una ola de horror pasó por su cuerpo.

El estoque del príncipe había rasgado el tomo como si fuese la madera podrida con la que el mago había comparado la armadura de sus caballeros. Sus manos temblaron, sabiendo que no podía invocar más poder con el tomo en esas condiciones. Se veía estupefacto y ni siquiera se alejó al ver que Frey se adelantaba y le perforaba el pecho con su lanza.

–No… ¡no! –El mago gritó cuando le retiraron la lanza violentamente. Su mano fue hacia la herida en un intento desesperado por frenar la hemorragia. Miró a su asesino y soltó unas bocanadas de pánico. –¡Esto… no está… pasando! –Su cuerpo se convulsionó un par de veces y luego cayó. Las convulsiones continuaron y aunque aún no estaba muerto y tenía intención de ponerse en pie, era obvio que la batalla terminó.

–Magos…–Jagen lo observó a unos cuantos segundos de morir. –Tienen gran poder, pero no pueden hacer mucho si no se alejan del enemigo o si no protegen sus tomos. Se condenó a si mismo pensando que su magia lo haría superior. –Jagen se vio melancólico acerca de la percepción del mago. Una actitud que había visto en muchos otros. Negó con la cabeza. –No importa, no estamos lejos de nuestro destino. –

–Si. –Marth respondió, pero su mente estaba en otro lado. Sus ojos estaban en el suelo concentrados en algo que no estaba ahí. Jagen, uno de los entrenadores de Marth, estaba atónito acerca de ese movimiento.

–¿Pasa algo malo señor?

–No, nada… es solo que…–Volteó a ver en dirección al castillo. –No puedo evitar pensar. Si nos hemos detenido por culpa de Gra y mi hermana no, entonces ya debió habernos alcanzado. –

–Príncipe Marth…–Jagen miró hacia donde veía él. Por primera vez, sospechó que algo le había ocurrido a la princesa. –Señor, no tenemos más opción que continuar y…–Entonces Jagen vió algo a la distancia. Una sombra, una figura acercándose a ellos desde el castillo. Al principio creyó que era una ilusión pero la figura siguió acercándose. Los otros caballeros y Marth también se dieron cuenta y trataron de averiguar quién era. Con sus armas listas, Marth esperó a ver quién podría ser con una mezcla de miedo por si no era quien esperaba. La figura se acercó lo suficiente y la reconoció.

–¡Malledus! Marth se sorprendió al ver al anciano táctico detenerse. Aunque su cuerpo anciano a veces lo detenía, aún tenía mucha energía y estaba claro que corrió para alcanzarlos.

–Príncipe Marth. –Malledus recuperó el aliento. –Me alegra que este bien, cuando deje el castillo vi soldados por doquier, temí que haya sido… capturado. –

Marth estaba aliviado por ver a Malledus a salvo, pero algo que dijo lo hizo sentirse nervioso. –Malledus, ¿estabas en el castillo? –

–Estuve… recientemente, señor. El ataque de Gra fue veloz, nos tomó mucho tiempo saber que era lo que estaba pasando. –

–Debiste irte antes que nosotros… así que, ¿sabes que fue lo que pasó con mi hermana? Porque sé, Malledus, que no te hubieras ido sin haberte cerciorado si mi hermana o yo estuviéramos a salvo. ¿Ya logró escapar? –

–Ah…– Los ojos de Malledus se cerraron y su cara se tenso. Lentamente tomó una gran bocanada y la soltó. Al abrir sus ojos se enfocó en Marth. –La princesa, Elice, eligió quedarse en el castillo. Ella tomó la decisión, incluso cuando Gra estaba… ¡augh! –

Malledus gritó cuando Marth lo tomó repentinamente por el hombro. –¿Dejaste a mi hermana? ¿Cuándo Gra estaba en las puertas del castillo? – Los dedos de Marth se tensaron, provocándole dolor. –¿Por qué? ¿Por qué tu…?–

–¡Señor! –Jagen lo llamó con tono molesto. Marth se detuvo y relajó su agarre. Cain y Frey fueron con él y Marth dejó que lo sometieran.

–La princesa… me ordenó que la dejara. – Malledus dijo, masajeándose el área que Marth le lastimó. No pudo culparlo. –Dijo que quería estar ahí cuando Gra llegué a la sala de trono. –

–Pero… ¿por qué? –

–Para retrasarlos. – Malledus continuó, –Gra se detendría cuando la capturaran y perderían ese tiempo y usted lo podría usar para escapar, mi lord. Elice…– Suspiró pesadamente. –El rey Cornelius puede que esté muerto, y…–

–Lo está. – Marth confirmó. Malledus se sorprendió por las palabras y su boca de abrió por el shock. Marth apuntó a Cain. –Me ha… dicho exactamente todo lo que pasó. –

Malledus miró a Cain, cuyas heridas se veían muy graves. Suspiró de nuevo. –Una pérdida para Altea y para todo el continente… pero esto solo confirma el pensamiento de que la princesa de que esto fue lo mejor que pudimos hacer. Con el rey muerto, usted es el único capaz de usar a Falchion y como resultado, el único que puede derrotar a Medeus. La princesa lo vio claramente, usted es la única esperanza de Altea… tal vez, la única luz de esperanza en todo el continente. –

–Si es que logro salir del país hoy. – Murmuró Marth.

–La esperanza que representa está muriendo hoy, si…– Malledus admitió. Marth, en su estado actual, no podría enfrentarse ni a una sola unidad de Dolhr, ni que decir del Dragón de la Oscuridad. –Por eso debemos escapar y fortalecerse. Con el tiempo, tendremos suficiente fuerza para oponernos a Dolhr. Pero ahora, escapar es nuestra única opción. – Miró a la distancia. –Escapar. –

Marth pareció congelarse. Primero, su padre estaba realmente muerto, su hermana… quién sabe que le habrá pasado. Y…

–Ahora soy más que un príncipe. – Miró a Malledus. –¿Verdad?

–Cómo deseo que está decisión no recaiga en sus hombros señor. Pero debe cargar con la esperanza del mundo entero. Esta realidad es muy dura, debemos… dejar que otros mueran para asegurar su supervivencia. –

Marth soltó un respiro. Tomó su estoque, apretando el mango. –La idea de obligar a alguien a morir para mantenerme vivo es…–

–Trataré con esto después. – Dijo. –Sigamos… avanzando. –


Thoron y Bolganone* para quienes no hayan jugado el juego, estos son dos poderosos tomos que lanzan hechizos eléctricos y de fuego, respectivamente.